Bienvenidos al blog de ciencia para pasar el rato, siempre será mejor que ver la tele.
miércoles, 15 de abril de 2026
Mal de Parkinson
martes, 8 de julio de 2025
Así se ve la ira a la luz de la neurociencia
Si está descontrolada, la ira es una emoción negativa y dañina con nosotros mismos y con los que nos rodean. Sin embargo, también es un sentimiento básico y, como tal, cumple un papel clave en la supervivencia, ya que, ante una amenaza real, solo poniéndonos en guardia logramos protegernos.
Entre el bienestar y la furia incontrolable
Al igual que el placer, el enojo nace en el sistema límbico del encéfalo. Cuando asoma, la frecuencia cardiaca aumenta, la tensión arterial sube, se libera testosterona a raudales y se incendian las orejas. Simultáneamente, el cortisol –una hormona producida por la glándula suprarrenal– cae y se achanta el estrés. Además, la furia estimula la corteza frontal izquierda del cerebro, ligada a las emociones positivas y la felicidad. Sí, has leído bien: por paradójico que resulte, un berrinche puede infundirnos bienestar.
No obstante, una cosa es indignarse por un buen motivo y otra dejarse arrastrar asiduamente por la ira. Entre otras cosas porque quienes acostumbran a estar que muerden son tres veces más propensos a sufrir enfermedades cardiovasculares de forma prematura. Para colmo, la probabilidad de ataque cardiaco es 8,5 veces mayor en las 48 horas que siguen a un monumental enfado valorado en su escala con un cinco –gran enojo, tensión, nudillos o dientes apretados…– o más. La escala tiene su tope en el siete, que es cuando nos salta la tapa de los sesos y nos ponemos a lanzar objetos, nos hacemos daño o se lo infligimos a otras personas.
No acaba ahí la cosa
Ponerse hecho un energúmeno también desencadena cambios en el encéfalo. Y estos hacen que, si eres violento una vez, te resulte más fácil repetir ese comportamiento. De demostrarlo se encargaron en 2015 neurobiólogos rusos y neoyorquinos. En experimentos con ratones, comprobaron que, tras una pelea, los ganadores se volvían más bravucones, y que el cambio coincidía con un aumento del número de neuronas en una estructura del hipocampo conocida como giro dentado. Curiosamente, la activación de estas nuevas neuronas perpetuaba la conducta agresiva. Dicho de otro modo, en el cerebro la agresividad se retroalimenta.
Que te enfades si te insultan, si te atacan, si tu pareja te es infiel o si te despiden del trabajo es completamente natural, y hasta sano. Lo que no lo es tanto es que experimentes una furia incontrolable y ganas de gritar cuando vas en el metro y escuchas al pasajero de al lado mascar chicle. Sin embargo, hay a quien le pasa.
Trastornos asociados a perder el control
Peor aún es ser víctima del trastorno explosivo intermitente (TEI). De acuerdo con las últimas estimaciones de la Universidad de Harvard (EE. UU.), uno de cada diez hombres adultos y una de cada veinte mujeres se irritan de forma desproporcionada ante situaciones como un atasco de tráfico o un vendedor que se equivoca al devolvernos el cambio.
Lo peor de ellos es que pierden el control, y lo hacen hasta el punto de que el arrebato puede llevar a insultar o, lo que es aún peor, a arremeter físicamente contra propiedades, animales o incluso personas. Que esto nos suceda dos o más veces por semana debería hacer saltar nuestras alarmas, ya que, a la larga, los afectados tienen peores puestos de trabajo, menos amigos y también altas tasas de divorcio.
Una avería en los frenos de la ira
En otras palabras, tienen seriamente averiados los frenos para la ira. Cuando la parte impulsiva de la mente se activa, no hay quien les pare los pies. Y, claro, siempre están a la que saltan. Para colmo, un estudio de la Universidad de Chicago (EE. UU.) sacó a relucir que estos individuos confunden expresiones faciales neutrales con gestos hostiles. Y eso provoca que se sientan agredidos sin ningún motivo real.
¿Respirar, contar hasta diez o soltar tacos?
A ellos, como al común de los mortales, les beneficia respirar hondo. También es efectivo contar hasta diez, aunque con excepciones. Según un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York (EE. UU.), si tenemos claras las consecuencias negativas de enojarnos, este sistema infunde calma y ayuda a controlar la agresividad. Pero si no hay consecuencias evidentes, contar hasta diez puede ser incluso contraproducente y contribuir a que nos encendamos todavía más.
“Cuando estés irritado, cuenta hasta diez; cuando estés muy irritado, suelta tacos”, recomendaba el irónico escritor Mark Twain. Y parece que acertaba de lleno. Porque resulta que las palabrotas son una forma inocua de liberar la ira que, para colmo, tienen efectos colaterales muy positivos. A nivel cerebral, decir tacos funciona como una aspirina: tiene efectos analgésicos y reduce el dolor. A lo que se suma que científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) demostraron que percibimos como más honestas y sinceras a las personas que usan palabrotas. Y eso templa los ánimos. Así que si te enfadas, no te cortes, ¡Chinga!
Si te enfadas échale la culpa de tu ira a...
