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miércoles, 30 de abril de 2025

El problema de los tres cuerpos

"El problema de los tres cuerpos" es la primera novela no escrita originariamente en inglés galardonada con el premio Hugo, el Nobel del género de la ciencia ficción.

Su autor, Cixin Liu, ha sido considerado el gran descubrimiento del género y es capaz de vender cuatro millones de ejemplares solamente en China y de hacerse con prescriptores de la talla de Barack Obama, quien seleccionó "El problema de los tres cuerpos" como una de sus lecturas navideñas de 2015, y Mark Zuckerberg, que lo convirtió en la primera novela de su club de lectura.

El público y la crítica de los cinco continentes se rinden ante esta obra maestra, enormemente visionaria, sobre el papel de la ciencia en nuestras sociedades, que nos ayuda a comprender el pasado y el futuro de China, pero también, leída en clave geopolítica, del mundo en que vivimos.

En 1967, Ye Wenxie presencia la ejecución de su padre, profesor de Física en la universidad, por parte de los guardias rojos, jóvenes a favor de la Revolución Cultural de Mao Zedong en China. Jóvenes que eran sus propios estudiantes. Poco tiempo después, Wenxie es engañada y condenada a prisión por «esparcir material antirrevolucionario». Un viejo alumno de su padre le ofrece dos posibilidades: la cárcel o aportar sus conocimientos y pericia a la base de Costa Roja.

Cuarenta años mas tarde, Wang Miao, especialista en nanotecnología, se ve enfrascado en la investigación de una ola de suicidios masiva, en donde todos los fallecidos son científicos de renombre. Un día, una cuenta atrás se aparece frente a sus ojos. ¿Qué tiene que ver con las muertes recientes y con el extraño juego de realidad virtual en donde la civilización es destruida una y otra vez?

Esta preciosura de obra es un ejemplo de la rama de la ciencia ficción que se apoya con mucha fuerza en la parte de ciencia. Cuando está ambientada en el mundo real, hace referencia en forma constante a invenciones y teorías que van desde la física a la psicología de masas. Si bien muchas de las menos conocidas se explican, recomiendo leerlo con Google abierto.

Los personajes tienden a ser similares al libro mismo en ese aspecto: técnicos, lógicos, pero a su vez esconden una gran pasión por la investigación y una fe ciega en la ciencia, que se cae a pedazos cuando empiezan a acontecer sucesos que la contradicen. Ye Wenxie es una mujer que tiene que lidiar con una sociedad que reprime con brutalidad cualquier mínimo pensamiento que pueda ir contra la ideología. A modo de ejemplo, no puede ni siquiera hablar de manchas negras en el sol (manchas solares), porque el color negro es el de los antirrevolucionarios y el sol representa al Líder Supremo. La sola insinuación implicaría su muerte y posiblemente la de toda su familia.

Wang Miao, por otra parte, es perseguido por una cuenta regresiva. Aparece en sus fotos, flota frente a sus ojos, incluso llega en señales desde el espacio. La única forma de detenerla parece ser parar su investigación, como han sugerido otros científicos, pero no puede sacarse de la cabeza que todo está conectado con los suicidios y la misteriosa nota de una científica fallecida: «la física no existe y nunca existirá».

En el grupo de personajes lleno de mentes lógicas, destaca Shi Qiang como la excepción, un comisario de policía que tiene poco de ciencia pero mucha calle. Su rol es lidiar con el peso emocional de la situación, aconsejar a Wang cuando no parece haber salida racional. Es uno de los personajes más fáciles para empatizar, ya que es una de las pocas «personas de a pie» que no entiende mucho de lo que se habla, pero sabe analizar la situación y aprovecharse de ella, muchas veces, a costa de la furia de sus superiores.

Cixin Liu lleva el libro en tres escenarios paralelos: la historia de Ye Wenxie desde 1967, la investigación de Wang Miao en 2007 en el mundo real y, a su vez, sus avances en el juego de realidad virtual Tres Cuerpos. El objetivo de este último es encontrar la solución para que la civilización sobreviva a las eras caóticas, en donde el sol puede salir cada dos horas o no salir por dos años y sumir al planeta en una era de hielo, para después aparecer cubriendo la mitad del cielo e incinerar todo a su paso.

La novela puede ser desconcertante en la forma en la que está narrada. Suele ser en tercera persona, pero de repente un capítulo se pasa a la primera persona y otros son expedientes militares. Se nota mucho la personalidad del personaje principal de cada capítulo; los de Ye Wenxie tienden al monólogo, se les da poca importancia a otros personajes, estan cargados de estudios científicos y dispositivos que usa en su trabajo rutinario, mientras que los que tienen a Wang Miao están más basados en su interacción con múltiples actores y en la reflexión de lo que va sucediendo.

El problema de los tres cuerpos es un libro desafiante, que discute el rol de la ciencia en la sociedad, la obsesión, el fatalismo y cómo las pequeñas acciones en el lugar correcto pueden desencadenar consecuencias universales. Queda más que recomendado para todos aquellos que les guste la ciencia ficción del estilo de Arthur C. Clarke y los que quieran conocer una perspectiva interna de la historia reciente de China.

martes, 23 de abril de 2024

El Día del Libro: Celebrando la Literatura y la Cultura

El Día del Libro, también conocido como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, se celebra cada 23 de abril en todo el mundo. Esta fecha conmemora la importancia de los libros, la lectura y la difusión del conocimiento. A continuación, exploraremos el origen de esta celebración y cómo podemos participar en ella.
Origen y Significado

23 de abril: El Día del Libro se eligió en honor a dos grandes escritores que fallecieron en esta fecha: Miguel de Cervantes (autor de “Don Quijote de la Mancha”) y William Shakespeare (autor de obras como “Romeo y Julieta” y “Hamlet”). Ambos dejaron un legado literario invaluable y su influencia perdura hasta hoy.

Sant Jordi: En Cataluña (España), el 23 de abril también es el Día de Sant Jordi. En esta fecha, es costumbre regalar rosas y libros. Las calles se llenan de puestos de flores y librerías, creando un ambiente festivo y cultural.

Recomendaciones del libros 
“El arco iris de la gravedad” de Thomas Pynchon: Esta obra narra la historia de un militar sometido a experimentos pavlovianos por un científico alemán que trabaja para los nazis. El protagonista sufre una erección cada vez que cae una bomba alemana V-2.







