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viernes, 1 de agosto de 2025

Contacto- Carl Sagan 1985

Contacto es una novela —la única– escrita por Carl Sagan y publicada en el año 1985. 

De qué trata
Ellie es una niña estimulada por su padre al conocimiento. Enamorada de la ciencia y radioaficionada, la conocemos ya de mayor trabajando en un departamento SETI (Searching Extraterrestrial Intelligence) dedicado a la búsqueda de inteligencia extraterrestre. El libro está ambientado —y publicado— en los ochenta.

Ellie vive con el recuerdo de su padre. Lo tiene muy presente. Su madre ha rehecho su vida con un antiguo novio causando una ruptura con Ellie, que vive una vida aislada en su mundo científico. Sin contacto.

Un día, registra una señal. Procede de la estrella Vega. No es un rebote de una señal terrestre ni nada que se pueda explicar por patrones terrícolas. La señal emite la secuencia de números primos, lo cual avala que sea una señal procedente de una inteligencia. Los números primos no siguen un patrón de frecuencia estable, sino una premisa matemática.

Indagan y descubren que esa señal lleva mensaje atrás. Y todo el planeta se pone a trabajar en el estudio e implicaciones de ese contacto.

En el trascurso, Ellie se va a enamorar. Vamos a ver esa historia de amor, sus altibajos, etc. Sin embargo se nota que no es una preocupación grande del autor, a no ser, que quiera cimentar sobre este detalle su gran metáfora: Ellie no está en contacto con los seres que la rodean, absorta en el contacto con esos otros seres que pueblan sus desvelos. La alegoría de la gente que pone el trabajo y la realización por delante de su propia felicidad.

También hay una relación de amistad con Vaygay. Un científico soviético. Será una forma de reflejar la realidad política del mundo en los años 80′, partido en dos bloques:

«Reanudaron la interpretación de algunos de los diagramas, con los que prácticamente cubrieron la mesa. También discutieron sobre política, y como de costumbre, se divirtieron criticando cada uno la política exterior del país del otro. Eso les resultaba mucho más interesante que protestar contra la política del país de uno.»

En cierto modo, la reseña que se cuelga en un blog, un perfil social o un vídeo en YouTube es como esa secuencia de números primos que detecta la protagonista de esta novela. Alguien la lanza a la red y otro la capta, la asimila y tiene un impacto en su persona. Se ha producido un Contacto entre dos formas de inteligencia, ambas terrícolas, pero con un océano de separación. El mundo, es un microcosmos.

La historia avanza sobre la decodificación del Mensaje. Es decir, recorriendo el camino del qué (la señal recibida) al para qué. Cuando consiguen decodificar el Mensaje…

Sinopsis oficial:
Contacto es la única novela escrita por el astrónomo estadounidense Carl Sagan, uno de los mayores divulgadores científicos del siglo XX.

Tras cinco años de incesantes búsquedas con los dispositivos más sofisticados del momento, la astrónoma Eleanor Arroway consigue, junto a un equipo de científicos internacionales, conectar con la estrella Vega y demostrar que no estamos solos en el universo.

Empieza entonces un trepidante viaje hacia el encuentro más esperado de la historia de la humanidad, y con el Carl Sagan plantea magistralmente cómo afectaría a nuestra sociedad la recepción de mensajes de una civilización inteligente.

Contacto, Premio Locus 1986, desarrolla una de las constantes en la trayectoria del autor: la búsqueda de inteligencia extraterrestre y la comunicación con ella a traves de sondas espaciales. En 1997, el director de cine Robert Zemeckisllevó esta historia a la gran pantalla, en una película protagonizada por Jodie Foster y Matthew McConaughey.

Trasfondo
Podría pensarse que no lo tiene. Un libro de ciencia ficción pura que lo único que pretende es ponernos ante una situación hipotética y extraordinaria para captar nuestra atención.

Pero no, Sagan le da trasfondo. Hay mensajes insertos entre líneas. De hecho, hay muchos. Por ejemplo hay reflexión acerca del mundo de los años en que este libro vio la luz:

«Aún existían conflictos de orden político, algunos de los cuales —la crisis sudafricana— eran muy graves. No obstante, también se notaba en varios puntos del orbe un menor predicamento de la retórica jingoísta y del nacionalismo pueril.»

