viernes, 8 de noviembre de 2024

Estas proteínas han estado manejando secretamente nuestras células

Cada segundo que respiramos, dormimos, comemos y hacemos nuestra vida, en nuestras células se producen millones de reacciones bioquímicas. Entre el ajetreo de los intercambios químicos se encuentran los que adhieren (o retiran) pequeñas moléculas de carbono a las proteínas, las grasas y el ADN, entre otros. Añadir o quitar estas pequeñas moléculas es esencial para muchas reacciones que permiten a las células sobrevivir, crecer y dividirse.

Quizá el objetivo más interesante y estudiado de estas adiciones y sustracciones se encuentre en el bullicioso núcleo, donde varias enzimas añaden o eliminan dos pequeñas moléculas —grupos metilo y grupos acetilo— en las histonas, las bobinas de proteína alrededor de las cuales se enrolla nuestro ADN.

Durante décadas, se pensó que añadir o eliminar grupos metilo o acetilo de las histonas era clave para determinar cuándo y dónde se activan los genes.

Pero cada vez hay más pruebas de que esto es solo una parte de la historia. Aunque añadir grupos metilo y acetilo a las histonas está estrechamente relacionado con la actividad de genes cercanos en algunos lugares del genoma, en muchas otras regiones no tiene ningún efecto. Esto sugiere que regular la actividad de los genes no es la única función de estos adornos de las histonas —quizá ni siquiera la principal—.

De hecho, las nuevas investigaciones sugieren que estas modificaciones de las histonas desempeñan papeles clave en los procesos bioquímicos de la célula — su metabolismo—, funcionando como una forma de que la célula se ocupe de las pequeñas moléculas de carbono que se producen durante las reacciones bioquímicas.

Los investigadores proponen que, en el caso de los grupos acetilo (formados por dos carbonos, tres hidrógenos y un oxígeno), las histonas sirven como una especie de banco o repositorio al que la célula puede recurrir cuando necesita más acetilos para las reacciones químicas.

Y en el caso de los grupos metilo (un átomo de carbono y tres hidrógenos), sugieren que las histonas sirven como sumideros, donde se pueden depositar los metilos para que no entorpezcan las reacciones químicas. Sin este sumidero, muchas moléculas que necesitan perder un grupo metilo para pasar al siguiente paso de una ruta bioquímica se atascan, causando problemas a la célula.

Antes se consideraba que las histonas eran un mero andamiaje estructural para los genes: algo que podía mantener en orden los densos pliegues de cadenas de ADN. Luego se consideró que intervenían en el control de los genes — facilitando o bloqueando el desdoblamiento del ADN que permite que se copie—. Ahora, si la nueva investigación da sus frutos, también se demostrará que están profundamente entrelazadas con el funcionamiento metabólico de las células.

Según los científicos, esto podría ayudar a desvelar cómo y por qué evolucionaron las histonas.

Las células necesitan lugares donde depositar los grupos metilo —un sumidero de metilo— para que el metabolismo no se atasque.

Tiempos de abundancia
Hace más de una década, Benjamin Tu, bioquímico de la UT Southwestern, cultivaba células de levadura en su laboratorio cuando vio algo interesante: la actividad de más de mil genes oscilaba en función de la cantidad de oxígeno que consumían las células. La actividad de los genes y la actividad metabólica cambiaban de forma coordinada.

Tu también observó que cuando los genes implicados en el crecimiento celular alcanzaban su máxima actividad, esto coincidía con un elevado número de grupos acetilo adheridos a sus histonas. Y cuando los genes se silenciaban en la siguiente fase del ciclo celular, los grupos acetilo desaparecían. “Fue muy emocionante”, afirma Tu.

Fue emocionante porque los grupos acetilo son producidos por la mitocondria, el orgánulo generador de energía de la célula. La célula utiliza los grupos acetilo para producir moléculas como los ácidos grasos, que se emplean como fuente de energía o para construir las membranas celulares. Lo que parecía estar ocurriendo era que los acetilos servían de señal de la mitocondria al núcleo celular de que eran tiempos de abundancia, con mucha energía y bloques de construcción químicos disponibles. Al adherirse a las histonas, aumentaban la actividad de los genes implicados en el crecimiento celular. Después de todo, tiene sentido crecer y dividirse en épocas de abundancia.

Tu también vio indicios de que los acetilos de las histonas también podían actuar como un banco — una fuente de energía a la que la célula podía recurrir en épocas de vacas flacas—. Observó que, cuando las células pasaban hambre, disminuía la cantidad de una importante sustancia química llamada acetil-CoA, fundamental en la generación de energía. Para producir energía, las células consumían los grupos acetilo que se habían desprendido de las histonas. Los grupos acetilo que quedaban se reorganizaban para activar genes que produjeran más acetil-CoA.Esta ilustración muestra un modelo del movimiento de los grupos acetilo en diferentes condiciones celulares.

Otros trabajos del grupo de Tu sugieren que las histonas pueden desempeñar un papel aún más central en las rutas metabólicas, esta vez en relación con los grupos metilo. De nuevo en la levadura, los científicos estudiaron una sustancia química que transporta grupos metilo, cuyo nombre abreviado es SAM. Cuando la SAM cede un grupo metilo, se convierte en una sustancia química necesaria para producir el aminoácido cisteína. Pero cuando la célula no tiene un lugar al que ceder sus grupos metilo, se produce muy poca cisteína, lo que afecta a la capacidad de crecimiento de la célula. Las histonas actúan como receptoras de grupos metilo.

Mantener el metabolismo en marcha
Más pruebas de la función metabólica de las histonas provienen de un estudio de 2023 en el que el bioquímico de la Universidad de Oxford Peter Sarkies y su colega Marcos Francisco Pérez examinaron toda una serie de enzimas diferentes que añaden grupos metilo a las histonas.