“La posibilidad de una isla” de Michel Houellebecq: En esta novela, el protagonista Daniel se ve inmerso en una secta que asegura que el ser humano alcanzará la inmortalidad. La trama aborda temas filosóficos, sociales, políticos y científicos.








“1Q84” de Haruki Murakami: Esta novela presenta dos historias paralelas, una sobre una gimnasta asesina y otra sobre un profesor que desea ser escritor. A lo largo de la trama, se exploran tintes de ciencia ficción y se menciona el libro “1984” de George Orwell.







“Oveja mansa” de Connie Willis: La protagonista, Sandra Foster, es una socióloga que estudia las modas y se encuentra con un investigador especialista en la teoría del caos. La novela combina elementos científicos con un toque de humor y misterio.







“Parque Jurásico” de Michael Crichton: Aunque más una novela de aventuras con tintes de terror, contiene disquisiciones sobre ingeniería genética y paleontología. La trama gira en torno a la creación de un parque temático con dinosaurios clonados.

viernes, 2 de febrero de 2024

Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley

En la historia de la ciencia cabría recuperar la figura de una joven aprendiz que, sin ser propiamente una “científica”, supo darnos no sólo una precursora y adelantada visión de los caminos que seguiría la entonces “ciencia moderna” al concebir la creación de un hombre nuevo, un hombre nacido en un laboratorio, un ser ideado por la mente de un científico. En efecto, Mary Shelley y su creación literaria Frankenstein apuntan desde el principio a uno de los viejos y desastrosos “sueños de la razón”, y tan es así que desde sus primeras ediciones el texto ha dado abundante material para el debate filosófico en lo que podemos denominar el problema científicomoral. Así, a Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada en 1818, se le ha considerado de muchas y múltiples maneras. Sin embargo, las actuales investigaciones históricas empiezan a poner de manifiesto el espectro científico que sirve de marco a la obra, y es precisamente a esta reconstrucción a la que se destina este escrito. Así pues, intentaré recuperar la ciencia que subyace en la creación literaria, y, a partir de ello, bosquejar lo que aquí he dado en llamar “ la ciencia de Victor Frankenstein”, esto es, la ciencia que respalda el experimento con que este personaje quiere dotar de vida a la nueva criatura.

La ciencia de Frankenstein es una conjunción de concepciones antiguas y renacentistas y de la ciencia moderna, y esa combinación configura el telón de fondo de la ciencia implícita en el texto; por ende, mi labor se restringe a seguir las pistas que Mary Shelley va dejando a lo largo de su novela para poder hacer manifiesta esta ciencia mediante el trazo de las coordenadas principales en las que el mundo de los magos y alquimistas se une al de los científicos modernos.

Buena parte de tal ciencia se halla en un pasado lejano, y no podría ser de otra manera dado que el origen de la novela, según se sabe, fue una apuesta en la que el ganador sería quien escribiese la mejor historia de fantasmas; por ello, la autora buscó aterrorizar a los lectores recurriendo a lo tenebroso y sombrío de la novela gótica, en la que insertó elementos de la alquimia y la magia, pero a la vez centró el terror en una é poca más cercana y luminosa –el siglo XVIII–, cuyo contexto era el del romanticismo de su propia época; en esta tendencia es posible reconocer la crítica a la “razón ilustrada” y a la “ ciencia moderna”. Para una mente romántica como la de Mary, los ingredientes de la creación estaban dados: el pavor provendría de la obra culminante de un científico que no se detiene ante el límite de lo misterioso y que avanza en él con el solo poder de su razón y de su ciencia, un genio creador que en la búsqueda última del saber total y absoluto termina en la locura y hereda al mundo su creación, la peor de sus pesadillas convertida en realidad.

Para combinar estos ingredientes, Mary Shelley imaginó un científico obsesionado que, impasible ante el poder de su ciencia, decide consagrarse a la búsqueda de un patrón teóricoexperimental que le haga posible crear vida. Y por cierto que tal patrón existía desde siempre: es en buena medida el sueño de magos y alquimistas de toda laya en la historia de la filosofía y de la ciencia; pero lo significativo aquí es que en la época de Shelley esas cuestiones dejaban paulatinamente de ser meros ensueños para comenzar a convertirse en realidades gracias a los nuevos resultados de la ciencia. El nudo de la creación dejaba de ser una mera idea romántica para convertirse en una certeza a cuyo servicio se tendría por consiguiente a la ciencia misma. Aparece así esa especie de mito que configura ya el imaginario colectivo y que prácticamente se ha convertido en una leyenda

urbana: la concepción del “científico loco”, que remite inmediatamente a la idea del poder absoluto que confiere el conocimiento y que termina por colocar a los científicos como amos y señores del mundo. Uno de tales antecedentes podrían hallarse en La nueva A t l á n t i d a de Francis Bacon, cuyo lema “Saber es poder” puede considerarse como el origen de la creación de la utopía científica. En fin, sea lo que fuera, el caso es que Mary Shelley logra reunir realidad y ficción para ofrecernos una obra que, trascendiendo el tiempo y el espacio, consigue realmente mostrar su arista más horripilante cuando nos coloca –hoy igual que entonces– ante la pregunta que hoy tiene particular importancia: ¿qué sería del mundo si la ciencia logra conseguir todo lo que se propone?

Y, qué duda cabe, la ciencia ya ha mostrado cómo cumplir este añejo sueño; en efecto, crear vida en un laboratorio ha dejado de ser motivo de la literatura de ficción para tornarse en un tema científico de cuya realidad pocos dudarían hoy, y que empieza a formar parte de nuestro mundo cotidiano a través de los trabajos que real izan actualmente los científicos con respecto a la clonación, la reproducción asistida, el proyecto del genoma humano y muchos otros. No era exactamente así en tiempos de nuestra autora, pero lo cierto es que ya entonces se vislumbraban algunas posibilidades. ¿Cuáles eran estas y cómo aparecen en la obra de Shelley? Con esta pregunta nos podemos poner en camino para determinar la ciencia que respalda el proyecto científico de crear vida que tiene en mente el doctor Victor Frankenstein.

