lunes, 31 de marzo de 2025

Qué es el Efecto Nemo y cómo afecta a los capibaras, ¿están en peligro?

 

En los últimos meses, los capibaras han ganado popularidad, lo que ha impulsado la venta de productos inspirados en ellos, como peluches, ropa y accesorios. Sin embargo, esta tendencia forma parte de un fenómeno conocido como el “Efecto Nemo”. Pero ¿qué es y cómo afecta a los capibaras? 

¿Qué es el Efecto Nemo?

El término "Efecto Nemo" surge tras el estreno de Buscando a Nemo en 2003. La película de Disney-Pixar no solo popularizó al pez payaso, sino que también incrementó la demanda de estos peces en acuarios domésticos. 

Según archivos del periódico Honolulu Adviser, tras el estreno de la cinta, en Estados Unidos aumentaron las búsquedas y ventas de peces ornamentales, especialmente el pez payaso.

Sin embargo, estudios más recientes sugieren que este fenómeno es más complejo de lo que se creía. Investigadores han analizado:

  • Patrones de búsqueda en línea
  • Datos de Google Trends
  • Registros de compra de peces ornamentales
  • Visitas a acuarios en Estados Unidos
Los resultados indican que, en lugar de solo aumentar la demanda de estas especies, las películas pueden generar interés en la biodiversidad y la conservación. Un caso similar ocurrió con los guacamayos azules tras el estreno de Río (2011).

¿Cómo afecta a los capibaras el Efecto Nemo?

El creciente interés por los capibaras tiene implicaciones tanto positivas como negativas. 

En el lado preocupante, el aumento de la demanda podría incentivar su comercio ilegal, poniendo en riesgo las poblaciones silvestres de estos animales. 

El tráfico de especies exóticas es un problema serio, ya que muchas veces los animales son capturados en su hábitat natural y trasladados en condiciones inadecuadas, lo que pone en peligro su vida y la estabilidad de los ecosistemas de donde provienen.

Además, los capibaras requieren cuidados específicos que no todos los interesados en tener uno como mascota podrían proporcionar. 

Estos animales son los roedores más grandes del mundo, viven en grupos y necesitan amplios espacios con acceso a agua, ya que su vida depende en gran medida de este recurso. Si son mantenidos en lugares pequeños o sin los cuidados adecuados, su bienestar se ve comprometido.

También existe el riesgo de que, si los capibaras son introducidos en entornos ajenos a su hábitat natural, se conviertan en una especie invasora que afecte los ecosistemas locales. Esto ya ha ocurrido en algunos países, donde su presencia ha generado cambios en la fauna y flora local. 


Por otro lado, la visibilidad de los capibaras también puede generar conciencia sobre su conservación. De acuerdo con la Universidad de Oxford, la fama de ciertas especies puede tener los siguientes beneficios: 

  • Conciencia sobre el bienestar animal: El debate sobre su domesticación puede generar reflexiones sobre la responsabilidad de tener animales exóticos como mascotas.
  • Investigación y regulación: La creciente atención sobre esta especie podría impulsar estudios y regulaciones más estrictas para su protección.

¿Es legal tener un capibara en México?

En México, los capibaras son considerados una especie exótica, por lo que su posesión está regulada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). 

Para tener uno de forma legal, es necesario obtener un permiso oficial y cumplir con ciertos requisitos:

  • Identificación oficial vigente
  • Comprobante de domicilio
  • Documentos que acrediten la procedencia legal del animal
  • Cartilla médica del capibara
  • Carta compromiso de cuidado responsable

Este permiso es gratuito, pero el costo de adquirir y mantener un capibara es elevado. Además, la extracción ilegal de estos animales de su hábitat puede acarrear penas de hasta nueve años de prisión y multas económicas.



Hallan un fósil único con músculos e intestinos intactos tras 444 millones de años bajo tierra: una criatura fosilizada “del revés” que desafía lo que sabíamos sobre los artrópodos

 Un fósil hallado en Sudáfrica revela una criatura sin cabeza ni patas, pero con músculos e intestinos intactos, conservados durante 444 millones de años. El hallazgo reabre preguntas clave sobre la evolución de los artrópodos y los procesos de fosilización.