Las grasas trans
Una investigación de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.) demostró que abusar de las grasas trans presentes en la comida basura, los fritos y la bollería industrial fomenta la ira. Lo achacan a que interfiere con el metabolismo del omega-3, un ácido graso fundamental para nuestras neuronas que mantiene al cerebro ágil y espabilado.
Las redes sociales
¡Cuidado! La furia es viral. Un estudio en el sitio web Weibo, el equivalente chino de Facebook y, en menor medida, Twitter, demostró que la ira es la emoción que más rápidamente se contagia en las redes sociales, y también la que más respuestas genera.
Demasiado autocontrol
¿Te salta la tapa de los sesos cuando, por ejemplo, intentas dejar de fumar o te pones a dieta? No es casualidad. Se ha comprobado que llevar a cabo un esfuerzo demasiado grande de autocontrol nos convierte en un blanco fácil para la ira y la agresividad.
Tus genes
La hostilidad podría tener también raíces genéticas. En la Universidad de Pittsburgh (EE. UU.), han identificado ciertas variantes del gen del receptor de la serotonina –la molécula del buen humor– asociadas a comportamientos agresivos. Es decir, que la tendencia a cabrearse como un mono se hereda.
La masificación
De acuerdo con un reciente estudio de la Universidad Cornell (EE. UU.), cuanto más pegados vivimos unos a otros, más irritables nos volvemos. La alta densidad de población incrementa los niveles sanguíneos de la hormona del estrés, el cortisol. Una molécula que, a la larga, nos predispone a ser peleones.
La inflamación
Esta y la agresividad están biológicamente conectadas. A esa conclusión llegaron neurocientíficos de la Universidad de Chicago (EE. UU.). Según sus pesquisas, las personas irascibles tienen más marcadores de inflamación en sangre que las que se toman las cosas con serenidad. Lo que no está claro es qué viene primero: si la inflamación o la ira.
sábado, 26 de abril de 2025
La envidia más que un pecado según la neurociencia
Aparece cada vez que a tu compañero de trabajo el jefe le da una palmadita en la espalda y a ti no. Y cada vez que Instagram te enseña un selfi de tu mejor amiga bañándose en las aguas turquesas de una playa solitaria de Menorca. La reconoces porque te deja un regusto amargo en la boca. Preferirías no sentirla. Pero no puedes evitarlo. Más que nada porque, evolutivamente, a los humanos nos resultaba ventajoso.
La envidia era el modo que tenían nuestros antepasados de evaluar su posición frente a la de los demás –sobre todo, aquellos que más se les parecían– en la competición por los recursos y de compararse para saber dónde estaban y si tenían que hacer algunos ajustes para recuperar posiciones en la lucha por la supervivencia y la reproducción.
El sufrimiento que produce sentir envidia es indistinguible del generado por una quemadura. Y, sin embargo, socialmente tiene connotaciones positivas. Para destacar que algo es realmente bueno afirmamos que es envidiable. “Virtud envidiada es dos veces virtud”, decía Quevedo. En nuestro fuero interno, nos cuesta concebir el éxito si no despierta algo de envidia. Incluso distinguimos entre la “envidia sana” y la que nos pone “verdes de envidia”.
En esto último, la ciencia nos da toda la razón. De acuerdo con una investigación de la Universidad de Tilburgo (Holanda), hay que diferenciar entre la envidia que se dirige a personas que han conseguido lo que nosotros codiciamos y la que se centra en lo que posee y anhelamos. La primera es la pecaminosa, nos hace desear que al otro se le tuerzan las cosas y se asocia a sentir placer cuando a los otros les va mal (schadenfreude lo llaman, es decir, regodeo en el mal ajeno).
La segunda nos predispone a adoptar un punto de vista constructivo para lograr lo que no tenemos. Nos motiva para tomar ejemplo y equipararnos o superar a aquellos a quienes envidiamos. En el primer caso, vemos a alguien delgado, refunfuñamos un “vaya suerte tiene” y solo imaginarle ganando peso ya nos causa placer. En el segundo, experimentamos tal envidia por su delgadez que… ¡nos apuntamos esa misma tarde al gimnasio!
Últimamente, la envidia –la mala– se ha agudizado con el uso de las redes sociales. Según un estudio de la Universidad Técnica de Darmstadt (Alemania), tanto la envidia como los celos incrementan con el uso de Facebook. Sobre todo si se hace un uso pasivo de las redes, es decir, si se mira lo que otros publican en lugar de postear y comentar.
Facebook e Instagram son una oportunidad para la comparación social a una escala sin precedentes, dicen los expertos. De hecho, un 41 % de los internautas admiten sentir envidia cuando ven lo aparentemente felices que son sus amigos de Facebook e Instagram, explicaba un estudio de la empresa Kaspersky Lab. Especialmente si tienen más cantidad de me gusta que nosotros.
Las que más desazón causan son las entradas e imágenes publicadas durante las vacaciones, practicando un hobby o en una fiesta. Justo el tipo de momentos que más suelen compartir los usuarios.