Nuestro personaje aparece como un joven investigador cuya pasión por los misterios de la vida y la muerte le llevarán a concebir la posibilidad de crear un hombre. Obsesionado con ello, se dirige primeramente a la metafísica, entendiéndola como ciencia que permite descifrar los secretos del mundo físico; la filosofía natural será entonces el genio que gobierne su destino. Recorriendo otras páginas, nos enteramos que se da a la tarea de leer exhaustivamente sobre estos temas en las obras de tres autores: Alberto Magno, Paracelso y Cornelio Agripa: “Bajo la guía de mis nuevos preceptores, me inicié con la mayor diligencia en la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la vida; pero este último pronto atrapó toda mi atención”. También nos dice que una violenta, terrible e inesperada tormenta cambió el curso de sus ideas: “Antes de este episodio yo ya conocía las leyes más elementales de la electricidad. En esta ocasión estaba con nosotros un hombre de grandes conocimientos en filosofía natural, el cual, estimulado por la catástrofe, comenzó a explicar una teoría que había desarrollado sobre la electricidad y el galvanismo, la cual era al mismo tiempo nueva y asombrosa para mí. Todo lo que dijo ponía totalmente en duda las apreciaciones de Cornelio Agripa, Alberto Magno y Paracelso”. Fue a raíz de tal incidente que decide renunciar a seguir alimentado su espíritu con estos estudios, pues le pareció entonces que “nunca nada sería o podría ser conocido” ya que la aparente contradicción que engendraba el estudio de la historia natural se le mostró entonces como “una creación deforme y fracasada”.

Se dedica entonces a “las matemáticas y a las ramas de investigación que pertenecen a esa ciencia por estar constituidas sobre fundamentos sólidos”. No obstante, el destino o la fatalidad no habrían de permitir que el desengaño y la decepción fueran contundentes, y poco después encontramos a nuestro personaje en la Universidad de Ingolstadt, donde se encuentra con su primer maestro, el señor Krempe, quien es precisamente profesor de filosofía natural. Éste se burla de las lecturas de Victor por considerarlas teorías refutadas: “No esperaba ya, en estos tiempos ilustrados y científicos, encontrar un discípulo de Alberto Magno y de Paracelso. Mi querido amigo, usted debe comenzar sus estudios completamente desde el principio”. Así que el buen maestro le entrega una lista de libros sobre filosofía natural sobre los que nunca se dicen los títulos, pero sabemos que pese a su modernidad tales textos no parecían cubrir las expectativas del joven estudiante: “Se me pedía que cambiara quimeras de ilimitada grandeza por realidades de poco valor”. Aún le espera otra sorpresa, y esta sí que cambia por completo su manera de concebir la ciencia y en general da un vuelco total a su propia vida. El encuentro con el señor Waldman y la química moderna le abren nuevos derroteros, pues sabe entonces que su sueño creador tiene finalmente una posibilidad. En efecto, Waldman le dice lo siguiente:
Los antiguos maestros de esta ciencia prometían imposibles y no lograron nada. Los maestros modernos prometen muy poco; ellos saben que los metales no pueden transmutarse y que el elixir de la vida es una quimera. Pero estos filósofos, cuyas manos parecen estar hechas sólo para hurgar en la suciedad y sus ojos para escrutar con el microscopio o el crisol, han hecho realmente milagros. Han penetrado hasta lo más oculto de la naturaleza y han demostrado cómo funciona en sus escondrijos. Han subido a los cielos, han descubierto cómo circula la sangre y cómo es el aire que respiramos. Hemos adquirido poderes nuevos, y prácticamente ilimitados, que pueden gobernar el rayo, imitar terremotos y hasta simular al mundo invisible con sus propias tinieblas.

En estas palabras se condensa el sueño de nuestro curioso y ambicioso investigador: la ciencia, después de todo, era poderosa y ahora parecía serlo más que nunca. “Mucho más alcanzaré yo siguiendo los pasos ya iniciados –afirma el personaje–, seré pionero de un nuevo camino, exploraré nuevos poderes y descubriré al mundo los misterios más secretos de la creación” .

Después de esto toma la decisión de volver a sus antiguos estudios, para lo cual pide consejo al señor Waldman, a quien le cuenta de sus autores favoritos. Pero el maestro no se sorprende ni se burla de tales teorías; al contrario, encuentra en estos personajes a los precursores de los estudios modernos, pues “a la labor infatigable de estos hombres deben los filósofos modernos la mayoría de la base de sus conocimientos. Nos han dejado una tarea más sencilla: dar nombres nuevos y organizar en clasificaciones los hechos que en gran medida ellos habían sacado a luz. La labor de los genios, aunque esté dirigida erróneamente, rara vez deja de conseguir alguna ventaja sólida para la humanidad”. Por úl timo, recomienda a su nuevo discípulo que no sólo se dedique al estudio de la química pues “quien sólo se ocupa de esa rama del conocimiento humano sería un mal químico. Si su deseo es convertirse en un verdadero hombre de ciencia y no en un mero experimentador, debo aconsejarle que se dedique a todas las ramas de la filosofía natural, incluidas las matemáticas”.

Por ende, el plan de estudios que seguirá Frankenstein consta de dos disciplinas fundamentales: la filosofía natural y la química, que en general quedan representadas por Krempe y Waldman, sus dos maestros. Con dicho arsenal se inicia Victor en estudio de la ciencia, que supone ha de terminar por descubrirle los misterios de la vida y de la muerte. En efecto, la cuestión que preocupa a nuestro personaje y que se erige en tema y proyecto de investigación es la pregunta relativa al origen del principio de la vida, para cuya respuesta habrá que recurrir primero a la muerte. Vemos también a Victor enfrascado en sesudos estudios y experimentos fisiológicos y anatómicos, de donde podemos suponer que la biología –quizá la evolucionista– es igualmente una de sus especialidades. A lo anterior me resta solamente añadir la vía de los experimentos modernos de la electricidad. Dos cuestiones tomo aquí como pistas. Una es lo que explícitamente se nos dice en la introducción de 1831 y en el prólogo de 1818 y que remiten concretamente a la naturaleza del principio de la vida: los experimentos realizados por Erasmus Darwin y a su posibilidad: tal vez sea posible reanimar un cuerpo; el galvanismo había dado evidencias de ello. Tal vez entonces podrían fabricarse las partes componentes de una criatura, colocarlas juntas y dotarlas de calor vital.

