
Tras establecer la existencia de linajes puros, de variedades estables de guisantes (de fruto amarillo, de fruto verde, de frutos lisos o de frutos rugosos, entre otras) Mendel empezó sus experimentos de cruces. Hay que recordar que el guisante (Pisum sativum) es una planta leguminosa y, además, una planta autógama, es decir, que se autopoliniza. Recordemos las parte de una flor.


El segundo grupo de experimentos (de cruces) que realizó Mendel fue cruzar los individuos de la primera generación, los híbridos, entre sí. Los individuos que obtenía en esta segunda generación, resultado de cruzar los híbridos entre sí, era que volvían a aparecer los guisantes de los dos colores, amarillos (piezas blancas) y verdes (piezas rojas). En particular reaparecían los guisantes con el carácter recesivo que parecían haber desaparecido en la generación intermedia anterior. Esto Mendel lo observó con todos los diferentes caracteres que estudió, como el color del fruto o la forma del fruto (liso, que era el carácter dominante, frente a rugoso, que era el carácter recesivo). Ni en la primera ni en esta segunda generación Mendel observó nunca situaciones intermedias, o fenotipos de transición (p.e. un guisante amarillo verdoso, o un guisante «algo» arrugado). Los fenotipos eran claros y robustos. O amarillos o verdes (o piezas blancas o rojas), o guisantes lisos o arrugados. Nunca intermedios. Mendel también se percató que la relación entre los fenotipos dominantes y recesivos en esta segunda generación era constante, aproximadamente de 3:1 a favor de los caracteres dominantes, siempre.

En su artículo publicado en 1866 sobre «Experiments in Plant Hybridization» Mendel recoge dos experimentos resultado de cruzar los individuos híbridos (primera generación) relativos a la forma del fruto (liso/arrugado) o al color del fruto (amarillo/verde). En el primer experimento de 7324 guisantes obtuvo 5474 lisos y 1850 arrugados. La relación entre estas cifras es de 2,96:1. Si fuera exactamente 3:1 habría encontrado 5493 guisantes lisos y 1831 guisantes arrugados, unos números muy cercanos a los que anotó de sus observaciones.
¿Cómo Mendel pudo obtener unos resultados tan cercanos a los esperados? Obviamente estos resultados son estadísticamente posibles, pero igualmente improbables. Durante mucho tiempo ha habido sospechas sobre si Mendel «modificó» o «embelleció» de alguna manera sus datos para que se ajustaran a la relación esperada. Lo cierto es que no tenemos los cuadernos originales de Mendel y, por ello, solo podemos analizar los datos que el publicó como resultado de sus observaciones. ¿Estamos ante un caso de rotura de la integridad científica, de conducta científica inapropiada? ¿O estamos ante un persona sistemática, exquisita en la recolección y verificación de los datos (decidir si un guisante es amarillo o verde, o liso o arrugado puede no ser tan obvio como parece), que, por suerte, dio con unos resultados muy cercanos a los esperados lo cual, con su talento y perspicacia, le permitió desarrollar la segunda Ley de Mendel o de la Segregación?


Retomando la discusión sobre la Segunda Ley de Mendel o de la Segregación, Mendel tuvo que imaginar un mecanismo mediante el cual un carácter recesivo pasaba oculto por la generación híbrida para volver a reaparecer en la segunda generación, al cruzar los híbridos entre sí. La brillantez de la mente de Mendel le hizo intuir que cada planta portaba dos elementos para cada carácter (hoy diríamos, dos alelos para cada gen) pero que solo pasaban uno de ellos a su descendencia al generar el polen o los óvulos (al producir los gametos). En cada generación la parte masculina (padre) y la parte femenina (madre) pasaban una de las dos copias que tenía la planta (si eran distintas las copias, al 50%, y si eran iguales al 100% pasaban siempre la misma) para reconstituir en el individuo resultante de nuevo una planta con dos copias. Esta fue una predicción fundamental de Mendel y por ello a veces esta segunda ley se presenta como la primera Ley de Mendel de la segregación de los genes.

