lunes, 13 de septiembre de 2021

Elcerebro y la música (2)

 

Notas y neuronas

Los investigadores de la neurofisiología de la música han empezado a entender estos procesos en los últimos años. Para explorar los vericuetos que sigue la música por el cerebro algunos investigadores llevan a cabo estudios de personas con lesiones cerebrales que afectan alguna de sus capacidades musicales. Localizando la lesión en el cerebro se pueden hacer deducciones acerca de la función que cumple la zona afectada en el reconocimiento de la música. Otros investigadores emplean técnicas para visualizar la actividad cerebral en tiempo real, como la tomografía de emisión de positrones y la resonancia magnética funcional. Estas técnicas permiten observar al cerebro en acción al procesar música.


Así se han dado cuenta de que la música no sólo activa la corteza auditiva, sino también otras regiones del cerebro especializadas en tareas muy diversas: las que controlan los músculos (particularmente en las personas que tocan algún instrumento), los centros del placer que se activan durante la alimentación y el sexo, las regiones asociadas con las emociones y las áreas encargadas de interpretar el lenguaje.

Según Robert Zatorre, neurocientífico del Instituto Neurológico de Montreal, las actividades musicales —escuchar, tocar, componer— ponen a funcionar casi todas nuestras capacidades cognitivas. Muchos neurocientíficos se interesan en la neurofisiología de la música porque ésta puede revelar muchas cosas acerca del funcionamiento general del cerebro.

La música y el lenguaje
El estudio de la percepción del lenguaje ha influenciado y precedido en muchos aspectos al estudio de la percepción mu­sical, seguramente por ser ambos, música y lenguaje, información transmitida por medio de sonidos.

Pero hoy sabemos que el cerebro no procesa igual la música y el lenguaje. Isabelle Peretz, guitarrista y psicóloga de la Universidad de Montreal, y su equipo han realizado estudios del trastorno conocido como amusia, la imposibilidad de reconocer sonidos musicales. Los participantes son incapaces de aprenderse melodías sencillas y de detectar errores en una melodía conocida. Sin embargo, conservan sus habilidades lingüísticas intactas. Por ejemplo, distinguen perfectamente entre la entonación de una afirmación y la de una pregunta. Peretz opina que la amusia se debe a algún trastorno de la corteza auditiva primaria, donde se reconocen las notas y su sonoridad, el primer paso que lleva a cabo el cerebro al analizar la música.


Por si eso no bastara para distinguir la música del lenguaje, los investigadores han descubierto que éste se procesa preferentemente en la corteza auditiva del hemisferio izquierdo del cerebro, más dado al análisis, mientras la música se procesa más bien (aunque no exclusivamente) en la corteza auditiva derecha. En los músicos la corteza izquierda interviene más que en las personas que no lo son, sin duda porque los músicos escuchan la música de manera más analítica.

Con todo, las analogías entre música y lenguaje siguen guiando investigaciones. En los años 50 el lingüista Noam Chomsky alegó que el cerebro humano ya viene equipado con una especie de programa de gramática, pero no para un lenguaje específico, sino una gramática universal. Así, todas las lenguas del mundo, por distintas que nos parezcan, tendrían una estructura común a cierto nivel. Algunos compositores, lingüistas y musicólogos han extendido las ideas de Chomsky a la música. El lingüista Ray Jackendoff y el compositor Fred Lerdahl propusieron en 1983 una teoría de la gramática universal de la música, según la cual una composición se construye con un número limitado de notas que se combinan según un conjunto de reglas (la gramática musical). Las reglas dan a las notas una estructura dividida en capas de significado musical. Al escuchar la secuencia de notas, el cerebro del oyente reconoce esas capas de la misma manera que en el lenguaje reconoce verbos, sustantivos, adjetivos y todo lo demás.

El etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax llegó a una conclusión chomskiana, también en los años 50, luego de analizar las canciones de muchas culturas. Según Lomax, igual que por medio del habla se puede construir un número infinito de frases a partir de un número finito de sonidos, un número infinito de canciones se puede generar a partir de sólo 37 elementos rítmicos, armónicos y melódicos. Más recientemente, en los años 90, Jukka Louhivuori y Petri Toiviainen, de la Universidad de Jyväskyklä, en Finlandia, también influenciados por las ideas de Chomsky, han diseñado modelos generadores de melodías y los han convertido en programas de computadora que “componen” frases musicales. Louhivuori y Toiviainen han probado la eficacia de estos programas como imitadores de los compositores humanos haciendo que muchas personas escuchen y evalúen las melodías.

Sonidos musicales
Para producir sonido hay que poner a vibrar algún objeto. Las cualidades del sonido dependen de las propiedades de las ondas que produce el objeto en el aire al vibrar. La sensación de sonoridad (o volumen) depende de la amplitud o tamaño de la vibración. La sensación de nota (do, re, mi, fa, sol…) es función de la frecuencia: cuántas veces vibra por segundo. Hay otra cualidad menos evidente que se conoce como timbre. El timbre es lo que permite distinguir un piano de una campana, un violín de una flauta, una voz de otra, incluso cuando estos instrumentos emiten la misma nota con la misma sonoridad. ¿De qué características físicas depende el timbre? Una gran variedad de objetos —cuerdas, objetos huecos, membranas tensas, columnas de aire confinadas en tubos— producen al vibrar ondas de muchas frecuencias distintas, pero con una organización particular: una frecuencia más baja, que llamamos fundamental y que da la nota que escuchamos, y luego todos los múltiplos de esa frecuencia: el doble, el triple, el cuádruple y todos los demás. Estas frecuencias superiores se conocen como armónicos. Por lo general la frecuencia fundamental es la más intensa y los armónicos son progresivamente más débiles. ¿Qué tanto? Eso depende del objeto que vibra. El patrón de intensidades relativas de la frecuencia fundamental y sus armónicos es como la huella digital que distingue a un objeto que suena de otro.

El desafío pinkeriano
Septiembre de 2004, Reading, Inglaterra. Reunión de investigadores de la evolución del lenguaje y de la música. En una de las sesiones, el especialista en educación musical Pedro Espi-Sanchis reparte tubos de plástico de distintas longitudes y pone a los investigadores a soplar para producir silbidos, indicándoles que no repitan lo que hacen los demás. Al cabo de unos minutos, los silbidos cacofónicos se convierten espontáneamente en una agradable melodía sin que nadie se lo proponga. Todos bailan mientras tocan las flautas de plástico. El placer de la actividad coordinada genera un ambiente de camaradería que deja a los participantes extasiados.

A muchos de esos participantes la experiencia también los dejó más convencidos de que la música no es pastel de queso auditivo, como propuso Steven Pinker en 1997, sino una adaptación que cumple una función evolutiva. El experimento de Espi-Sanchis favorece la hipótesis de que la música servía para organizar las tareas colectivas y reforzar los lazos afectivos de los grupos.

El debate del origen evolutivo de la música no está zanjado. Muchos investigadores, sin ser de la opinión de Pinker, han aceptado el desafío que ésta implica y siguen buscando la manera de averiguar si la música cumplió una función adaptativa en nuestros antepasados, o si es, en cambio, un efecto secundario, muy afortunado, eso sí. Además de arrojar luz sobre el funcionamiento del cerebro en general, las investigaciones acerca de la neurofisiología de la música seguramente ayudarán a dar respuesta al enigma evolutivo.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Argentina

En esta semana quiero compartirles estos datos curiosos que probablemente no conocían. Además de iconos reconocidos mundialmente como Diego Maradona, Lionel Messi y el tango, en Argentina tenemos muchísimo para sentirnos orgullosos.