Puede que a simple vista no parezca gran cosa: un bulto alargado, algo rugoso, incrustado en una roca extraída de una cantera remota del sur de África. Pero ese fragmento de piedra guarda algo extraordinario: un organismo de hace 444 millones de años con sus tejidos blandos –músculos, intestinos, tendones y hasta parte de su esqueleto interno– perfectamente conservados. Lo que no tiene son patas, cabeza ni caparazón. De hecho, es un fósil “del revés”.
La criatura, oficialmente bautizada como Keurbos susanae y apodada “Sue”, fue descubierta por la paleontóloga Sarah Gabbott hace más de dos décadas. Tras años de análisis y búsqueda de más ejemplares –sin éxito–, Gabbott decidió finalmente publicar el hallazgo en 2025, dedicándolo a su madre. El resultado: un fósil que no solo es extraordinario por su estado de conservación, sino que desafía todo lo que creíamos saber sobre la evolución temprana de los artrópodos, el grupo al que pertenecen insectos, crustáceos y arácnidos. 

Un fósil "del revés" que deja al descubierto lo que nunca vemos

Lo más inusual de Sue no es solo su antigüedad, sino el tipo de conservación. Lo habitual en los fósiles de artrópodos es encontrar partes externas: caparazones, exoesqueletos, mandíbulas o patas. En cambio, Sue ha conservado sus partes internas con un nivel de detalle asombroso. Según dicen los autores, Sue es una maravilla sin patas, sin cabeza, del revés. Sus entrañas son una cápsula del tiempo mineralizada: músculos, tendones y hasta intestinos, todo conservado con un detalle inimaginable.

El fósil fue hallado en la formación Soom Shale, un depósito de lutitas marinas del periodo Ordovícico ubicado a unos 400 kilómetros al norte de Ciudad del Cabo. Esta formación es conocida por su capacidad excepcional de conservar tejidos blandos, gracias a unas condiciones extremas: aguas pobres en oxígeno y cargadas de sulfuro de hidrógeno, un compuesto tóxico que impide la actividad de bacterias descomponedoras. 

Una criatura difícil de clasificar

Aunque los autores del estudio coinciden en que Sue es un euartrópodo marino primitivo, su ubicación precisa en el árbol evolutivo sigue siendo un misterio. La falta de partes externas clave, como el caparazón, la cabeza o las extremidades, impide compararla de forma fiable con otros fósiles conocidos. “Estamos seguros de que era un artrópodo marino primitivo, pero sus relaciones evolutivas exactas siguen siendo frustrantemente esquivas”, puede leerse en el paper.

Uno de los pocos indicios morfológicos es que el tronco de Sue está claramente segmentado, lo que sugiere que tenía algún tipo de extremidades. Sin embargo, como esas partes no se han conservado, no es posible confirmar si eran patas, aletas o algún otro tipo de apéndice locomotor. Esta limitación plantea preguntas importantes sobre cómo evolucionaron las estructuras corporales en los primeros artrópodos.

Además, el hecho de que los fósiles como Sue sean tan escasos –solo se han encontrado dos ejemplares– hace que las comparaciones sean casi imposibles. El yacimiento original ya no está accesible, y tras más de 25 años de búsqueda infructuosa, los científicos creen que es poco probable hallar otro espécimen similar. 




Un nuevo estudio sugiere que el cuerpo humano podría procesar información cuántica más rápido y con mayor eficiencia que las computadoras más avanzadas

 La clave de todo podría estar en el triptófano, un aminoácido presente en proteínas celulares. ¿Usa la naturaleza la mecánica cuántica?

¿Puede un organismo sin cerebro procesar información más rápido que una supercomputadora cuántica? Aunque suene improbable, una nueva investigación sugiere que todas las células eucariotas, incluidas las humanas, podrían utilizar principios de la mecánica cuántica para realizar operaciones de procesamiento de información más rápidas y eficientesque las mejores tecnologías actuales. Lo más sorprendente es que este fenómeno ocurriría en condiciones normales de temperatura y entorno, algo que hasta ahora se consideraba inviable para cualquier sistema cuántico.

https://cdn.jwplayer.com/previews/JlNgSTE1

El estudio, publicado en Science Advances por el físico teórico Philip Kurian, reabre un viejo debate con nuevas herramientas: ¿la vida ya usa mecánica cuántica de forma natural? Kurian y su equipo en el Quantum Biology Laboratory de la Universidad de Howard han detectado un fenómeno llamado superradiancia cuántica en estructuras celulares conocidas como filamentos citoesqueléticos. Según los autores, esto permitiría a las células procesar información miles de millones de veces más rápido que los mecanismos bioquímicos tradicionales.


