viernes, 1 de agosto de 2025

Contacto- Carl Sagan 1985

Contacto es una novela —la única– escrita por Carl Sagan y publicada en el año 1985. 

De qué trata
Ellie es una niña estimulada por su padre al conocimiento. Enamorada de la ciencia y radioaficionada, la conocemos ya de mayor trabajando en un departamento SETI (Searching Extraterrestrial Intelligence) dedicado a la búsqueda de inteligencia extraterrestre. El libro está ambientado —y publicado— en los ochenta.

Ellie vive con el recuerdo de su padre. Lo tiene muy presente. Su madre ha rehecho su vida con un antiguo novio causando una ruptura con Ellie, que vive una vida aislada en su mundo científico. Sin contacto.

Un día, registra una señal. Procede de la estrella Vega. No es un rebote de una señal terrestre ni nada que se pueda explicar por patrones terrícolas. La señal emite la secuencia de números primos, lo cual avala que sea una señal procedente de una inteligencia. Los números primos no siguen un patrón de frecuencia estable, sino una premisa matemática.

Indagan y descubren que esa señal lleva mensaje atrás. Y todo el planeta se pone a trabajar en el estudio e implicaciones de ese contacto.

En el trascurso, Ellie se va a enamorar. Vamos a ver esa historia de amor, sus altibajos, etc. Sin embargo se nota que no es una preocupación grande del autor, a no ser, que quiera cimentar sobre este detalle su gran metáfora: Ellie no está en contacto con los seres que la rodean, absorta en el contacto con esos otros seres que pueblan sus desvelos. La alegoría de la gente que pone el trabajo y la realización por delante de su propia felicidad.

También hay una relación de amistad con Vaygay. Un científico soviético. Será una forma de reflejar la realidad política del mundo en los años 80′, partido en dos bloques:

«Reanudaron la interpretación de algunos de los diagramas, con los que prácticamente cubrieron la mesa. También discutieron sobre política, y como de costumbre, se divirtieron criticando cada uno la política exterior del país del otro. Eso les resultaba mucho más interesante que protestar contra la política del país de uno.»

En cierto modo, la reseña que se cuelga en un blog, un perfil social o un vídeo en YouTube es como esa secuencia de números primos que detecta la protagonista de esta novela. Alguien la lanza a la red y otro la capta, la asimila y tiene un impacto en su persona. Se ha producido un Contacto entre dos formas de inteligencia, ambas terrícolas, pero con un océano de separación. El mundo, es un microcosmos.

La historia avanza sobre la decodificación del Mensaje. Es decir, recorriendo el camino del qué (la señal recibida) al para qué. Cuando consiguen decodificar el Mensaje…

Sinopsis oficial:
Contacto es la única novela escrita por el astrónomo estadounidense Carl Sagan, uno de los mayores divulgadores científicos del siglo XX.

Tras cinco años de incesantes búsquedas con los dispositivos más sofisticados del momento, la astrónoma Eleanor Arroway consigue, junto a un equipo de científicos internacionales, conectar con la estrella Vega y demostrar que no estamos solos en el universo.

Empieza entonces un trepidante viaje hacia el encuentro más esperado de la historia de la humanidad, y con el Carl Sagan plantea magistralmente cómo afectaría a nuestra sociedad la recepción de mensajes de una civilización inteligente.

Contacto, Premio Locus 1986, desarrolla una de las constantes en la trayectoria del autor: la búsqueda de inteligencia extraterrestre y la comunicación con ella a traves de sondas espaciales. En 1997, el director de cine Robert Zemeckisllevó esta historia a la gran pantalla, en una película protagonizada por Jodie Foster y Matthew McConaughey.

Trasfondo
Podría pensarse que no lo tiene. Un libro de ciencia ficción pura que lo único que pretende es ponernos ante una situación hipotética y extraordinaria para captar nuestra atención.

Pero no, Sagan le da trasfondo. Hay mensajes insertos entre líneas. De hecho, hay muchos. Por ejemplo hay reflexión acerca del mundo de los años en que este libro vio la luz:

«Aún existían conflictos de orden político, algunos de los cuales —la crisis sudafricana— eran muy graves. No obstante, también se notaba en varios puntos del orbe un menor predicamento de la retórica jingoísta y del nacionalismo pueril.»

Y se reflexiona sobre la hipótesis, claro que sí. Sagan plantea qué respuesta podría dar la Humanidad a una encrucijada como la que propone el texto.

De registrase presencia de vida extraterrestre, concerniría a todos. Todos deberíamos articular una respuesta coordinada. Todos seríamos uno, pero seguramente un uno fragmentado y preso de rencillas que a escala universal, parecerían ahora ridículas.