Sientes envidia de quien gana una medalla que tú no consigues, y celos si invitan a tu compañero a una fiesta pero no a ti. Por otro lado, un estudio de la Universidad de Valencia realizado en el ámbito laboral reveló que las mujeres suelen manifestar más celos que ellos hacia las rivales que las superan en atractivo físico y más envidia hacia contrincantes más poderosas y dominantes.
Por paradójico que resulte, tanto los celos como la envidia tienen algo en común con el afecto y la empatía: la oxitocina. Esta hormona no solo fomenta las conductas prosociales positivas, sino que puede amplificar los sentimientos negativos. Vamos, que lo mismo que potencia el altruismo y la creación de relaciones afectivas mientras nos sentimos bien, cuando nos sentimos en desventaja frente a otros puede disparar la agresividad y el sentimiento de envidia, tal y como demostraron científicos de la Universidad de Haifa (Israel). Como dos caras de la misma moneda.
Estos cinco puntos pueden influir en la aparición de este sentimiento con el que a ninguno nos gusta tener que lidiar porque puede provocarnos un gran malestar.
Espejito, espejito, ¿quién es el más envidioso? Probablemente, el más joven. Un estudio de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.) demostró que los jóvenes sienten más envidia –y por razones más variadas– que los maduros. Lo habitual es que el sentimiento se lo provoque alguien de su género.
La envidia ha sido relacionada con la edad, la oxitocina, la personalidad y las redes sociales. Imagen de André Santana Design André Santana en Pixabay.
En situaciones afectivas, la llamada hormona del amor aumenta los sentimientos positivos, como el afecto que sienten los padres por sus hijos. Sin embargo, en circunstancias en que prima la competitividad, un chute de oxitocina fomenta la envidia e incluso la agresividad.
El 90 % de la gente se puede clasificar en cuatro tipos básicos de personalidad: optimista, pesimista, confiado y envidioso, según un trabajo realizado en la Universidad Carlos III de Madrid. El patrón de envidioso es el más numeroso, con un 30 % frente al 20 % de cada uno de los grupos restantes.
Investigadores canadienses de la Universidad de Columbia Británica demostraron que mirar en Facebook lo que otros publican hace que los usuarios de esta red social sientan que sus vidas están incompletas. Lo grave es que, para compensarlo, reaccionan creando contenidos que retratan “su mejor yo”. Pero provocar celos con retratos poco realistas no nos hace más felices.
Si fueras narcisista, no sabrías lo que es la envidia. Un estudio de la Universidad Estatal de Iowa (EE. UU.) publicado en Journal of Personality demostró que el inflado sentimiento de superioridad de los auténticos ególatras hace que “no envidien a nadie porque todo el mundo es menos que ellos”.
jueves, 6 de febrero de 2025
11 alimentos beneficiosos para el cerebro y la memoria
Las neuronas pueden y deben estimularse de diferentes maneras a lo largo de la vida, y la alimentación es una buena forma de lograrlo.
Estos 11 alimentos beneficiosos para el cerebro y la memoria no deben faltar en tus comidas diarias.
La importancia de determinados nutrientes
Todo lo que comes puede influir en la estructura y la salud del cerebro. Es decir, una dieta rica en alimentos beneficiosos para el cerebro no solo lo estimulará, sino que potenciará tus funciones cognitivas, a corto, medio y largo plazo.
Para mejorar tu capacidad cognitiva, sigue una dieta rica en nutrientes, como ácidos grasos y omega-3 (que crean y reparan las células cerebrales) y antioxidantes (que reducen el estrés celular y la inflamación, principales causas del envejecimiento y de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer).
La memoria y la concentración se pueden potenciar, al igual que otras tareas mentales. Los alimentos que elijas pueden propiciar la salud de tu cerebro.
Los alimentos beneficiosos para el cerebro y la memoria deben ser ricos en:
Antioxidantes, como flavonoides y vitamina E.
Vitamina B.
Grasas saludables.
Ácidos grasos y omegas.
Una dieta rica en los siguientes alimentos beneficiosos para el cerebro y la memoria puede contribuir a mejorar la función cerebral y prevenir enfermedades neurodegenerativas.
Sin embargo, es importante reiterar que llevar un estilo de vida más saludable es fundamental: haz ejercicio físico con regularidad, descansa bien y disfruta de una buena higiene. Evita o reduce el consumo de tabaco, alcohol, grasas y azúcar.
Ahora, toma nota de los 11 alimentos que debes incluir siempre en tu lista de la compra.
Pescados como el atún, la caballa, el salmón y las sardinas se denominan pescado azul y son una importante fuente de Omega-3 y ácido docosahexaenoico (DHA).
Estos componentes pueden regular la función neuronal, así como beneficiar la capacidad del cerebro de almacenar información.
Los pistachos, las nueces de macadamia, las almendras y las nueces son muy útiles. Las nueces y las semillas de calabaza, de lino y de girasol benefician la función cerebral y la memoria.
Como los frutos secos y las semillas son fuente de omega-3, omega-6, vitaminas B6 y E, ácidos grasos, proteínas y antioxidantes, mejoran el funcionamiento del cerebro reduciendo el envejecimiento de las células cerebrales, protegiéndolas de su efecto oxidante.