Cada enzima añade grupos metilo en un lugar único de la histona, una parte flexible llamada cola de la histona. Dependiendo de dónde se añadan los metilos, el efecto puede asociarse a una actividad génica activada, a una actividad génica suprimida o a ningún cambio en absoluto. Sarkies razonó que, si lo que se pretende es eliminar los grupos metilo para que el metabolismo pueda seguir su curso, lo que importa es la suma de la actividad de todas estas enzimas —y no la de una enzima concreta o un efecto particular sobre un gen cercano—.

Esto es exactamente lo que observó su equipo cuando examinó varias líneas celulares de cáncer. Cada línea celular había elevado o reducido la actividad de distintas combinaciones de esas enzimas metilantes, de modo que podían depositar grupos metilo en las histonas para apartarlas y mantener el metabolismo a buen ritmo.

Los científicos también descubrieron que muchas de las enzimas metilantes estaban bajo la influencia de un gen llamado Rb, conocido por su papel en la supresión del cáncer (suele estar mutado en las células cancerosas). Esto sugirió a Sarkies que Rb desempeña un papel central en el aumento o la disminución de la velocidad a la que se depositan los grupos metilo en las histonas y, por tanto, en la regulación de las vías bioquímicas y el crecimiento.

“Lo que descubrimos es que la célula utiliza la metilación de las histonas no solo para regular los genes, sino también el metabolismo”, afirma Sarkies.

Más posibilidades
Los investigadores también han aprendido recientemente que las histonas a veces pueden implicarse en otros aspectos de la bioquímica celular. En un estudio publicado en 2017, el equipo del biólogo de la cromatina Marcus Buschbeck, del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras de Barcelona, demostró que un tipo de histona llamada macroH2A1.1 puede ayudar a preservar una sustancia química llamada NAD+, que es esencial en muchas reacciones bioquímicas. Esto deja más NAD+ a disposición de las mitocondrias generadoras de energía.

El equipo del bioquímico Siavash Kurdistani, de la Universidad de California en Los Ángeles, demostró en 2020 que las histonas funcionan como enzimas que convierten los iones de cobre oxidados (Cu2+) en iones de cobre reducidos (Cu1+). Los iones de cobre reducidos son la forma que necesita la mitocondria para producir energía. Estos iones habrían sido difíciles de conseguir en los albores de la evolución de las células eucariotas complejas, como la nuestra, porque el cobre se oxidaba a medida que aumentaban los niveles de oxígeno en la atmósfera.

A medida que descubren este vínculo entre histonas y metabolismo, los investigadores también especulan sobre cómo surgió la relación.

Observan que en los microbios llamados arqueas — a partir de los cuales se cree que evolucionaron las células eucariotas— existe una gran variedad de histonas. Pero muy pocas de ellas tienen las colas flexibles que tienen nuestras propias histonas, en las que se colocan las marcas de metilo y acetilo. Por eso, los científicos están interesados en saber cómo funcionaban las histonas en nuestros antepasados arqueas.La mayoría de las histonas de las formas de vida unicelulares llamadas arqueas no tienen cola o tienen una cola corta.

Se barajan diversas posibilidades. Kurdistani sugiere que el primer papel de las histonas arqueas podría haber sido producir esos preciados iones de cobre reducidos. El biólogo de la cromatina Tobias Warnecke, del Imperial College de Londres, que estudia la evolución de las histonas en las arqueas, sugiere que las histonas arqueas podrían ayudar a evitar que el ADN se rompiera en los entornos extremos en los que viven las arqueas, como el calor intenso. Las histonas también podrían haber protegido el ADN de las arqueas de los virus que intentaban insertarse en él, añade Warnecke.

Más tarde, tras la aparición del ancestro de los eucariotas actuales hace unos 1.500 millones de años, las histonas evolucionaron hacia colas más largas que se modificaron químicamente de diversas formas, entre ellas con grupos acetilo y metilo. Según Tu, es posible que tales modificaciones surgieran para gestionar los metabolitos producidos por las mitocondrias en aquellos primeros eucariotas. Algunas sustancias químicas producidas en las mitocondrias son muy reactivas y podrían adherirse espontáneamente — y dañar— moléculas importantes como el ADN. Tal vez la célula desarrolló enzimas para eliminar estas pequeñas moléculas de carbono de los lugares donde podrían ser perjudiciales y pegarlas en su lugar en lugares como las colas de las histonas, donde no causarían ningún daño.

Más tarde, la célula podría haber pasado a depender de estas modificaciones de las histonas para su regulación metabólica.

¿Y más tarde aún? La historia de la evolución de las histonas parece ser una historia de reutilización. Si las células se toparon primero con una forma de regular su metabolismo con histonas, dice Sarkies, un proceso similar podría haber llevado a utilizarlas para controlar los genes. En el caso de las histonas, sugiere, “la regulación metabólica es más fundamental que la regulación génica”.

jueves, 7 de noviembre de 2024

Superpoderes genéticos 1: ¿qué temer cuando no tienes miedo?

La calle se mantiene silenciosa a excepción de la suave brisa nocturna que sacude lentamente las hojas de los árboles. Notas una presencia extraña acercándose desde el pasillo mientras la oscuridad de la noche, encerrada en tu habitación, anula tu visión. Con cada pisada de la criatura, notas que el suelo tiembla. Las figurillas de tu estantería comienzan a vibrar como si la Luna, en su reflejo de la luz solar, fuese en realidad un pequeño imán que, sin fuerza, intentase atraerlas hacia sí. Los pasos se acentúan, acercando a aquella presencia hacia tu cama, donde te encuentras. Notas como el suelo tiembla por última vez y sobre tu piel unos finos dedos trazan un hostil dibujo en tu brazo derecho. Escuchas su respiración y, llegado el momento, incluso notas que el aire húmedo que sale de la criatura roza tu sien…



Espeluznante, ¿verdad?
Tal vez para ti o para mí sí, pero no para la protagonista de esta historia. Esta mujer, que no ha querido ser identificada hasta la fecha, carece totalmente de miedo. Pensarás que una mujer tan valiente seguro que ha pasado años de entrenamiento viendo películas de terror y visitando casas encantadas. ¡Pero no! Esta carencia de miedo más que una disciplina al estilo de “Karate Kid” es uno de los que he decidido denominar “Superpoderes genéticos”.

