miércoles, 11 de marzo de 2015

Crean bioinsecticida a base de ozono

Enviado por Norma Minor

La empresa mexicana Agro Operadora de Silos y Bodegas, con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), desarrolló un bioinsecticida a base de ozono (O3) el cual, entre otras bondades, no deja residuos tóxicos en los alimentos, indicó el ingeniero agrónomo Martín Ramírez Falcón, director general de dicha compañía. Este producto ya se encuentra disponible para su uso en nuestro país.
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En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el directivo destacó que además de controlar las plagas de insectos, este nuevo producto también elimina hongos, bacterias y virus. Asimismo, no contamina el medio ambiente.
“Antes no había un producto que fuera amigable con el medio ambiente y que pudiera controlar tanto insectos, como hongos, bacterias y esporas. Generalmente, el sector agroalimentario utilizaba bromuro de metilo, fosfinas y fungistatos, los cuales además de no ser aptos para consumo humano, representaban una doble inversión”, manifestó Ramírez Falcón.

Acabar con las pérdidas

El uso de plaguicidas y fungicidas en el almacenamiento de bienes agrícolas es relevante, ya que al año se pierde en México entre el cinco y el 25 por ciento de la producción total de los granos básicos como el maíz, trigo y frijol por esta actividad, de acuerdo con el documento Almacenamiento y conservación de granos y semillas, publicado por la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa). 
Ramírez Falcón explicó que para acabar con los insectos que amenazan las cosechas almacenadas en centros de acopio, convencionalmente se han utilizado diversos químicos como el fosfuro de aluminio y el bromuro de metilo. Si son efectivos, suelen dejar residuos altamente tóxicos para los seres humanos, razón por la cual muchos países como Canadá y Estados Unidos no importan productos que hayan sido expuestos a estos químicos.

Un producto benéfico para la salud

El uso de plaguicidas en la producción y el almacenamiento de los alimentos puede tener diversos efectos negativos en el ser humano, que van desde una irritación en ojos y piel, hasta cáncer, daños en el sistema nervioso y en el cerebro.
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Es por esto que en algunos países, como los Estados Unidos, no se permite la importación de productos que hayan sido almacenados  bajo este tipo de químicos.
De esta forma, con el objetivo de desarrollar una alternativa que no perjudique la salud de los consumidores de bienes agroalimentarios y al mismo tiempo permita que más empresas agroindustriales nacionales puedan exportar sus productos, la compañía mexicana Agro Operadora de Silos y Bodegas, con el apoyo del Programa de Estímulos a las Innovación (PEI) del Conacyt, y posteriormente con la ayuda del Fondo de Innovación Tecnológica (FIT) de la Secretaria de Economía (SE) y el Conacyt,  se dedicó a desarrollar un sistema de fumigación a base de ozono, ya que este “es natural y es un potente oxidante y esterilizante, muy eficaz para aniquilar bacterias, hongos, esporas, virus y protozoos”, destacó el directivo.
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Amigable con el medio ambiente

El ingeniero explicó que el ozono lo extraen del oxígeno que hay en el propio ambiente: “El O3 es una molécula compuesta por tres átomos de oxígeno, que se forma al disociarse los dos átomos que componen el gas de oxígeno”.
Agregó que para producir ozono a escala industrial, la empresa utiliza un método denominado descarga por corona, que consiste en extraer el oxígeno del ambiente a través de un equipo especializado, para después enviarlo a un recipiente en el cual se le inyecta una carga eléctrica que disocia y une a las moléculas de oxígeno.
“Se trata de una reacción endodérmica que requiere la aplicación de una gran cantidad de energía. En este método, el ozono es producido por medio de una descarga eléctrica aplicada al oxígeno. Se aplica un voltaje alto de entre 6 mil y 20 mil voltios a dos electrodos y este voltaje produce un arco eléctrico; en este arco, la parte del O2 se transforma en O3”, indicó.
Ramírez Falcón destacó que el ozono es muy inestable y en menos de 40 minutos se vuelve a convertir en oxígeno; por tal razón, se requiere la producción del ozono en el lugar y momento en el que se vaya a realizar la fumigación.
“El ozono no se puede envasar ni enlatar porque pierde sus propiedades, por eso lo producimos en el lugar en donde se va a fumigar. Una vez que se obtiene el ozono, este se libera de manera tal que recircula en diversas direcciones, lo cual cambia la atmósfera del lugar e impide que los insectos, virus y bacterias sigan vivas”, comentó.