La segunda pista la tomo al vuelo de lo que puede estar supuesto en todo ello, y así, me parece que la idea que se manejará es la de una esencia etérea que pudiera vivificarse con una descarga eléctrica, descarga que, aunque la autora de la novela no lo dice explícitamente, es la generada por la electricidad de los rayos, pues para introducir el tema de la electricidad y el galvanismo Victor cuenta líneas atrás su experiencia con la tormenta, y cuando la criatura abre los ojos lo hace asimismo en una noche lluviosa. Tal vez Mary Shelley tiene en mente los experimentos de Franklin –con quien James Lind se carteaba– y el pararrayos, el cual fue sometido a prueba en 1753. He aquí la tecnología para la construcción artificial de la criatura: la posibilidad de crear vida –la “ chispa vital”– tendrá a la electricidad como su origen.

Comienza entonces el largo proceso de investigación: “ Después de días y noches de una labor y fatiga increíbles, fui capaz de descubrir la causa de la generación de la vida, y no sólo eso: además [pude] conferir animación a la materia sin vida”. Aunque ya desde aquí advierte lo peligrosa que es la adquisición de conocimientos y duda de cómo habrá de utilizar el enorme poder que ha adquirido con su ciencia, decide crear un ser humano, dedicándose entonces a conseguir y acondicionar sus materiales. Dos años yendo de aquí a allá terminan por dar frutos esa noche borrascosa y fría de noviembre: la criatura abre sus ojos, respira con fuerza y mueve agitadamente sus miembros; el doctor Frankenstein, incapaz de soportar el aspecto de su creación, huye despavorido del laboratorio, y ambos seres, creador y criatura, inician el arduo peregrinar que habrá de dejar a su paso muerte y desolación. Terrible destino impone al científico su megalómano sueño creador, y, con él, a la espeluznante –e inocente– criatura que produjo. La idea parece clara, o por lo menos es lo que Mary Shelley nos orilla a pensar: jugar a ser Dios termina en desastre, y todo parece indicar que la ciencia y sus procedimientos juegan con poderes que desconocen y que no podrán controlar una vez desatados.

Con estos elementos –las únicas pistas que nos brinda Mary Shelley– podemos intentar echar un vistazo al laboratorio del doctor Frankenstein y tratar de descubrir cómo se lleva a cabo la creación de la terrible criatura que tanto sobresalta a su creador. Entramos con esto a la visión megalomaníaca de nuestro “científico loco”, quien sólo puede pensar en las inmensas posibilidades del poder de crear vida, lo que lo colocará por encima de cualquier otra cosa que hasta entonces hubiese logrado hombre alguno. Si la vida y la muerte parecen ser meros límites conceptuales, Frankenstein piensa que ha de ser el primero en atravesarlos para producir una nueva especie que lo honrará como su creador: “Creía que si podía conferir animación a la materia sin vida, podría en un futuro recuperar la vida donde la muerte hubiese, aparentemente, entregado el cuerpo a la corrupción”. El viejo sueño de magos y alquimistas se convertía en realidad. Frankenstein tiene el respaldo científico necesario para llevar a efecto su proyecto, y nosotros podemos ahora intentar profundizar en tal soporte.

Entremos pues en el laboratorio de Victor Frankenstein y escudriñemos un poco. Llaman primeramente nuestra atención unos viejos y estropeados folios en cuyos lomos leemos: D e unitate intellectus, Summa de creaturis, Summa Theologiae, De vegetalibus y De animalibus; su autor es el erudito e ilustrado Alberto Magno, quien no obstante ser hijo del siglo XIII, fue uno de los autores que impresionaron primeramente la mente de nuestro joven investigador. ¿Qué podía encontrar de novedoso un hombre moderno en la obra de un antiguo y oscuro medieval? Me parece que lo que admira en él se basa en dos cuestiones.

La primera se remite a la concepción mágico-astrológica del universo: la idea de un conocimiento natural que testimonia la fuerza de una Causa Primera que permite conservar todas las cosas unidas. La segunda cuestión, fundamental, es seguramente el interés que ese antiguo personaje mostraba por las ciencias físicas y su constante apelación a que se traten con estricto apego a la observación y el experimento. Frankenstein encuentra en Alberto Magno una doctrina que mezcla diversos elementos sostenidos en la idea de un todo cuyas partes están relacionadas, que a su vez estaba marcada por un camino metódico. Ambas cuestiones parecen imbuir en la joven mente de Frankenstein la posibilidad de un conocimiento absoluto y total basado en la observación de la naturaleza.

Tenemos ahora ante nosotros el legendario tratado De oculta filosofía de Cornelio Agripa. El solo título basta para saber por qué es uno de los libros favoritos de nuestro personaje. Por lo que sabemos, Agripa era medico, astrólogo, nigromante, cabalista y mucho más. Especie de nuevo Fausto, como alguien lo ha llamado, fue acusado y encarcelado por brujería, y en esta obra hace confluir elementos de lo que él mismo llamaba “magia natural”, constituida por doctrinas neoplatónicas y cabalísticas y por las teorías de Nicolás de Cusa y de Raimundo Lulio; su idea central es que la naturaleza es un organismo vivo, un todo animado, en donde todo influye en todo y cuyo influjo universal es la vida originaria que ha creado todo. Uno de sus capítulos tiene el sugerente título de “Reanimación de los muertos, largo sueño e inedia”.