La vida podría estar computando en modo cuántico desde siempre

Cuando se habla de computación cuántica, lo común es pensar en laboratorios ultrafrios, sistemas inestables y dispositivos delicados. Sin embargo, este nuevo estudio plantea que organismos vivos podrían haber resuelto esas limitaciones desde hace miles de millones de años. El hallazgo se basa en la observación de una propiedad cuántica llamada superradiancia, que se manifiesta cuando muchas moléculas cooperan para emitir luz de manera sincronizada, amplificando su señal. El protagonista aquí es el triptófano, un aminoácido presente en muchas proteínas celulares. Kurian descubrió que redes de triptófano organizadas dentro de microtúbulos y otras estructuras celulares pueden absorber y reemitir luz ultravioleta de forma coherente, gracias a efectos cuánticos. Esta capacidad no solo sería útil para protegerse del daño oxidativo, sino también para transmitir información con una velocidad que desafía todo lo que sabíamos sobre señalización biológica.

En palabras del propio autor, "la notable confirmación experimental de la superradiancia de fotón único en una arquitectura biológica ubicua en equilibrio térmico abre muchas nuevas líneas de investigación"


Pasaron 14 millones de años para descubrir que el sistema solar se cruzó con una densa onda y eso puede tener consecuencias

 

Nuestro sistema solar viaja a través del espacio, pues no es estático, pero no lo hace solo. Mientras órbita alrededor del centro de la Vía Láctea, atraviesa distintas regiones de la galaxia con densidades variables de gas y polvo. Ahora, un estudio publicado en Astronomy & Astrophysics reveló que hace aproximadamente 14 millones de años, el sistema solar atravesó una estructura galáctica conocida como la onda de Radcliffe, un complejo de formación estelar en la constelación de Orión. Según la investigación, este cruce pudo haber tenido consecuencias relevantes para la Tierra, incluso posibles cambios en el clima global.

El descubrimiento estuvo a cargo de un equipo de científicos de la Universidad de Viena, liderado por Efrem Maconi. Los científicos analizaron datos de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) y observaciones espectroscópicas. Los investigadores encontraron que el sistema solar atravesó la onda de Radcliffe durante el Mioceno medio, un período en el que la Tierra experimentó una transición climática importante. Este hallazgo plantea nuevas preguntas sobre la relación entre eventos astronómicos y cambios ambientales en nuestro planeta. 

¿Qué es la onda de Radcliffe y por qué es importante? Descubierta en 2020, la onda de Radcliffe es una grande estructura de gas y polvo que alberga múltiples regiones de formación estelar, como el complejo de nubes moleculares de Orión. Se extiende a lo largo de casi 9,000 años luz y forma parte del brazo de Orión de la Vía Láctea. Su forma ondulatoria y su composición densa la convierten en un fenómeno clave para comprender la evolución de nuestra galaxia. 

Según Science Alert, el sistema solar al cruzar esta región pudo haber experimentado un entorno más denso de lo habitual. Esta mayor densidad podría haber comprimido la heliosfera, la burbuja de partículas cargadas que protege al sistema solar de la radiación cósmica y el polvo interestelar. Como resultado, más partículas de polvo habrían entrado en la Tierra y dejaron huellas en los registros geológicos y posiblemente también influenciaron en el clima del planeta.



sábado, 29 de marzo de 2025

Científicos resuelven un problema matemático de 125 años que combina dos leyes fundamentales de la física

 Noticia de Liliana Mendoza 

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Científicos resuelven un problema matemático de 125 años que combina dos leyes fundamentales de la física



El sexto problema de David Hilbert, propuesto en 1900, consiste en el comportamiento de los fluidos a diferentes escalas espaciales. La respuesta en un nuevo estudio podría mejorar nuestra comprensión de la atmósfera y los océanos.

