martes, 22 de julio de 2014

La ecuación de Roberto Carlos

Roberto Carlos; 1997; Francia, Brasil y el mundo abriendo la boca frente a una paróabola imposible. ¿Lo recuerdan?

El modo en que aquel tiro visitó el arco, dejando de paso a Fabián Barthez a la altura de un portero de futbolín, era un misterio inexplicable. Hasta ahora. Según recoge la BBC, un equipo de físicos franceses han transformado en números aquel disparo pintando la ecuación que resuelve el misterio.
"El gol que desafió a la física", no lo fue tanto y los científicos lo prueban.
"Hemos mostrado que el rumbo de una esfera que gira sobre sí misma es una espiral", dijo a la BBC el director de la investigación, Christophe Clanet, de la École Polytechnique(Escuela Politécnica) de París.
Clanet describió la trayectoria como "un rulo de caracol", ya que aumenta la curvatura a medida que la pelota gana distancia.
Gracias a que Roberto Carlos se encontraba a 35 metros de la meta cuando pateó la pelota, la curvatura pudo apreciarse mejor. De forma que el tiro "desafiante" al fin y al cabo siguió una curva que cada vez se cierra más sobre sí misma.
Para "simplificar el problema" se valieron de pelotas de plástico que tuvieran la misma densidad que el agua.
Simular el tiro libre bajo el agua permitió eliminar los efectos de las turbulencias en el aire y la fuerza de gravedad, y reveló la trayectoria pura de una esfera giratoria.
"En una cancha de fútbol, veremos algo parecido a esta espiral ideal, pero se notará la influencia de la gravedad", explicó Clanet.
"Sin embargo, con un golpe lo suficientemente fuerte, como el de Roberto Carlos, ésta influencia se minimiza", agregó.
El secreto clave, de todas formas, según los científicos, fue la distancia que recorrió la pelota para lograr engañar a Barthez.
"Si la distancia no es suficiente, sólo puede verse la primera parte de la curva", explicó Clanet.
"Pero si la distancia es la correcta, como en el tiro de Roberto Carlos, la curva se cierra, y se ve la trayectoria completa", remató.
Dicen que la proeza podría repetirse si un balón fuese pateado lo bastante fuerte, con la rosca adecuada y a la suficiente distancia de la portería. No resuelven, sin embargo, la parte esencial del problema: Ya no hay nadie que patee como él.

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