Hay asimismo algunos textos de Paracelso, que en las versiones actuales de sus obras completas conocemos como el Libro de los prólogos y que trata fundamentalmente de la medicina; el Libro de las entidades, compuesto de cinco libros que abordan la entidad de los astros y su influencia, la del veneno, y las entidades natural, espiritual y divina. el Libro de las paradojas se ocupa de las causas y orígenes de las tres sustancias (mercurio, sal y azufre) y de las enfermedades que de ellas provienen. Con semejantes títulos, es clara la razón de que Paracelso – cuya figura parece moverse entre la delgada línea que separa genio y locura, más aún que Agripa– convoque toda una serie de saberes: alquimia, astrología, teología, filosofía, química, medicina, mineralogía, artes mecánicas, fisiología y muchos otros. A Paracelso se le considera hoy día como un precursor de la ciencia moderna al ser el fundador de la terapéutica y de la medicina experimental. Y ciertamente que ese era en lo esencial su programa de actividades: reformar la medicina por medio de la magia. Su idea de la magia estaba fincada, como la de Agripa, en la concepción de la unicidad de la naturaleza, en que prima la idea de una correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos, de donde resulta claro que investigando en el primero se hará posible actuar en el segundo. Así, la búsqueda de este médicomago se centrará en conocer las fuerzas “mágicas” que rigen el macrocosmos: astrología y teología que, aunadas con la alquimia – arte de combinación de las sustancias–, proporcionarán los remedios adecuados a las enfermedades del hombre. He aquí todo el misterio de la medicina alquímica. Pero el universo de Paracelso es mucho más vasto y complejo y encierra en sí muchas otras nociones que pueden haber atraído la mente de Frankenstein. Entre ellas, la principal sería la que se refiere a los “ homúnculos”, seres vivos creados in vitro para cuya creación se dice que dejó establecida una fórmula.

Es, pues, la medicina alquímica la concepción de que, como un todo orgánico, la naturaleza está recorrida por la fuerza de la vida, que parece surgir de la combinación del azufre, la sal y el mercurio. ¡Qué idea tan atractiva habría de parecerle a Frankenstein, pues si realmente existe un orden general y armonía en el universo, será conociendo el eterno juego de sus mutaciones lo que hará posible reconstruirlo en el microcosmos! Dominar este arte es supremo conocimiento, ciencia universal teórico-especulativa y práctico-experimental a la vez. Según esto –piensa Victor–, el secreto de la vida está escondido en la misma naturaleza, y lo único que resta es descubrirlo a través de un ars combinatoria y reproducirlo. Para el hombre que lo posea no hay nada imposible.

La primera conclusión que podemos extraer de esta somera inspección de textos es que los autores favoritos de Victor Frankenstein comparten con él la idea de la unidad de la naturaleza, cuya intuición básica habrá de desarrollar la ciencia moderna. Recuérdese aquel consejo que le daba Waldman sobre la unificación de los saberes, que Victor parece haber encontrado antes en Paracelso: los versados en una sola entidad, los especialistas, cada uno considerado aisladamente, es un farsante y sus conocimientos sólo resultan verdaderos y justos cuando se reúnen en uno solo. Estas son ideas que podemos concentrar en la fórmula siguiente: si el mundo natural y el mundo humano se rigen por las mismas leyes, el conocimiento de las diferentes disciplinas constituirá entonces un único y último saber. Esta cuestión, por lo demás, habrá de ser firmemente asentada por René Descartes como una de las premisas fundamentales de la Modernidad: es posible un conocimiento último y absoluto de la naturaleza a través de un método propicio. Así que todos estos autores conectan – cada cual a su modo– las ideas que los modernos desarrollarán cabalmente .

Con este trasfondo, podemos ahora introducir las modernas experimentaciones con la electricidad que parece tener en mente Frankenstein. Digamos, en primer término, que las investigaciones en torno a la electricidad y el magnetismo tienen también un remoto pasado, que en buena medida llevó a establecer una analogía entre el poder de la atracción de ciertos cuerpos y el pensamiento mágico.


En efecto, se ha dicho que “la doctrina de las afinidades y las simpatías – o sea, la idea de que la virtud reside en un tipo especial de sustancia y que puede ser evocada mediante un tratamiento adecuado– quedó ejemplificada en el ámbar y más aún en el imán debido a su propiedad mágica de transferir su virtud a otros objetos”. Galvani pensaba que lo que puede transferir dicha virtud sería la electricidad, y trató de probarlo del modo siguiente: tomó ranas muertas y las fijó con agujas de cobre a rejas de hierro; las ranas experimentaban convulsiones. El anatomista italiano pensó entonces que había descubierto una clase desconocida de electricidad: la electricidad animal, más tarde llamada galvanismo. No era tal, como después lo demostró Volta al establecer que era posible producir electricidad prescindiendo de los animales, creando así la primera pila de corriente eléctrica. Lo que aquí me interesa resaltar es el hecho de que, en el espectro científico que delinea Mary Shelley, la electricidad es esa suerte de “chispa o elixir” que podía funcionar como principio y origen de la vida, y, dado que Galvani era un anatomista que mostraba un interés especial por la fisiología de los nervios, es que Victor Frankenstein se dedica también al estudio de esas disciplinas. Aquí cabrían también los experimentos que llevó a cabo Erasmus Darwin: “Había mantenido un trozo de vermicelli dentro de una caja de vidrio, hasta que, por algún medio extraordinario, este comenzó a moverse por propia voluntad”. Por su parte, los planteamientos de Franklin –cuya explicación de la electricidad, como señala algunos estudiosos, se convirtió en la moderna teoría de la carga eléctrica– bien pudieron quedar integrados en este cuadro ya que la analogía que establece entre la chispa eléctrica que se produce en un laboratorio y el rayo que puede ser atrapado por la cometa mostraba que la electricidad tenía una aplicación práctica que en cierto modo era controlable, pero además parecía apuntar a que si tal descarga se dirigía a un cuerpo inerte, sería capaz de infundir vida a la criatura de Frankenstein. Al parecer, fue este tipo de experimentos los que realizó el científico que imaginó Mary Shelley.

Podemos ahora suponer que tal acercamiento a la electricidad, aunque no queda patente en el texto, es justo lo que posibilita la aplicación práctica de las viejas teorías alquímicas, y, con ello, imaginar lo que habría en la desordenada mesa de trabajo de Frankenstein. Amontonados aquí y allá podemos ver utensilios y accesorios diversos, tales como alambiques, matraces, aparatos de destilación, agujas de cobre, barras de hiero, imanes y ámbar; quizá también hubiera frascos de sal, azufre y mercurio, las tres sustancias fundamentales de que hablaba Paracelso, y hasta un galvanómetro para detectar la presencia de una corriente continua; vemos también una pila de corriente eléctrica junto a algunas enormes y descoloridas cometas, y, por supuesto, instrumental quirúrgico y de disección, y sobre todo metales, animales y plantas colocados en pequeñas charolas y cajas de cristal. Y al fondo, finalmente, tendido en una especie de cama reclinable, vemos al imponente engendro que ha construido nuestro científico, quien se dirige a aquél llevando consigo una pequeña mesa con algunos de los instrumentos que hemos visto antes. Victor Frankenstein tiene ya todo dispuesto para iniciar su increíble y tremendo exp
erimento .