Un problema matemático con 125 años de antigüedad finalmente es resuelto por un equipo de científicos de la Universidad de Michigan y otras instituciones de investigación. Se trata del sexto problema titulado "Tratamiento matemático de los axiomas de la física", un ambicioso reto planteado por el matemático David Hilbert en 1900.

Hilbert se preguntaba cómo era posible derivar ciertas leyes de la física, en particular las relativas al comportamiento de los fluidos a diferentes escalas espaciales. En un artículo publicado en el portal arxiv , los autores afirman haber unificado con éxito estas leyes, lo que podría tener profundas implicaciones en el campo de la dinámica de fluidos y mejorar nuestra comprensión del comportamiento de la atmosfera y los océanos . 

El problema matemático de Hilbert

La cuestión planteada por Hilbert es que existen tres tratamientos diferentes del movimiento de los fluidos. El primero es el microscópico: con las leyes del movimiento de Newton, se puede seguir, al menos en principio, las trayectorias y el comportamiento de cada una de las partículas que componen el fluido. El segundo es el mesoscópico, proporcionado por la ecuación de Boltzmann (⟨Ecin ⟩=23 kB T), que describe "estadísticamente" el comportamiento del fluido.


Por último, está la macroscópica, proporcionada por las ecuaciones fluidodinámicas de Euler y Navier-Stokes, que describen el comportamiento del fluido "como un todo". La segunda parte del sexto problema de Hilbert trata precisamente de la derivación y unificación de estos tres tratamientos a partir de los primeros axiomas, en una teoría orgánica y armoniosa. Y esto es lo que Yu Deng, Zaher Hani y Xiao Ma, los tres autores del trabajo, afirman haber conseguido, derivando las ecuaciones macroscópicas de los fluidos a partir de las leyes de newton , pasando por la teoría cinética de Boltzmann.



Una de las principales dificultades para resolver este problema está relacionada con el tiempo, una entidad sutil y compleja cuya comprensión y tratamiento ha perseguido a todos los físicos. Como explica el autor principal Yu Deng, algunas de las leyes en cuestión son simétricas con respecto a la inversión del tiempo, en el sentido de que "funcionan" tanto si el tiempo fluye hacia adelante como hacia atrás, es decir, no identifican una dirección preferida para el flujo del tiempo. En cambio, nuestra experiencia cotidiana nos dice lo contrario: sabemos que el tiempo fluye siempre en una dirección, al igual que las leyes de Boltzmann y las leyes de la termodinámica, que indican una dirección precisa para el flujo del tiempo, del pasado al futuro, o, para ser más técnicos, de un estado de menor entropía a un estado de mayor entropía. Los tres especialistas lograron comprender cómo, dónde, cuándo y por qué se activa este interruptor que identifica una dirección privilegiada para el flujo del tiempo superando así la paradoja de la "simetría temporal".

Simplificación y resolución

Hasta ahora, se habían propuesto varias "soluciones parciales" al sexto problema de Hilbert, pero el planteamiento recién publicado conduce a una formulación más general. Los tres autores encontraron la forma de simplificar el tratamiento de las ecuaciones del movimiento de partículas que interactúan repetidamente, y de esta forma, reduciendo la complejidad del problema, lograron que todas las piezas del mosaico encajaran.

Pero a pesar de su éxito, refieren que: "La solución a los problemas de Hilbert aún no está completa". La importancia del sexto problema reside no solo en la axiomatización de las leyes de la física, sino también en la comprensión de las implicaciones de estos modelos matemáticos. "Sabemos que los modelos, en un determinado punto y una escala espacial específica o temporal, dejan de funcionar. Creo que la formulación moderna del sexto problema de Hilbert debería formularse en términos de 'comprender qué ocurre cuando esto sucede'", describe Deng. Los científicos están especialmente interesados en comprender qué ocurre a escalas aún más microscópicas, cuando las ecuaciones de fluidos conducen a las llamadas singularidades, es decir, soluciones matemáticas que no tienen sentido desde el punto de vista de la física.No se trata solo de un afán académico; en muchos escenarios de los campos de la oceanografía y la ciencia atmosférica, las singularidades se encuentran con frecuencia, y el trabajo recién publicado pueden ayudar a entender cómo abordar esta cuestión. Sin embargo, como admiten los autores, esto podría llevar mucho tiempo.

martes, 25 de marzo de 2025

Hallan un buitre de 30.000 años fosilizado en ceniza volcánica con plumas preservadas en 3D: el fósil revela un tipo de conservación nunca antes visto

 Un fósil de buitre hallado cerca de Roma ha revelado un tipo de conservación de tejidos blandos completamente nuevo, gracias a un mineral volcánico que actúa como un calco microscópico.

