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domingo, 5 de noviembre de 2023

Abejas que saben matemáticas


En 1872, Charles Darwin propuso que los animales expresaban emociones. Le llovieron las críticas e incluso las burlas. Hasta entonces se consideraba a toda especie distinta de la humana como poco más que un objeto animado, una bestia programada solo para la satisfacción de sus instintos. Pero poco podía sospechar el padre de la teoría evolutiva que las capacidades de los animales van aún mucho más lejos: en los últimos años se han desvelado las habilidades de numerosas especies para algo que creíamos tan exclusivamente humano como las matemáticas. Y ni siquiera se requiere para esto el complejo cerebro de un primate: con menos de un millón de neuronas —frente a nuestros 86.000 millones—, las abejas son capaces de aprender los fundamentos abstractos de las matemáticas.

Cuando las sentimos zumbando molestamente a nuestro alrededor, apenas se diría que las abejas sean capaces de algo más que buscar flores para sorber su néctar. Con los años, la ciencia nos ha enseñado que su danza encierra un complejo sistema de comunicación capaz de codificar el camino, la distancia y la dirección hacia una fuente de alimento, lo que requiere no solo un reconocimiento del entorno y una sólida memoria, sino también un proceso de abstracción. En 2012 un estudio mostró que estas capacidades se sustentan en la destreza de las abejas para comprender conceptos como arriba/abajo, izquierda/derecha o igual/diferente.

Pero por si esto no fuera suficiente logro para un cerebro de medio milímetro, en 2018 Adrian Dyer y sus colaboradores en la Universidad RMIT de Melbourne (Australia) descubrieron que las abejas saben contar. Los investigadores entrenaron a los insectos para distinguir entre cantidades distintas de formas geométricas, como cuadrados o círculos, de modo que tuviesen que elegir, desde 1 hasta 6, el número menor.

ENTRENADAS PARA ENTENDER EL CERO
Entrenar a las abejas es sencillo; basta con situar ante ellas dos caminos posibles presentados con sendas tarjetas, una con la opción correcta y otra con una errónea, y premiar los aciertos con un dulce jugo azucarado. A base de repeticiones, terminan comprendiendo cuál es la regla mental que deben aplicar para conseguir el premio. En el experimento de Dyer, se consideraba entrenada a una abeja cuando acertaba al menos un 80% de las veces.
Entonces, los investigadores enfrentaron a los insectos a un reto mayor: entender el concepto de cero. No se trata de un logro trivial; según subraya Dyer, “en nuestra propia especie no existe un registro escrito de cálculos con el número 0 hasta el siglo VII de nuestra era”. La numeración romana carecía de un símbolo para el cero, que apareció por primera vez en el siglo IX en India y no llegó a Occidente hasta el XII.

En los animales, solo se ha demostrado la comprensión del cero en primates no humanos y en el loro gris africano. Y sin embargo, las abejas entrenadas eran capaces de entender que una tarjeta en blanco era la opción correcta —es decir, “menor que”— frente a otras con figuras. Es más, acertaban en mayor número de ocasiones cuando se les presentaba el dilema de elegir entre 0 y 6 que cuando se hacía entre 0 y 1, demostrando una noción de la distancia numérica.

Según Dyer, esta capacidad de las abejas las sitúa al mismo nivel que los niños en edad preescolar en lo que se refiere a la comprensión abstracta del cero. “Para otros animales se necesita investigar para saber con seguridad de qué son capaces, pero nuestros estudios sugieren que el tamaño del cerebro no es el principal condicionante en las habilidades que un animal puede adquirir”, señala a OpenMind.

SUMANDO Y RESTANDO
Un nuevo experimento de Dyer y sus colaboradores ha revelado una competencia matemática aún más asombrosa en las abejas. En este caso, los insectos debían demostrar si eran capaces de sumar y restar. Para ello se les presentaba en primer lugar una tarjeta con un número determinado de figuras, todas del mismo color. Los insectos debían aprender que la clave estaba en el color: amarillo significaba restar 1, mientras que el azul equivalía a sumar 1. A continuación, se encontraban con dos posibles caminos marcados respectivamente con la respuesta correcta y con otra errónea. Tras el periodo de entrenamiento, las abejas elegían la opción acertada hasta un 72% de las veces.

Pero más allá de la curiosidad, es lógico preguntarse de qué les sirve esta capacidad a las abejas. “Para recoger el néctar de muchas flores, las abejas tienen que navegar en entornos complejos, y sabemos por estudios previos que contar puntos de referencia mejora la precisión de su orientación”, explica Dyer. “Probablemente sumar es importante para contar, y la capacidad de sumar y restar puede mejorar la eficiencia en la búsqueda de alimento para la gestión de los recursos”. Y todo ello es posible gracias a que estos insectos explotan sabiamente su gran poder visual y cognitivo; según han revelado también los estudios de Dyer, las abejas y las avispas reconocen individualmente los rostros humanos.