Y aunque el cuento no concluye aquí, es este el final de nuestro viaje. Después de todo, lo que a nosotros nos interesaba era el comienzo del cuento. Al comienzo –ahora lo sabemos– era la ciencia, una ciencia que, según como nos la presenta Mary Shelley, parece decir “Hágase el hombre”. Y sí, quizá el hombre surgirá como en un acto de magia. Pero lo que será de él y lo que hagamos nosotros con un ser así es lo que hallaremos si seguimos leyendo hasta concluir la novela. Sin embargo, la pregunta continuará allí, porque esta historia, vista desde los albores del siglo XXI, es una narración que continúa y cuyo final aún está por escribirse.

sábado, 22 de mayo de 2021

Yo Robot

Yo, Robot es una novela creada a base de cuentos cortos de ciencia ficción concatenados del escritor estadounidense Isaac Asimov. Las historias aparecieron originalmente en las revistas norteamericanas Super Science Stories y Astounding Science Fiction entre 1940 y 1950 y luego fueron compiladas en un libro para su publicación conjunta en 1950. Las historias están relacionadas por un marco narrativo en el que la ficticia doctora Susan Calvin le cuenta cada historia a un reportero (que sirve como narrador) en el siglo XXI. Aunque las historias se pueden leer por separado, comparten el tema de la interacción entre humanos, robots y moralidad, y cuando se combinan cuentan una historia más amplia: la historia ficticia de la robótica según Asimov.

Varias de las historias presentan el personaje de Calvin, jefa de robopsicólogos de U.S. Robots and Mechanical Men, Inc. el mayor fabricante de robots. Tras la publicación en esta colección, Asimov escribió una secuencia de encuadre que presentaba las historias como recuerdos de Calvin durante una entrevista con ella sobre el trabajo de su vida, principalmente preocupada por el comportamiento aberrante de los robots y el uso de la "robopsicología" para resolver lo que está sucediendo en su cerebro positrónico. El libro también contiene el relato corto en el que aparecen por primera vez las Tres Leyes de la Robótica de Asimov, que tuvieron una gran influencia en la ciencia ficción posterior y también en el pensamiento sobre la ética de la inteligencia artificial. Estas leyes son:

-Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
-Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
-Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Estas tres leyes surgen únicamente como medida de protección para los seres humanos. Según el propio Asimov, la concepción de las leyes de la robótica quería contrarrestar un supuesto "complejo de Frankenstein", es decir, un temor que el ser humano desarrollaría frente a unas máquinas que hipotéticamente pudieran rebelarse y alzarse contra sus creadores. 

De intentar siquiera desobedecer una de las leyes, el cerebro positrónico del robot resultaría dañado irreversiblemente y el robot "moriría". A un primer nivel no presenta ningún problema dotar a los robots con tales leyes, a fin de cuentas, son máquinas creadas por el hombre para su ayuda en diversas tareas. La complejidad reside en que el robot pueda distinguir cuáles son todas las situaciones que abarcan las tres leyes, o sea poder deducirlas en el momento. Por ejemplo saber en determinada situación si una persona está corriendo peligro o no, y deducir cuál es la fuente del daño o la solución. Las tres leyes de la robótica representan el código moral del robot. Un robot va a actuar siempre bajo los imperativos de sus tres leyes. Para todos los efectos, un robot se comportará como un ser moralmente correcto. Sin embargo, es lícito preguntar: ¿Es posible que un robot viole alguna persona? ¿Es posible que un robot "dañe" a un ser humano? La mayor parte de las historias de robots de Asimov se basan en situaciones paradójicas en las que, a pesar de las tres leyes, podríamos responder a las anteriores preguntas con un "sí". Publicada cuando la electrónica digital estaba en su infancia, «Yo, robot» resultó ciertamente visionaria. De hecho, las Tres Leyes de la robótica se articularon hacia 1940.

La obra se caracteriza por la falta de un gran despliegue técnico o de detalles espectaculares de un futuro posible, o grandes historias sobre la colonización de mundos lejanos, Yo, robot viene a ser un compedio de situaciones extremas dentro de la psicología de los robots. El mérito de esta novela se centra en la creación de seres inteligentes que pronto superan en capacidad racional a los propios seres humanos, lo que hace que la humanidad tenga que protegerse de ellos con las tres leyes, lo que a su vez da lugar a complejas paradojas. En muchos casos con una gran dosis de sentido del humor que esconde cierta ridicularización del ser humano.

martes, 22 de mayo de 2018

Sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes.

Escritor, médico y novelista, Arthur Conan Doyle nació el 22 de Mayo de 1859 en
Edimburgo Escocia, es el creador del celebre detective de ficción Sherlock Holmes y de su amigo inseparable John Watson.


El 1 de diciembre de 1887 es la fecha en la que aparece por primera vez el personaje de Holmes.

Conan Doyle describió al detective como un hombre de finales del siglo XIX que destacaba por su inteligencia, su gran capacidad de observación y también de deducción. Muy hábil con los disfraces y experto en desorden, Holmes tiene un abanico de habilidades muy variopintas: toca el violín con gran destreza, es un excelente apicultor, gran conocedor del campo científico, sobre todo de la química, se aburre sin retos intelectuales y cuando esto sucede, acude a la cocaína para entretener su mente.

Alto, delgado, frío, ingenioso e irónico, es el polo opuesto de su amigo y compañero el doctor Watson, con quien jamás llega a tutearse a pesar de la amistad y sentimientos que les unen con el paso del tiempo y de los casos resueltos.

Holmes, es hijo de un hacendado inglés y de una mujer con descendientes de pintores franceses como Vernet. Tiene dos hermanos, Mycroft, tan inteligente como el propio Holmes y con el que existe una rivalidad divertida y, Sherrinford, el primogénito, que es mencionado en muy pocas ocasiones a lo largo de las novelas.

La amplísima bibliografía de Sherlock Holmes consta de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos recogidos en varios tomos.

Una de las curiosidades sobre este famoso detective, es que el escritor basó su descripción de Holmes en un amigo suyo de la universidad que llegó a formar parte de Scotland Yard.

