jueves, 8 de junio de 2017

Sistema Excretor (I)

El contenido de agua del cuerpo, así como la concentración y distribución de los iones son regulados por un mecanismo denominado osmorregulación. Los protozoarios de agua dulce tienen vacuolas contráctiles que bombean periódicamente el exceso de agua que penetra por vía osmótica en la célula. En muchos organismos, las mismas estructuras que liberan al cuerpo del exceso de agua e iones suelen estar adaptadas para la eliminación de los desechos metabólicos. Dichos órganos integran el sistema excretor.

Un sistema excretor ayuda al mantenimiento de la homeostasis llevando a cabo las siguientes funciones:
· Excreción de los desechos metabólicos
· Osmorregulación (regulación del contenido de líquidos y sales del cuerpo)
· Regulación de las concentraciones de casi todos los constituyentes líquidos.

A tales fines los órganos excretores colectan líquidos (generalmente tomándolos de la sangre o el líquido intersticial) y luego modifican su composición al resorber las sustancias aún necesarias para el organismo. Finalmente, el producto excretorio definitivo (la orina) es expulsado del cuerpo.

El medio interno, formado por los líquidos extracelulares que bañan a las células, recibe un continuo aporte de sustancias provenientes del aparato digestivo y del metabolismo celular. Pero las condiciones en el medio interno deben conservarse muy estables para mantener la vida y la salud.

El sistema excretor, por intermedio de su principal órgano, el riñón, está encargado de regular la cantidad de agua y la concentración de electrólitos y ciertos productos terminales del metabolismo en el líquido extracelular.

En el individuo sano, los riñones intercambian sustancias con el plasma para que el medio interno se mantenga constante. El sistema excretor o urinario realiza una continua filtración de la sangre, extrayendo del plasma una gran cantidad de sustancias que son eliminadas al exterior como orina. 

La eliminación de sustancias desde el medio interno hacia el medio externo recibe el nombre de excreción.
La excreción urinaria permite eliminar, fundamentalmente:
• El exceso de agua
• El exceso de electrólitos
• Desechos nitrogenados del metabolismo

Entre las sustancias depuradas por orina también se encuentran los productos finales del metabolismo de la hemoglobina, metabolitos de hormonas y sustancias extrañas (agentes tóxicos, fármacos, plaguicidas, aditivos alimentarios).

La composición y volumen de la orina (diuresis) pueden variar ampliamente. Por ejemplo, si una persona bebe gran cantidad de agua, ésta tiende a diluir los líquidos corporales y aumentar su volumen, y el riñón responde con un aumento de la diuresis. En cambio, si una persona se ve privada de agua, los riñones producen una orina muy concentrada para disminuir al mínimo la pérdida de líquido. Del mismo modo, cuando hay déficit o exceso de potasio, ácido u otras sustancias, el riñón modifica su excreción para mantener en equilibrio el medio interno.
De esta forma, la composición y el volumen del medio interno sólo varían dentro de límites muy estrechos.
La insuficiencia renal altera la homeostasis del medio interno, conduciendo a una función anómala en todos los sistemas del cuerpo y en última instancia, a la muerte.


Desechos nitrogenados
Los desechos nitrogenados se originan del metabolismo celular y se vuelcan a la sangre, desde donde son incorporados a la orina cuando la sangre circula por el riñón. Si sus valores en sangre aumentan, ocasionan toxicidad.
Los desechos nitrogenados son:

• Urea: se genera a partir del grupo amino removido de los aminoácidos en el proceso de desaminación. La desaminación y la transformación del amino en urea (ciclo de la urea) tienen lugar principalmente en el hígado. La urea tiene la ventaja de ser un compuesto de bajo peso molecular, soluble en las membranas y por lo tanto fácilmente difusible. En la insuficiencia renal los valores de urea en sangre están anormalmente elevados, generando un síndrome conocido como uremia. Los síntomas de la uremia incluyen letargo, anorexia, náuseas, vómitos, deterioro mental y confusión, espasmos musculares, convulsiones y coma.

• Amoníaco: el amoníaco (NH3) o su catión amonio (NH4+) son los derivados inmediatos del grupo amino. Dada su alta toxicidad, el amoníaco es rápidamente convertido a urea. Cuando esta transformación no se produce, por ejemplo cuando hay una insuficiencia hepática, el amoníaco se acumula en sangre, provocando hiperamonionemia. Este síndrome incluye temblor, habla ininteligible, visión borrosa y, a concentraciones muy elevadas, daño cerebral irreversible, coma o muerte. La toxicidad del amoníaco afecta directamente al SNC.

• Ácido úrico: proviene del metabolismo de las bases púricas. Una producción incrementada o una excreción deficiente del ácido úrico causan la hiperuricemia. Como consecuencia, se depositan cristales de urato sódico en las articulaciones. Habitualmente se ve afectada una sola articulación, en el primer dedo del pie, provocando ataques de “gota” recidivantes. En los túbulos renales, el ácido úrico puede precipitar, dando lugar a la formación de cálculos.

• Creatina y creatinina: derivadas del metabolismo en la célula muscular.

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