En el extremo Sur del continente americano se encuentra la República Argentina, así es la denominación oficial que el país recibe en la Constitución Nacional, sancionada en 1853.

Con una superficie de 3.761.274 Km², el territorio argentino posee un paisaje variado, en el que conviven campos de hielos y zonas áridas, se alternan relieves montañosos con mesetas o llanuras, se comunican cursos fluviales o áreas lacustres con la amplitud oceánica, y la vegetación esteparia no opaca el escenario de bosques y selvas.

Por su extensión -que corresponden al Continente Americano; al Continente Antártico (incluyendo las Islas Orcadas del Sur) y las islas australes (Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur)- ocupa el cuarto lugar entre los países americanos (después de Canadá, Estados Unidos de América y la República Federativa del Brasil) y el séptimo a nivel mundial.

Limita al norte con las Repúblicas de Bolivia y del Paraguay; al sur limita con la República de Chile y el Océano Atlántico; al este limita con la República Federativa del Brasil, República Oriental del Uruguay y el Océano Atlántico; y al oeste con la República de Chile. La Antártida Argentina esta comprendida entre los meridianos 25° y 74° de Longitud Oeste, al sur del paralelo 60° Sur.

En el país encontramos cuatro tipos de clima (cálido, templado, árido y frío) cuyas variaciones están determinadas por la extensión del territorio y los accidentes del relieve.

Capital Federal
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires es la capital nacional. Limita con la provincia homónima, posee una superficie de 202 km² en donde viven 2.890.151 habitantes. Sus límites son: al este, el Río de la Plata; al sur, el Riachuelo; y se encuentra bordeada de norte a oeste por la Av. General Paz.

Población Argentina
Con una población de 40.117.096 habitantes, la República Argentina se caracteriza por ser un “crisol de razas” que define la esencia de la argentinidad. Los primeros pobladores del actual territorio argentino fueron indígenas quienes, congregados en diversas tribus, desarrollaron sus respectivas culturas en grado diverso. Con el arribo de los conquistadores, en el siglo XVI, las costumbres y los valores propios de los españoles generaron un perdurable encuentro cultural y el inicio del mestizaje de blancos e indios. A estos se sumaron los mulatos y zambos para afirmar así la conformación de la población criolla.

El último importante caudal inmigratorio se produjo en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. De origen predominantemente europeo, constituyen otro pilar fundamental de este verdadero “crisol de razas”.

Religión
En la Argentina existe una total libertad de culto. La religión católica es profesada mayoritariamente pero también se practican otros cultos como el protestantismo, el judaísmo, el islamismo, la religión ortodoxa griega, la ortodoxa rusa y otras.

Unidad monetaria
La moneda oficial es el peso, dividido en 100 centavos.

Idioma
El idioma oficial es el español. Traído por los conquistadores sufrió cambios a lo largo del tiempo, producto de la convivencia con los pueblos indígenas nativos que lo enriquecieron y las sucesivas inmigraciones que hicieron su aporte a la lengua de los argentinos.
Sin embargo, aún perduran otras lenguas amerindias como el mapuche, el guaraní y el quechua, entre otras.

Fiestas Nacionales
25 de mayo - Ese día los cabildantes reconocían la autoridad de la Junta Revolucionaria y así se formaba el Primer Gobierno Patrio.

La Revolución de Mayo fue un cambio crucial que marcó la historia argentina. Su momento crítico fue durante la llamada Semana de Mayo, del 18 al 25 de ese mes del año 1810.

9 de julio – Se festeja la Declaración de la Independencia.

En 1816, el Congreso reunido en Tucumán firmó el Acta de la Independencia, proclamándose así la existencia de una nueva nación "libre e independiente de los reyes de España y de toda otra dominación extranjera".

Curiosidades
1.. Argentina es el país de Hispanoamérica más grande, el 2do más extenso de Latinoamérica y el octavo más grande del mundo.

2.. Argentina fue el primer país del mundo en realizar una transmisión de radio en 1920 desde una terraza entre tres amigos y sólo 20 personas tenían radio.

3.. El dulce de leche es un producto Argentino. Aunque, en realidad hay varios países como Uruguay y México que se lo atribuyen. Oficialmente no existe registro sobre el origen exacto de este manjar.

4.. En Argentina tenemos siete maravillas naturales, quienes vengan de visita deberían conocerlas: Las salinas grandes, el Glaciar Perito Moreno, el Bañado La Estrella, el Río Mina Clavero, la Selva Misionera y los parques nacionales Talampaya y Nahuel Huapi.

5.. Argentina es uno de los países con mayor reserva de agua potable en el mundo.

6.. El nombre “Argentina” procede del latín “argentum”, que significa “plata”. El origen de esta denominación se remonta a los viajes de los primeros conquistadores españoles al Río de la Plata.

7.. El teatro Colón es considerado uno de los más importantes del mundo. Con espacio para 2.487 espectadores sentados, un verdadero monumento del arte teatral, lírico y acústico, el mejor de todos los tiempos.

8.. En Argentina tenemos el río más ancho del mundo, el Río de la Plata.

9.. La avenida más ancha del mundo también se encuentra en Argentina, la icónica Avenida 9 de Julio. Se trata de una de las arterias principales de la ciudad de Buenos Aires con sus 140 metros de ancho.

10.. En Argentina se produce mucho vino, de hecho es el mayor productor de América latina y ocupa el quinto lugar a nivel mundial.

11.. La carne vacuna argentina es reconocida a nivel mundial por su excelente calidad.

12.. La tercer frontera más grande del mundo está entre Argentina y Chile (después de EE.UU-Canadá y Rusia-Kazajistán)

13.. El “Nevado ojos del Salado” es el volcán más alto de la tierra con sus 6891 metros sobre el nivel del mar y se encuentra en la cordillera de los andes, en el límite entre Argentina y Chile.

14.. Argentina recibió cinco premios nobel, dos por la paz, dos de medicina y uno de química.

15.. En Argentina se encuentra la ciudad más austral del mundo: Ushuaia

16.. La mayor colonia de pingüinos de Magallanes de la Patagonia se encuentra en Punta Tombo, de hecho es la mayor colonia continental del mundo. En plena temporada de cría, puede llegar a albergar más de un millón de ejemplares.

17.. Argentina es el país más visitado de todo Sudamérica y el segundo de Latinoamérica, solo por detrás de México, con 6.759.000 turistas al año.

18.. Argentina posee una de las tierras más fértiles del planeta: la llanura pampeana.

19.. Entre las 7 maravillas naturales del mundo se incluyen las Cataratas de Iguazú que con sus 275 saltos, son considerados la mayor cortina de agua sobre la faz de la Tierra.

20.. Argentina cuenta con la vía ferroviaria más al Sur del Mundo: “El tren del Fin del Mundo” En sus comienzos llevaba presos a la cárcel pero en la actualidad está remodelado y los visitantes se acercan a conocerlo.

lunes, 6 de septiembre de 2021

El cerebro y la música (1)

Los instrumentos musicales más antiguos que se conocen se encontraron en las cuevas de Isturitz, en Francia, y de Geissenklösterle, en Alemania. Se trata de unas flautas hechas de hueso de ave que datan de hace unos 32 000 años. ¿Para qué usaban la música los habitantes de esas cuevas?