«A muchos les parecía absurdo que los países beligerantes prosiguieran con sus mortales batallas cuando había que vérselas con una civilización no humana»

Los extraterrestres son el pretexto para hablar de los terrícolas. Las historias a escala Láctea nos dan distancia para mirarnos con perspectiva.

Y un hipotético contacto alienígena también nos dividiría. La ruptura de los partidarios, el mismo fenómeno siempre se ve bueno o malo, positivo o negativo, conveniente o inconveniente.

«una oportunidad sin precedentes, o incluso un grave riesgo colectivo»

Se ve el la preocupación por el desarme. Los dos grandes bloques de la Guerra Fría, —recordemos la fecha de publicación de esta novela—, armados hasta los dientes se van dando plazos para convertir parte de su arsenal atómico en energía no bélica. Esto se cuenta muy bien. En general el tono geopolítico de esa época se refleja con maestría, teniendo en cuenta que las predicciones de geopolítica, como las económicas, tienen la misma base que echar las cartas o redactar el horóscopo.

Los dos bloques de la guerra fría se manifiestan. Dos maneras de entender todo: la comunista frente a la capitalista. Y se dan palos a lado y lado aprovechando las intervenciones de cada personaje. No podría suponer Sagan —pero sí sospechar— que cinco años después de publicar esta obra, el mundo soviético iba a colapsar. Por eso digo…

Y también epifenómenos humanos. Celos inter pares, científicos ególatras que no soportan que una joven sea la que se lleve los honores, etc.

Muy interesante la novela.
Mucho nivel. Como la buena ciencia ficción, hablando del espacio sideral se habla en realidad de la tierra. Se utiliza la hipotética inferioridad de los terrícolas frente a los habitantes de Vega como una metáfora del pueblo atrasado frente a los jerifaltes y clase alta. Preocupa la sumisión o no que podamos padecer al entablar relación con otros seres en el espacio. Tememos que el conflicto y los abusos no sean rasgos exclusivamente humanos. Medimos todo el universo desde nuestra propia experiencia: la guerra; la imposición de yo sobre el otro.

Una vez más se recurre al mito de la caverna. El ser humano no se cansa de chocar con esa pared. Siempre que alguien da un paso trascendental, los que no lo han dado, se muestran despreciativos cuando no abiertamente hostiles. El ser humano no acepta el cambio por más que el cambio es omnipresente. Estamos donde estamos por nuestra capacidad de adaptación y sin embargo detestamos el cambio. Nuestra necesidad de seguridad y certidumbre es primaria.

Los grandes avances de la ciencia han de ser graduales. Enormes avances vertiginosos, o son paulatinos o no serán. La tribu no lo permitirá.

El ser humano hegemónico y desafiado. Este es un planteamiento importante que nos hace Sagan:

«Algunos sociólogos y educadores sostenían que debían pasar varias generaciones antes de que se pudiera asimilar como corresponde la mera existencia de seres más inteligentes que el hombre. Se trataba de un golpe mortal para la autoestima de los humanos, aseguraban»

¿Qué haría la especie humana ante tal hallazgo? ¿Aceptarlo? ¿Hundirse en su melancolía? ¿Silenciarlo mientras fuera posible? ¿Luchar? ¿Buscar formas de convivencia? ¿Comprender el mayor desarrollo de otros y ponerse a su altura aprendiendo de su avance?

¿Qué haría el ser humano ante ese cambio de paradigma?

Muchos dirán que la ciencia ficción son historias de marcianitos. Habrá quien desdeñe el género como uno de una naturaleza menor. Yo recomiendo un tratamiento a base de leer más y leer antes de juzgar. Yo mismo —poco versado en el género— me lo estoy aplicando con buen disfrute.

Personajes
Ellie es la protagonista. Ella es la que recoge los primeros contenidos provenientes de Vega. Es inteligente e imprudente. Impulsiva y respetuosa. Contradictoria y real.

Hay más personajes, sí, pero ella es el centro. Es casi la única que Sagan nos explica a fondo. Su mirada suele ser la del narrador, aunque aquí tenemos un narrador heterodiegético, se entiende a las mil maravillas con Ellie.

En general diremos que es un personaje conseguido. No es que haya una profundidad psicológica mayor, pero no se puede hablar de un personaje plano, sino de una soñadora idealista que a pesar de todo experimenta el desengaño de descubrir más verdades sobre el ser humano que sobre los extraterrestres en su contacto con éstos últimos. Del idealismo al excepticismo, no sobre su ideal, sino sobre las posibilidades de alcanzarlo en medio de esta sociedad de personas.

Leptina y ghrelina a la vez. Tiene un trasfondo filosófico, —escatológico y ontológico— considerable para ser una obra con bastante recorrido comercial, que todo hay que decirlo.