Estas propiedades refuerzan la memoria y las funciones cognitivas, y se ha demostrado que reducen las posibilidades de sufrir demencia y Alzheimer.
Las espinacas son ricas en vitamina E y ácido fólico. Estas propiedades se asocian a una reducción del índice de tumores y células cancerosas, así como a la ralentización del envejecimiento neuronal.
Las mejores opciones para llenar el cajón de la fruta son: fresas, grosellas, arándanos, moras y açaís, entre otros frutos rojos.
La mayoría contienen flavonoides, que resultan beneficiosos para el cerebro y la memoria. Los antioxidantes incluso ayudan a reducir la inflamación y el estrés oxidativo.
Además, muchas de estas frutas contienen fisetina, un flavonoide que potencia la comunicación entre las neuronas y, por lo tanto, estimula las funciones cognitivas, como el aprendizaje, la memoria, la razón y la atención.
Además, estos alimentos ayudan a reducir la pérdida de memoria, el deterioro cognitivo y los trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer.
Huevos
Los huevos son ricos en nutrientes importantes para el cerebro, como el ácido fólico, la vitamina B6 y la vitamina B12, que pueden ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.
Además, la yema de huevo contiene colina, un componente que permite prevenir las demencias relacionadas con la edad, como el Alzheimer.
Otros alimentos que incluyen compuestos similares son el hígado, el brócoli, la coliflor y el bacalao.
Seguro que no esperabas la aparición de un dulce en esta lista. Aunque debe consumirse con moderación, el chocolate negro contiene cacao, con muchos flavonoides, que es un tipo de antioxidante. Los antioxidantes mejoran la salud del cerebro porque protegen este órgano del estrés oxidativo causado por los radicales libres.
Así, el chocolate negro potencia las funciones cognitivas y la memoria, previniendo enfermedades neurodegenerativas.
Este alimento puede estimular el flujo sanguíneo del cerebro, lo que beneficia el buen funcionamiento de las neuronas.
Cereales como el arroz integral, la cebada, el trigo, la avena, el pan y la pasta integrales son ricos en vitamina E, otra vitamina beneficiosa para la salud del cerebro. Los cereales son una buena base para preparar tus comidas o para acompañarlas y mejorar las funciones cognitivas.
La cafeína natural que contiene el té verde estimula la concentración, ya que logra bloquear los efectos de un componente cerebral, la adenosina, que induce el sueño.
La cafeína se puede encontrar en otras bebidas como el café y el té negro; sin embargo, sus propiedades no son tan beneficiosas para el cerebro y, a menudo, pueden sobreestimularlo y provocar el efecto contrario.
Así que el té verde con cafeína natural ayuda al cerebro a procesar información y a tejer una actividad más compleja, resultado de la entropía, otra sustancia cerebral.
Por último, la cafeína aporta antioxidantes, que combaten el envejecimiento cerebral y reducen el deterioro cognitivo.
Los cacahuetes merecen un reconocimiento especial por su valor nutricional. Se trata de un alimento rico en proteínas y grasas saludables insaturadas, que regulan los niveles de energía. Además, son una fuente de vitaminas y minerales (como la vitamina E y el resveratrol) y contribuyen a mejorar la salud del cerebro.
Se ha demostrado que el resveratrol tiene un efecto protector frente a la inflamación y las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, el Parkinson y el cáncer. Sin embargo, debes tomarlos con moderación, preferiblemente crudos y sin sal.
Las crucíferas son una buena fuente de fibra y nutrientes que benefician el funcionamiento del cerebro. El brócoli, por ejemplo, contiene glucosinolatos, sustancias conocidas por descomponer los isotiocianatos, que disminuyen el estrés oxidativo y reducen el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Además, el brócoli contiene vitamina C y flavonoides, los antioxidantes que estimulan la función cerebral.
Otras verduras como la col rizada pueden mejorar la salud del cerebro, porque también contienen glucosinolatos, antioxidantes, vitaminas y minerales.
Con esto en mente, toma nota de las verduras que deben estar presentes en tus comidas:Coles de Bruselas
Pak choi
Repollo
Coliflor
Nabos
Col rizada
Los alimentos derivados de la soja son una importante fuente de polifenoles (isoflavonas) que aportan antioxidantes, disminuyen el riesgo de demencia y mejoran las funciones cognitivas durante el envejecimiento.
Ahora que conoces los 11 alimentos beneficiosos para el cerebro y la memoria, procura incluirlos en tu dieta para aprovechar los beneficios que aportan para la capacidad cognitiva y su poder de reducir enfermedades neurodegenerativas. La Escuela de Medicina de Harvard afirma que no existe una receta mágica para prevenir el deterioro cognitivo; por lo tanto, tu dieta no debe basarse en un único alimento saludable para el cerebro: combina varios y no cuentes únicamente con esta medida de prevención. Mantén siempre una buena actividad física y mental.
En nutrición se destaca la importancia de seguir una dieta saludable y variada que incluya fruta, verdura, legumbres y cereales integrales. Opta por alimentos de origen vegetal y pescado, que aportan proteínas, y elige grasas saludables, como el aceite de oliva, en lugar de grasas saturadas.