En las colinas volcánicas al sureste de Roma, donde la tierra humea y el tiempo parece haberse detenido, un buitre quedó atrapado para siempre en el abrazo de un volcán. Lo que parecía otro fósil más del Pleistoceno terminó siendo uno de los hallazgos más insólitos de la paleontología moderna. No por el animal en sí —un buitre leonado común, de hace unos 30.000 años— sino por cómo ha llegado hasta nosotros: con sus plumas aún visibles, tridimensionales, intactas hasta el nivel microscópico… gracias a un mineral volcánico que jamás se había visto implicado en este tipo de conservación. Este hallazgo —que pasó desapercibido durante más de un siglo desde su descubrimiento original en 1889— ha sido reinterpretado con tecnologías modernas y ha dado lugar a un artículo publicado en la revista Geology. Pero más allá de los tecnicismos científicos, lo que realmente ha captado la atención de la comunidad paleontológica es que este fósil no debería haber estado tan bien conservado. No en cenizas volcánicas, al menos. 

Un fósil rescatado del olvido… y de la lava

El fósil fue hallado hace más de 130 años en los Colli Albani, un complejo volcánico dormido a unos 20 kilómetros de la capital italiana. En aquel momento se reconoció su buen estado, pero muchos de sus restos se perdieron con el tiempo. Solo recientemente, un equipo internacional ha recuperado lo que quedaba del ala y la cabeza del ave, y lo ha sometido a un análisis minucioso. Lo que descubrieron no solo ha revolucionado la forma en la que entendemos la fosilización, sino que también ha abierto una puerta inesperada para futuros hallazgos.

La mayoría de fósiles con tejidos blandos bien conservados proceden de sedimentos acuáticos, como limos de lago o fondos marinos anóxicos, donde el oxígeno escasea y la descomposición se ralentiza. En ocasiones, las plumas se encuentran atrapadas en ámbar. Pero en este caso, el animal no fue sepultado en un lecho de agua, ni atrapado por resina. Fue sepultado por una nube de ceniza volcánica. Y no una cualquiera: una lo suficientemente fría como para no carbonizar los tejidos, pero lo bastante rica en minerales como para iniciar un proceso de conservación excepcional. 

Zeolitas: el guardián inesperado


Lo más llamativo del hallazgo es la naturaleza del material que ha permitido la conservación: un tipo de mineral conocido como zeolita, formado por la alteración del vidrio volcánico en contacto con el agua. Hasta ahora, estos minerales se conocían sobre todo por sus aplicaciones industriales (desde detergentes hasta purificación de agua), pero jamás se había documentado que pudieran replicar estructuras biológicas con tal nivel de fidelidad.

En el fósil del buitre, las zeolitas no solo rellenaron el espacio que dejaron las plumas al descomponerse. Reemplazaron las células una a una, preservando incluso microestructuras internas como los melanosomas, que son orgánulos responsables de los pigmentos del plumaje. Es decir, no estamos ante una simple impresión en roca, sino ante un verdadero calco tridimensional del tejido original.

Este tipo de fosilización, hasta ahora desconocido, podría explicar por qué algunos fósiles aparecen sorprendentemente bien conservados en ambientes que antes se consideraban hostiles para la materia orgánica. Y pone sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿cuántos fósiles de este tipo han pasado desapercibidos en cenizas volcánicas de todo el mundo?

Un instante congelado tras la erupción

El estudio reconstruye un escenario dramático y fascinante: el buitre, probablemente sorprendido por una erupción repentina, quedó atrapado en una nube de ceniza —un flujo piroclástico de baja temperatura— que lo sepultó casi al instante. A diferencia de lo ocurrido en Pompeya, donde los cuerpos humanos fueron incinerados por temperaturas extremas, este depósito fue lo suficientemente suave como para preservar no solo la forma del cuerpo, sino detalles tan finos como los bordes de las plumas y la piel del párpado.