Bajar los costos

El ingeniero agrónomo señaló que al utilizar materias primas naturales como el oxígeno, además de no generar residuos tóxicos, permite reducir el costo de este bioinsecticida, respecto a los precios de los insecticidas y fungicidas convencionales.

“El hecho de utilizar oxígeno en lugar de productos químicos, que generalmente aumentan su precio conforme se incrementa el dólar, nos permite ofrecer un producto entre 25 y 40 por ciento más económico, y que puede estar al alcance de todas las empresas comercializadoras de granos”, indicó.
Por los precios competitivos de este producto, así como por los múltiples beneficios que ofrece para el sector agroalimentario, el bioinsecticida, fabricado por una empresa cien por ciento mexicana, ya está a la venta en Canadá, informó Ramírez Falcón.

De México para el mundo

Con el apoyo y asesoría de la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (Fumec), el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) y la aceleradora de empresas TechBA, Agro Operadora de Silos y Bodegas ha podido obtener una patente en Canadá y comercializar su producto en dicho país de América del Norte.



¿Porque nos besamos? Segùn la ciencia

Enviado por Fernanda Rodriguez
La respuesta más fácil a esta pregunta es: porque se nos antoja. La respuesta correcta es: para detectar si la otra persona es (genéticamente) compatible con nosotros… o al menos eso dicen los científicos.

Quizá después de leer esto no verás el beso como una expresión de amor sino de la evolución humana, pero con un maratón de besuqueo se te olvidará y volverás a llamar “mariposas” a la química.

¿Qué es el beso?

“Los científicos no están totalmente seguros de por qué besamos”, escribió la investigadora Sheril Krishenbaum en su libro “The Science of Kissing” (La ciencia del beso, 2011).

En otras palabras, existe poco análisis sobre este tema y según Krishenbaum, esto puede deberse a que hay muchos “desafíos a la hora de interpretar lo que significa un beso”.

Aún así, la ciencia ha encontrado algunas pistas. En el programa I’ts OK to be Smart, el doctor Joe Hanson explica que el beso es un comportamiento resultado de la evolución.

“A medida que aprendimos a caminar erguidos, empezamos a publicitar nuestra fertilidad cara a cara”, señala Hanson, pues el ser humano -a diferencia de otros animales- tiene los labios hacia fuera.

Y el beso es una de esas cosas con las que le decimos a nuestra pareja: soy una buena compañera para procrear. (*Se rompe el hechizo*)

Los orígenes y la información biológica del beso

Cuando besamos, hacemos un movimiento con la boca muy similar al que hacíamos cuando tomábamos leche de nuestra madre, una de las actividades que más placer genera en el cerebro humano. Y así hay otros datos que te dejarán –literal- con la boca abierta.

En noviembre de 2014, un estudio realizado por científicos en Noruega reveló una gran pista sobre los besos:

En un beso de 10 segundos se transfieren 80 millones de bacterias.

Ese intercambio refuerza nuestros sistemas inmunitarios y nos permite combatir mejor las enfermedades.

Investigaciones anteriores demostraron que besar eleva los niveles de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, y provoca un incremento de la oxitocina, también conocida como “la hormona del amor” (la misma que sube durante la lactancia), la cual refuerza el lazo entre parejas.

Además, la cercanía de un beso nos permite usar otro sentido: el olfato, que puede darnos más información sobre el ADN de otra persona.
En conclusión: besamos para mantener la especie. ¿Cero romántico, no?

Ajolote, una alternativa contra el cáncer

Enviado por Daniela Espinosa
El ajolote -especie endémica de la región centro de México- se ha convertido en una especie estudiada por la comunidad internacional debido a su capacidad regenerativa, lo que abre la posibilidad de generar órganos in vitro para atender distintos tipos de cáncer.

De acuerdo con el investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Luis Alfredo Cruz Ramírez, conocer los factores que hacen que en esta especie proliferen sus células de forma ordenada, sin la formación de tumores, será de mucha ayuda para la medicina moderna.