La mujer de esta historia tiene una enfermedad genética rara conocida como síndrome de Urbach-Wiethe y ha conseguido impresionar al doctor Justin Feinstein y a su equipo en la Universidad de Iowa.

¿Qué es el síndrome de Urbach Wiethe?
Se trata de una enfermedad recesiva causada por la pérdida de función de un gen del cromosoma 1 humano. Este gen se conoce como ECM1 y codifica para una proteína de la matriz extracelular. Para quienes no conozcan la matriz extracelular, se trata de un conjunto de proteínas y otros compuestos que se encuentran rodeando las células del cuerpo. Estas proteínas tienen muchas funciones como, por ejemplo, dar soporte, mantener las células unidas o dar elasticidad a los tejidos.


Localización del gen ECM1 en el cromosoma 1
Pero no es la ausencia de miedo todo lo que conlleva esta enfermedad. Como consecuencia de esta mutación, también se produce un engrosamiento de la piel y las mucosas, dando como resultado voz ronca (ya que engrosan las cuerdas vocales). Además, la piel se seca y se producen lesiones que no sanan de forma correcta, formando cicatrices en cara, pies y manos. Además, se producen pequeños abultamientos en la piel de la cara y manos. Pero vamos a lo que da “superpoderes” a estas personas: el miedo

¿Cómo se produce esta ausencia de miedo?
Para explicar esto, tendremos que saber primero cómo funciona el miedo en nuestro cerebro. Se sabe que varias zonas del encéfalo participan en la percepción y respuesta al peligro. Una de estas zonas es la amígdala, la cual, en resumen, se encarga de detectar situaciones peligrosas.

En el caso de la mujer que estudiaba el doctor Feinstein y otros pacientes con la misma enfermedad, esta mutación en el gen ECM1 da como consecuencia una calcificación en la amígdala que desemboca en un daño irreversible en esta. Este daño en la amígdala transforma a estas personas en verdaderos temerarios, ya que son incapaces de detectar el peligro.

Localización de la amígdala en el encéfalo

Tanto es así que el doctor Feinstein y su equipo intentaron en más de una ocasión asustar a la mujer. Utilizaron cine de terror, arañas, serpientes e incluso casas encantadas llenas de actores para tratar de asustarla pero no consiguieron más que indiferencia por parte de la paciente.

Siguieron intentando amedrentar a esta mujer con el síndrome de Urbach-Wiethe hasta que un día… ¡ZAS! Lo consiguieron. Sí. Asustaron a la mujer sin miedo, pero te adelanto que hicieron un poco de trampa. Como buenos neurólogos, el doctor y su equipo sabían que algunas de las respuestas primarias de alerta se dan sin pasar por la amígdala y ahí es donde decidieron actuar.

Resulta que tenemos unos mecanismos que consiguen detectar la concentración de CO2 en sangre, el cual en altas concentraciones es síntoma de posible asfixia. Bueno, pues esto ocurre sin que se den concentraciones realmente tóxicas para el organismo de CO2, así que el doctor Feinstein y su equipo pensaron que tal vez desencadenaría una respuesta al miedo. Y lo hizo. Encontraron la Kryptonita de la mujer sin miedo. Al aumentar la concentración de CO2 en sangre de la paciente, esta experimentó un ataque de pánico.

Y tú, ¿conoces algún otro “Superpoder genético”? Si es así, déjalo en los comentarios. Nos leemos en el próximo blog de “Superpoderes genéticos”.

Descubierta una de las primeras amistades entre especies diferentes

Enviado por

Guillermo Florez Gonzalez

Por caminos muy lejos del mar, como los de algunos pueblos de León y Palencia, un paseante atento puede detectar una presencia asombrosa: arcaicos arrecifes de coral en pleno monte, entre vacas y antiguas minas. Son los vestigios de otra era, el Paleozoico, cuando los mares tropicales cubrían buena parte de lo que hoy es Europa. El equipo del geoquímico Alfredo Martínez García ha hecho ahora un descubrimiento inesperado. Los investigadores han analizado corales fósiles del interior de Alemania y el norte de África y han identificado el rastro químico más antiguo de la cooperación entre extraños de la que depende buena parte de la vida en la Tierra: la simbiosis entre el único animal visible desde el espacio, el coral, y unas algas de una sola célula. El hallazgo, una amistad de 385 millones de años, se publica este miércoles en la revista Nature, uno de los escaparates de la mejor ciencia mundial.

En el drama de la evolución, la simbiosis es la fuerza sosegada que rediseña destinos y redefine posibilidades, en palabras del ensayista estadounidense Dorion Sagan. Un botánico alemán, Albert Bernhard Frank, acuñó el término simbiosis en 1877, para referirse a la vida en común de dos especies totalmente diferentes en un solo organismo: el liquen, una pareja inseparable formada por un hongo y un alga. El biólogo Leopoldo García Sancho proclama en un nuevo libro, El triunfo de una extraña amistad (Ediciones Pirámide), que estas pequeñas simbiosis “mueven el mundo”.

García Sancho, catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, no exagera. El profesor recuerda que, en abril de 1836, un naturalista inglés de 22 años, llamado Charles Darwin, llegó a los atolones de Cocos, en el océano Índico, a bordo del buque HMS Beagle. El joven científico intuyó que los corales crecían hacia la luz y trataban de permanecer muy cerca de la superficie. García Sancho explica el porqué. Los corales son diminutos animales sedentarios con tentáculos, pero obtienen la mayor parte de los nutrientes gracias a unas algas unicelulares que viven dentro de su organismo. Es una endosimbiosis intracelular, “la forma más íntima de relación entre extraños”, según el catedrático.

Esas algas que viven en el interior del animal, denominadas zooxantelas, necesitan la luz del sol para hacer la fotosíntesis y transformar el dióxido de carbono (CO₂) en azúcares, por eso los corales solo viven en aguas cristalinas y luminosas. Esta simbiosis perfecta produce “el milagro”, como lo describe García Sancho. Los arrecifes cubren solo el 0,2% del fondo del océano, pero albergan una cuarta parte de todas las especies marinas, facilitando alimentos a 500 millones de personas, según Naciones Unidas.