Y se reflexiona sobre la hipótesis, claro que sí. Sagan plantea qué respuesta podría dar la Humanidad a una encrucijada como la que propone el texto.

De registrase presencia de vida extraterrestre, concerniría a todos. Todos deberíamos articular una respuesta coordinada. Todos seríamos uno, pero seguramente un uno fragmentado y preso de rencillas que a escala universal, parecerían ahora ridículas.

«A muchos les parecía absurdo que los países beligerantes prosiguieran con sus mortales batallas cuando había que vérselas con una civilización no humana»

Los extraterrestres son el pretexto para hablar de los terrícolas. Las historias a escala Láctea nos dan distancia para mirarnos con perspectiva.

Y un hipotético contacto alienígena también nos dividiría. La ruptura de los partidarios, el mismo fenómeno siempre se ve bueno o malo, positivo o negativo, conveniente o inconveniente.

«una oportunidad sin precedentes, o incluso un grave riesgo colectivo»

Se ve el la preocupación por el desarme. Los dos grandes bloques de la Guerra Fría, —recordemos la fecha de publicación de esta novela—, armados hasta los dientes se van dando plazos para convertir parte de su arsenal atómico en energía no bélica. Esto se cuenta muy bien. En general el tono geopolítico de esa época se refleja con maestría, teniendo en cuenta que las predicciones de geopolítica, como las económicas, tienen la misma base que echar las cartas o redactar el horóscopo.

Los dos bloques de la guerra fría se manifiestan. Dos maneras de entender todo: la comunista frente a la capitalista. Y se dan palos a lado y lado aprovechando las intervenciones de cada personaje. No podría suponer Sagan —pero sí sospechar— que cinco años después de publicar esta obra, el mundo soviético iba a colapsar. Por eso digo…

Y también epifenómenos humanos. Celos inter pares, científicos ególatras que no soportan que una joven sea la que se lleve los honores, etc.

Muy interesante la novela.
Mucho nivel. Como la buena ciencia ficción, hablando del espacio sideral se habla en realidad de la tierra. Se utiliza la hipotética inferioridad de los terrícolas frente a los habitantes de Vega como una metáfora del pueblo atrasado frente a los jerifaltes y clase alta. Preocupa la sumisión o no que podamos padecer al entablar relación con otros seres en el espacio. Tememos que el conflicto y los abusos no sean rasgos exclusivamente humanos. Medimos todo el universo desde nuestra propia experiencia: la guerra; la imposición de yo sobre el otro.

Una vez más se recurre al mito de la caverna. El ser humano no se cansa de chocar con esa pared. Siempre que alguien da un paso trascendental, los que no lo han dado, se muestran despreciativos cuando no abiertamente hostiles. El ser humano no acepta el cambio por más que el cambio es omnipresente. Estamos donde estamos por nuestra capacidad de adaptación y sin embargo detestamos el cambio. Nuestra necesidad de seguridad y certidumbre es primaria.

Los grandes avances de la ciencia han de ser graduales. Enormes avances vertiginosos, o son paulatinos o no serán. La tribu no lo permitirá.

El ser humano hegemónico y desafiado. Este es un planteamiento importante que nos hace Sagan:

«Algunos sociólogos y educadores sostenían que debían pasar varias generaciones antes de que se pudiera asimilar como corresponde la mera existencia de seres más inteligentes que el hombre. Se trataba de un golpe mortal para la autoestima de los humanos, aseguraban»

¿Qué haría la especie humana ante tal hallazgo? ¿Aceptarlo? ¿Hundirse en su melancolía? ¿Silenciarlo mientras fuera posible? ¿Luchar? ¿Buscar formas de convivencia? ¿Comprender el mayor desarrollo de otros y ponerse a su altura aprendiendo de su avance?

¿Qué haría el ser humano ante ese cambio de paradigma?

Muchos dirán que la ciencia ficción son historias de marcianitos. Habrá quien desdeñe el género como uno de una naturaleza menor. Yo recomiendo un tratamiento a base de leer más y leer antes de juzgar. Yo mismo —poco versado en el género— me lo estoy aplicando con buen disfrute.

Personajes
Ellie es la protagonista. Ella es la que recoge los primeros contenidos provenientes de Vega. Es inteligente e imprudente. Impulsiva y respetuosa. Contradictoria y real.