EVOLUCIÓN CONVERGENTE
Claro que, si este talento matemático existe en las abejas, ¿estará presente también en otras especies? Según Dyer, lo más probable es que tales habilidades no procedan de un antepasado común entre humanos y abejas, especies separadas por unos 500 millones de años de evolución, sino que hayan sido adquiridas de forma independiente “como un medio de resolver problemas comunes que se encuentran en la naturaleza”.

Por lo tanto, se trata de un caso de evolución convergente, apunta a OpenMind el neurobiólogo Andreas Nieder, de la Universidad de Tubinga (Alemania), autor del libro de próxima publicación A Brain for Numbers: The Biology of the Number Instinct (MIT Press). “Los cerebros de insectos y vertebrados son muy diferentes”, dice Nieder. Sin embargo, muchas especies encuentran ventajas en aprender matemáticas: “La cognición numérica ayuda a los individuos a encontrar comida y evitar convertirse en comida, pero también a elegir el camino a través de entornos desordenados y a contar con la ayuda de amigos”.
Los estudios indican que diversas especies utilizan su conocimiento abstracto de los números para una gran variedad de funciones esenciales, desde la alimentación a las interacciones sociales. “Además, la competencia numérica aumenta las posibilidades de transmitir los genes correctos durante la reproducción”, añade Nieder. “Las ventajas van desde monopolizar a una pareja receptiva hasta aumentar las opciones de fertilizar un óvulo y finalmente favorecer la supervivencia de la progenie”.

Así que, la próxima vez que nos sintamos tentados de acusar a alguien de tener un cerebro de insecto, deberíamos pensárnoslo dos veces. Puede que los insectos lo entiendan. Y que no les guste.

domingo, 20 de mayo de 2018

Abeja, Enciclopedia Animal del Universo.

Las abejas son conocidas por producir la miel que se consume en todo el mundo. 
Son insectos polinizadores por excelencia y tienen una función esencial para el equilibrio de la naturaleza,  ya que contribuyen activamente a la supervivencia de muchas especies de plantas que se reproducen gracias al transporte de polen que llevan a cabo estos pequeños animales al alimentarse del néctar de las flores. Muchas de estas plantas las usamos los seres humanos para producir algunos de nuestros alimentos. 
Viven una media de cinco años y no miden más de 1,5 centímetros.

Distribución y hábitat. 

Habitan en todos los continentes de la Tierra excepto en la Antártida, y se trata de uno de los insectos más antiguos, del que se sabe, puebla nuestro planeta desde hace más de de 30 millones de años. Se conocen más de 20.000 subespecies distintas de abeja divididas en 7 familias reconocidas. 

Comportamiento.


Son insectos herbívoros extremadamente sociables que viven en colonias que se establecen en forma de enjambres y en donde se organizan en una estricta jerarquía de tres rangos sociales; la abeja reina, los zánganos y las abejas obreras. 

Son conocidas por su comportamiento sumamente organizado y enfocado al trabajo, La abeja reina es la única que puede poner huevos y su función es solamente reproductiva. Las obreras son hembras estériles y se encargan de limpiar el panal, recoger el polen y cuidar a las crías. Por su parte, los zánganos, todos machos, se encargan de aparearse con la reina.
Algunas especies de abejas son agresivas y el ser humano ha aprendido a temerles. Suele suceder que la abeja muere después de picar, pues el aguijón se queda en la piel del afectado junto con parte del abdomen.

Alimentación.

La dieta de la abeja consiste básicamente en polen y néctar de las flores. Las obreras colectan agua también para diluir la miel almacenada y preparar el alimento de las larvas. En las abejas productoras de miel, la jalea real es consumida por la que será reina. Por su parte, las abejas del género Trigona son las únicas que se alimentan de carroña.

Reproducción.

Es un animal ovíparo y sólo la reina puede aparearse y poner huevos. Una vez que un zángano logra copular con la hembra, ésta deposita los huevos con su ovipositor. 4 días después se produce la eclosión y pequeñas larvas comienzan a vivir, cuidadas por las obreras. La larva pasa por varias transformaciones antes de convertirse en abeja pero esto depende también de la especie.

Las amenazas que enfrentan.

Las abejas se encuentran bajo muchas amenazas, estas son las principales:







  1. Los neonicotinoides son un tipo de plaguicida utilizado en agricultura que tiene un claro efecto negativo en la salud de las abejas, pudiendo causar la muerte de enjambres enteros. Tras años de presiones, a finales del 2018 entrará en vigor la normativa europea que prohíbe su utilización en espacios abiertos. La organización ecologista Greenpeace advierte que no son los únicos plaguicidas peligrosos para las abejas. 
  2. El ácaro Varroa, procedente del sudeste asiático, se alimenta de la sangre de la abeja, debilitándola. También puede propagar enfermedades virales y bacterianas. Se contagia de una colmena a otra y si no se controla suele llevar a la muerte temprana de las colonias en menos de tres años. “El problema es que es una enfermedad que no se puede curar”, se lamenta Jesús Llorente, de la Fundación Amigos de las Abejas.
  3. El cambio climático “modifica los patrones de floración y causa el desplazamiento de muchas plantas, lo que desorienta y trastoca a las abejas”, explica Luis Ferreirim de Greenpeace.
  4. “La pérdida y deterioro de hábitos por culpa de la actividad humana” es otra de las grandes amenazas a que deben hacer frente las abejas, según Ferreirim. Los monocultivos suponen una menor disponibilidad y diversidad de alimento para estos insectos, que se ven obligados a realizar grandes desplazamientos en vuelo, en perjuicio de su alimentación.