Cruz Ramírez, quien pertenece al Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1, señaló que es la primera vez que se abordan estrategias globales de secuenciación de última generación para estudiar las rutas genéticas involucradas en la regeneración y otros procesos del desarrollo del ajolote.

"Tomamos únicamente ARN mensajero de genes que se expresan. Lo que estamos obteniendo son los llamados transcriptomas de diversos órganos del ajolote para tener una lectura representativa del genoma de la especie", subrayó.

Dijo que se espera tener los primeros resultados de la secuenciación del ajolote en un par de años y posteriormente realizar estudios para clonar y estudiar a los genes relacionados con la regeneración en el animal, por lo que aplicar este conocimiento a la medicina regenerativa llevará más años.

Por ahora, los investigadores del Cinvestav están trabajando para obtener la secuencia global de transcritos de dos especies: el ajolote (Ambystoma mexicanum), endémico de la zona de Xochimilco en la Ciudad de México, y el Ambystoma velasci, originario de Hidalgo.

Este último tiene la virtud de convertirse en salamandra terrestre dependiendo del clima que prevalezca, lo cual representa una oportunidad para descubrir y estudiar los genes involucrados en el proceso de metamorfosis, resaltó Cruz Ramírez.

El investigador quien colabora en el Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio), está interesado en obtener la secuenciación genética de los 16 "parientes" del ajolote que son endémicos de México para protegerlas del riesgo de desaparecer.

Cura del mal recuerdo

Enviado por Fernanda Ramirez
Un estudio en proceso desde hace seis años podría desarrollar un medicamento que borre permanentemente los recuerdos traumáticos de pacientes víctimas de violación o veteranos de guerra.

El experimento
En un experimento del Centro Médico de Brooklyn, se dispuso de un ratón para rotar en una especie de carrusel. A los lados del carrusel, se colocaron unas bandejas de plástico para darle una referencia al roedor sobre su posición.

En cierto punto, el ratón recibía una pequeña descarga eléctrica, o reforzamiento negativo. Con este estímulo, el animal comenzó a caminar en dirección contraria para no volver a pasar por la misma ubicación. Lo haría hasta que se cansara de ir en contra flujo del carrusel.

Dicho trauma que le impide al ratón volver a pasar por el mismo lugar de peligro, podría serborrado, pero en el caso de los humanos.

Lo que antes se superaba mediante un procedimiento de intervención psicológica, podría ser borrado con la simpleza de tomar un medicamento.

Y aunque en el caso del ratón su recuerdo sirve para la supervivencia, para los humanos significaría el alivio de recuerdos desagradables y traumáticos.


Recuerdos involuntarios
Pensemos en un veterano de guerra con un severo síndrome de estrés postraumático (PTDS, por sus siglas en inglés). De la misma manera que el ratón, el veterano también asociará contextos específicos, o estímulos, con algo doloroso (ruidos estruendosos que podría comparar con estallidos de bombas).

Puede evadir esas situaciones en ocasiones. Pero no pudiendo impedir que esos contextos sucedan en su vida diaria, ¿cómo dejar de huir?

Tanto el ratón como el veterano son prisioneros de su propia memoria, de una impresión indeleble en el cerebro asociada al dolor, se sea reptil, mamífero o invertebrado.

En 2006, investigadores del Centro Médico de Brooklyn encontraron que el recuerdo no sólo es un proceso de almacenamiento pasivo de impresiones. Se trata de una continua y dinámica actividad a nivel celular, mediante constante proceso psicológico, que está abierto a la manipulación co medicamentos y terapias cognitivas.

Para borrar el trauma del ratón con el punto de choque eléctrico, los lideres del proyecto, Todd Sacktor y André Fenton, inyectaron un compuesto llamado ZIP en el hipocampo del ratón, que pasó 2 horas en el carrusel.

Encontraron que el miedo por pasar en el punto de peligro había desaparecido.

Pero no todo está claro. Para entender el experimento, según Sacktor, se debe saber que el recuerdo implica un compuesto bioquímico activo que forma continuamente los receptores de glutamato, que son los que amplifican la señal electroquímica entre las neuronas que mantienen la persistencia de un recuerdo.