El geoquímico Alfredo Martínez García, nacido en Castellón de la Plana hace 42 años, dirige desde 2015 su propio grupo en el Instituto Max Planck de Química, en Maguncia (Alemania). Él y su colega estadounidense Daniel Sigman desarrollaron hace más de una década una nueva técnica revolucionaria, capaz de analizar unos microgramos de materia y averiguar la concentración de las dos variantes estables del nitrógeno: el nitrógeno-14 (ligero) y el nitrógeno-15 (pesado). “Esto nos da información sobre las relaciones entre diferentes organismos: quién se come a quién”, señala Martínez García.

“Cuando comes, metabolizas más rápido el nitrógeno ligero y es el que excretas en la orina, así que en proporción quedas enriquecido en nitrógeno pesado respecto a tu comida. Es muy interesante, porque es una cantidad bastante fija entre diferentes organismos”, prosigue el investigador del Max Planck. Los científicos miden este enriquecimiento en partes por mil. Un herbívoro estaría enriquecido unas cuatro partes por mil respecto a la planta que se come. Y un carnívoro estaría enriquecido unas cuatro partes por mil respecto al herbívoro que se zampa y unas ocho partes por mil respecto a la planta, según detalla Martínez García. “Midiendo la concentración de los tejidos de animales puedes reconstruir redes tróficas complicadas”, celebra.

Su equipo ha analizado corales fósiles recién recogidos en Sauerland, una zona montañosa del interior de Alemania, y otros ejemplares históricos custodiados en el Museo de Historia Natural de Fráncfort, procedentes de la región volcánica alemana de Eifel, de Tafilálet (Marruecos) y del Sáhara Occidental. Son los restos de arrecifes del Devónico, un periodo del Paleozoico que comenzó hace unos 419 millones de años y terminó hace unos 359 millones de años, cuando en el planeta había dos supercontinentes: Gondwana y Laurrusia.

El grupo de Martínez García también ha examinado corales vivos actuales. En un mismo arrecife, la mayoría posee algas unicelulares en su interior, pero otros no tienen y consiguen alimento con sus tentáculos. El equipo ha observado que los corales que comen por su cuenta están enriquecidos en nitrógeno pesado alrededor de un cuatro por mil, en comparación con los corales que obtienen nutrientes de sus algas. “Si tienes simbiontes estás un nivel trófico por debajo, como una planta. Desde el punto de vista del nitrógeno, es como si hicieras la fotosíntesis tú”, apunta el geoquímico.

Esta característica ha permitido inferir que algunos corales fósiles ya vivían en simbiosis hace 385 millones de años, casi el doble de tiempo de lo que se sabía hasta ahora. Es la primera evidencia de simbiosis en corales, pero se conocen otras amistades más antiguas entre especies diferentes. El fósil de un liquen hallado en Weng’an, en el sur de China, tiene unos 600 millones de años.

La vieja amistad entre corales y algas explicaría por qué los arrecifes alcanzaron tamaños descomunales en el Paleozoico, pese a la escasez de nutrientes del entorno. En la actualidad, la Gran Barrera de Coral de Australia es “la mayor estructura viva de la Tierra y la única visible desde el espacio”, según la Agencia Espacial Europea. El biólogo Leopoldo García Sancho alerta de que estos gigantes se enfrentan a una amenaza: el blanqueamiento, un fenómeno provocado por el aumento abrupto de las temperaturas, que hace que los corales expulsen a sus coloridas algas, adquiriendo un tono pálido.

“Se calcula que, si la temperatura media del agua superficial aumenta 1,5 grados, buena parte de esta simbiosis desaparecerá sin posibilidades de recuperación. Es posible que algunos arrecifes sobrevivan en los lugares donde parecen menos sensibles al calentamiento, como el golfo Pérsico y el mar Rojo, pero serán solo los restos de un mundo magnífico que se desvanece y cuya desaparición arrastrará a buena parte de la diversidad de nuestros océanos”, advierte García Sancho en El triunfo de una extraña amistad.

miércoles, 30 de octubre de 2024

El ADN: la molecula esencial para la vida, y el juguete de la evolución

Los seres vivos están sometidos a una ley biológica clara e implacable: su supervivencia no es más que una excusa para su reproducción, y esta no es más que la estrategia que siguen las moléculas de ADN para replicarse y perdurar, en un proceso inagotable que va transformando los organismos.

El universo está poblado de moléculas orquestadas por las leyes de la física y la química: permanecen o cambian, incluso alteran el medio que las rodea. La única que manipula su entorno de forma organizada, siguiendo un plan escrito en un código, es el ADN o ácido desoxirribonucleico. No se trata de un ácido caótico que causa efectos descontrolados sobre otros compuestos. Genera orden, utiliza la energía para que la materia baile a su son, y por eso es fascinante.

El ADN en el cuerpo humano lleva a cabo su gestión desde un búnker. Vive en el núcleo, un espacio aislado que existe en cada una de nuestras células y de las del resto de organismos eucariotas (como los hongos, las plantas y los animales). En otros organismos más elementales, como las bacterias, no tiene un apartamento privado y simplemente flota dentro de esa unidad de vida que es la célula, pero también ejerce de jefe. 

Nuestro ADN nunca sale del núcleo y envía sus órdenes a través de una copia (el ARN), la otra molécula con grandes habilidades gestoras que, por simplificar, dejaremos de lado. El ácido desoxirribonucleico muestra, desde luego, comportamiento de alto mandatario, como el director general de una empresa que habita en la zona más inaccesible del edificio y solo se comunica dando órdenes a sus secretarios.
El ADN se encuentra empaquetado en la cromatina, y organizado en cromosomas, en el núcleo de las células - Instituto Nacional de Investiga ción del Genoma Humano de Estados Unidos

Los humanos estamos constituidos por unos 40 billones de células, y en todas tenemos copias idénticas de la misma molécula de ADN. Los seres pluricelulares llevamos exactamente el mismo mensaje en cada célula. El de cada individuo es un texto único pero parecido al de los demás, una secuencia en la que se explica cómo se nos tiene que componer, dónde hay que colocar una oreja, dónde un riñón, cuándo deben empezar a fluir las hormonas, etcétera. Por eso, aunque haya sutiles diferencias entre sujetos, el texto es parecidísimo, todos tenemos las mismas piezas. De hecho, el texto de nuestro ADN es también muy similar al de todos los otros seres vivos en muchos aspectos, porque también explica, por ejemplo, cómo procesar la glucosa, algo que hacemos cada día los humanos, pero también las plantas, los hongos, las bacterias...