¿Qué se aprende o sobre qué reflexiona?
El Universo es enorme. El ser humano encierra dentro de sí, otro universo no tan grande pero sí más complejo incluso. Antes que explorar el último rincón de la galaxia, debemos explorar nuestra propia realidad, nuestro interior es un abismo tan grande como la mayor de las galaxias. Este libro que va sobre una mujer que permanentemente mira hacia fuera, —hacia el espacio exterior—, nos está invitando a mirar hacia dentro de nosotros mismos, para no estar tan solos y tan aislados como Eleanor Arroway.

La ciencia es el camino. Pero sólo es un camino, no un destino. No podemos convertir la ciencia en dogma, porque la ciencia es justo lo contrario al dogma. La verdad debe aceptarse. Puede que la ciencia nos lleve a una verdad que no esperábamos y que no afirma nuestras creencias más arraigadas, creyentes o escépticas. Qué haremos entonces. Los seres que pudieran existir en otros mundos nos interesan. Contactar con ellos nos parecería indispensable de tener evidencia de su ser. Sin embargo, el contacto más importante que debemos buscar es con nuestros más cercanos. Vivir presentes en las familias y los amigos que nos rodean, antes que perdidos en la búsqueda de otros universos que aunque conquistemos siempre nos serán extraños. Cuántos de nosotros perdemos el Contacto con hijos, amigos, cónyuges… perdidos en el universo de nuestros móviles, aficiones, trabajo o buscando El dorado.

Recuperemos el contacto. Vivamos en el universo inmediato. Al fin y al cabo, cada átomo de nuestro cuerpo es parte de cualquier universo mayor.

Magnífica novela de un género infravalorado.


sábado, 12 de julio de 2025

La planta que engaña a la muerte: Selaginella lepidophylla, la "planta de resurrección".

 En lo profundo del desierto de Chihuahua, entre México y el suroeste de Estados Unidos, existe una planta que parece desafiar las reglas mismas de la vida. Se trata de la Selaginella lepidophylla, también conocida como planta de resurrección, capaz de sobrevivir durante años en un estado completamente seco... y volver a la vida en cuestión de horas tras recibir unas gotas de agua.

Durante las épocas de sequía extrema, esta planta se enrolla sobre sí misma formando una bola apretada, marrón y aparentemente inerte. Este mecanismo de defensa reduce su superficie expuesta, minimizando la pérdida de humedad. En este estado latente, parece muerta: frágil, gris, inmóvil. Pero basta con que entre en contacto con agua para que comience a desplegarse, reverdecer y retomar la fotosíntesis casi de inmediato.

Esta extraordinaria transformación es posible gracias a un fenómeno biológico llamado anhidrobiosis, un mecanismo de supervivencia extrema. Durante este proceso, la planta produce azúcares protectores como la trehalosa, así como proteínas especializadas que estabilizan sus estructuras celulares durante la deshidratación. Estos compuestos permiten que la planta pause casi toda su actividad metabólica sin sufrir daño, entrando en una especie de animación suspendida hasta que las condiciones mejoran.

Lejos de ser solo una rareza del desierto, la planta de resurrección ha despertado el interés de científicos de todo el mundo. Su capacidad para sobrevivir en condiciones hostiles la ha convertido en un modelo para investigaciones en biotecnología, preservación celular, y el desarrollo de cultivos resistentes a la sequía, fundamentales frente al cambio climático.

La Selaginella lepidophylla no es solo una maravilla natural, es un símbolo viviente de la resiliencia y la adaptabilidad de la vida en su forma más pura.

martes, 8 de julio de 2025

Así se ve la ira a la luz de la neurociencia

Si está descontrolada, la ira es una emoción negativa y dañina con nosotros mismos y con los que nos rodean. Sin embargo, también es un sentimiento básico y, como tal, cumple un papel clave en la supervivencia, ya que, ante una amenaza real, solo poniéndonos en guardia logramos protegernos.

Entre el bienestar y la furia incontrolable
Al igual que el placer, el enojo nace en el sistema límbico del encéfalo. Cuando asoma, la frecuencia cardiaca aumenta, la tensión arterial sube, se libera testosterona a raudales y se incendian las orejas. Simultáneamente, el cortisol –una hormona producida por la glándula suprarrenal– cae y se achanta el estrés. Además, la furia estimula la corteza frontal izquierda del cerebro, ligada a las emociones positivas y la felicidad. Sí, has leído bien: por paradójico que resulte, un berrinche puede infundirnos bienestar.

