jueves, 20 de enero de 2011

¿Por qué la música produce placer?

Por Josué
El intenso placer que sentimos al escuchar música provoca en el cerebro la secreción de dopamina, un neurotransmisor que también se libera ante placeres más concretos asociados a la alimentación, el sexo, el consumo de drogas o el dinero, según un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience.

Utilizando aparatos de diagnóstico por imágenes (PET, Resonancia Magnética...), el equipo de Valorie Salimpoor y Robert Zatorre, de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), midió la secreción de dopamina y la actividad cerebral de una decena de voluntarios al escuchar música instrumental, sin voces humanas. El escáner mostro que el cerebro de los participantes liberaba más dopamina -el neurotransmisor del placer- en una región llamada núcleo estriado cuando los sujetos escuchaban sus canciones favoritas. Entre las melodías escogidas por los participantes destacaron el ''Adagio para cuerdas'' de Barber, el segundo movimiento de la ''Novena sinfonía'' de Beethoven y el ''Claro de Luna'' de Debussy.

Así mismo, los análisis revelaron que la dopamina se libera en el momento “culmen” de la melodía, cuando esta nos hace estremecer literalmente en un “escalofrío”, en la misma región ligada a la euforia que produce el consumo de cocaína. Pero además, unos segundos antes, se produce una descarga de dopamina en el área vinculada a la anticipación y las predicciones.

“Estamos más cerca de entender por qué estímulos abstractos como la música y el arte nos producen placer, a pesar de que no son necesarios para la supervivencia”, afirman los autores, que aseguran que la música funciona como un amplificador de las emociones.

Manatí

Llamado también vaca marina

Grotesco, deforme y feo, así es el manatí, una de las curiosidades del mundo de los mamíferos. El manatí es sin duda el más inofensivo de todos los grandes animales. Lo único que desea es vivir tranquilo y seguro.

Curiosamente adaptado a la vida acuática, no se parece ni a una foca, ni a un cetáceo y menos aún a un hipopótamo. Ningún otro animal tiene puntos afines con el manatí, cuyas dos especies forman -con su pariente marino el dugongo- un grupo distinto y aislado en el seno de los mamíferos.

Una de las particularidades más chocantes del manatí es que tienen los miembros posteriores soldados, formando una especie de timón horizonatal, como prolongación del cuerpo. Los cortos y delgaduchos miembros delanteros sólo le sirven de aletas natatorias y no le serían de ninguna utilidad en tierra firme. Un manatí arrojado a una playa queda tan desamparado como un delfín y no tiene ninguna posibilidad de huir. El manatí americano, que habita los grandes y tranquilos ríos de las regiones tropicales del nuevo mundo lleva una plácida existencia y pasa el día dormitando y ramoneando la vegetación acuática, ya que es esencialmente herbivoro. Su pariente, el manatí de Africa, tiene costumbres idénticas.

El manatí nada lentamente y bucea muy bien. Puede permanecer varios minutos bajo el agua, y a menudo duerme en el fondo del río. Aún no sabemos mucho de los hábitos del manatí, ya que es difícil de observar.

Grupo: Vertebrados
Clase: Mamíferos
Orden: Sirénidos
Familia: Triquéidos
Género y especie: Trichechus senegalensis (Manatí)

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