Las ventajas de la reproducción sexual
Nuestro texto personal está conformado por la unión de una parte de información de nuestra madre y otra de nuestro padre, que llevan en su óvulo y su espermatozoide respectivamente. Los hijos de la reproducción sexual somos así de complejos y necesitamos fusionar dos mitades del mensaje para existir, como los mapas del tesoro que requieren encontrar dos piezas para poder ser leídos.

Los seres vivos que se reproducen asexualmente lo tienen más fácil. Para su reproducción, su molécula de ADN simplemente se copia entera en una nueva célula. De este modo se generan réplicas exactas, aunque a veces imperfectas, como las Giocondas de los copistas que se sientan a las puertas del Louvre. Esas imitaciones no son inmaculadas, pero se distingue a la Mona Lisa. Los descendientes de la reproducción sexual somos más bien una mezcla de la Gioconda con el Inocencio X de Velázquez. En cualquier caso, ya sea por el método sexual o el asexual, el ADN es un fabuloso especialista a la hora de copiarse a sí mismo, da igual si es de forma sencilla o compleja, clonando o mezclando.

Aunque en todas las células de un individuo se encuentra la secuencia completa, distintas células de nuestro organismo leen diferentes fragmentos del texto del ADN. Por esta razón, en unas partes del cuerpo tenemos un hígado y en otras un cerebro, y por eso las células que forman los órganos ejecutan diversas misiones. La secuencia de ADN porta información para tareas muy variadas, como son las que ejecutan el cerebro y el hígado, pero sobre todo debe resultar exitosa al transmitir una orden: “Reprodúceme”. Si no incorporase indefectiblemente ese autoritario mensaje, habría desaparecido hace millones de años y el resto de sus singularidades no las podríamos observar; sus moléculas se habrían disgregado en la naturaleza llevando a cabo otras funciones de forma aislada e independiente.

Por tanto, no es extraño que todo lo que se construye a partir de la molécula de ADN se oriente en última instancia a la reproducción, aunque no lo detectemos si no nos fijamos muy concienzudamente. Por ejemplo, cuando se encuentran agotadas, las células que revisten nuestro intestino se dividen para dar lugar a nuevas células intestinales antes de desaparecer. Es cierto que no es habitual llamar reproducción a un evento tan prosaico como ese, pero en el fondo es muy parecido a lo que hacen los seres vivos con reproducción asexual, como las bacterias.

Otras de nuestras células, los espermatozoides y los óvulos –más atractivas que las intestinales–, se encargan de la reproducción propiamente dicha, la que supone la transmisión de nuestra genética a un nuevo individuo. Pero tanto en el caso del intestino como en el de las células reproductivas, el resultado es el mismo. En ambas situaciones se produce la transmisión del manual de instrucciones a una célula hija antes de que la célula madre se agote, o antes de que el cuerpo caduque.

Otras muchas células se encargan de dar soporte y facilitar que el evento reproductivo sea un éxito; por ejemplo, las neuronas. Aunque conseguirlo exige que se cumplan otros requisitos previos, como mantenerse con vida. El cerebro es el órgano más orientado a la reproducción a través de la supervivencia. El sistema nervioso central es el gran coordinador, pero todo nuestro cuerpo es una orquesta afinada, al menos durante los suficientes años para que sobrevivamos y lleguemos a reproducirnos.

Después, toda la coordinación decaerá, nos oxidaremos y degradaremos, y al final moriremos. Pero si antes de eso hemos conseguido pasar el testigo, la vida continuará, y ese es el ingenioso proceso que dirige con mano de hierro el ADN en todos los seres vivos, bien sea de forma simple, mediante la reproducción asexual, o tan compleja como la nuestra.

Si tuviera que quedarme con dos palabras para explicar la vida, elegiría dos: reproducción y ADN. Definir qué está vivo es muy complicado, pero es fácil reparar en que un coche no lo está y una planta o un gato sí, e incluso el hongo de la mermelada. En cuanto a los virus, que no son seres celulares, para algunos científicos están vivos y para otros no, y distintas disciplinas recurren a diversas definiciones en este debate. Los virus están constituidos de material genético (ADN o ARN) y se reproducen, como los gatos, las orquídeas y el hongo de tu queso. La diferencia es que su material genético apenas está arropado por algunas proteínas, así que para reproducirse necesitan invadir las células ajenas y usar la maquinaria de alta precisión que contienen estas.


La cadena de ADN
El ADN es una larguísima cadena de moléculas que se encadenan como las cuentas en un collar muy singular, que seduce a su entorno, a otras muchas moléculas, para que lean el código escrito en esa secuencia de cuentas. Esta irresistible seducción que ejerce el ADN sobre la materia que lo rodea es un fenómeno increíble, no existe nada parecido en el mundo macroscópico en el que vivimos. Es como si el collar de cuentas que luce una elegante dama en una concurrida fiesta supiese aprovecharse de los asistentes, de otras joyas y de los canapés y bebidas. O como si la tarjeta SIM de un teléfono móvil lo supiese manipular para que fabricase otros teléfonos en los que introducir copias de sí misma.

Esto es así porque en algún momento de la historia temprana de la Tierra, hace unos 4000 millones de años, la materia se juntó para formar una molécula que cambiaría para siempre todo lo que nos importa. Esa molécula era la antepasada de lo que hoy llamamos ADN (quizá era más parecida al ARN). Sea como fuere estructuralmente, lo interesante es que esa molécula empezó una cadena de eventos que no se ha detenido y que llega hasta cada uno de nosotros: usar lo que tiene a su alrededor y gastar energía para perpetuarse.