En efecto, la observación atenta de los descendientes de los dos tipos de guisantes (amarillos/verdes, con una relación de 3:1 a favor del carácter dominante: el color amarillo) que había obtenido en la segunda generación le llevo a confirmar que todos los descendientes de los guisantes verdes (recesivos, las piezas rojas) daban siempre guisantes verdes (siempre piezas rojas), y nunca más amarillos. Luego, internamente solo debían portar las dos copias idénticas del carácter color verde (hoy diríamos del gen que determina el color del fruto). Por otra lado, de los guisantes amarillos (las piezas blancas) había de dos tipos. Unos de nuevo solamente eran capaces de dar guisantes de color amarillo (siempre piezas blancas), luego, de nuevo, internamente solo podían ser portadores de dos copias iguales del carácter color amarillo. Y el otro tipo daban lugar a plantas que se comportaban como las híbridas, de las que provenían, y volvían a segregar entre amarillas y verdes (piezas blancas y rojas) con la relación de 3:1.

Los resultados de segregación de caracteres del color del fruto (amarillo/verde) que Mendel obtuvo al analizar los individuos resultantes de los cruces de las dos generaciones los pudo también reproducir con los otros caracteres que investigó. En particular con el carácter forma del fruto (liso/arrugado), que en el vídeo está representado con piezas de color gris cuadradas (que representan los frutos lisos) y cilíndricas (que representan los frutos arrugados). Todos estos resultados le sirvieron para reafirmar la validez de sus predicciones, la universalidad de su segunda Ley de Mendel o Ley de la segregación.

Analizando los datos que el propio Mendel incluye en su artículo de 1856 sobre los individuos de la segunda generación, usando o bien el carácter forma del fruto o bien el carácter color del fruto, comprobó que las proporciones obtenidas en cuanto al aspecto de los guisantes seguían siendo 3:1 a favor siempre de los caracteres dominantes (liso y amarillo) y que, entre los dominantes, la relación entre los que se comportaban como los híbridos frente a los que solo seguían dando frutos dominantes volvía ser aproximadamente de 2:1.

Finalmente, Mendel decidió comprobar si la herencia de uno de los caracteres afectaba a otro carácter. Y para ello preparó variedades de guisante estables que eran, a la vez, amarillas y lisas (los dos caracteres dominantes, en el vídeo piezas blancas y cuadradas) y las cruzó con guisantes que eran, a la vez, verdes y arrugados (los dos caracteres recesivos, en el vídeo piezas rojas y cilíndricas).

De nuevo la magia de los números volvió a estar del lado de Mendel y los datos que observó y anotó se ajustaron tremendamente a los esperados, como se puede compronar mediante la validación estadística con el test χ2 de Pearson. Las desviaciones eran mínimas entre los datos observados y los esperados. Si revisamos su artículo original observaremos que él mismo empezó a usar una notación que ha llegado a nuestros días. Para cada caracter (para cada gen, diríamos hoy) seleccionaba una letra y la escribía en mayúscula para indicar la versión dominante del carácter, y en minúscula para indicar la versión recesiva del mismo caracter.

Los resultados que Mendel obtuvo, al combinar plantas de guisantes con los dos caracteres, eran predecibles, y de acuerdo a la anotación (genotipo) y al aspecto final (fenotipo) que él esperaba, con dieciséis combinaciones posibles de anotaciones (16 genotipos posibles) y solo cuatro presentaciones diferentes (4 fenotipos distintos), estos últimos siguiendo las proporciones 9:3:3:1. La comprobación de estas proporciones, constantes, al combinar diferentes caracteres le llevo a nombrar la tercera ley de Mendel, o de la segregación de caracteres independientes (que, si solamente se considera la Ley de Segregación como la primera a veces es presentada como la segunda). En otras palabras, la herencia de un carácter no altera ni afecta la herencia del otro, dado que segregan (se distribuyen en la progenie) de forma independiente.
Claro que esta tercera ley solamente se cumple cuando los dos caracteres (los dos genes, diríamos hoy) que estamos siguiendo viajan en cromosomas distintos (o están situados en posiciones muy alejadas del mismo cromosoma, lo cual permite que aparezcan roturas y recombinaciones de los cromosomas entre los dos genes). Porque si los dos caracteres (los dos genes) estuvieran situados en el mismo cromosoma y relativamente cercanos el uno del otro tenderían a heredarse conjuntamente, lo que hoy decimos: estarían ligados genéticamente.
Mendel continuo sus experimentos cruzando cepas parentales con tres caracteres fijados, en diversas combinaciones, y con los otros cinco caracteres que estudió, además del color y la forma del fruto, como el color de la capa externa de la semilla, posición de las flores, longitud del tallo, forma de las vainas, hasta un total de siete. Hay que aceptar que Mendel, una vez más, tuvo mucha «suerte» al seleccionar caracteres que hoy sabemos están en cromosomas diferentes.