No obstante, una cosa es indignarse por un buen motivo y otra dejarse arrastrar asiduamente por la ira. Entre otras cosas porque quienes acostumbran a estar que muerden son tres veces más propensos a sufrir enfermedades cardiovasculares de forma prematura. Para colmo, la probabilidad de ataque cardiaco es 8,5 veces mayor en las 48 horas que siguen a un monumental enfado valorado en su escala con un cinco –gran enojo, tensión, nudillos o dientes apretados…– o más. La escala tiene su tope en el siete, que es cuando nos salta la tapa de los sesos y nos ponemos a lanzar objetos, nos hacemos daño o se lo infligimos a otras personas.

No acaba ahí la cosa

Ponerse hecho un energúmeno también desencadena cambios en el encéfalo. Y estos hacen que, si eres violento una vez, te resulte más fácil repetir ese comportamiento. De demostrarlo se encargaron en 2015 neurobiólogos rusos y neoyorquinos. En experimentos con ratones, comprobaron que, tras una pelea, los ganadores se volvían más bravucones, y que el cambio coincidía con un aumento del número de neuronas en una estructura del hipocampo conocida como giro dentado. Curiosamente, la activación de estas nuevas neuronas perpetuaba la conducta agresiva. Dicho de otro modo, en el cerebro la agresividad se retroalimenta.

Que te enfades si te insultan, si te atacan, si tu pareja te es infiel o si te despiden del trabajo es completamente natural, y hasta sano. Lo que no lo es tanto es que experimentes una furia incontrolable y ganas de gritar cuando vas en el metro y escuchas al pasajero de al lado mascar chicle. Sin embargo, hay a quien le pasa.

Trastornos asociados a perder el control

Así es: sonidos inocuos, como el que producimos al masticar, teclear o respirar fuerte, resultan insoportables para quienes sufren misofonía. Tanto que acaban aislándose para evitar la irritación constante. En 2017, científicos británicos de la Universidad de Newcastle (Inglaterra) identificaron por primera vez cambios cerebrales asociados al trastorno. Resulta que la corteza insular anterior de quienes lo sufren, que conecta los sentidos y las emociones, está sobreactivada e hiperconectada. Y eso explicaría por qué un sonido neutral puede desatar su ira.

Peor aún es ser víctima del trastorno explosivo intermitente (TEI). De acuerdo con las últimas estimaciones de la Universidad de Harvard (EE. UU.), uno de cada diez hombres adultos y una de cada veinte mujeres se irritan de forma desproporcionada ante situaciones como un atasco de tráfico o un vendedor que se equivoca al devolvernos el cambio.

Lo peor de ellos es que pierden el control, y lo hacen hasta el punto de que el arrebato puede llevar a insultar o, lo que es aún peor, a arremeter físicamente contra propiedades, animales o incluso personas. Que esto nos suceda dos o más veces por semana debería hacer saltar nuestras alarmas, ya que, a la larga, los afectados tienen peores puestos de trabajo, menos amigos y también altas tasas de divorcio.

Una avería en los frenos de la ira

Lo que les sucede a los enfermos de TEI es que les sobra rabia y tienen la serotonina descontrolada. Algo grave si tenemos en cuenta que esta molécula es fundamental para que funcione bien la corteza prefrontal, es decir, la parte analítica y racional de nuestro cerebro, donde reside la capacidad del autocontrol.

En otras palabras, tienen seriamente averiados los frenos para la ira. Cuando la parte impulsiva de la mente se activa, no hay quien les pare los pies. Y, claro, siempre están a la que saltan. Para colmo, un estudio de la Universidad de Chicago (EE. UU.) sacó a relucir que estos individuos confunden expresiones faciales neutrales con gestos hostiles. Y eso provoca que se sientan agredidos sin ningún motivo real.
¿Respirar, contar hasta diez o soltar tacos?
A ellos, como al común de los mortales, les beneficia respirar hondo. También es efectivo contar hasta diez, aunque con excepciones. Según un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York (EE. UU.), si tenemos claras las consecuencias negativas de enojarnos, este sistema infunde calma y ayuda a controlar la agresividad. Pero si no hay consecuencias evidentes, contar hasta diez puede ser incluso contraproducente y contribuir a que nos encendamos todavía más.

“Cuando estés irritado, cuenta hasta diez; cuando estés muy irritado, suelta tacos”, recomendaba el irónico escritor Mark Twain. Y parece que acertaba de lleno. Porque resulta que las palabrotas son una forma inocua de liberar la ira que, para colmo, tienen efectos colaterales muy positivos. A nivel cerebral, decir tacos funciona como una aspirina: tiene efectos analgésicos y reduce el dolor. A lo que se suma que científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) demostraron que percibimos como más honestas y sinceras a las personas que usan palabrotas. Y eso templa los ánimos. Así que si te enfadas, no te cortes, ¡Chinga!

Si te enfadas échale la culpa de tu ira a...