En la naturaleza, la tendencia al caos implica que todo lo organizado se estropea, así que si surge una esfera de paredes grasientas semejante a una célula, sabemos que acabará desapareciendo como una pompa de jabón. De la misma manera que sabemos que, antes o después, el edificio que ves por tu ventana será una ruina. Todo se degrada con el paso del tiempo, es inevitable, aunque para retrasarlo siempre podemos gastar un poco de energía: en reparar las fachadas o los cimientos, por ejemplo.

La lucha del orden contra el caos
En un caso único de lucha contra el desorden, ese antepasado de nuestro ADN se rodeó de una membrana externa en forma de muro, formando una protocélula, que no se colapsó ni desapareció. Perduró porque el proto-ADN encontró una fórmula exitosa fascinante: copiarse antes de que se degradase su propia estructura y la pompa que lo albergaba, usando para ello las moléculas que tenía a mano y produciendo una nueva protocélula. De esta manera, el proto-ADN esquivó la desaparición e inventó la reproducción en su forma más básica: de una protocélula oxidada y caduca a una nueva fabricada con nuevos materiales e idéntica estructura. Como si el edificio de bloques de al lado de tu casa supiese replicarse cuando empieza a agrietarse.

Lo que une a todos los seres vivos –desde la bacteria más primitiva hasta los miembros de la banda de rock Siniestro Total– es que somos descendientes lejanos de ese proto-ADN; la que llevamos en cada una de nuestras células es una más de esas copias que aprendió a producir antes de degradarse. Así que el ADN ha sido capaz de montar un código enlazando fosfatos, pentosas y bases nitrogenadas, es decir, juntando carbonos, hidrógenos, oxígenos, nitrógenos y fósforo para dejar copias de sí mismo, sacar una copia de su texto antes de que desaparezca el organismo o la célula que lo alberga.

Evidentemente esto no sucedió de forma planificada, tuvo que surgir por azar esa molécula que pudiese recoger semejante manual de instrucciones, y, posiblemente, antes y después ocurrirían muchos otros intentos fallidos. Aunque quizá en todo el universo nunca más haya tenido éxito otro fenómeno similar. Que exista la vida es sorprendente; sin embargo, lo que no extraña es que haya sido un proceso con un resultado tan feliz. Una vez arrancada la dinámica que impone el ADN, es difícil detenerla. Es como poner una central nuclear a toda máquina, lo complicado después es pararla.
En 1953, James Watson (izquierda) y Francis Crick descubrieron la estructura de la molécula de ADN, gracias a investigaciones previas de Rosalind Franklin - AGE

El milagro de la mutación
El ácido desoxirribonucleico nos reserva otra sorpresa, además de la que ya supone su inconsciente intención de autoperpetuarse: no se ha conformado con ser una molécula que se replica a sí misma dentro de una célula, sino que se ha diversificado en distintas especies, algunas de ellas realmente sorprendentes y complejas, como nosotros mismos, o las orquídeas, o los sapos… Entes coordinados constituidos por millones de células que llevan la misma copia de ADN con habilidad para reproducirse en cada una de ellas.

En su origen, el antepasado del ADN era modesto, vivía en una protocélula y no se organizaba en grupos. Todo eso vino después, cuando en su secuencia empezó a haber más texto, más ideas de relleno. Al inicio, la secuencia solamente decía: “Cópiate antes de colapsar”, y después fue añadiendo texto: “Dirígete hacia las fuentes de carbono y cópiate antes de colapsarte”. Pasaron unos cuantos miles de millones de años y empezó a decir: “Fabrica otras esferas y únete a ellas, dirígete hacia las fuentes de carbono y cópiate antes de colapsar”. La secuencia iba añadiendo discurso a su mensaje, igual que los anuncios de la televisión se han sofisticado con el paso de los años para seguir diciendo finalmente lo mismo: “Cómprame”.

El discurso del ADN se ha complicado tanto en algunas especies, que en ellas reproducirse no es tan simple como copiar una célula. Para conseguir su objetivo, muchas moléculas de ADN necesitan que un cuerpo entero se coordine con otro antes de cumplir con esa frase de “y cópiate antes de colapsar” que lleva el ADN de cualquier ser vivo (al menos de los que prevalecen). Desde luego, si el ADN fuese consciente nunca habría inventado la reproducción sexual, salvo que se hubiera querido complicar las cosas, pero es que no nos encontramos ante un proceso lógico, sino desbocado.

Es como si para fotocopiar un folio necesitásemos duplicar también la fotocopiadora. ¿Pero qué más da que sea muy complicado si funciona? Por las autopistas no solo circulan los coches más rápidos y modernos, también hay vehículos antiguos y motos, en muchos casos guiados por conductores que no tienen prisa en alcanzar su destino, aunque al final todos quieran llegar a uno. El planeta está repleto de seres que albergan moléculas de ADN diferentes en mayor o menor grado. Todas, ya se encuentren en un protozoo, un peral o un escarabajo, empaquetan la información para conseguir la reproducción, sea de una u otra manera.
La mutación nos puede ayudar a entender por qué el ácido desoxirribonucleico ha encontrado tantas formas de hacer que se cumpla su mensaje de perpetuación, algunas tan extrañas como la pluricelularidad o la reproducción sexual. Solamente por existir, la molécula de ADN está expuesta a sufrir cambios que llamamos mutaciones. Además, en su imparable hábito de autorreplicarse comete errores, despistes de la maquinaria copista. Por tanto, es muy cambiante. La mutación explica el origen de los lunares de nuestra piel donde antes había células normales, el de los tumores en nuestros órganos y tejidos, y las alteraciones de las que surgen nuevos rasgos, individuos y especies. Las mutaciones pueden tener efectos muy distintos según qué parte del texto del ADN se vea afectada. Si no impiden que la molécula de ADN portadora se reproduzca, esos cambios podrán pasar de generación en generación e introducir novedades en el árbol de la vida.