La frase de “elemental, mi querido Watson”, jamás fue pronunciada por el personaje de Doyle, sino que fue una expresión salida directamente de las primeras películas sobre Holmes y se hizo muy popular. En el libro, sí que encontramos “elemental” y “mi querido Watson”, pero siempre por separado.

La figura de Holmes ha sido llevada en multitud de ocasiones al cine, a la televisión o al teatro, así como en relatos, historietas o dibujos animados.

Peter Cushing, Robert Stephens, Jeremy Brett, Basil Rathbone, Nigel Bruce, Robert Downey Jr y Benedict Cumberbatch, se encuentran entre los actores más aplaudidos por interpretar al genial detective asesor.

Las excentricidades y genialidades de Holmes lo convirtieron en un personaje con enorme popularidad y, por ende, a su creador. De hecho, el número 221B de la Baker Street, en Londres donde reza en las novelas que vivían Holmes y Watson, se convirtió en el mundo real en una casa museo que recrea el apartamento descrito por Conan Doyle.

Y ahora la Biblioteca del Universo, les comparte "Las Aventuras de Sherlock Holmes" de Sir Arthur Conan Doyle esperando decidan leerlo.


lunes, 23 de abril de 2018

Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, descubriendo el placer de la lectura.

Cada 23 de Abril se celebra el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. 
Este festejo tiene su origen en que un 23 de abril de 1616 fallecieron Miguel de Cervantes de Saavedra, William Shakespeare y el inca Garcilaso de la Vega. El día internacional del libro también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores reconocidos como Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo. 


En 1995, la Conferencia General de la UNESCO acordó rendir un homenaje universal a los libros y sus autores el 23 de Abril de cada año alentando a todos, es especial a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura, es una conmemoración a nivel mundial que tiene como objetivo fomentar la lectura.

México y la lectura.


México ocupa el penúltimo lugar en consumo de lectura entre 108 países del mundo; en promedio, un mexicano lee menos de tres libros al año, en comparación con Alemania donde la cifra se eleva a 12, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). 
El número de libros leídos al año es de 2.94 por persona y, aunado a ello, también disminuyó la asistencia a bibliotecas.
Lo que  es peor, año con año disminuye el número de lectores de libros en México, sobre todo entre la población infantil.
En contraste con el 41% de la población que dedica su tiempo libre a ver televisión, la Encuesta Nacional de Lectura advierte que menos de 12% se dedica a leer. Entre los jóvenes de 12 a 17 años, 30% dice que no les gusta leer, 61% que “no tiene tiempo” y 48% afirma que nunca ha acudido a una biblioteca.
México ocupa el lugar número 24 con 5.5 horas de lectura. La Encuesta Nacional de Lectura 2017 realizada por la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura reveló que uno de cada dos hogares en México solamente tiene entre uno y 10 libros que no son escolares. El 54% de los encuestados indicaron que no leen cotidianamente y el 35% aseguró no haber leído un solo libro en su vida.
En el estudio “Hábitos de Lectura”, elaborado por la OCDE y la UNESCO, México se posicionó en el puesto 107 de 108 países, con aproximadamente dos libros anuales por persona.
El 40% de los mexicanos jamás ha pisado una librería, el 13% nunca ha leído un libro y el 70% de los mexicanos lee lo mismo que antes o menos, según cifras de la Encuesta Nacional de Lectura del Conaculta.
Pero algo que podemos ver es que quienes recibieron un estímulo por la lectura en casa y en la escuela son la población que disfruta de esta actividad.
¿Cuales son los países que más leen? 
El país que más lee en el mundo es India (ocupa esa distinción desde 2005). Los indios dedican, en promedio,que dedican 10 horas y 42 minutos semanales a leer. Los siguientes tres puestos también son ocupados por países de Asia, Tailandia, China y Filipinas, mientras que el quinto es, notablemente, para Egipto. Posteriormente viene la nación europea mejor ubicada, República Checa, seguida de Rusia, Suecia empatada con Francia, y luego Hungría empatada con Arabia Saudita. En cuanto a América Latina el país más lector es Venezuela, en el sitio 13, y luego vienen Argentina en el 17 y México en el 24 (con promedios de lectura que rondan la mitad de tiempo de lo que se dedica en India).
Promoviendo la lectura.
Como siempre hemos dicho en este blog trabajaremos para promover la lectura, ya que consideramos es la herramienta más importante para tener una mente abierta, un vocabulario amplio y sobre todo una imaginación inmensa.
Así que hoy por ser este día tan especial para todos los lectores, les compartimos el libro de Harry Potter y la Piedra Filosofal de JK Rowling, un clasico de la literatura que cumple en Junio 21 años de haber sido publicado, y que es apto para todo público, esperamos sea de su agrado.




martes, 17 de abril de 2018

Gabriel García Márquez, a 4 años de su deceso.

Han pasado 4 años desde que se fue el escritor más reconocido de Colombia. El hombre que más ha contribuido en la historia a construir y definir la identidad de Colombia y los colombianos, su nombre; Gabriel José de la Concordia García Márquez, quien fue un novelista y periodista colombiano. 

El creador de un mundo llamado Macondo, en 1955, publicó su primera novela “La hojarasca”. Sus ideales izquierdistas lo llevaron al exilio voluntario en México, donde publicó “El coronel no tiene quien le escriba”, y empezó a escribir su obra maestra, “Cien Años de Soledad”, novela que lo consagró a nivel mundial. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982 "por sus novelas e historias cortas en la que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación, reflejando la vida y los conflictos de un continente" según la Academia Sueca.

En 1999 le fue diagnosticado un cáncer linfático, enfermedad que pudo sobrellevar hasta abril de 2014 cuando, debido a una recaída producida por este tumor, le afectó un pulmón, los ganglios y el hígado, produciéndole la muerte el día 17 de dicho mes. Tenía 87 años, estaba enfermo, había dejado hacía poco un hospital en Ciudad de México, y días atrás su familia había aceptado que su estado de salud era frágil y susceptible de complicaciones. 



Hoy a cuatro años de su deceso haremos un repaso por sus frases más célebres y pondremos a su disposición la novela que lo consagró a nivel mundial "Cien Años de Soledad":

  • "Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor".
  • "No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad".
  • "El amor es tan importante como la comida, pero no alimenta".
  • "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla".
  • "Hay que ser infiel, pero nunca desleal".
  • "La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener".