No hay manera de saberlo porque la música no deja rastros duraderos una vez que se acaba. Pese a todo, podríamos imaginarnos algo así: un grupo de humanos primitivos lleva a cabo sus actividades cotidianas. En las proximidades de la cueva las mujeres recogen frutos, algunas con criaturas en brazos. Los niños juegan cerca de ellas. Los hombres vigilan, arma en mano, antes de irse a cazar. Un bebé llora. Su madre le canta para tranquilizarlo. Se oyen otros sonidos: el viento pasando entre las hojas de los árboles, pájaros, el rugir de algún felino. Detrás de un árbol un hombre toca la flauta para una mujer. Cae la noche. A la luz de la fogata suena el golpeteo rítmico de un instrumento de percusión hecho de corteza de árbol. Un anciano repite monótonamente un cántico que embelesa al grupo. Todos bailan mientras tocan las flautas de hueso. El placer de la actividad coordinada genera un ambiente de camaradería que deja a los participantes extasiados.

Un misterio
Hay quien expresa su identidad por medio de su atuendo y usa la ropa como si fuera una tarjeta de presentación. Otras personas se definen por lo que leen: se puede obtener mucha información acerca de ellas examinando el contenido de sus libreros. Pero no todo el mundo les da importancia a la moda o a la lectura, ni confía su imagen personal a su vestuario o a su biblioteca. Una expresión de identidad más común es la música que escuchamos. Si te pareces a nosotros —y estamos casi seguros de que en esto sí—, entre tus pertenencias más personales se encuentra tu colección de música.

La música nos gusta por diversas razones, pero sobre todo porque inspira emociones, desde la oleada de placer abstracto que nos pone la carne de gallina sin saber por qué, hasta la nostalgia del recuerdo que nos evoca. Tanto significado emocional le damos a la música que es fácil ponerse sentimental y no apreciar el enigma que entraña. Charles Darwin lo expresó por primera vez en 1871, en su tratado sobre el origen de los humanos: "Puesto que ni la capacidad de disfrutar ni la de producir notas musicales tienen la menor utilidad para el hombre en sus hábitos cotidianos, hay que clasificarlas entre las facultades más misteriosas de las que está dotado". No es que Darwin desdeñara la música ni las distintas funciones que cumple (ambientación para rituales, bálsamo del alma, herramienta para el cortejo). El padre de la evolución se refiere más bien a que no es de ninguna manera evidente que las facultades musicales nos confieran a los humanos ventajas en el juego de la supervivencia: no nos sirven para defendernos de las fieras, ni para cazar a nuestras presas; no calientan nuestro hogar, no nos ayudan a obtener agua ni cuidan nuestros cultivos. Desde el punto de vista evolutivo el origen de la música es un misterio.

Para qué sirve la música
La mayoría de los investigadores que buscan el origen de las habilidades musicales se basan en dos hechos observados y una suposición. Los hechos observados son que todas las sociedades humanas conocidas hasta hoy tienen música y que las habilidades musicales se manifiestan desde las primeras etapas del desarrollo de los niños. Un bebé de dos meses ya discrimina entre sonidos considerados agradables y sonidos que para la mayoría son desagradables, además de ser capaz de recordar melodías escuchadas varios días antes. De aquí se puede concluir que la música es innata: nacemos dotados para apreciarla sin que nadie nos enseñe. La suposición que mencionamos es que las habilidades innatas son adaptaciones en el sentido evolucionista del término capacidades que dan a los organismos que las poseen mayores probabilidades de procrear y que, por lo tanto, van cundiendo en la población al paso de las generaciones hasta que sólo quedan individuos con esas capacidades. Dicho de otro modo, si la evolución nos ha dotado de cerebros musicales, debe ser porque la música confirió a nuestros antepasados alguna ventaja en el entorno en que vivían.

Así pues, indagar acerca del origen de las facultades musicales equivale a buscar qué ventajas da la música a un grupo de homínidos en las llanuras primitivas. Hay quien alega que la música servía para mantener unido al grupo, lo cual tiene ventajas más o menos evidentes para unos organismos que tienen que defenderse de fieras más fuertes y veloces que ellos, y que han de dar les cacería para obtener alimento. Darwin, por su parte, pensaba que la música en los humanos surgió como herramienta para el cortejo, igual que la cola del pavorreal y el canto de muchas aves (opinión hoy minoritaria: si la música fuera de origen sexual, ¿por qué cumple tantas otras funciones y aparece en actividades tan diversas?).

¿Pastel de queso para los oídos?
El psicólogo experimental Steven Pinker, del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, tiene una opinión iconoclasta: que la música no es una adaptación, sino una especie de efecto secundario de otras habilidades y necesidades del organismo humano. Pinker compara la música con el pastel de queso (sin ningún afán peyorativo, hay que añadir). Este manjar contiene grasas y azúcares en grandes cantidades y tiene una textura cremosa que hace agua la boca. El pastel de queso es una tecnología que hemos inventado para estimularnos artificialmente los circuitos cerebrales del placer. Estos circuitos han evolucionado para indicarnos que hemos efectuado una acción que mejora nuestras probabilidades de vivir; por ejemplo, obtener alimentos llenos de energía para sobrellevar las épocas de vacas flacas (o, tomando en cuenta el modo de vida de nuestros antepasados, de mamuts flacos). El pastel de queso con centra estímulos placenteros que en cierta manera engañan al cerebro, haciéndole creer que hemos llevado a cabo una acción que promueve nuestra supervivencia. La música, según Pinker, es igual. Sus sonidos repetitivos, ordenados y predecibles, nos hacen cosquillas en los centros del placer que sirven para indicarnos que hemos encontrado un ambiente ordenado y predecible, un ambiente seguro.

Para sustentar su tesis del “pastel de queso auditivo” Pinker señala que la música puede ser innata sin ser adaptativa, como otras tecnologías del placer; por ejemplo, la gastronomía: el organismo sólo exige nutrientes, sin requerir que éstos vengan cocidos, sazonados y servidos con una ramita de cilantro. Además, dice Pinker, la hipótesis de la cohesión social y las otras de ese tenor —que la música tranquiliza, o que fortalece el vínculo entre la madre y la cría— en el fondo no dicen nada acerca del origen de la música. En efecto, habría que explicar entonces por qué la música favorece la cohesión social, tranquiliza o fortalece el vínculo con la madre.

Percepción del sonido
Describir el sonido en términos de sus características físicas medibles es una cosa; entender los detalles de nuestra sensación auditiva, que tiene bastante de subjetivo, es otra muy distinta. La percepción, en general, es una colaboración entre el órgano que capta el estímulo y el cerebro, que lo interpreta.

El sonido está lleno de información útil acerca del entorno y acerca del prójimo. Para extraerla e interpretarla el cerebro no actúa como una simple grabadora, que recibe una señal y la registra tal cual, sino que distribuye el estímulo sonoro a diversas regiones del encéfalo, donde se llevan a caso los procesos de reconocimiento e interpretación.

El oído es un analizador de ondas sonoras. Cuando se produce un sonido, entra por el canal auditivo, que tiende a amplificar las frecuencias altas (los sonidos agudos). El tímpano vibra y estas vibraciones se comunican a la cóclea, órgano en forma de tubo enrollado donde se alojan las células ciliares. Estas células son como varillas muy delgadas de distintos tamaños. Las más cortas resuenan con las componentes agudas del sonido, las más largas responden a las notas graves, de frecuencias más bajas.

La cóclea, con ayuda de las células ciliares y la membrana basilar, separa el sonido en señales distintas para cada intervalo de frecuencias. Estas señales se transmiten a un haz de fibras nerviosas conocido como nervio auditivo, que las lleva al cerebro como si viajaran por cables separados.