Es por eso que la droga ZIP todavía no puede ser implementada en los humanos. Tendría que ser modificada químicamente para impedir que la reformación bioquímica entre al cerebro, confinándola a la medula espinal.

De esta forma se podría convertir en un futuro tratamiento para borrar la hipersensibilidad al dolor sufrido en una situación pasada.

El tratamiento no sólo ayudaría a tratar a pacientes con PTDS, también a condiciones como las fobias, desorden obsesivo compulsivo, o hasta la adicción.

martes, 10 de marzo de 2015

Las plantas tienen memoria, se comunican y sienten


El investigador Daniel Chamovitz, que lleva varias décadas investigando el desarrollo de las plantas, confirma que su inmovilidad no significa que sean insensibles, antes bien ha descubierto en ellas la capacidad de oler, memorizar y comunicarse, casi a la manera de otros organismos más complejos.

Las plantas, lo sabemos de sobra, están vivas, sin embargo, no es así de común que las asociemos con cualidades como el pensamiento o las sensaciones que, de acuerdo con la fisiología canónica, son capacidades exclusivas de los organismos dotados de un sistema nervioso más o menos avanzado.

Con todo, el investigador Daniel Chamovitz, director del Centro Manna para la Biociencia de las Plantas de la Universidad de Tel Aviv, sostiene que las plantas pueden sentir, ver, percibir olores y quizá también pensar y recordar.

Chamovitz, que lleva desde mediados de los 90 interesado en el desarrollo del mecanismo por medio del cual las plantas sienten la luz. Desde entonces el científico ha realizado varios descubrimientos que contribuyen a una mejor comprensión de la sensibilidad en las plantas, siendo uno de los más importantes un grupo de genes gracias a los cuales una planta distingue si se encuentra en la oscuridad o en un ambiente luminoso.

Pero todavía más sorprendente es que el ser humano y otros animales también poseen estos mismos genes que cumplen una función similar de regular la respuesta a la luz (no de la misma manera que las plantas, sino en nuestro reloj biológico y nuestros ritmos circadianos), además de estar involucrados en otros procesos como el crecimiento axonal de neuronas y el funcionamiento correcto del sistema inmune.

“Esto me llevó a darme cuenta de que la diferencia genética entre plantas y animales no era tan significativa como alguna vez había creído ingenuamente”, declaró Chamovitz en entrevista, agregando además que “solo porque veamos que las plantas no se mueven, no significa que no haya un mundo sumamente rico y dinámico en su interior”.

En cuanto a sensaciones específicas comprobadas en las plantas, Chamovitz no duda en hablar de olfato, oído e incluso comunicación. Pero el investigador nos previene contra calcar nuestra manera de percibir dichas sensaciones para la naturaleza de las plantas. Son capacidades análogas, no idénticas.

El olfato, por ejemplo, se presenta en las plantas también como una reacción a sustancias químicas disueltas en el aire, pero con efectos específicos. Chamovitz señala el caso de la maduración: cuando una fruta madura se encuentra cerca de una que aún no lo está tanto, la maduración de esta se acelera por la liberación de una hormona llamada etileno. En un sentido elemental, se trata de un proceso netamente olfativo.



Chamovitz acepta, por otro lado, que la reacción de las plantas a los sonidos todavía no ha sido confirmada del todo y en cierta forma permanece en lo anecdótico, sobre todo en lo que se refiere al supuesto efecto de la música sobre su desarrollo. Para Chamovitz la capacidad auditiva es quizá una de las menos necesarias entre las plantas: al ser organismos sésiles (enraizados, sujetos al suelo) el oído no tiene la importancia vital que sí tiene en los animales, en quienes sirve para percatarse de una posible amenaza. Con todo, el investigador no descarta que, como vibraciones, las plantas sí puedan estar al tanto de los sonidos en su entorno.
 
La comunicación entre las plantas también tiene sus formas particulares. Chamovitz nos habla de una situación sumamente elocuente que se da cuando un árbol de maple se ve afectado por una plaga de insectos: como respuesta, el árbol libera una feromona que recogen a su vez los árboles vecinos como si se tratara de una señala de alerta, a partir de la cual empiezan a liberar los químicos necesarios para impedir que la infección se propague. “Esto es definitivamente comunicación”, comenta Chamovitz. Y, como en el caso del ser humano, también puede decirse que entre las plantas la comunicación es un mecanismo de supervivencia.