Los estudios demuestran que los mejores alimentos para el cerebro están relacionados con los que protegen el corazón y los vasos sanguíneos.
sábado, 11 de enero de 2025
Sabíamos que los cefalópodos eran inteligentes.
El "test del malvavisco". En la prueba original se ofrece un dulce a un niño y se le explica que, si no se lo come, se le darán más en un rato. Aquellos capaces de demorar la gratificación, de esperar al premio mayor, son los que pasan el test.
Los investigadores tuvieron que adaptar esta prueba para su uso en sepias. A los animales se les mostraban dos alimentos, uno más apreciado que otro, detrás de puertas marcadas con formas simples (círculos, cuadrados…). Los animales habían sido entrenados para saber que estas formas indicaban que las puertas se abrirían pasado un tiempo más largo o más breve.
Detalles. Cuando las sepias se comían la primera presa, los investigadores retiraban la segunda y más apetecible. No lo tuvieron que hacer en muchas ocasiones, porque las sepias fueron capaces de aprender que la paciencia les llevaba a un botín mejor. Y esperaron. Los detalles del experimento fueron publicados en un artículo en la revista Proceedings of the Royal Society B.
Hábitos de caza. En el artículo los investigadores especularon con el porqué de esta habilidad. La hipótesis que proponían que la explicación podría estar en la estrategia que siguen estos animales para cazar.
Las sepias suelen camuflarse y esperar a que sus presas se acerquen para emboscarlas. Al atacar pierden su camuflaje, lo que no solo implica que puedan espantar a otras presas que se encuentren en las inmediaciones sino que se hacen también vulnerables ante depredadores. Sería por eso que esta facilidad para esperar a presas mejores se derive de una estrategia evolutiva de estos animales.
Los invertebrados más listos. Los cefalópodos cuentan con los sistemas nerviosos más complejos y desarrollados de entre los invertebrados. El estudio nos muestra la correlación entre este desarrollo cerebral y la inteligencia de estos animales.
Cada vez más conscientes. La inteligencia de los animales es un tema de estudio para muchos investigadores, que no solo la analizan a través de experimentos como este sino que también la exploran las circunstancias evolutivas que llevaron al desarrollo de las habilidades cognitivas a las que solemos denominar inteligencia.
Un estudio reciente, también publicado en la revista Proceedings of the Royal Society Bseñalaba cinco momentos de la historia evolutiva claves en el desarrollo de inteligencias como la humana. El hecho de que los invertebrados se diferenciaran de otras líneas evolutivas tras el primero de estos puntos (cuentan con un sistema nervioso que les da la capacidad de moverse de forma coordinada), no parece impedir a estos animales resolver problemas simples como los de este test.
Chicos listos. Pero los mejores ejemplos de inteligencia del reino animal suelen encontrarse entre mamíferos y aves. Aves como los cuervos han dado muestras de sus capacidades no solo en la resolución de problemas sino también en las mnemotécnicas. Dentro del grupo de los mamíferos tenemos a primates, delfines, cerdos y otros muchos ejemplos de animales con esta capacidad resolutiva. Y los humanos, claro.
lunes, 25 de noviembre de 2024
Descubren la molécula que actúa como "pegamento" para retener los recuerdos a largo plazo
VALERIA ATZIYADE RAMIREZ CRUZ
El hallazgo se centra en la molécula KIBRA, descrita como el "pegamento" que asegura la unión de la enzima PKMζ a las sinapsis, fundamentales para el almacenamiento de la memoria. Este descubrimiento proporciona una explicación sobre cómo el cerebro es capaz de mantener recuerdos intactos a pesar de la constante renovación de sus componentes moleculares, un proceso natural que ocurre cada pocos días.
La molécula que preserva los recuerdos
La investigación, liderada por el profesor Todd C. Sacktor, de la Universidad de Ciencias de la Salud SUNY Downstate, y el profesor André Fenton, de la Universidad de Nueva York, ha demostrado que KIBRA actúa como un anclaje persistente para PKMζ en las sinapsis activadas durante el aprendizaje. “Por primera vez, tenemos una comprensión biológica fundamental de cómo la memoria puede durar años, tal vez incluso décadas”, afirmó Sacktor a PsyPost.
Los experimentos, realizados en rodajas de hipocampo de ratones y con el uso de avanzadas técnicas de microscopía confocal, han confirmado que la interacción entre estas dos moléculas es crucial para mantener la fuerza de las conexiones sinápticas relacionadas con la memoria. Cuando esta interacción se bloqueó con el fármaco ζ-stat, las sinapsis previamente reforzadas durante el aprendizaje perdieron su fortaleza, afectando directamente la capacidad de retener información a largo plazo.
Implicaciones para los trastornos de la memoria
Los investigadores destacan que este descubrimiento no solo resuelve un importante interrogante en neurociencia, sino que también abre nuevas posibilidades para el tratamiento de enfermedades relacionadas con la memoria, como el Alzheimer o el trastorno de estrés postraumático. “Queremos explicar cómo se inicia el proceso de persistencia de la memoria y cómo aprovechar este conocimiento para mejorar los resultados en trastornos como la enfermedad de Alzheimer”, explicó Fenton.