Hay más personajes, sí, pero ella es el centro. Es casi la única que Sagan nos explica a fondo. Su mirada suele ser la del narrador, aunque aquí tenemos un narrador heterodiegético, se entiende a las mil maravillas con Ellie.

En general diremos que es un personaje conseguido. No es que haya una profundidad psicológica mayor, pero no se puede hablar de un personaje plano, sino de una soñadora idealista que a pesar de todo experimenta el desengaño de descubrir más verdades sobre el ser humano que sobre los extraterrestres en su contacto con éstos últimos. Del idealismo al excepticismo, no sobre su ideal, sino sobre las posibilidades de alcanzarlo en medio de esta sociedad de personas.

Leptina y ghrelina a la vez. Tiene un trasfondo filosófico, —escatológico y ontológico— considerable para ser una obra con bastante recorrido comercial, que todo hay que decirlo.

¿Qué se aprende o sobre qué reflexiona?
El Universo es enorme. El ser humano encierra dentro de sí, otro universo no tan grande pero sí más complejo incluso. Antes que explorar el último rincón de la galaxia, debemos explorar nuestra propia realidad, nuestro interior es un abismo tan grande como la mayor de las galaxias. Este libro que va sobre una mujer que permanentemente mira hacia fuera, —hacia el espacio exterior—, nos está invitando a mirar hacia dentro de nosotros mismos, para no estar tan solos y tan aislados como Eleanor Arroway.

La ciencia es el camino. Pero sólo es un camino, no un destino. No podemos convertir la ciencia en dogma, porque la ciencia es justo lo contrario al dogma. La verdad debe aceptarse. Puede que la ciencia nos lleve a una verdad que no esperábamos y que no afirma nuestras creencias más arraigadas, creyentes o escépticas. Qué haremos entonces. Los seres que pudieran existir en otros mundos nos interesan. Contactar con ellos nos parecería indispensable de tener evidencia de su ser. Sin embargo, el contacto más importante que debemos buscar es con nuestros más cercanos. Vivir presentes en las familias y los amigos que nos rodean, antes que perdidos en la búsqueda de otros universos que aunque conquistemos siempre nos serán extraños. Cuántos de nosotros perdemos el Contacto con hijos, amigos, cónyuges… perdidos en el universo de nuestros móviles, aficiones, trabajo o buscando El dorado.

Recuperemos el contacto. Vivamos en el universo inmediato. Al fin y al cabo, cada átomo de nuestro cuerpo es parte de cualquier universo mayor.

Magnífica novela de un género infravalorado.


martes, 30 de marzo de 2021

GATTACA: Una intriga de ciencia-ficción genética más actual e inquietante que nunca

Hay unos cuantos motivos transparentes por los que parece no haber pasado el tiempo para una película como 'Gattaca', perteneciente a un género en el que unos pocos meses pueden suponer la diferencia entre ser clasificada como distopía revolucionaria o como fantasía camp. Lo atemporal de su diseño de producción, su ausencia de efectos especiales o sus citas a clásicos del género a prueba de cronocrímenes son algunos de los elementos que, manejados con maestría por Andrew Niccol, hacen que más de dos décadas después de su estreno, sigamos dejándonos atrapar por su propuesta.

Pero por encima de recursos argumentales y escenarios impecables, quizás el secreto de su carencia de fecha de caducidad esté en cómo trata un tema universal. Uno que poetas y artistas llevan discutiendo desde el principio de los tiempos y que, como buena disquisición sin respuesta clara, nos encanta retomar, reformular y dejarnos fascinar por su insondable grandeza: ¿qué nos hace humanos, qué nos hace individuos diferentes? ¿Hay un elemento químico que defina el -llamémosle- alma, se puede destilar el componente que nos hace únicos?