Múltiples factores pueden influir en que te enfades más de la cuenta. Aquí te dejamos seis de ellas:

Las grasas trans

Una investigación de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.) demostró que abusar de las grasas trans presentes en la comida basura, los fritos y la bollería industrial fomenta la ira. Lo achacan a que interfiere con el metabolismo del omega-3, un ácido graso fundamental para nuestras neuronas que mantiene al cerebro ágil y espabilado.

Las redes sociales
¡Cuidado! La furia es viral. Un estudio en el sitio web Weibo, el equivalente chino de Facebook y, en menor medida, Twitter, demostró que la ira es la emoción que más rápidamente se contagia en las redes sociales, y también la que más respuestas genera.

Demasiado autocontrol
¿Te salta la tapa de los sesos cuando, por ejemplo, intentas dejar de fumar o te pones a dieta? No es casualidad. Se ha comprobado que llevar a cabo un esfuerzo demasiado grande de autocontrol nos convierte en un blanco fácil para la ira y la agresividad.

Tus genes

La hostilidad podría tener también raíces genéticas. En la Universidad de Pittsburgh (EE. UU.), han identificado ciertas variantes del gen del receptor de la serotonina –la molécula del buen humor– asociadas a comportamientos agresivos. Es decir, que la tendencia a cabrearse como un mono se hereda.

La masificación
De acuerdo con un reciente estudio de la Universidad Cornell (EE. UU.), cuanto más pegados vivimos unos a otros, más irritables nos volvemos. La alta densidad de población incrementa los niveles sanguíneos de la hormona del estrés, el cortisol. Una molécula que, a la larga, nos predispone a ser peleones.

La inflamación
Esta y la agresividad están biológicamente conectadas. A esa conclusión llegaron neurocientíficos de la Universidad de Chicago (EE. UU.). Según sus pesquisas, las personas irascibles tienen más marcadores de inflamación en sangre que las que se toman las cosas con serenidad. Lo que no está claro es qué viene primero: si la inflamación o la ira.



lunes, 7 de julio de 2025

Gerty Cori: la bioquímica que explicó cómo el cuerpo transforma el azúcar en energía muscular

Gerty Theresa Cori nació el 15 de agosto de 1896 en Praga, entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Fue una científica brillante, pionera en el estudio del metabolismo de los carbohidratos y la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Su vida, marcada por una profunda pasión por la ciencia y por la colaboración con su esposo Carl Cori, dejó una huella indeleble en la historia de la medicina.

Carl, Gerty Cori desarrolló una línea de investigación revolucionaria que permitió entender cómo el cuerpo procesa y almacena energía, un conocimiento esencial para el tratamiento de enfermedades como la diabetes. Su trabajo conjunto les valió el Nobel en 1947, y aunque su carrera fue breve debido a una enfermedad incurable, su legado sigue iluminando la ciencia biomédica.

Orígenes y formación en Praga
Gerty creció en una familia culta de origen judío, y desde pequeña mostró una gran inclinación por las ciencias. Estudió medicina en la Universidad Alemana de Praga, donde conoció a Carl Ferdinand Cori, quien sería su esposo y compañero científico de por vida. Ambos compartían no solo intereses académicos, sino una visión idealista de lo que la ciencia podía lograr para la humanidad.

Durante su época universitaria, Gerty comenzó a interesarse por la bioquímica, un campo que entonces apenas empezaba a desarrollarse. Se graduó en 1920 con el título de doctora en medicina. Ese mismo año se casó con Carl, sellando una unión que sería tanto afectiva como intelectual. Poco después, trabajaron juntos en diversas áreas clínicas como pediatría, patología y farmacología, aunque siempre con una inquietud científica más profunda.

Un nuevo comienzo en Estados Unidos
La situación política y económica de la Europa de entreguerras impulsó a los Cori a buscar mejores oportunidades. En 1922 emigraron a Estados Unidos, donde comenzaron a trabajar en el Instituto Estatal para el Estudio de Enfermedades Malignas en Buffalo, Nueva York. Allí iniciaron estudios sobre el metabolismo de tumores, lo cual los llevó a interesarse profundamente por cómo el cuerpo transforma los carbohidratos.

En esta primera etapa estadounidense, la pareja enfrentó numerosos desafíos. Gerty tuvo mayores dificultades que su esposo para encontrar un puesto de investigación formal, debido a los prejuicios de género. Sin embargo, nunca se detuvo: continuó colaborando con Carl de forma constante y rigurosa, publicando investigaciones conjuntas de alto nivel científico.

Consolidación científica en St. Louis
En 1931, los Cori se mudaron a St. Louis, Missouri, para unirse a la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington. Allí fue donde sus carreras alcanzaron su máxima proyección. Aunque Gerty tardó más que Carl en ser reconocida oficialmente —no fue nombrada profesora hasta 1947—, su papel en los descubrimientos fue fundamental.