La primera parada en el cerebro es el tálamo, estructura situada en el centro del órgano y que retransmite la señal a la corteza auditiva primaria. Ésta identifica la frecuencia y la intensidad (la nota y el volumen, digamos) del tono que se escucha. Las cortezas auditivas —primaria, secundaria y terciaria— se localizan a ambos lados del cerebro, en una región llamada surco lateral, o cisura de Silvio.

Pero identificar la nota y el volumen de los sonidos que van llegando no basta para reconocerlos como música. Para eso está la corteza secundaria, que analiza información acerca de la armonía (la relación de las notas que suenan al mismo tiempo), la melodía (la relación de las notas en su sucesión temporal) y el ritmo (el patrón de notas acentuadas y notas débiles). Ahora sólo falta integrar toda esa información. De eso se encarga la corteza terciaria, y de allí la señal pasa a otros departamentos cerebrales, como veremos.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Papanicolau

El cáncer cervicouterino es una alteración celular que se origina en el epitelio del cuello del útero y se manifiesta, inicialmente, a través de lesiones intraepiteliales. Es el cuarto cáncer más frecuente en la mujer

Es una prueba que detecta células anormales en el cuello uterino y signos tempranos de cáncer del mismo, se toma una muestra de las células para analizarlas al microscopio.

Historia:

En 1917 el Doctor George Nicolas Papanicolaou estableció una asociación entre los patrones citológicos y los cambios en el ciclo ovárico y menstrual.

En 1920 comenzó los estudios citológicos en humanos y su esposa fue su primer sujeto de experimentación a largo plazo.

En 1923, sugirió el empleo de su método de la citología exfoliativa para el diagnóstico de cáncer uterino, pero fue cuestionado con respecto a registrar una distinción entre el carcinoma cervical y el endometrial, pero la técnica no diferenciaba ambos tumores.

En 1925 comenzó un estudio sistemático de frotis cervicales y vaginales de voluntarias y trabajadoras del Hospital de la Mujer de Nueva York. Reunió a otras mujeres con cáncer de cuello uterino, confirmó sus observaciones y presentó esta nueva forma de diagnóstico.

Marcó la diferencia contra la antigua manera de realizar el diagnóstico a través del tacto y de la observación macroscópica al utilizar una tinción que ideó para realizar observación al microscopio.

Pasaron 13 años para que sus descubrimientos fueran aceptados.

En 1939 en colaboración con Herbert F. Trayut, planificó un ensayo clínico para someter a las mujeres a una toma de muestra de citología exfoliativa cervicovaginal con ayuda de una pipeta por la cual obtenían células del fondo vaginal, del exo y endocérvix sin producir molestias ni dolor a las pacientes.

Este ensayo permitió el diagnóstico de número considerable de casos de cáncer de cuello uterino asintomáticos, imperceptibles al ojo humano y solamente demostrable a través de biopsia o mediante el uso de la citología exfoliativa, esto permitió la disminución en el número de casos de cáncer.

Factores de riesgo:
Mujeres entre 25 a 64 años de edad, inicio de relaciones sexuales antes de los 18 años, múltiples parejas sexuales, infección cervical por virus del papiloma humano, antecedentes de enfermedades de transmisión sexual, tabaquismo, deficiencia de folatos y vitaminas A, C y E, nunca haberse practicado el estudio citológico.

Se recomienda realizar el estudio anualmente hasta contar con tres resultados negativos, entonces se realizará posteriormente cada dos a tres años.


viernes, 3 de septiembre de 2021

Los jardines botánicos, laboratorios vivos

Además de ser laboratorios vivos para la formación ambiental y una de las mejores alternativas para conservar los recursos vegetales, los jardines botánicos también constituyen una estrategia para mitigar el cambio climático, señalaron Jorge Cortés Flores y Carmen Cecilia Hernández Zacarías, del Jardín Botánico del Instituto de Biología (IB).

Jorge Cortés, investigador de dicha entidad académica, dijo que los árboles son sumideros de carbono, existen estudios en los que se ha tratado de evaluar cuánto carbono pueden almacenar y se ha descrito que los llamados pulmones del planeta podrían acumular en promedio 23 kg de CO2 al día y hasta una tonelada de dióxido de carbono en toda su vida.

En ese sentido, el especialista en restauración ecológica enfatizó que, por el número de plantas y árboles que resguardan, los jardines botánicos sí contribuyen en la mitigación de los efectos del cambio climático.

Destacó que, ciertamente, el cambio climático es una realidad y comenzamos a vivir algunas de estas consecuencias. En el caso de la vegetación hay algunos tipos más vulnerables que otros. Por ejemplo, en las regiones templadas, se cree que los pastizales de altura están al borde de la desaparición.

Mencionó que la vegetación de las zonas altas del país, como la del Popocatépetl e Iztaccíhuatl, podría desaparecer como consecuencia del calentamiento global, en cambio, se prevé que las vegetaciones que están por debajo del pastizal de altura podrían migrar y ocupar el lugar de éste y así sucesivamente, los pisos más bajos subirán un peldaño más, debido al cambio climático.

En el caso de las zonas áridas, el incremento en la temperatura y la disminución de las precipitaciones podrían significar una serie de problemas importantes, como la pérdida de especies vegetales, “y en México tenemos una buena extensión de estas zonas”.

El investigador universitario puntualizó que las diversas áreas verdes de zonas urbanas y rurales también son relevantes por ese intercambio entre oxígeno y dióxido de carbono de arbustos, plantas pequeñas y árboles. Además, la transpiración de las plantas puede modificar microclimas, por lo que sería importante promover que cada vez se establezcan más pequeños jardines, pero con plantas nativas para mantener a las comunidades de visitantes florales, polinizadores y herbívoros que dependen de ellas.

Ante el desfase entre los cambios del clima y la capacidad de adaptación de flora o vegetación que podría observarse en las próximas décadas, tal vez habría cambios en las temporadas de floración y en la producción de frutos de todas las plantas.

Ello, prosiguió, tiene consecuencias graves porque si se desfasa el tiempo de floración y la presencia de los polinizadores, no habrá fecundación de óvulos ni semillas, frutas y alimentos, “es un tema complejo ese desajuste entre las condiciones climáticas, la actividad fenológica de las plantas y sus interacciones bióticas”.


En su oportunidad, Carmen Cecilia Hernández Zacarías, coordinadora del área de Difusión y Educación del Jardín Botánico del IB, explicó que estos espacios además de permitir la investigación, también cumple una importante labor educativa teniendo como base las colecciones que ahí se conservan, muchas de ellas con una importancia cultural e histórica como amaranto, chile y cualquier planta que México dio al mundo.

Desde el punto de vista educativo, los jardines botánicos son puertas de acceso para que la sociedad conozca la naturaleza. En la mayoría de estos espacios “tenemos la inquietud de llevar una serie de mensajes para que la población participe, sea crítica y proteja”.

Apuntó que un mal de nuestro tiempo es la llamada ceguera vegetal, término que poco a poco se está conociendo y que implica la incapacidad de identificar a las plantas de nuestro entorno, o bien no darnos cuenta de que el café que bebemos proviene de una planta o que algunas de nuestras prendas de vestir proceden de un vegetal como el algodón.

Esta ceguera es algo que debemos combatir y erradicar, “que la gente sepa que está rodeada de plantas que son seres vivos y que tanto ellos como los humanos tenemos un papel importante, de ahí que los educadores de los jardines botánicos somos personas a quienes nos preocupa mucho esta situación y tratamos de llevar el mensaje a través de diferentes actividades, materiales y visitas guiadas”

Cerebro reptiliano: ¿tenemos realmente esta estructura ancestral?