El estudio también evidenció que, aunque PKMζ y KIBRA son esenciales para la memoria a largo plazo, no todos los recuerdos dependen de este mecanismo molecular, lo que sugiere la existencia de sistemas alternativos que podrían ser explorados en futuras investigaciones.
Como explican sus autores a PsyPost, la interacción KIBRA-PKMζ ha sido comparada con la paradoja del barco de Teseo: aunque los componentes moleculares se renuevan constantemente, el complejo persiste, asegurando que las sinapsis activadas sigan siendo funcionales para almacenar información. Este avance representa un paso significativo hacia la comprensión de cómo los recuerdos moldean nuestra experiencia y cómo podrían ser utilizados en beneficio de la medicina y la salud mental.
lunes, 11 de noviembre de 2024
Neurólogos revelan qué experimentan las personas antes de morir
|
Publicado en la revista científica Neuron, el estudio muestra que la estimulación del córtex parietal medial (PMC) - una región del cerebro asociada con la percepción de uno mismo en el espacio - desencadena estas sensaciones.
El descubrimiento comenzó cuando el Dr. Parvizi atendió a un paciente con epilepsia que describía una experiencia extracorporal recurrente. Intrigado, Parvizi y su equipo decidieron investigar el fenómeno a nivel cerebral. La hipótesis fue que las convulsiones del paciente alteraban su “yo narrativo”, esa construcción mental que mantiene la identidad y ubicación en el espacio. Las pruebas posteriores revelaron que estimulando eléctricamente el precúneo, dentro del PMC, se reproducían de forma controlada estas sensaciones de “salida del cuerpo”.

El PMC, explicó Parvizi en una entrevista con la radio pública de Estados Unidos ayuda a definir el “yo” en relación con el espacio, los objetos y las personas alrededor. La activación de esta área provoca una desconexión temporal con el cuerpo físico, haciendo que el individuo sienta que observa el mundo desde afuera. Estas experiencias, aunque antes interpretadas como “místicas”, parecen estar ligadas a la arquitectura misma del cerebro.
El estudio del Dr. Parvizi y otras perspectivas
El hallazgo fue destacado por el neurocientífico Christophe López, del Centro Nacional de Investigación Científica en Francia, quien sugiere que esta investigación arroja luz sobre cómo el cerebro etiqueta experiencias como propias. La disociación generada por la activación del PMC se relaciona con la percepción que el oído interno tiene del movimiento y posición del cuerpo en el espacio. López afirma que esta red neural podría explicar las experiencias de “desprendimiento” en personas bajo condiciones extremas o de trauma.
Investigaciones paralelas, como la de Patrick Purdon en Harvard, demuestran que ciertas sustancias también pueden activar el precúneo de forma similar a la estimulación eléctrica. La ketamina, un anestésico conocido por sus efectos disociativos, es un ejemplo de cómo ciertos compuestos pueden inducir sensaciones de “salida del cuerpo”, replicando la experiencia mística sin la proximidad a la muerte. En dosis elevadas, esta droga desencadena sensaciones que incluyen la percepción de flotar, euforia y un aparente “viaje hacia la luz”, según explica Enzo Tagliazucchi, experto en drogas psicodélicas.
En la fase final de la vida, el cerebro humano podría liberar una sustancia endógena llamada DMT (N,N-dimetiltriptamina), que genera efectos parecidos a los de la ketamina, tal como describe un estudio en Frontiers. Este compuesto, presente en algunas plantas y en el cerebro, es conocido por sus potentes efectos alucinógenos y puede provocar experiencias cercanas a la muerte, con sensaciones de trascendencia, euforia y una separación temporal de la conciencia del cuerpo físico.
Además de ofrecer una explicación científica a un fenómeno antes asociado al misticismo, estos hallazgos tienen aplicaciones prácticas. El avance en la comprensión del PMC y el precúneo podría ayudar a desarrollar terapias para personas que padecen ansiedad y miedo a la muerte, y ofrecer tratamientos que mitiguen la angustia en pacientes terminales.

La posibilidad de recrear de manera controlada las sensaciones de calma y trascendencia también abre la puerta a potenciales avances en el tratamiento de enfermedades mentales, donde el sentido de identidad y conexión con el entorno está alterado.
El estudio del Dr. Parvizi y su equipo en Stanford redefine la comprensión de la conciencia y el yo, demostrando que la ciencia puede dar respuestas a preguntas que por siglos fueron atribuidas a lo desconocido.
martes, 21 de mayo de 2024
Notoria irritabilidad, un efecto de las olas de calor por la reducción de serotonina
En entrevista, explicó que cuando el calor está por arriba de 40 grados, el cuerpo humano trabaja arduamente para regular la temperatura interna, lo que puede provocar sensaciones de malestar y frustración. Esos esfuerzos implican el aumento de la transpiración, además de que todo el organismo se concentra en nivelarse.
La especialista agregó que mientras el sistema nervioso central está operando la maquinaria biológica con el fin de regularse, se aminoran otros procesos importantes, como la producción de neurotransmisores, particularmente la serotonina, encargada de regular los estados de ánimo.