'Gattaca' plantea todo esto, pero no desde la opción de la ciencia-ficción metafísica, a lo '2001: Una odisea en el espacio', o como en el último tramo de 'Interstellar', sino con ropajes de cine negro. La obvia inspiración en los personajes icónicos del género (los detectives con gabardina, una Uma Thurman que algo bebe de las típicas femme fatales) y su abierto robo de la estética de los años cincuenta (del siglo XX, se entiende), además de su intriga de suplantación de identidades y falsos culpables, hacen que la trama discurra similar a las historias de intriga cuyos tropos conocemos de sobra.
De hecho, salvo los inevitables detalles circunstanciales propios de historia de ciencia-ficción, una leve sinopsis podría llevar a pensar al espectador no avisado que su historia puede transcurrir en cualquier época. Un joven -Vincent (Ethan Hawke)- que, físicamente no entra en los requerimientos para cumplir su sueño de ser astronauta, deja atrás su familia y una eterna competencia con su hermano cuando encuentra el modo de engañar al sistema: suplantando la identidad de un joven en silla de ruedas, Jerome (Jude Law) con el consentimiento de éste. Pero cuando en la base donde se preparan los viajes espaciales alguien comete un asesinato, su tapadera y el romance que está viviendo con una compañera, Irene (Uma Thurman) comienza a correr peligro.

Claro, que el diablo está en los detalles: de lo que estamos hablando aquí es de que esos privilegiados lo son por haber sido manipulados genéticamente y tener unas condiciones físicas que se acercan a la perfección. Ellos serán quienes accedan a los mejores puestos de trabajo, mientras que los nacidos de forma "natural" y con las inevitables taras que les ha otorgado el sorteo genético natural, les limpiarán la basura (literalmente: ocupan plazas de mantenimiento). Solo alguna rareza circunstancial como el caso de Jerome, perfecto genéticamente pero confinado a una silla de ruedas tras un accidente, permitirá saltarse las normas.


El dilema de la ruleta genética
'Gattaca' plantea los dilemas de la manipulación genética de forma sutil y sin necesidad de excesivos subrayados (al final de la película el espectador tiene la sensación de que esos ciudadanos mejorados genéticamente controlan la sociedad y la manejan social y económicamente, pero la película nos muestra solo el caso de Vincent y Jerome, no un retrato más amplio tipo 'The Handmaid's Tale' o '1984'). ¿Es éticamente defendible la mejora en laboratorios de nuestros genes para convertirnos en humanos más perfectos?


Y aunque la opinión de 'Gattaca' no está clara (aunque puede aventurarse), el simbolismo está claro, al menos en lo visual. La escalera de casa de Jerome es básicamente una espiral de ADN. El segundo nombre de Jerome es Eugene, que viene del griego "el bien nacido", pero que tiene una connotación más siniestra: la eugenesia es una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos hereditarios mediante la intervención manipulada y métodos selectivos.

Y ese es el auténtico tema de la película: aunque la eugenesia nació con el darwinismo social de finales del siglo XIX en un plano estrictamente teórico, en términos prácticos se ha usado como justificación para la discriminación en formas que hoy se consideran absolutamente inhumanas. Entre otras, la eugenesia ha llegado a desarrollarse en el siglo XX incluyendo esterilizaciones forzosas para huir de defectos genéticos o genocidio de razas consideradas inferiores. Claramente, 'Gattaca' se ha inspirado para visualizar su mundo en la idealizada e inhumana sociedad aria de los nazis, con sus pulcros, rubios y asépticos ciudadanos, genéticamente perfectos.

Sin embargo, 'Gattaca' no opta por el simbolismo fácil y retrata una sociedad cruel y competitiva en la médula, más allá de explosiones de violencia. Por ejemplo, de los dos policías que se ocupan del caso, el más joven y genéticamente modificado es el que dirige la investigación pese a la experiencia y sin duda mayor intuición y carácter resolutivo de su compañero (Alan Arkin), no modificado. También hay detalles por los que solo se pasa por encima, pero que definen bien una sociedad a la que nos acercamos a pasos agigantados: por ejemplo, es posible a través de una muestra de ADN robada furtivamente obtener datos -a sus espaldas- de la identidad y perfección genética de un tercero. Algo no muy lejos de la paranoia y el culto a las apariencias donde vivimos sumergidos a causa de las redes sociales.