La idea de que los seres humanos tenemos un cerebro reptiliano está muy extendida. Este sería un vestigio que nos dejaron en herencia nuestros antepasados de sangre fría, escamas y que se arrastraban por el suelo, con cara que pocos amigos.

Los lagartos, serpientes y tortugas han sido considerados como animales muy primitivos, motivo por el cual la parte más antigua de nuestro cerebro, la más instintiva y simple se la ha denominado como cerebro reptiliano.

¿Es cierto que tenemos un cerebro reptiliano? ¿Es cierto que los reptiles son tan básicos como se les ha pintado? A continuación lo veremos.

¿Tenemos un cerebro reptiliano?
Fuera del ámbito de la psicología y las neurociencias académicas está muy popularizada y extendida la idea de que los seres humanos, junto con otros mamíferos, tenemos algo así como un cerebro reptiliano. No, no es que esa teoría conspiranoica que dice que hay alienígenas con forma de lagarto entre nosotros sea cierta, sino que la idea del cerebro reptiliano dice que en nuestra especie todavía conservamos unas estructuras que poseían nuestros antepasados saurópsidos, unas áreas cerebrales encargadas de un comportamiento muy básico, primitivo e instintivo.

Esta idea se la debemos al médico y neurocientífico Paul MacLean (1913-2007) quien propuso su teoría del cerebro triúnico o triuno, un modelo para explicar la organización del cerebro humano. Su teoría trataba de darle sentido a la existencia de sistemas contradictorios o, al menos, alternativos en nuestra conducta que, por medio de la evolución, se habían organizado y coordinado para poder armonizar en un mismo organismo.


Este neurocientífico introdujo su modelo en los años sesenta del siglo pasado, aunque la desarrolló en su mayor extensión en su libro “The Triune Brain in Evolution” (1990). MacLean consideraba que en nuestro cráneo no se encontraba un único cerebro, sino tres, tres estructuras cerebrales que actuaba cada una de ellas como un ordenador biológico independiente pero interconectados entre sí que habrían aparecido a lo largo de la evolución formando como capas cerebral. Cada uno de estos cerebros tendría su propia inteligencia, subjetividad, sentido del tiempo y también memoria.

Los tres componentes del cerebro triuno serían el complejo reptiliano, el sistema límbico y la neocorteza, aparecidos siguiendo este mismo orden a lo largo de la historia de la evolución. Las especies animales más básicas desde los reptiles solo tendrían el complejo reptiliano, mientras que a medida que se va escalando por la clase de los mamíferos se añadiría el sistema límbico y, al llegar a los primates, se añadiría la neocorteza, haciendo del cerebro de seres humanos y primates mucho más complejo que el de los reptiles.

1. El cerebro reptiliano
El cerebro reptiliano o complejo-R estaría conformado básicamente por los ganglios basales, el tronco encefálico y el cerebelo, estructuras consideradas como las más básicas dentro del modelo. El motivo por el que este componente es conocido como “cerebro reptiliano” deriva del hecho de que el cerebro de los reptiles está dominado por el tronco encefálico y el cerebelo.

Según los defensores de la idea del cerebro reptiliano, esta estructura se encargaría de controlar comportamientos instintivos y se centraría en conductas fundamentales para la supervivencia, incluida la agresividad, el sentido de territorialidad, la dominación y los rituales.

El cerebro reptil estaría lleno de memorias ancestrales y se encargaría de las funciones autonómicas o viscerales como la respiración, el latido cardíaco o actividad vasomotora. También estaría implicado en el equilibrio y el movimiento muscular, encargándose de las respuestas directas y reflejas.

2. El sistema límbico
MacLean introdujo por primera vez el término “sistema límbico” en un estudio de 1952, término que acabaría teniendo mucha difusión con el paso del tiempo. Las partes clave de esta segunda capa en el modelo triúnico serían el septum, la amígdala, el hipotálamo, la corteza cingulada y el hipocampo.

Es conocido también como el cerebro paleomamífero por ser considerado como la parte cerebral propiamente mamífera más antigua. Esta estructura estaría relacionada con todo lo que implicara una respuesta emocional más compleja pero también relacionada con la supervivencia, implicándose también en la memoria y las relaciones sociales, aunque necesita interactuar con el neocórtex para procesar las emociones en su totalidad.

El sistema límbico detecta y evita las sensaciones desagradables (p. ej., el dolor) y busca las sensaciones agradables (p. ej., el placer), adquiriendo gran importancia en la motivación y las emociones que sentimos cuando satisfacemos funciones fisiológicas como alimentarse o reproducirse. También estaría detrás del comportamiento parental.

3. El neocórtex
El neocortex o corteza cerebral es una estructura que solamente se encuentra en los mamíferos, incluyéndose los seres humanos, y se considera como el cerebro propiamente mamífero más moderno. De acuerdo con el modelo, la neocorteza es la parte más característica del cerebro de los mamíferos más evolucionados, en especial los primates.

Esta estructura es la responsable de la ejecución de las funciones del cerebro de carácter más elevado, abarcando la cognición, un control motriz sofisticado y preciso además de la percepción sensorial. La evolución de esta estructura en mamíferos se considera un avance clave que permitió que los seres humanos dispongamos de funciones cognitivas tales como el lenguaje, el razonamiento, el pensamiento avanzado y la inteligencia.

El modelo triúnico considera que el cerebro humano es el resultado final de un proceso de estratificación de estas tres estructuras, es decir, que el cerebro reptiliano, el límbico y la neocorteza han ido añadiéndose a lo largo de la historia de la evolución conformando un cerebro progresivamente más sofisticado y dando como resultado el de nuestra especie. El reptiliano sería el más profundo, primitivo e instintivo; el límbico sería el componente emocional, implicado en la motivación y cuidado de la progenie; y el neocórtex sería el cerebro racional y moderno, lo que nos permite usar capacidades intelectuales superiores.

¿Es cierto este modelo?
Como comentábamos, la idea del cerebro reptiliano está muy extendida en la cultura popular, siendo asumida por muchas personas. Sin embargo, lo cierto es que el modelo triúnico es considerado un mito y si bien algunos aspectos sobre los componentes mencionados en el mismo tienen algo de sentido, lo cierto es que no hay ningún estudio que haya conseguido separar las emociones y la racionalidad de forma clara, además que la línea que separa nuestros instintos de supervivencia, emociones y aspectos cognitivos no está muy bien delimitada.

El modelo de MacLean lleva desde los años 2000 bastante descartado. La idea de que la evolución ha ido añadiendo estructuras nuevas y más complejas porque sí es contraria a lo que los científicos evolucionistas conocen sobre el proceso evolutivo. En realidad, lo que ha sucedido a lo largo de la evolución es que el cerebro ha ido reorganizando los circuitos existentes, dotándolos de mayor complejidad y nuevas funciones. La aparición de nuevas estructuras cerebrales no se da de forma súbita como si nos creciera un nuevo lóbulo de la nada, lo que ha ocurrido es que las estructuras viejas han ido cambiando.

La idea del cerebro triúnico, en especial el cerebro reptiliano, está rechazada por la mayoría de los neurocientíficos actuales, en especial entre los que tienen nociones de neuroanatomía comparada. Como prueba tenemos el caso de los ganglios basales, estructuras propias del cerebro reptiliano que podemos encontrar en mamíferos como en el león. En este felino, los ganglios son proporcionalmente mayores a los que encontramos en el telencéfalo de la mayoría de reptiles.