Explicó que la falta de producción de serotonina hace que se experimente un estado de irritabilidad notorio, conducta de agresividad y de impulsividad.
En los ambientes públicos, cualquier situación puede detonar en un problema mayor, lo que provoca deterioro en los vínculos humanos, a nivel profesional, escolar, de pareja. Las personas se vuelven mucho más individualistas, nos concentramos en procurar nuestro bienestar, precisó.
Agregó que las altas temperaturas también pueden provocar insomnio y esto, a su vez, dar lugar a una fatiga crónica que podría disminuir el rendimiento. Puntualizó: en el ámbito escolar hay problemas para la retención de conocimiento y la concentración.
Detalló que investigaciones en el área de neurociencia, enfocada en entender la conducta humana y los procesos fisiológicos, ya han comprobado que las olas de calor afectan el ámbito físico y emocional de las personas. Consideró que, por ello, es imprescindible que los empleadores y autoridades educativas estén conscientes de que el fenómeno produce fatiga e irritabilidad, ocasiona falta de concentración y poca disposición para trabajar en equipo, con el fin de determinar medidas para garantizar la salud e integridad de las personas.
Instó a evitar las actividades al aire libre, a mantener los espacios de trabajo o escolares bien ventilados, propiciar la hidratación, mantener las medidas de higiene, promover la cultura del cuidado y expresar los signos de alerta ante temperaturas extremas, porque todos podemos estar en riesgo si no atendemos las primeras señales de malestar.
González Rodríguez invitó a acercarse al Centro de Orientación y Asistencia Sicológica de la Universidad del Claustro de Sor Juana para recibir atención, si notamos que estamos muy irritables, con poca tolerancia al otro. Informó que el servicio es gratuito por 12 sesiones.
En entrevista por separado, Jorge Zavala Hidalgo, doctor en ciencias en oceanografía física por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, llamó a la población a estar atenta a los efectos en la salud de las temperaturas extremas.
En zonas donde el calor es alto, la población tiene aire acondicionado o algún sistema de enfriamiento, pero hay regiones donde no suelen ser tan altas temperaturas y carecen de esos sistemas, lo que hace que las personas sean más vulnerables.
Ex coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de la Comisión Nacional del Agua, de 2019 a 2021, alertó: una ola de calor es un asunto muy delicado; pueden fallecer más personas que a causa de un huracán u otro tipo de evento climático extremo.
Sostuvo que ese fenómeno también causa daños a los ecosistemas. Las olas de calor provocan un entorno ambiental más seco, y al coincidir con un periodo de estiaje, incrementa el riesgo de incendios, lo que afecta a los ecosistemas, la flora y la fauna. A su vez, el humo afecta la calidad del aire al mezclarse con otras sustancias contaminantes.
Concluyó que esta combinación de factores crea condiciones de alto riesgo sobre todo para adultos de edad avanzada y niños.
lunes, 25 de septiembre de 2023
Espejear el sentimiento del otro: las neuronas espejo
Este proceso de imitación es facilitado por diversos grupos de células nerviosas a los que denominamos neuronas espejo. Si una madre gesticula mucho al hablar, es probable que alguno de sus hijos también lo haga, o si un padre mueve mucho las manos cuando conversa, sus hijos también tenderán a hacerlo.
Las neuronas espejo fueron descubiertas por un grupo de investigadores de la Universidad de Parma, en Italia, quienes encontraron que ciertas neuronas de una región cerebral de los monos macacos se activaban en el momento en el que observaban a otros monos o personas mover, por ejemplo, un brazo, al tiempo que imitaban la ejecución de dichos movimientos.
Los doctores Giacomo Rizzolatti, Luciano Fadiga, Leonardo Fogassi y Vittorio Gallese integraron el grupo de investigación que, en 1996, publicó el artículo sobre las neuronas espejo en la revista Science.
Estas neuronas se describieron primero en las zonas premotoras de la corteza cerebral, luego en las regiones motora suplementaria, somatosensorial primaria (responsable de integrar la información adquirida a través del tacto), en la corteza frontal y en la corteza parietal inferior.
“Básicamente lo que hacen estos conjuntos de neuronas es que si yo ejecuto alguna acción de búsqueda utilizando el sentido del tacto y otra persona me ve haciendo esta tarea, sus neuronas espejo empiezan a disparar, lo que conduce a una especie de comprensión de lo que estoy haciendo, aunque no me comunique verbalmente con ella”, explica el doctor Gabriel Gutiérrez Ospina, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.
Por lo tanto, el papel fundamental de estas neuronas es el de proveer de un marco neurofisiológico que permita entender las acciones, los gestos, las manifestaciones conductuales del otro y, por tal motivo, se piensa que son las neuronas de la empatía, explica el investigador.
Neuronas espejo y lenguaje
Así como el descubrimiento de las neuronas espejo ha abonado al entendimiento del sustrato cerebral de la empatía y otros mecanismos enfocados en el comportamiento, también ha surgido un debate sobre si participaron o no en la adquisición del lenguaje.