Ahora les compartimos "Cien Años de Soledad", esperando sea de su agrado para quienes no han tenido la oportunidad de leerlo, háganlo, les aseguro que les gustara.





viernes, 6 de abril de 2018

"El Principito" 75 años de un clásico indispensable de la literatura.

"El Principito" (Le Petit Prince) es una novela corta y la obra más famosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, publicada un día como hoy pero del año 1943. Se ha convertido en el libro escrito en francés más leído y ha sido traducido en más de 250 idiomas y dialectos, incluyendo el sistema de lectura braille. 

El Principito es considerado un libro infantil, por la forma en la que está escrito, pero la realidad es otra ya que trata temas muy profundos como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida.

Las enseñanzas de esta obra maestra
Cada libro nos deja un tesoro, una enseñanza o una emoción que siempre nos acompaña y en el caso de "El Principito" no es la excepción. 

Las lecturas que se pueden hacer de 'El principito' son múltiples pero en todas ellas hay algo de central que ha hecho que el libro se haya convertido en universal, comprensible y útil en culturas muy diferentes y en latitudes muy distanciadas. Esta universalidad radica en el hecho de que el relato, bajo la aparente sencillez de un cuento, habla de una experiencia que conlleva la reflexión profunda sobre el sentido de la vida.

El aviador y el principito del asteroide B612 descubren una nueva manera de mirar las cosas que les permite establecer un orden de prioridades diferente y detectar qué es lo esencial para vivir y morir con sentido: cuidar (de la rosa particular de cada uno), acercarse (a los zorros que nos rodean y que piden ser domesticados), empatizar (con aquellos que son diferentes a mí), ser custodio (de la naturaleza que nos rodea y que nos ha sido encomendada), confiar (que en medio de todo desierto hay siempre un pozo donde acercarse), aceptar (la picadura de la serpiente y la finitud de la materialidad)...

"Lo esencial es invisible para los ojos"
Quizá la frase más asociada a esta historia, en ella se sintetiza lo más básico de la vida, en donde lo verdaderamente importante no viene de cosas superficiales y banales, sino de lo que no se puede tocar, como el amor y la generosidad.

"Eres responsable para siempre de lo que has domesticado"
"Yo no te necesito, tú tampoco tienes la necesidad de mi, pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mi unico en el mundo, yo seré para ti único en el mundo", le dijo el Principito a su amigo el zorro. 
Una enseñanza que podemos aplicar en toda relación que formemos con los demás.

Valorar el amor de los demás como tu vida misma antes de que sea demasiado tarde.
"Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras, me perfumaba, me iluminaba. Debí haberla adivinado de su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla"

"Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección"
El amor no es un acto individual, tampoco es admirar al otro como si fuera un objeto o trofeo. Amar es construir, es compañerismo puro, encontrar a alguien para formar un equipo y resistir las dificultades, sin dejar de tener la misma meta en común.

Declarando oficialmente inaugurada la nueva sección del blog "La Biblioteca del Universo" donde podrán encontrar distintos libros que se agregarán poco a poco con el fin de fomentar la lectura y celebrado los 75 años de este clásico, ponemos a su disposición un libro maravilloso, que no se arrepentirán de leer: "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry.


lunes, 2 de abril de 2018

Dia Internacional del Libro Infantil y Juvenil; un llamado a fomentar la lectura entre niños y jóvenes.

Cada 2 de Abril, desde 1967, coincidiendo con el nacimiento del escritor danés Hans Andersen quien nos dejó un enorme legado de libros infantiles, la Organización Internacional para el Libro Juvenil, conmemora el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, con el fin de generar hábitos de lectura en niños y adolescentes. 


Hans Andersen es considerado el más célebre escritor danés, tuvo una infancia dura por escasos recursos familiares al punto de llegar a vivir bajo un puente, sus escritos eran basados en sus vivencias, entre su gran legado encontramos; La Sirenita (1837), El Patito Feo (1843), El Soldadito de Plomo (1838).

En este día se pretende estimular el amor por la lectura, promover el interés por los libros a niños y jóvenes, ya que actualmente la mayoría perdidos en los dispositivos electrónicos, televisores y videojuegos han olvidado poco a poco el hábito de la lectura al punto de que en la escuela cuando les dejan leer o se les dice que lean un libro responden que "es aburrido y que no les gusta leer".
Cada año la Organización selecciona a un escritor para dar un mensaje y a un ilustrador para crear un cartel conmemorativo, este año es turno de Letonia, la escritora es Inese Zandere en cuyo mensaje está el lema "Los libros hacen grande lo más pequeño" y el ilustrador es Reinis Peterson.

Un libro infantil es una fuerza milagrosa que promueve el enorme deseo de los pequeños y su capacidad de ser. Promueve su coraje para vivir.

Pero el fomentar la lectura no solo es para los niños y adolescentes ya que muchas veces ellos siguen el ejemplo de los padres y si estos tampoco tienen este hábito es difícil que lo lleven a cabo. Así que hacemos un llamado a los padres desconecten por unos minutos a los niños y adolescentes del toda la tecnología, apaguen el televisor y las consolas de videojuegos, lean un cuento con sus hijos, fomenten en ellos y en ustedes mismos el hábito tan maravilloso de la lectura, es una gran herramienta para su futuro.

Y para conmemorar este día y que en este blog buscaremos fomentar la lectura empezaremos con dos clásicos de la literatura infantil los cuales podrán descargar en PDF, ambos están ilustrados lo que permite que sean mucho más interesantes para los más pequeños. 

El primero es de Hans Andersen, con "El Patito Feo" uno de los cuentos más clásicos que aborda el hecho de ser "rechazado" por la sociedad al ser diferente a los demás y al no lograrlo buscar el modo de encajar, cosa que pasa en la adolescencia donde si no encajas en el grupo sigues buscando hasta encontrar al grupo adecuado, olvidado que ningún estereotipo te hace más o menos.



Y el segundo es otro clásico, "Alicia en el País de las Maravillas" de Lewis Carroll, y aunque las películas son buenas, nada como leer el libro, una lectura fácil y muy agradable que querrás leer mil veces más.