Otro aspecto que desmonta la teoría del cerebro reptiliano es que no se encuentra solamente en reptiles, sino también en grupos de vertebrados considerados como anteriores a la aparición de los reptiles. Un ejemplo de ello son los peces y los anfibios, animales en los que también encontramos el telencéfalo, en este caso conformado por bulbos olfatorios muy desarrollados y un cerebro posterior.

Luego tenemos el caso de las estructuras del sistema límbico. Según el modelo de MacLean, esta estructura es propiamente mamífera pero antigua, estando en todos los mamíferos pero no en los reptiles, explicando por qué los mamíferos son más cálidos y sociables mientras que los reptiles son más fríos o carentes de emociones. Esta idea es falsa, puesto que se han encontrado otros vertebrados que muestran cariño e interés por su progenie, como es el caso de ciertas especies de peces, aves y reptiles, como por ejemplo los cocodrilos.

Y finalmente hablamos del caso del neocórtex. Si bien es cierto que otros vertebrados no presentan esta estructura con forma de laminación en seis capas, esto no significa que no tengan regiones homólogas, algo así como sus propias neocortezas funcionalmente hablando. Por ejemplo, las áreas que conforman el telencéfalo de las aves se conectan entre ellas y cumple funciones similares a las reservadas para la neocorteza en el modelo triúnico.

Prueba de ello lo tenemos en el hecho de que, incluso en la cultura popular, se sabe que hay aves muy inteligentes como por ejemplo cuervos, capaces de usar palos para sacar insectos de agujeros, poner piedras en una probeta con agua para que suba el nivel y poder beberla o, incluso, discriminar entre diferentes colores, asociando unos con comida y otros con la ausencia de ella. Es decir, presentan memoria, percepción, capacidad de aprendizaje y discriminación de estímulos.

En resumidas cuentas, la idea del cerebro reptiliano está bastante desfasada. Ni los reptiles son tan básicos y simples como se los pinta ni tampoco es que tengamos un cerebro puramente reptil que funciona de forma primitiva. Cierto que tenemos motivaciones asociadas al instintivo, pero más que ser debidas a la existencia de tres cerebros semiindependientes se debe a que tenemos toda una historia evolutiva que ha ido conservando funciones consideradas adecuadas para la supervivencia.

Además, la mala fama que se les ha dado a los reptiles, considerándolos fríos, poco inteligentes y faltos de emociones desmonta por completo el modelo. Hay reptiles muy inteligentes, rápidos y que despliegan comportamientos de crianza y cariño. Estos animales, que son los únicos que podemos decir con certeza absoluta que poseen un cerebro reptiliano, no son tan básicos como MacLean denominó en su origen. Queda claro que el modelo del cerebro triúnico, aunque popular, no deja de ser un mito y que lo que tenemos los humanos es un cerebro humano.

jueves, 2 de septiembre de 2021

Descubren un nuevo tipo de exoplanetas habitables muy distintos a la Tierra

¿Por dónde comenzamos a la hora de buscar vida extraterrestre? Hasta ahora, los científicos se han centrado en lo más obvio: identificar planetas con unas condiciones similares a las que se dan en la Tierra, principalmente en cuanto a tamaño, masa, temperatura y composición atmosférica. 

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge ha presentado un análisis en el que se identifica una nueva clase de exoplanetas que también reúnen condiciones que los hacen potencialmente aptos para albergar algún tipo de vida microbiana, pero que no se parecen en absoluto a nuestro planeta. Los han llamado “planetas hiceánicos”, una expresión que hace referencia a su principal característica: sus atmósferas son ricas en hidrógeno y además están cubiertos de océanos. Según los investigadores, este tipo de planetas son más numerosos y observables que los similares a la Tierra y por tanto pueden ampliar enormemente nuestras posibilidades de encontrar planetas habitables y biomarcadores más allá de los límites de nuestro Sistema Solar.

Según los científicos, que publican sus resultados en la revista The Astrophysical Journal, estos planetas tienen una zona habitable mucho más amplia que los similares a la Tierra. Muchos de los principales candidatos identificados de este tipo son más grandes y calientes que la Tierra, pero igualmente contienen las características necesarias para albergar grandes océanos que podrían sustentar una vida microbiana similar a la que se encuentra en algunos de los ambientes acuáticos más extremos de la Tierra.

Analizando a los mini Neptuno
La mayoría de los exoplanetas identificados hasta ahora son más grandes que la Tierra o más pequeños que Neptuno, y por ello se les denomina “súper Tierra” o “mini Neptuno”. La mayoría de los mini-Neptuno son más de 1,6 veces el tamaño de la Tierra: más pequeños que Neptuno pero demasiado grandes para tener interiores rocosos como la Tierra. Estudios anteriores de tales planetas han encontrado que la presión y la temperatura debajo de sus atmósferas ricas en hidrógeno serían demasiado altas para albergar vida.

Sin embargo, estudiando el planeta mini Neptuno K2-18b, los investigadores descubrieron que, bajo ciertas condiciones, estos planetas podrían ser habitables.

El resultado condujo a una investigación detallada de la gama completa de propiedades planetarias y estelares para las que son posibles estas condiciones, qué exoplanetas conocidos pueden satisfacer esas condiciones y si sus biofirmas pueden ser observables.

Así son los planetas hiceánicos
La investigación llevó a los investigadores a identificar una nueva clase de planetas con océanos masivos y atmósferas ricas en hidrógeno. Los planetas hiceánicos pueden ser hasta 2,6 veces más grandes que la Tierra y tener temperaturas atmosféricas de hasta casi 200 grados Celsius, dependiendo de sus estrellas anfitrionas, pero sus condiciones oceánicas podrían ser similares a las propicias para la vida microbiana en los océanos de la Tierra. Dichos planetas también incluyen mundos hiceánicos "oscuros" bloqueados por mareas que pueden tener condiciones habitables solo en sus lados nocturnos permanentes, y mundos hiceánicos "fríos" que reciben poca radiación de sus estrellas.

Según los autores, es probable que estos mundos sean bastante comunes, lo que significa que, hasta ahora, los lugares más prometedores para buscar vida en otras partes de la galaxia podrían haber pasado desapercibidos.

Sin embargo, el tamaño por sí solo no es suficiente para confirmar si un planeta es hiceánico: se requieren otros aspectos como la masa, la temperatura y las propiedades atmosféricas para su confirmación. Al tratar de determinar cómo son las condiciones en un planeta a muchos años luz de distancia, los astrónomos primero deben determinar si el planeta se encuentra en la zona habitable de su estrella y luego buscar firmas moleculares para inferir la estructura atmosférica e interna del planeta, que gobiernan las condiciones de la superficie, la presencia de océanos y el potencial de vida.

Los astrónomos también buscan ciertas firmas biológicas que podrían indicar la posibilidad de vida: oxígeno, ozono, metano y óxido nitroso son algunas de las más comunes. También hay otra serie de biomarcadores, como el cloruro de metilo y el sulfuro de dimetilo, que son menos abundantes en la Tierra, pero pueden ser indicadores prometedores de vida en planetas con atmósferas ricas en hidrógeno donde el oxígeno o el ozono pueden no ser tan abundantes.

"Esencialmente, cuando hemos estado buscando estas diversas firmas moleculares, nos hemos centrado en planetas similares a la Tierra, que es un lugar razonable para comenzar", explica Nikku Madhusudhan, del Instituto de Astronomía de Cambridge y director de la investigación. "Pero creemos que los planetas hiceánicos ofrecen mayores probabilidades de encontrar varios rastros de biofirmas".