Chamovitz, sin embargo, va más allá y considera que las plantas también tienen memoria, manifestada en diversos tipos que van de la memoria de corto plazo a la memoria inmune e incluso una memoria transgeneracional. Si la memoria se trata de codificar información, almacenar información y recuperar información, entonces las plantas recuerdan y memorizan.

En cuanto a la capacidad de pensar, el investigador es más cauteloso. En este caso sí cree que para pensar es necesario un cerebro desarrollado y consciente de sí, algo de lo cual toda planta carece y cuya falta las hace no solo incapaces de pensar, sino también de dolor subjetivo.

Las plantas sienten (1)

¿Recuerdas cuando jugabas en el patio y tu abuelita te decía que no le pegaras a las macetas porque las plantas “sienten”? No le creías realmente, porque una cosa es que las plantas reaccionen a la música, o si les hablas con cariño; pero otra muy diferente es que sientan dolor. 


 

Para mostrar si las plantas pueden sentir dolor, el Smithsonian presentó un par de experimentos que nos dejan mucho que pensar:

1. Primero se tomó a una planta casera conocida como “mimosa”. Este tipo de plantas suelen doblarse al mínimo contacto, como un mecanismo de defensa en contra de los insectos. Cuando se le aplicó éter a esta planta algo extraño sucedió. El éter es un compuesto que suele ser usado para “adormecer” a los humanos porque inhibe la actividad eléctrica de nuestros nervios. Pero las plantas no tienen nervios, ¿cierto? Después de una hora de aplicado el éter, la misma planta ya no se movía en absoluto, ni siquiera cuando un pedazo le fue cortado. ¿Si las plantas pueden ser anestesiadas, quiere decir que sienten dolor?

2. En la Universidad de Freiberg, el profesor Edgar Wagner llevó a cabo un experimento mucho más osado. Normalmente se creía que las plantas no conducían electricidad como lo hacemos los humanos con nuestro sistema nervioso, pero tal vez no sea sí. El profesor Wagner conectó electrones altamente sensibles al tallo de una planta. Cuando prendió fuego a una de sus hojas, la planta emitió señales eléctricas registradas por una computadora. Las señales son mucho más débiles y lentas que lo que emitiría un ser humano, pero están ahí.¿Quiere decir que las plantas realmente sienten dolor? 


Es difícil decirlo, los experimentos no son conclusivos, sólo demuestran que las plantas transportan electricidad y de alguna manera responden a la agresión. Sería apresurado afirmar que a las plantas “les duele” algo, pero a estas alturas no podemos descartar esa posibilidad.

Les presento algunos documentales que hablan sobre los primeros experimentos, están en ingles pero pueden poner los subtítulos de Youtube.
Den su opinión al respecto.






Consiguen modificar recuerdos en ratones dormidos

Enviado por Wendy Bernal

La literatura científica ya había confirmado que durante las horas de descanso se afianza el aprendizaje motor. Sin embargo, hasta el momento ningún grupo de investigación había sido capaz de modificar los recuerdos a partir de los estímulos que se generan en el cerebro en el tiempo de sueño.

Ahora, científicos franceses de varias instituciones han demostrado que se pueden producir recuerdos artificiales durante el sueño a través de la excitación de las células de lugar, las neuronas del hipocampo, a través del método de la recompensa. Los resultados se publican en Nature Neuroscience.

El hipocampo, el principal constituyente del sustrato neuronal del mapa cognitivo, es el lugar donde en los momentos de reposo estas neuronas de lugar se activan para reproducir experiencias vividas durante la vigilia, ayudando a consolidar la memoria y la información adquirida en los animales.

Para los expertos, la reactivación de estas neuronas durante el sueño influye en la consolidación de la memoria espacial del medio ambiente en el que se encuentran. Sin embargo, mientras el animal está despierto, es imposible eliminar la relación entre la posición real y la descarga neuronal asociada. De hecho, la función de navegación de estas células de lugar se basa totalmente en esta correlación.

El equipo liderado por Karim Benchenane, investigador en la Escuela Superior de Física y Química Industrial de París, estimuló a través de sistemas de recompensa las células de lugar. Estas, que codificaban un sitio en particular, se activaron en cinco ratones dormidos.