Aunque el futuro que plantea, desde un punto de vista práctico aún está lejos, 'Gattaca' triunfa al hablar de todo ello con claridad y exponiendo las contradicciones del sistema: es una sociedad futura despiadada pero creíble, limpia pero desalmada, y 'Gattaca' lo cuenta a través de los pequeños detalles de sus habitantes: el metódico sistema de recolección de residuos orgánicos que Jerome hace a diario para ayudar a Vincent a suplantarlo se rueda con primerísimos planos que ponen a la misma escala el universo microscópico del ADN y ese laborioso engaño diario. La mentira de una sociedad perfecta frente a una minuciosa mentira que hackea el sistema desde dentro.
Andrew Niccol, el arquitecto de 'Gattaca'

El neozelandés Andrew Niccol debutó como director con esta visión del futuro ante la sorpresa de los aficionados, que estaban a punto de ver cómo el género se pondría patas arriba con 'Matrix' solo dos años más tarde. A finales de los noventa, Niccol azuzaría una pequeña revolución del cine más o menos fantástico en una época en la que Hollywood aún se permitía producir películas de género con mensajes combativos, como 'Pleasantville', de 1998. 'Matrix' sería en 1999 un poco la cima y el verdugo de esa breve tendencia.

Pero antes de todo ello estuvo Niccol. 'Gattaca' fue su debut en la dirección y la escritura, y solo un año después alcanzaría reconocimiento internacional con el guión de 'El show de Truman', dirigida por Peter Weir -otro australiano ilustre y extravagante-. 'Truman' no vibra en una onda de ciencia-ficción tan pura como 'Gattaca', pero la base argumental enraizada en el género, su simbolismo (muy afín en su mensaje de advertencia sobre los peligros de la tecnología, en este caso más a lo Gran Hermano), su naturaleza como pseudo episodio de 'Twilight Zone' convierten a la película protagonizada por Jim Carrey en un perfecto programa doble con 'Gattaca'. Incluso maneja metáforas similares, como la del oceano abierto como un lugar de liberación y donde todos, liberados de los condicionantes sociales, podemos ser, para empezar, seres humanos.

Aunque el resto de la filmografia de Niccol tocaría temas en ocasiones afines a este espléndido arranque de su carrera, no llegaría en ningún caso a afinar tanto el tiro. Es interesante la inmediatamente posterior 'Simone', adelantada en su tiempo en lo que respecta al tratamiento del romance con una IA, aunque la mucho más reciente 'Her' hablaría de lo mismo con más sutilidad. Más inmersa en el género (y decididamente inferior) está 'In time', una distopía en la que los jóvenes llegan a los 25 años de edad y un fugitivo decide enfrentarse al sistema, en una aventura con más estilo que sustancia.

Orientada al público juvenil y basada en una novela de la autora de 'Crepúsculo' estuvo en 2013 la flojísima 'The Host: La huésped'. Finalmente, un buen regreso a los orígenes ha supuesto su última película hasta la fecha, 'Anon', y en la que volvió a un ambiente comparable al de 'Gattaca', mezcla de ciencia-ficción y serie negra, pero con la pérdida de la privacidad como telón de fondo. Fuera del género, escribió el guión de 'La terminal' de Spielberg y firmó el interesante drama ambientado en el mundo del tráfico ilegal de armas 'El señor de la guerra'.

Pese a su irregular carrera posterior, está claro que Niccol fue la genuina fuerza creativa detrás de 'Gattaca', aunque nunca después volvió a afinar tanto el tiro como aquí. Su mezcla de géneros, su asombrosa capacidad para anticiparse a muchas inquietudes de la sociedad actual y un diseño de producción que no pasa de moda la han acabado convirtiendo en un clásico moderno, una pieza de ciencia-ficción llamada a definir una buena parte del género en el siglo XXI.

sábado, 23 de mayo de 2020

Soñar el futuro (2); Transportes

En los albores del siglo 21, nuestros modelos de transporte existentes son demasiado contaminantes con unas emisiones de CO2 que se han disparado. El cambio climático es una realidad. La situación es crítica. Entonces, ¿Cómo será en 2050, cuando seremos más de 9 mil millones y 2 de cada 3 humanos vivan en las ciudades? ¿Cómo vamos a moverse en la ciudad? ¿Qué formas tendrá el vehículo autónomo del futuro? ¿Qué energía alimentará nuestros aviones? Para averiguarlo, el equipo de soñar el futuro viajó a los Estados Unidos, Francia, Suiza, los Países Bajos, para ir al encuentro de los videntes que piensan, inventar, fabricar y transportar todo en el futuro. El episodio revelará un futuro sorprendente e inesperado: nuevos modelos urbanos, ciudades inteligentes, eco-movilidad, vehículos autónomos, aviones y barcos eléctricos revolucionarios...