“Es emocionante que existan condiciones habitables en planetas tan diferentes a la Tierra”, explica la coautora Anjali Piette. Los tamaños más grandes, las temperaturas más altas y las atmósferas ricas en hidrógeno de los planetas hiceánicos hacen que sus firmas atmosféricas sean mucho más detectables que los planetas similares a la Tierra.

El equipo de Cambridge identificó una muestra considerable de mundos potenciales que son los principales candidatos para un estudio detallado con telescopios de próxima generación, como el Telescopio Espacial James Webb (JWST), que se lanzará a finales de este año. Todos estos planetas orbitan estrellas enanas rojas a entre 35 y 150 años luz de distancia. Las observaciones de JWST ya planificadas del candidato más prometedor, K2-18b, podrían conducir a la detección de una o más moléculas de firma biológica.

"La detección de una biofirma transformaría nuestra comprensión de la vida en el universo", indica Madhusudhan. “Necesitamos ser más abiertos en lo que respecta a dónde esperamos encontrar vida y qué forma podría tomar esa vida, ya que la naturaleza continúa sorprendiéndonos de formas a menudo inimaginables”.

lunes, 30 de agosto de 2021

¿Conoces el capulín?

Se le llama capulín y su nombre proviene de la palabra náhuatl capolcuahuitl, compuesta de capolin/cerezo y cuahuitl/árbol, así que ya te dimos una pista: se trata de una fruta que también es considerada como el cerezo mexicano. 

El capulín es un fruto consumido en México desde la época prehispánica. Es redondo, mide aproximadamente entre 1 y 2 centímetros de diámetro, de color negro rojizo cuando está maduro, en su interior tiene una pequeña semilla envuelta en cubierta dura. 

Al morderlo es carnoso y tiene un sabor agridulce. Generalmente se consume crudo. 

¿Qué recetas hacer con los capulines? 
El capulín es utilizado para preparar dulces y mermeladas, y en algunas regiones del Estado de México lo utilizan para preparar tamales, llamados “capultamal”. 

Otra forma es hacerlo postre, sólo hay que retirarle la semilla, mezclarlo con leche, vainilla y canela. Incluso puede ser fermentado para convertirse en bebida alcohólica. 

En la herbolaria, también se utiliza para tratar la tos, aliviar la diarrea y el dolor abdominal, para lo cual se cuece la raíz y las hojas y la infusión se endulza con miel de abeja. 

Pero no sólo se utiliza en recetas de cocina y remedios caseros, en entidades de la república mexicana, como en Morelos, Hidalgo y en el Estado de México, se usa en arreglos y amuletos para protegerse del mal. 


¿Por qué deberías consumirlo? 
El capulín es uno de los frutos con mayor contenido de vitaminas A, B y C, también es rico en minerales. Contiene ácido cítrico; málico y cianhídrico. Es un alimento de fácil digestión. De acuerdo con la Secretaría de Salud, el capulín ayuda a mantener un cabello, uñas y piel sanos. Y si tienes fatiga y quieres mejorar tu rendimiento físico, es un buena opción para ello. 

Cabe aclarar que, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, el capulín es un árbol originario de Canadá pero el cultivo se extiende hasta Guatemala. En México se producen más de 200 toneladas de capulín; el Estado de México, Puebla, Veracruz, Ciudad de México y Jalisco encabezan la lista de la producción.





lunes, 23 de agosto de 2021

El cacomixtle

Todas las noches, alrededor de las diez llega un visitante. Se asoma por la ventana y nos observa. Al ver que no hay actividad, voltea y hace popó en el techo de la casa.

Hace alrededor de seis meses unas popós misteriosas empezaron a aparecer en el techo. Se acumulaban y era claro que no eran humanas ni de perro o gato.

Se puso una trampa cámara para ver quién era el visitante. Esta se pone en algún lugar por el que uno crea que pasan los animales; la cámara detecta el movimiento y toma una foto o video, dependiendo de cómo la programes. Unos días después, se vio el cacomixtle en video tomado por la cámara.

Los cacomixtles son una especie nativa que convivió con nuestros antepasados prehispánicos. En casas en México están empezando a haber más cacomixtles. No son tlacuaches, no son gatos y no son mapaches. Son unos mamíferos pequeños con cola anillada y una cara delgada, como de gato.

Horacio Bárcenas, experto de la Facultad de Ciencias de la UNAM en mamíferos y en el uso de trampas cámara, ha notado este crecimiento desde hace diez años. Los vecinos de la zona de Xochimilco, en la Ciudad de México, donde él vive, le comentaban que habían visto "mapaches o algo parecido".

Desde entonces han ido aumentando las historias de gente que ve algo que parece gato, pero con cola de mapache. Aún así, tuvieron que pasar varios años para que Horacio pudiera ver uno con sus propios ojos.

La gente que vive más al sur de la ciudad ha podido ver cacomixtles seguido. Rafael de la Sota reportó que llega uno a su casa, en la zona de Tepepan. "Se llama Juanito. Le dejo manzana partida y deja el plato limpio. Sube como a las diez de la noche y se come las croquetas de Catrina, la gatita".

"A mi casa llega una familia. Viven en un terreno baldío en la calle de atrás", cuenta Diego Olvera, habitante de La Joya. Alrededor de 70 personas confirman haber visto cacomixtles, algunos desde hace más de unos meses, incluso hace años, a diferencia de Horacio.

El experto asegura que fue hasta hace unos meses que pudo ver un cacomixtle, y hace unas semanas vio uno cruzando la calle. Testigos en Tepepan, en cambio, reportan haberlo visto desde hace años.

Por ejemplo, Mariana Gómez hace dos años escuchó un ruido en su jardín y se encontró a su perro viendo a un cacomixtle. "Era como del tamaño de mi mano. Metimos a Trucas y mi papá lo sacó con un palo para liberarlo".

Bruno Tello dice que ve uno cada noche en las calles de Tepepan, a unas cuadras de la Noria y cerca del cerro de la Cruz; y no los empezó a ver recientemente, los reporta desde hace alrededor de dos años.

Uriel Caballero, quien vive muy arriba por la Picacho Ajusco, tiene uno que sospecha vive en el techo de su casa. "Lo vemos correr por la barda viniendo de la calle, hacia adentro de la casa".

Mayor presencia en el sur de la ciudad
Sí se ha observado que el crecimiento de la población de cacomixtles de la Ciudad de México se ha concentrado en el sur de la urbe; lo ha visto gente común que los confunde con gatos o mapaches, o también científicos, sabiendo perfectamente lo que son.

Horacio habló sobre una página llamada Naturalista, de la Conabio (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad). En esta página, la gente marca en un mapa dónde ha visto cacomixtles, y es interesante que se ha enfocado principalmente en el sur de la ciudad. Sí hay reportes de cacomixtles en el centro de la ciudad, pero muchos más al sur.

Se pueden ver unos en Ciudad Universitaria. Teniendo la enorme reserva ecológica ahí, no es sorprendente que haya cacomixtles cerca. Entre las 70 personas que han sido testigos de cacomixtles, lo más lejano que reportaron fue uno en Iztapalapa y otro por la campestre de Churubusco, que se puede ver en el mapa también.

No se sabe exactamente porqué está creciendo la población de cacomixtles en la Ciudad de México, pero hay hipótesis al respecto. Por ejemplo, puede ser que se empezaron a adaptar tanto a las nuevas posibilidades de vivienda y al alimento disponible.

Horacio cuenta que en su casa tienen el tinaco puesto sobre unos soportes huecos y él ha visto lo que parece una madriguera de cacomixtles ahí mismo. Hay otro caso de una chimenea que no se usa y se cree que ahí están viviendo. En general buscan vivir en pequeños huecos en los que se puedan refugiar de depredadores y del frío para que las crías sobrevivan.