La mutación, por lo tanto, explica el origen de formas más complicadas de subsistir para el ADN que la simple protocélula original que se dividía. Por eso, los organismos que han evolucionado menos desde el origen de la vida –es el caso de algunas bacterias– subsisten gracias a ese tipo de reproducción asexual, partién­dose en dos. Las mutaciones en el ADN generan novedades en los individuos portadores, y ocurren porque esta molécula se oxida, se estropea y acaba cometiendo errores al copiarse. Una vez originadas, estas transformaciones permanecerán o desaparecerán, dependiendo de cómo les vaya a sus hospedadores, sean una simple célula o un organismo tan complicado como el nuestro o el de otros animales.

La selección de mutantes en acción
Por ejemplo, imaginemos una nueva mantis religiosa macho mutante que surgiese con dos cambios potentes en su ADN. Uno de ellos desencadena una cascada de eventos genéticos que se traducen en una pérdida de la habilidad de reconocer a las hembras; sería un macho sin interés por copular. Pero su segunda mutación lo dota de una extraordinaria capacidad en su sistema nervioso que implica unos increíbles reflejos para cazar saltamontes. Esta mantis se alimentaría muy bien y podría llevar una larga vida de alrededor de un año, pero las nuevas características de su ADN desaparecerían al morir junto con toda la molécula, porque si no se reproduce, no dejará copias.

Imaginemos ahora otra mantis religiosa macho con una mutación distinta, que la hiciera salir tempranamente del huevo y ya capaz de detectar hembras. Con solo un día de vida este ejemplar encuentra pareja, copula y es devorado a continuación por la hembra, como suele pasar en esta especie de insecto. Esta mantis mutante no sería una superviviente nata, desde luego, pero sí muy eficaz al pasar sus genes a la siguiente generación: lo haría recién nacida, de modo que podrían surgir más individuos semejantes con la misma capacidad.

Las mutaciones ocurren al azar, y sus efectos pueden ser deletéreos (cuando disminuyen la capacidad del individuo para sobrevivir y reproducirse), beneficiosos o neutros. En nuestro ejemplo no sabemos cuál sería el futuro de la especie, quizá convivirían las mantis preexistentes con estas mutantes tan sexuales, pero desde luego desaparecerían las mutantes que no copulan. Vista de una manera sintética, la selección natural es el término que empleamos para describir el éxito o el fracaso de una de estas novedades tras surgir. Aunque los mecanismos del cambio evolutivo en la naturaleza son menos simples que estos casos inventados.

De cualquier forma, esta historia de las mantis nos permite observar algo no siempre contemplado: reproducirse es lo que importa en la persistencia de la vida, la supervivencia es solo un trámite para la reproducción. La estirpe de la mantis que vivía un año se extingue porque no transmite su ADN. La mantis que duraba poco se lo pasa muy fácilmente a la siguiente generación, y aunque casi no disfrute de la vida, seguirán existiendo copias de su genoma.

Una molécula hecha para perpetuarse
En resumen, lo que nunca falta entre la abundante información del ADN son instrucciones para que pueda reproducirse él mismo, y este mensaje es el que ha seguido una línea constante desde la charca originaria y la primera protocélula, en un fenómeno singular que lleva miles de millones de años a sus espaldas.

Que una molécula atraiga y controle a otras para que saquen copias de ella antes de que se desmorone es un hecho más que añadir al catálogo de los procesos químicos, pero también es vida, algo único que aún no hemos encontrado en ningún otro lugar del universo. Los seres vivos hemos sido óptimos aliados para ello, envases de lujo para el hábito más raro de la naturaleza, la reproducción.

Si nos queremos sentir todavía más insignificantes, podemos recordar que los virus –y otros entes elementales como los viroides–, que son la menor expresión de esa manía reproductiva del ADN, ni siquiera tienen célula propia. Solo poseen el mínimo material genético necesario para reproducirse invadiendo organismos: son el mensaje básico del ADN, todo lo que necesita este para perpetuarse, una frase. Y el resto es decorado.

Científicos descubren que los perritos están entrando en una nueva fase de la evolución

Eviado por 

VALERIA ATZIYADE RAMIREZ CRUZ

En la actualidad, los perritos se han convertido en verdaderos integrantes de la familia y han pasado de ser solo mascotas a compañeros leales que traen alegría y amor a los hogares de millones de personas.

Incluso, muchos dueños consideran a sus lomitos como sus mejores amigos, compartiendo momentos cotidianos, celebraciones y hasta vacaciones juntos.

Esta conexión especial se refleja en la forma en que cuidamos de ellos, brindándoles atención, cariño y hasta tratamientos de salud que antes eran impensables. Los perritos hoy en día no solo enriquecen nuestras vidas, sino que también nos enseñan sobre empatía, responsabilidad y el valor de la compañía incondicional.

Sin embargo, al parecer este comportamiento de los humanos con los perritos está provocando un cambio en la evolución de estos animales que los científicos están estudiando para entender como impactará en la vida de estas mascotas.

Así están cambiando los humanos la evolución de los perritos
De acuerdo con científicos, los perritos podrían estar viviendo una nueva era de domesticación, impulsada por el anhelo de los humanos de tener compañeros que sean amigables, tranquilos y perfectos para un estilo de vida más sedentario.

Hace apenas unas décadas, los lomitos eran vistos principalmente como animales de trabajo, dedicados a cazar plagas, pastorear ganado y proteger el hogar.

Sin embargo, en la actualidad, la búsqueda de compañía y afecto se ha vuelto una prioridad mucho más significativa para los dueños de mascotas.

Los científicos han descubierto que este cambio ha aumentado los niveles de una hormona responsable del vínculo social en los perros, y especialmente en los perros de servicio.

Este cambio refleja un profundo deseo de conexión y calidez en nuestras vidas, donde los perros no solo son amigos leales, sino también parte fundamental de nuestras familias.

Un estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Linköping, Suecia, reveló que la hormona oxitocina es la clave que impulsa a los perros a buscar el contacto con sus dueños, incluida su voluntad de "pedir ayuda" cuando se enfrentan a un problema difícil.