Al respecto, el doctor Gutiérrez Ospina explica que si pensamos al lenguaje como la pura emisión de palabras, con contenidos, narrativa, etcétera, es probable que no, pero que si incluimos al lenguaje los elementos paralingüísticos como los gestos o los movimientos de las manos, que permiten enfatizar lo que uno está diciendo, es probable que sí.
“Es como cuando una persona nos dice: la pasé muy mal y sonríe; esta manifestación no tiene sentido, porque estás escuchando una narrativa que es incongruente con el gesto. Las neuronas espejo entran en conflicto, particularmente si se desea ser empático con quien expresa el malestar.”
Por lo tanto, el especialista destaca que las neuronas espejo sí son importantes para la adquisición de los elementos paralingüísticos del lenguaje, ya que mucho de él se adquiere por imitación.
“Tan es así que muchas veces, aún sin tener una definición clara de las palabras que usamos, las empleamos por costumbre utilizando entonaciones y gestos aprendidos por imitación que refuerzan los significados asumidos”.
Un ejemplo de cómo se genera la empatía a través de las neuronas espejo sería cuando una persona empieza a llorar y nosotros no hacemos lo mismo desde el principio, sino que, conforme va contando su historia, su llanto nos contagia y también empezamos a llorar.
“Seguramente lo que pasó en el lapso desde que empezó a llorar hasta que yo lo hice es que algunas neuronas espejearon el sentimiento de la otra persona y una vez que esto ocurre empiezan a convencer a otras de que se sumen al espejo. El grupo de neuronas espejo crece a través de un proceso de reclutamiento que al progresar en el tiempo va formando un ‘ensamble’ que, al alcanzar un tamaño crítico, promueve la conducta: ‘ahora yo lloro contigo’, y el otro se siente empatizado por mí, juntos lloramos, nos desahogamos, nos tranquilizamos y nos sentimos mejor, nos percibimos comprendidos”, explica el doctor Ospina.
Es decir, cuando las neuronas se convencen de hacer algo en conjunto forman ensambles. Esto significa que todas tienen una opinión sobre lo que van a ejecutar, pero a través de cambios en la actividad eléctrica empiezan a charlar entre ellas, a ponerse de acuerdo y, una vez que hay una cantidad suficiente de ellas, se toma una decisión.
Uno de los fenómenos que se está explorando en materia de neuronas espejo es si los sociópatas o psicópatas las tienen, ya que carecen de empatía. El doctor Gutiérrez Ospina, considera que estos individuos sí las tienen, pero que el problema puede estar en la capacidad que tienen dichas en sus cerebros para reclutar a otras y formar los ensambles del tamaño necesario para promover la expresión de empatía por el otro.
Importantes en la socialización
Conductas como la generosidad, el altruismo, la posibilidad de dejar libre a la otra persona de ser quien es y el libre albedrío, entre otras, requieren de la empatía de los demás. Por lo tanto, muchos de los valores netamente humanos están influenciados, de alguna manera, por el espíritu empático que nos proporciona las neuronas espejo en nuestro cerebro.
“Las neuronas espejo podrían ser un sustrato neurobiológico interesante como mediadores de estas interacciones sociales. Seguramente no es el único, pero es un buen sustrato que podría integrar la información y llevarnos a entender al otro incluso sin necesidad de conocerlo demasiado, sino sólo entendiéndonos a partir de los valores y necesidades humanas básicas.”
Debido a lo anterior, es probable que las neuronas espejo fueron una parte importante para ayudar a consolidar las bases de la socialización. Esto porque si uno no se liga a la sociedad, las posibilidades de sobrevivir ante cualquier evento son muy bajas. Es decir, como especie humana, desde pequeños dependemos de alguien y para involucrarnos con la sociedad necesitamos adaptarnos, lo cual se logra siendo empático, proceso en el que este tipo de neuronas están involucradas.
Al respecto, el doctor Gutiérrez Ospina agrega que otro elemento importante para la estructura social son las mentiras, sobre todo aquellas que –acota– son dichas “con buena intención” o “sin la intención de dañar a alguien”, ya que son emitidas de esta manera por un proceso de empatía, relacionado con las neuronas espejo.
Señala que estudios hechos por investigadores de diversas universidades han mostrado que la cohesión social se facilita gracias a que no somos estrictamente honestos, porque si lo fuéramos, teniendo las estructuras afectivas tan inseguras como las que tenemos, nadie podría con la verdad relativa del otro.
“Esto conduciría a una deconstrucción social. Por lo tanto, la mentira sirve como un agente de coligación social, sobre todo aquella que es manifestada en buena lid, lo cual se convierte en una demostración absoluta de empatía. En estos contextos, la mentira funciona como un elemento de protección y probablemente se produce con la bendición de nuestras neuronas espejo, reforzadas por la benevolencia de la educación provista por nuestros padres de quienes seguramente aprendimos que algunas mentirillas no hacen mal a nadie y, por el contario, permiten la armonía familiar”, concluye.









:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/LN7UYP6V4ZDYRNO66DE254TACA.jpg)












:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F80e%2F95f%2F852%2F80e95f852c4ffab7e1956ae425987c61.jpg)