Durante esta etapa, abandonaron los estudios en animales completos para centrarse en sistemas enzimáticos aislados. Descubrieron la glucosa-1-fosfato, llamada luego “éster de Cori”, y enzimas clave como la fosfoglucomutasa, que transforma dicha glucosa en una forma utilizable por el cuerpo. También lograron cristalizar la enzima fosforilasa, que permite descomponer el glucógeno y liberar energía.

Estos avances permitieron no solo entender cómo se almacena y libera la energía en las células, sino también abrir una nueva puerta al diagnóstico y tratamiento de enfermedades metabólicas. De hecho, Gerty logró identificar cuatro tipos diferentes de enfermedades de almacenamiento de glucógeno, contribuyendo enormemente al conocimiento de la fisiopatología humana.

El ciclo de Cori: una revolución metabólica
El ciclo de Cori es probablemente la aportación más célebre de Gerty y Carl Cori. Explica cómo el cuerpo convierte la glucosa en energía durante la actividad muscular y luego la recicla para volver a usarla. En resumen: cuando los músculos trabajan intensamente y no hay suficiente oxígeno, transforman la glucosa en ácido láctico. Este ácido láctico pasa a la sangre, llega al hígado, donde se convierte nuevamente en glucosa y se reutiliza.

Este proceso es vital durante el ejercicio intenso y permite que los músculos sigan funcionando incluso en condiciones de esfuerzo extremo. Además, su descubrimiento fue fundamental para entender enfermedades como la diabetes, ya que mostró cómo se interrumpe o se altera este ciclo en personas con trastornos metabólicos.

El hallazgo del ciclo de Cori no solo fue un logro técnico, sino también un ejemplo de cómo el trabajo paciente y colaborativo puede revelar los secretos más esenciales de la vida. Fue por este descubrimiento que ambos recibieron el Nobel en 1947.

Filosofía de vida y pensamiento
El trabajo de los Cori fue ampliamente reconocido en vida. Gerty recibió numerosos premios, grados honorarios y membresías en academias científicas. Sin embargo, nunca perdió su humildad ni su amor por la ciencia. En un ensayo titulado Glories of the Human Mind, compartió su filosofía: veía en la ciencia y el arte las más grandes expresiones del espíritu humano.

También reconocía que la ciencia, mal utilizada, podía convertirse en una herramienta peligrosa en manos equivocadas. Aun así, defendía que el conocimiento es una fuerza esencial para el bienestar y la justicia, si se guía por la compasión y la ética. Su vida misma fue un testimonio de ese ideal.
Últimos años y despedida

En 1947, el mismo año en que recibió el Nobel, Gerty fue diagnosticada con mielofibrosis, una enfermedad rara que afecta la médula ósea. A pesar del deterioro progresivo de su salud, continuó trabajando durante casi una década más. Nunca abandonó su laboratorio ni su papel como mentora de jóvenes científicas y científicos.

Falleció el 26 de octubre de 1957, en St. Louis, Missouri, a los 61 años. Su esposo, Carl Cori, anotó la fecha en su calendario personal, un pequeño gesto que simboliza el vínculo profundo y duradero que compartieron.

domingo, 6 de julio de 2025

La Chispa de la Vida: Mitocondrias y Cloroplastos, los Motores Energéticos de la Célula

Cada respiración que tomamos, cada paso que damos, e incluso el simple parpadeo de nuestros ojos, son posibles gracias a una constante e intrincada danza de energía dentro de nuestras células. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde proviene esta energía vital? La respuesta reside en dos organelos microscópicos, pero increíblemente poderosos: las mitocondrias y los cloroplastos. Estos verdaderos "motores" celulares son los protagonistas silenciosos que convierten diferentes formas de energía en la moneda universal que la célula puede utilizar: el ATP (Adenosín Trifosfato).

En este artículo, nos adentraremos en el fascinante mundo de estos organelos, explorando su estructura, función y la vital importancia que tienen para la vida en la Tierra.

La Mitocondria: La Central Eléctrica de la Célula Animal (y de muchas otras)

Imagina una pequeña fábrica dentro de cada una de tus células, una fábrica incansable que trabaja día y noche para producir la energía necesaria para todas las funciones vitales. Esa es la mitocondria. Presente en casi todas las células eucariotas (animales, plantas, hongos y protistas), su función principal es llevar a cabo la respiración celular, un proceso complejo que descompone nutrientes para generar grandes cantidades de ATP.

