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sábado, 3 de junio de 2023

Mano de Mar


Los pescadores lo conocen con el nombre de "dedos de nuerto"

La mano de mar es un extraño animal que los pescadores conocen bajo los nombres de «dedos de muerto» o «mano de muerto», entre otros. 

En realidad, la mano de mar no es un solo individuo, sino una colonia entera de minúsculos pólipos, que forman masas blancas, amarillas o rosas, de consistencia gelatinosa. 

Una parte central muy compacta forma una especie de tronco que se ramifica en su parte superior, constituyendo los gruesos «dedos», más o menos alargados. Una mano de mar posee de tres a cinco dedos y ocurre a menudo que el conjunto presenta el aspecto de ser una mano de ahogado crispada hacia lo alto. 

Esta semejanza y su tamaño aproximado, unidos al color pálido, es lo que le ha valido a la mano de mar sus nombres evocadores. Cada uno de los millones de pólipos es una especie de anémona de mar de ocho tentáculos ramificados, de aspecto plumoso. El esqueleto, formado de materia calcárea, es parecido al esqueleto del coral, pero difiere de éste último por su estructura, constituida por agujas aglomeradas. 

Las colonias de manos de mar se desarrollan sobre las piedras y rocas submarinas. Su tamaño varía en función de la profundidad. La mano de mar se alimenta de microorganismos del plancton, que cada pólipo captura con sus tentáculos venenosos. 

Después de absorberla, la presa es digerida, y como todos los pólipos están unidos entre ellos por una red de canales minúsculos, el alimento de un pólipo beneficia también al conjunto de la colonia. La colonia prospera mientras que un número suficiente de pólipos permanezca activo y capture presas. La mano de mar puede vivir aislada o, por el contrario, formando verdaderos tapices en las aguas templadas de los océanos.

Grupo: Cnidarios
Clase: Antozoos
Orden:Alcionarios
Familia: Alciónidos
Género y especie: Alcyinim digitatum (mano de mar)


domingo, 2 de enero de 2022

El secreto de la inmortalidad de la hidra

En la mitología griega, una hidra era una gigantesca serpiente que tenía varias cabezas (el número podía variar, ya que no se trataba de una cifra fija), y que soplaba un aliento envenenado por la boca sobre las marismas de Lerna, cerca de Argos.

La destrucción de la Hidra fue uno de los doce trabajos de Hércules, quien lo logró con la ayuda de su sobrino Lolaos. De hecho, cuenta la historia que, cuando se le cortaba una cabeza, de repente aparecían dos. Debido a ello, el personaje se vio obligado a quemar cada herida del monstruo con fuego, y finalmente acabó con él cortando la cabeza de en medio (que, a veces, se decía que era inmortal).

Como vemos, aunque en la mitología griega, la hidra es una gran serpiente con muchas cabezas, en nuestro mundo de hoy en día, la hidra consiste en un pequeño pólipo de agua dulce, una criatura asombrosa, con una reputación increíble: tiende a ser virtualmente imposible de matar.

Debido a ello, los científicos llevan año estudiándola, intentando comprender cuál sería el mecanismo de la inmortalidad de este pequeño animal, con increíbles capacidades para regenerarse. No en vano, la hidra puede volver a regenerar las partes de su cuerpo que habrían sido amputadas. Y no solo eso: de estas partes desprendidas o amputadas, puede, incluso, desarrollarse un nuevo animal.

¿Qué es exactamente una hidra?

La hidra consiste en un organismo multicelular, un cilindro tubular con un apéndice peatonal ubicado en un extremo, y una boca en forma de tentáculo en el otro. Anteriormente, algunos aspectos relacionados con la regeneración de la hidra han sido identificados, pero los científicos querían entender cómo su genoma dirige a sus células para que desarrollen una cabeza completamente nueva.

Así, un estudio publicado a comienzos de este mes en Genome Biology and Evolution ayudaría a arrojar más luz sobre ello.

¿Qué nos dice el estudio?
La investigación se llevó a cabo en el laboratorio Mortazavi de la Universidad de Irvine, concretamente en el Departamento de Biología del Desarrollo y Biología Celular.

De acuerdo a sus autores, “los científicos han sabido que las hidras pueden regenerarse desde que descubrieron estos pequeños animales hace cerca de 280 años”.

Para seguir investigando sobre ellas, “los investigadores identificaron primero más de 27.000 factores genéticos que desempeñan un papel en la regeneración de la hidra, luego mapearon subconjuntos más pequeños de varios miles de elementos para encontrar los interruptores en el genoma de la hidra que solo estaban activos cuando las hidras producían nuevos brotes”.

Descubrieron así que, cuando una hidra brota, se necesitan alrededor de 72 horas para que vuelva a crecer una yema, mientras que una yema se regenera. El reemplazo, finalmente, se demora alrededor de 48 horas.

Según los científicos, “durante la gemación, los genes (incluidos los involucrados en el organizador principal) parecen aumentar lenta y constantemente con el tiempo”. Mientras que, “durante la regeneración, en cambio, los genes tienen expresiones más dinámicas, algunas aumentan rápidamente y luego disminuyen, y tienen un pico de expresión en diferentes momentos de la regeneración”.

Por primera vez, los investigadores han observado variaciones en las instrucciones genéticas para el crecimiento de la cabeza en las hidras, de manera que cientos de genes distintos están trabajando en los tres procesos de crecimiento de una nueva cabeza, su desarrollo y, finalmente, su posterior brote.

Dicho de otra forma, “esto significaría que hay tres formas distintas de que la hidra haga una cabeza, según las circunstancias”.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Madréporas

Son constructoras de islas
Las madréporas o corales verdaderos son, probablemente, los organismos invertebrados más importantes del mundo. Han contribuido más que cualquier otra especie animal a la elaboración del relieve terrestre y puede decirse que si no hubieran existido, muchas cosas serían profundamente diferentes en nuestro globo. 

La gran mayoría de las islas de los océanos Indico y Pacífico e incluso de las Antillas no existirían sin la obra titánica de las insignificantes madréporas. Son verdaderas constructoras de islas, constituyendo por este hecho un caso único de creación geológica por organismos pertenecientes al reino animal. 

La mayoría de las madréporas (unas 2.500 especies) son extremadamente sociables y viven en colonias innumerables, en las que cada pólipo individual segrega un pequeño tubo calcáreo. La masa de estas estructuras, muertas o vivas, acaba por formar un arrecife, luego un atolón y después una isla. 

Incluso en las regiones que son actualmente continentes, las madréporas han contribuido ampliamente a elevar el nivel del suelo y a consolidar los relieves. Así, hace mucho tiempo, la cuenca de París era parecida a los mares actuales de Polinesia, con sus arrecifes-barrera, sus arrecifes costeros, sus atolones.

Actualmente, las madréporas sólo existen en los mares cálidos y se establecen en los conos sumergidos de los volcanes submarinos, y, a veces, en los bancos graníticos que afloran a la superficie. El mayor arrecife de la actualidad es la «Gran Barrera», que se extiende a lo largo de la costa oriental de Australia sobre una distancia de 2.400 km y una anchura de 10 a 140 km.
Grupo: Celenteros
Clase: Antozoos
Orden: Madreporarios
Familia:--
Género y especie: Aastroides calycularis (coral estrellado)