Por donde vive Horacio, en Xochimilco, los vecinos tenían plantaciones de chayote y empezaron a notar que se comían los chayotes tiernos. También ahora se están alimentando de basura que la gente pone en las calles y en lo que llega el camión de la basura, los animales comen de ahí.

¿Convivencia o competencia con otras especies?
Los cacomixtles son carnívoros no estrictos, esto quiere decir que pueden comer otras cosas como insectos, frutas y verduras. Lo que se cree que pasa es que se han acostumbrado a comer las otras cosas como frutas y verduras, por lo que probablemente han aumentado.

Hay otro punto que puede ser el responsable del éxito de los cacomixtles y es la falta de depredadores.

A Horacio le han contado que también ha incrementado el número de halcones de Harris en la ciudad. Estos son aves carnívoras que suelen comer mamíferos pequeños, como ratas, ratones y ardillas. Ahora la gente ha reportado que ellos se están llevando cacomixtles (e incluso gatos), pero esto los haría los únicos depredadores ya que también hay testimonios de que los gatos y los cacomixtles son amigos.

No sólo Juanito y Catrina, también Horacio ha visto varias veces que pasa un cacomixtle frente a un grupo de gatos y no hacen nada. Los perros podrían ser un depredador, pero el cacomixtle tiene una increíble habilidad para escalar desde árboles hasta las casas.

Esta habilidad se debe a que pueden girar sus patas 180 grados para poder subir o bajar sin lastimarse, como lo hacen las ardillas. Entonces es probable que si un perro lo empieza a perseguir, el cacomixtle escala y ya está a salvo, lejos del alcance del posible depredador.

Los científicos no saben en qué afecta este crecimiento a poblaciones de animales nativos, introducidos (traídos por el humano a propósito o por accidente) o exótica (que llegó, no habita ahí normalmente) porque no se ha hecho un estudio sobre el impacto de los cacomixtles sobre ellos.

Se cree que no va a haber un impacto negativo, ya que en realidad son una especie que no es agresiva y por lo tanto no va a crear un problema. Si acaso habría un problema de competencia, pero se verían desplazadas especies introducidas por el humano que le quiten los recursos a esta especie nativa.

La especie de cacomixtle que vive en la Ciudad de México (Bassariscus astutus) no está en peligro de extinción, pero su primo, el cacomixtle del sur (Bassariscus sumichrasti) sí. Este habita en el sur del país y es un poco más oscuro y pequeño que su primo citadino. Se encuentra en peligro por la destrucción de su hábitat.

Horacio espera llevar a cabo un proyecto que logre responder todas las dudas de este crecimiento de población. No hay explicaciones de por qué hasta ahora empezó a aumentar, qué cambió y si es en todos los lugares que habitan o sólo en la Ciudad de México. Los cacomixtles están adaptándose a un territorio que es de ellos desde antes de que llegaran los Españoles a conquistar nuestro país y aún no se sabe a qué se debe esta adaptación.

sábado, 21 de agosto de 2021

Los ojos, la luz y los colores de la naturaleza

No me podréis negar que el otoño es uno de los momentos más dulces del año. Los paseos por el campo tienen en esta época matices que no podríamos encontrar en ninguna otra estación. En estos días se reúnen en nuestro Mediterráneo un conjunto de circunstancias que los hacen de lo más especiales. Por fin respiramos después de los intensos calores del verano, alguna llovizna nos humedece el camino y bajo los chopos amarillos se acumulan las hojas. Este es también el momento de la maduración de las frutas de la maquia y el bosque. Los arándanos (Prunus spinosa), la zarzamora (Rubus ulmifolium) o los frutos colgantes de la zarzaparrilla (Smilax aspera), que ofrecen su pulpa a cambio de un viaje en el estómago del pájaro que las consuma. Frutos de otoño que se nos presentan a los ojos humanos con tonalidades negruzcas. ¿Pero estamos seguros que son negras?

El ojo humano es muy limitado, solamente reconocemos tres colores básicos que van de la longitud de onda del azul hasta el rojo. Se nos escapan los extremos y de este modo no somos capaces de ver colores en la banda de los ultravioletas. Y sin embargo, numerosas especies de animales sí que pueden aprovechar esta longitud de onda. Las retinas de insectos y otros artrópodos, peces, reptiles, pájaros, e incluso algunos mamíferos, van más allá de nuestro espectro cromático. Muchas de las frutas negruzcas a las que hacíamos referencia reflejan en realidad rayos de longitud de onda correspondientes a la banda del ultravioleta cercano que, sobre el verde dominante, resultan un mensaje llamativo e irresistible: ¡cómeme!

Y esta relación mutualista no es un caso aislado, la recepción de la luz ultravioleta interviene en muchas relaciones inter e intraespecíficas. En una línea parecida es conocido desde hace décadas que muchas flores presentan señales en esta longitud de onda que las hace más detectables para abejas y otros himenópteros o para pájaros polinizadores como los colibríes. Un caso extremo lo encontramos en México, en plantas del género Lisanthria, polinizadas por ciertas especies de colibrí, que presentan coloraciones completamente enlutadas, un suceso muy extraño en la naturaleza.

Pero no todo queda aquí, la propiedad de desvanecerse rápidamente en el medio aéreo hace de los reflejos ultravioletas un medio de lo más adecuado para el emparejamiento de muchas especies de pájaros. Esto es muy importante cuando uno quiere hacerse evidente a las posibles parejas sin convertirse en objetivo de los depredadores; así es como los machos del herrerillo (Parus caeruleus) son vistos por las hembras cercanas en tonos ultravioletas y se hacen un poco más difíciles de detectar por las rapaces. La misma función logra la medalla del pechiazul (Luscinia svecica) y muchos otros plumajes, incluso de pájaros muy poco vistosos al ojo humano como son los córvidos. El uso de este medio de comunicación todavía presenta una ventaja adicional, ya que la reflexión de la luz ultravioleta depende a menudo de la estructura de las plumas, más que de los pigmentos que contiene, así los ejemplares con mejor forma física aparecerán como individuos sanos, con las plumas de color uniforme y muy atractivo.

A pesar de todo, exageramos. Somos los humanos los que no vemos estos reflejos en ultravioleta. De hecho parece muy extendido en linajes muy dispares y eso hace pensar que ha estado presente desde la conquista del medio terrestre por parte de los animales y quizá antes, cuando los precursores de los actuales grupos zoológicos nadaban en un mar somero, en el Silúrico y el Devónico: hace unos cuatrocientos cincuenta millones de años, cuando la atmósfera no retenía los rayos ultravioletas como ahora. Los primeros investigadores que comprobaron la existencia de receptores de esta clase en los ojos de las abejas y pájaros quedaron maravillados, tanto que impregnaron las interpretaciones de esta capacidad con su entusiasmo. La magnificación del uso que los animales hacían de la visión en la banda de los ultravioletas hizo que, hasta hace pocos años, los estudiosos de este aspecto pensaran que tenían una importancia superior a la del resto de longitudes de onda en muchos aspectos de la etología de los animales que la poseían. Ahora comenzamos a saber que cada especie hace de ella un uso diferente y que son muchas las que tienen el ultravioleta como una más de las bandas de su espectro cromático, pero en absoluto la más importante.

Las limitaciones del ojo humano a menudo nos hacen vivir en un mundo diferente al de nuestros compañeros de viaje. Y, a veces, maravillados, exageramos la importancia de algunas cosas que son como son, no como las vemos.