Una mirada a su estructura:

Las mitocondrias son estructuras ovaladas que pueden variar en forma y tamaño, pero su diseño interno es crucial para su función. Poseen dos membranas distintas, cada una con un papel específico:

  1. Membrana Externa: Es lisa y permeable a moléculas pequeñas, actuando como una especie de "pared" protectora que separa el organelo del citoplasma circundante. Contiene proteínas que permiten el paso de iones y moléculas pequeñas, pero es selectiva con moléculas más grandes.

  2. Membrana Interna: Esta es la verdadera joya de la mitocondria. Es altamente plegada, formando numerosas invaginaciones llamadas crestas mitocondriales. Estos pliegues no son aleatorios; aumentan drásticamente la superficie disponible para las reacciones químicas. Es en esta membrana donde se lleva a cabo la mayor parte de la producción de ATP a través de la cadena de transporte de electrones y la fosforilación oxidativa. Es mucho menos permeable que la membrana externa, lo que permite la creación de gradientes de concentración esenciales.

Entre estas dos membranas existe un espacio, el espacio intermembrana, que juega un papel crucial en el establecimiento de los gradientes de protones necesarios para la síntesis de ATP.

Dentro de la membrana interna, encontramos la matriz mitocondrial. Esta es una solución densa que contiene una mezcla de enzimas, ribosomas, moléculas de ARN y, curiosamente, su propio ADN circular. Sí, las mitocondrias tienen su propio material genético, una característica que apoya la teoría endosimbiótica (de la que hablaremos más adelante). Es en la matriz donde ocurren importantes etapas de la respiración celular, como el ciclo de Krebs (o ciclo del ácido cítrico) y la oxidación de ácidos grasos.

La Respiración Celular: El Proceso Energético:

La respiración celular es un proceso aeróbico (requiere oxígeno) que se puede dividir en varias etapas interconectadas, ocurriendo algunas en el citoplasma y otras dentro de la mitocondria:

  • Glucólisis (en el citoplasma): Es la primera etapa, donde una molécula de glucosa (un azúcar de seis carbonos) se rompe en dos moléculas de piruvato (tres carbonos), generando una pequeña cantidad de ATP y NADH.

  • Oxidación del Piruvato (en la matriz mitocondrial): Cada molécula de piruvato entra en la mitocondria y se convierte en acetil-CoA, liberando dióxido de carbono y generando más NADH.

  • Ciclo de Krebs (o Ciclo del Ácido Cítrico, en la matriz mitocondrial): El acetil-CoA se une a un compuesto de cuatro carbonos y entra en una serie cíclica de reacciones. En cada vuelta, se liberan moléculas de dióxido de carbono y se generan portadores de electrones de alta energía: NADH y FADH₂. Estos transportadores son clave para la siguiente etapa.

  • Cadena de Transporte de Electrones y Fosforilación Oxidativa (en la membrana interna mitocondrial): Esta es la etapa donde se produce la mayor parte del ATP. El NADH y el FADH₂ liberan sus electrones a una serie de proteínas incrustadas en la membrana interna. A medida que los electrones se mueven a través de esta cadena, liberan energía que se utiliza para bombear iones de hidrógeno (protones) desde la matriz hacia el espacio intermembrana. Esto crea un gradiente electroquímico, similar a una batería cargada. Los protones fluyen de vuelta a la matriz a través de una enzima especial llamada ATP sintasa, que utiliza la energía de este flujo para sintetizar grandes cantidades de ATP a partir de ADP y fosfato inorgánico. El oxígeno actúa como el aceptor final de electrones, formando agua.

En resumen, la mitocondria toma los productos de la digestión de alimentos (principalmente glucosa, ácidos grasos y aminoácidos) y los transforma eficientemente en ATP, la energía que impulsa casi todas las actividades celulares.

El Cloroplasto: El Arquitecto de la Vida en las Plantas y Algas

Mientras que las mitocondrias son los motores de la respiración en la mayoría de los eucariotas, los cloroplastos son los pilares energéticos del reino vegetal y de las algas. Son los organelos responsables de la fotosíntesis, el proceso mágico que convierte la energía de la luz solar en energía química almacenada en forma de azúcares. Sin los cloroplastos, la vida tal como la conocemos no existiría, ya que son la base de la cadena alimentaria en la Tierra.

Una mirada a su estructura:

Los cloroplastos son organelos más grandes que las mitocondrias y, al igual que ellas, poseen una compleja estructura interna que optimiza su función:

  1. Membrana Externa: Es lisa y permeable a moléculas pequeñas, similar a la mitocondria, actuando como una envoltura protectora.

  2. Membrana Interna: Es más selectiva que la externa, controlando el paso de sustancias dentro y fuera del organelo. A diferencia de la mitocondria, no está plegada en crestas.

El espacio entre la membrana externa e interna se conoce como espacio intermembrana.