Después de ser sepultado, el agua de lluvia empezó a filtrarse entre las capas de ceniza. En ese entorno húmedo y rico en sílice y aluminio, se dieron las condiciones químicas para que se formaran las zeolitas, que poco a poco fueron sustituyendo el material orgánico sin destruir su estructura.

Este proceso podría haber ocurrido en cuestión de días o semanas tras la muerte del animal. Una velocidad que choca con la idea tradicional de que la fosilización requiere millones de años.


Reescribiendo la historia de la fosilización

La implicación más profunda de este hallazgo es que la fosilización puede ser mucho más diversa de lo que creíamos. Hasta ahora, los paleontólogos han centrado su búsqueda de tejidos blandos en ambientes acuáticos o en ámbar. Pero si la zeolitización puede preservar plumas, ¿qué otras partes del cuerpo —órganos internos, piel, escamas— podrían haberse conservado en depósitos volcánicos similares?

La investigación sugiere que ciertos yacimientos volcánicos ricos en ceniza y alterados por el agua podrían ser minas de oro paleontológicas aún por explorar. De hecho, se están reconsiderando muestras antiguas almacenadas en museos, que podrían esconder tejidos conservados de forma inadvertida.

Más allá del hallazgo en sí, el fósil del buitre de los Colli Albani representa un cambio de paradigma. Si la ceniza volcánica puede actuar como un conservante de tejidos blandos bajo determinadas condiciones, el mapa mundial de la paleontología podría cambiar. Regiones volcánicas antes descartadas como yacimientos de huesos podrían convertirse en clave para entender la evolución de las aves, los dinosaurios o incluso los mamíferos.

La lección inesperada de un buitre

No deja de ser irónico que un animal carroñero, cuyo oficio es el de limpiar el paisaje de muerte, se haya convertido en uno de los fósiles más vivos que hemos encontrado. Gracias a una combinación fortuita de ceniza, agua, tiempo y química, hoy podemos contemplar sus plumas como si acabara de alzar el vuelo.

Este buitre congelado en ceniza no solo nos habla de su propia historia, sino de un proceso geológico que nadie había documentado, y que ahora podría cambiar lo que sabemos sobre cómo se guarda la memoria de la vida en la roca.

Doble amanecer el 29 de marzo por eclipse solar

 La trayectoria del fenómeno recorrerá zonas ubicadas en el noreste continental, con niveles de ocultación que superarán el 80% en puntos específicos del litoral atlántico. 

El sábado 29 de marzo de 2025 se producirá un eclipse solar parcial visible en regiones de América del NorteEuropa y el norte de África. En Estados Unidos, el evento será perceptible desde varios estados del noreste, especialmente durante el amanecer, momento en que el Sol ya estará parcialmente cubierto por la Luna en su ascenso sobre el horizonte. Según la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), el eclipse parcial comenzará antes de la salida del Sol en América del Norte, generando un efecto visual en el que el astro aparecerá como una media luna. Este fenómeno será más pronunciado en zonas costeras del noreste estadounidense y del este canadiense, donde la cobertura solar superará el 80%.

En localidades específicas de MaineNuevo Brunswick y Quebec, el alineamiento permitirá observar un fenómeno óptico conocido como “doble amanecer”, en el que el Sol emerge parcialmente cubierto por la Luna, con la apariencia de dos lóbulos luminosos. Esta configuración se produce por la coincidencia del amanecer con el punto máximo del eclipse.

¿En qué estados de EE.UU. será visible el eclipse solar del 29 de marzo de 2025?

El eclipse parcial será observable en al menos 13 estados de Estados Unidos, con mayor visibilidad hacia el noreste del país. De acuerdo con Time and Date, los siguientes estados registrarán el evento: Maine New, Hampshire, Massachusetts, Vermont, Connecticut, Rhode Island, Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware Maryland, Virginia, Washington D.C. 

¿Qué es el “doble amanecer” y dónde podrá observarse?

El fenómeno conocido como “doble amanecer” ocurre cuando el Sol, al salir parcialmente cubierto por la Luna, se presenta visualmente como dos lóbulos de luz separados por la sombra lunar. Este efecto será observable en una franja reducida de la costa noreste de América del Norte, de acuerdo con Live Science.

Las ubicaciones con mejores condiciones para visualizar este efecto, con coberturas entre el 83% y el 87%