Día Mundial de las Abejas.

¿Sabías que de las más de 20 000 especies de abejas solamente 7 producen miel? Las abejas melíferas occidentales producen 1,6 millones de toneladas de miel al año.
“¡Una abeja!”, grita alguien mientras se levanta apresuradamente de su mantel de picnic, derramando el zumo de manzana y agitando los brazos, tratando de alejarse de esta criatura voladora. ¿Te resulta familiar esta situación?
Mucha gente tiene miedo de las abejas. ¿Por qué? Parecen extraterrestres, tienen aguijones y sus picotazos duelen más de lo que creemos, algunas personas son muy alérgicas a sus picaduras e incluso pueden perder la vida. Pero, contrariamente a nuestros temores, las abejas no son insectos agresivos y no atacan a los humanos a no ser que las provoquen. Si se te acercan, es porque tienes algo que les resulta apetitoso… Y si supieras todo lo que hacen por ti, ¡estarías encantado de compartir tu comida o bebida con ellas!
Los polinizadores, como las abejas, mariposas, pájaros, polillas, escarabajos e incluso los murciélagos, ayudan a que las plantas se reproduzcan. De hecho, las frutas y las hortalizas son los retoños de las plantas. No solemos verlas de esta manera, pero las semillas, frutas y algunas hortalizas tienen su origen en una planta que ha sido previamente polinizada. ¡En parte gracias a las abejas podemos disfrutar de algunos de los alimentos de nuestro picnic! 
Sin embargo, la población de polinizadores –en especial abejas y mariposas – ha disminuido de manera preocupante, debido principalmente a prácticas agrícolas intensivas, cambios en el uso de la tierra, plaguicidas (incluidos los insecticidas neonicotinoides), especies exóticas invasoras, enfermedades, plagas y el cambio climático. Casi el 35% de los polinizadores invertebrados –en particular las abejas y las mariposas –, y alrededor del 17% de los polinizadores vertebrados –como los murciélagos – están en peligro de extinción a nivel mundial. Los agricultores y los responsables de las políticas tienen un papel importante que desempeñar en la protección de nuestros polinizadores. Pero también hay cosas que nosotros podemos hacer.
El 20 de mayo ha sido designado por Naciones Unidas como Día Mundial de las Abejas. En esta jornada, que celebra y recuerda su importancia y que ha sido impulsada por el Gobierno de Eslovenia, aquí van nueve datos sobre estos insectos y su labor polinizadora:
  1. Las abejas polinizan 170.000 especies diferentes de plantas.
  2. Al menos un tercio de cada cucharada que te llevas a la boca depende de la polinización.
  3. Una abeja melífera produce una doceava parte de cucharada de miel en toda su vida.
  4. Para producir un kilo de miel, una abeja debería visitar cuatro millones de flores y recorrer una distancia equivalente a dar la vuelta al mundo cuatro veces. 
  5. Una colonia de abejas es comparable con una ciudad pequeña en cuanto al número de individuos. Aloja entre 30.000 y 60.000 obreras, de 300 a 1.000 zánganos y una reina. 
  6. No hibernan, sino que siguen activas durante todo el invierno. Sin embargo, en esta época se juntan para calentarse unas a otras.
  7. Las melíferas son la única especie de abeja que muere tras lanzar una picadura.
  8. Las abejas son constructoras con un gran sentido de lo económico y lo racional. Los panales están entre las estructuras mejor diseñadas y organizadas de la naturaleza: sus paredes se juntan en ángulos de 120º, formando hexágonos completos.
  9. Salen de la colmena en cuanto la temperatura exterior supera los 10ºC.
Y otras cinco medidas que los ciudadanos de a pie pueden tomar para ayudar a protegerlas:
  1. Cultivar plantas con fines decorativos en terrazas, balcones y jardines.
  2. Colocar cajas (fabricadas por uno mismo o compradas) para que las abejas se puedan instalar en terrazas o jardines.
  3. Utilizar pesticidas que sean inofensivos para las abejas y al pulverizarlos sobre las plantas, hacerlo en días sin viento, temprano por la mañana o al final del día, cuando las abejas están en sus colmenas.
  4. Concienciar a niños y jóvenes sobre la importancia de estos insectos.
  5. Evitar cortar el césped o segar cuando las plantas están floreciendo.