Dentro de la membrana interna, se encuentra el estroma, un fluido gelatinoso que contiene enzimas, ribosomas y también su propio ADN circular. Es en el estroma donde ocurren las reacciones de la fase oscura de la fotosíntesis (el ciclo de Calvin).

La característica más distintiva y funcional del cloroplasto son los tilacoides. Estas son estructuras membranosas aplanadas, con forma de sacos o discos, que están apiladas unas sobre otras formando estructuras que se asemejan a pilas de monedas, llamadas grana (plural de granum). Las granas están interconectadas por tilacoides del estroma. La membrana del tilacoide es de suma importancia, ya que es aquí donde se encuentran los pigmentos fotosintéticos, como la clorofila, que le da a las plantas su color verde característico y es la encargada de captar la energía lumínica.

El espacio dentro de cada tilacoide se llama lumen del tilacoide. Este espacio es crucial para la generación de un gradiente de protones, similar al espacio intermembrana de la mitocondria.

La Fotosíntesis: La Conversión de la Luz en Vida:

La fotosíntesis se divide en dos fases principales, que ocurren en diferentes partes del cloroplasto:

  • Fase Luminosa (o Reacciones Dependientes de la Luz, en las membranas de los tilacoides): En esta fase, la clorofila y otros pigmentos fotosintéticos absorben la energía de la luz solar. Esta energía se utiliza para:

    • Excitar electrones, que luego se transfieren a través de una cadena de transporte de electrones (similar a la mitocondria).

    • Dividir moléculas de agua (fotólisis del agua), liberando oxígeno como subproducto (¡el oxígeno que respiramos!), protones y electrones.

    • Generar ATP y NADPH (Nicotinamida Adenina Dinucleótido Fosfato), moléculas portadoras de energía y poder reductor, respectivamente, que serán utilizadas en la siguiente fase. Al igual que en la mitocondria, la ATP sintasa utiliza el gradiente de protones generado para producir ATP.

  • Fase Oscura (o Reacciones Independientes de la Luz / Ciclo de Calvin, en el estroma): A pesar de su nombre, esta fase no requiere oscuridad, sino que no necesita luz directamente. Utiliza el ATP y el NADPH producidos en la fase luminosa para fijar el dióxido de carbono de la atmósfera. A través de una serie de reacciones cíclicas, el dióxido de carbono se convierte en azúcares (principalmente glucosa). Estos azúcares son la fuente de energía y los bloques de construcción para la planta, y también el alimento para los organismos heterótrofos (incluidos nosotros).

En esencia, el cloroplasto transforma la energía luminosa en energía química almacenada en carbohidratos, alimentando no solo a la planta misma, sino indirectamente a la inmensa mayoría de la vida en la Tierra.

El Vínculo Ancestral: La Teoría Endosimbiótica

Es notable cómo las mitocondrias y los cloroplastos comparten varias características inusuales para organelos celulares: tienen su propio ADN circular (muy similar al de las bacterias), ribosomas similares a los bacterianos, y se dividen por fisión binaria, al igual que las bacterias. Estas similitudes no son una coincidencia.

La teoría endosimbiótica, propuesta por Lynn Margulis, postula que tanto las mitocondrias como los cloroplastos fueron en su origen bacterias de vida libre. Se cree que una célula eucariota ancestral (un tipo de "anfitrión") engulló a una bacteria aeróbica (que se convirtió en la mitocondria) y, posteriormente, a una cianobacteria fotosintética (que se convirtió en el cloroplasto) en eventos separados. En lugar de digerirlas, se estableció una relación simbiótica mutuamente beneficiosa: las bacterias proporcionaban energía y la célula anfitriona les ofrecía protección y un ambiente estable. Con el tiempo, esta relación se volvió obligatoria, dando origen a las células eucariotas complejas que conocemos hoy.

Esta teoría explica la doble membrana de ambos organelos (una del endosimbionte original y otra del anfitrión), su ADN y ribosomas propios, y su modo de división. Es un testimonio asombroso de cómo la evolución ha dado forma a la vida a través de la cooperación.

Conclusión: La Armonía Energética de la Vida

Las mitocondrias y los cloroplastos son mucho más que simples componentes celulares; son los arquitectos de la energía, los guardianes de la vida. Desde la respiración que nos mantiene en movimiento hasta la fotosíntesis que nos proporciona alimento y oxígeno, estos organelos trabajan incansablemente para mantener el equilibrio energético de nuestro planeta.

Comprender su funcionamiento no solo nos revela la complejidad y la belleza de la biología celular, sino que también nos hace apreciar la interconexión de todos los seres vivos y la ingeniosa forma en que la naturaleza ha resuelto el desafío fundamental de la energía. Son, sin duda, la chispa que enciende la vida.