 Según los autores, las relaciones formadas artificialmente durante el sueño de los ratones entre una célula de lugar determinada y una recompensa conducen a un comportamiento concreto una vez que se despiertan.

Los sistemas de recompensa son centros en el sistema nervioso central que obedecen a estímulos específicos y naturales. Regulados por neurotransmisores, permiten que el individuo desarrolle conductas aprendidas que responden a hechos placenteros o de desagrado.

En el caso de los ratones, los científicos observaron que solo los que recibieron la estimulación ligada a la activación de las células de lugar pasaron más tiempo en la localización codificada por esas células. Esto, según los expertos, sugiere que se había formado en el cerebro de los ratones una memoria artificial mientras dormían.

Resultado de imagen para ratones dormidos“Los resultados apoyan la idea de la reactivación espacial durante el sueño al demostrar que las células de lugar codifican la misma información espacial durante el sueño”, afirman los expertos.

Los estudios previos han mostrado que la memoria puede ser artificialmente manipulada en ratones. Sin embargo, este es el primer estudio que muestra evidencias de que se puede hacer en ratones dormidos. No obstante, los autores subrayan que aún se desconoce si tal manipulación es posible en seres humanos dormidos.

Sentimos lo que otros sienten

Enviado por Ana Rocío Guinto Rojas
Una nueva investigación ha demostrado que el ver a otras personas ser tocadas por un objeto u otra persona activa las áreas sensitivas principales del cerebro, emulando la experiencia de haber sentido ese tacto.

Los que este hallazgo sugiere es algo simple: que las personas literalmente sienten lo que otros sienten, en una especie de empatía física.

No hay duda que la comprensión interpersonal que los humanos muestran es producto de un gran número de respuestas emocionales: estamos automáticamente afectados por los sentimientos de otras personas, incluso sin ninguna comunicación explícita.

Nuestra participación aquí es a veces tan poderosa que tenemos que huir de dicha escena, volteando nuestra cabezas antes de ver a unos personajes ser heridos en una película.

Los investigadores del estudio sostienen que esta capacidad emergió antes de que los humanos evolucionaran. Sin embargo, hasta hace un siglo se le dio un nombre a este mecanismo:empatía (del griego "in", en, y "pathos", sentir), proveniente de la palabra germanaEinfühlungsvermögen ("la capacidad de sentir en")

Los mecanismos de compartir y entender las experiencias de otros siempre ha sido de interés público y científico, espacialmente con la introducción de las neuronas espejo.

Este descubrimiento lo hizo Giacomo Rizzolatti hace dos décadas, quien junto con colegas de la Universidad de Parma, estaban estudiando las propiedades motoras de las neuronas en los macacos.

Para compensar los tediosos registros electrofísicos que se requerían, se les daba a los monos ocasionalmente comida como premio. Durante estas acciones incidentales algo inesperado pasó:

Cuando el macaco, permaneciendo perfectamente quieto, vio la comida siendo prensada por una grúa de experimento, algunas de sus neuronas motrices se descargaron. Estas neuronas se activan cuando el mismo macaco tiene la comida en sus propias manos.

Esto significó que el mono estaba reflejando directamente las acciones que observó consigo mismo. Esta resonancia neuronal, de la que después fue demostrada en humanos, sugiere la existencia de un tipo especial de neuronas espejo que nos ayudan a entender las acciones de otras personas.

Basándose en lo anterior, un grupo de científicos liderados por Christian Keysers, de la Otto-von-Guericke University Magdeburg, pensaba en la premisa de sentir el contacto físico de otos personas.

Los investigadores instaron a unos voluntarios a mirar extractos de películas de personas siendo tocadas, mientras usaban resonancia magnética funcional (MRI, por sus siglas en inglés), para registrar su actividad cerebral.

Así, los escaneos del cerebro revelaron que la corteza somatosensorial, complejo de regiones cerebrales que procesan la información del contacto físico, se activó altamente durante las presentaciones de las películas, sin que los participantes fueran tocados.

Como después fue confirmado por otros estudios, esta actividad se parecía mucho a la respuesta somatosensorial que los voluntarios mostraron cuando fueron después tocados de la misma manera.