A medida que los humanos domesticaron a los lobos, transformándolos en las cariñosas mascotas que conocemos hoy, la sensibilidad de los perros a la oxitocina fue aumentando, según los investigadores.

Estos hallazgos ofrecen una idea de cómo la domesticación ha alterado los genes que influyen en las habilidades sociales de los perros. Ahora, los expertos caninos Brian Hare y Vanessa Woods dijeron que los rasgos de comportamiento de los perros están experimentando una tercera ola de domesticación.

Este proceso, estaría más centrado en adaptar las personalidades de los perros a nuestro mundo moderno, Woods y Hare creen que los humanos deberían asumir un papel activo para facilitar este proceso.

"Para la felicidad de los perros y sus dueños, los humanos necesitan criar y entrenar más perros como animales de servicio, embarcándose en una nueva ola de domesticación de perros para ayudarlos a adaptarse al nuevo mundo que hemos creado", escribieron.

Esta fascinante conexión hormonal podría explicar por qué nuestros amigos peludos son tan afectuosos y deseosos de estar cerca de nosotros. Es una muestra más de cómo el amor y la lealtad se han entrelazado.

martes, 29 de octubre de 2024

¿Cuál fue la primera molécula que se formó en el universo?

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VALERIA ATZIYADE RAMIREZ CRUZ

Cuando pensamos en los primeros instantes del Universo, tras el Big Bang, podríamos imaginar que las primeras moléculas en formarse fueron las más simples y familiares para nosotros, como el hidrógeno molecular (H₂) o el helio molecular (He₂). Ambos elementos son los más abundantes en el cosmos y resulta lógico suponer que, al ser tan comunes, también serían los primeros en unirse para formar moléculas. Sin embargo, la historia de las primeras moléculas del Universo no sigue un camino tan predecible.

El Universo en sus primeros momentos era un lugar extremo: extremadamente caliente, lleno de partículas subatómicas y radiación. A medida que el cosmos se fue enfriando, aparecieron los primeros átomos, principalmente hidrógeno y helio, los ingredientes básicos para las moléculas. Pero la primera molécula que surgió no fue ni H₂ ni He₂, sino algo mucho más exótico y sorprendente: el hidruro de helio (HeH⁺). Esta molécula, a veces llamada "la molécula que no debería existir", tiene una historia fascinante que nos transporta a los primeros momentos de la historia de nuestro Universo.

LA PRIMERA MOLÉCULA
El hidruro de helio (HeH⁺) es una molécula compuesta por un átomo de helio y un protón de hidrógeno. Esta molécula apareció cuando el Universo tenía unos 100.000 años de antigüedad, lo cual en términos cósmicos es apenas un suspiro después del Big Bang. Pero ¿cómo es posible que esta molécula, y no alguna más común como el H₂, fuese la primera?

Para entenderlo, debemos recordar que, en el Universo temprano, los átomos más sencillos y ligeros, como el hidrógeno y el helio, dominaban el escenario. El helio, aunque no es muy reactivo bajo condiciones normales, estaba en un entorno tan extremo que, en ciertos momentos, podía unirse al hidrógeno ionizado (protones). Así, en este contexto de altas temperaturas y energías, el helio neutral logró capturar un protón de hidrógeno, formando el hidruro de helio.

Esta molécula no es algo que esperaríamos ver bajo condiciones comunes en la Tierra porque es extremadamente inestable. De hecho, durante mucho tiempo, su existencia era más una hipótesis que algo comprobado, y su detección en el espacio fue motivo de gran emoción para toda la comunidad científica.

LA MOLÉCULA QUE NO DEBERÍA EXISTIR
El hidruro de helio es un poco como un rompecabezas cósmico. A pesar de ser la primera molécula en formarse, su estabilidad es tan limitada que podríamos pensar que no debería existir en absoluto. Generalmente, el helio no se mezcla con otros átomos y no tiende a formar enlaces químicos. Por esta razón, cuando los científicos comenzaron a estudiar la química del Universo temprano, la idea de que el helio formara una molécula con el hidrógeno resultaba asombrosa y difícil de creer.

No fue hasta 2019 que los científicos lograron detectar la presencia de hidruro de helio en el espacio, confirmando finalmente lo que por años había sido solo una teoría. Lo encontraron en la nebulosa planetaria NGC 7027, un tipo de nube de gas que rodea a una estrella moribunda, usando un sofisticado observatorio aéreo llamado SOFIA (Stratospheric Observatory for Infrared Astronomy). Este hallazgo fue como descubrir una reliquia de los primeros tiempos del Universo, un eco químico que nos conecta con los primeros minutos después del Big Bang.

La razón por la que el hidruro de helio no es común hoy en día se debe a su extrema inestabilidad. En cuanto las condiciones del Universo se hicieron más frías y las estrellas comenzaron a formarse, otras moléculas, como el H₂, comenzaron a dominar el panorama. Así, el HeH⁺ se fue desvaneciendo, convirtiéndose en una rareza cósmica, casi como una pieza de museo que solo podemos encontrar en ciertos rincones del espacio.

UN TESTIMONIO DEL PASADO
Aparte de ser la primera molécula del Universo, el hidruro de helio tiene algunas características que lo hacen particularmente interesante para la ciencia. En primer lugar, su existencia es una prueba de cómo funcionaban las leyes de la química en el universo primigenio. Al estudiar moléculas como el HeH⁺, los científicos pueden entender mejor cómo se comportaban los átomos y las partículas en las primeras etapas del cosmos, mucho antes de que las estrellas y galaxias comenzaran a formarse.

Otra curiosidad es que el hidruro de helio también tiene un papel en el estudio de los procesos estelares actuales. Por ejemplo, su detección en nebulosas planetarias, como la famosa NGC 7027, ayuda a los astrónomos a entender cómo las estrellas viejas, al morir, influyen en la química del espacio a su alrededor.

Además, aunque su formación en el Universo actual es extremadamente rara, los científicos han logrado recrear esta molécula en laboratorios en la Tierra, lo que nos permite estudiar su comportamiento en detalle. Es una ventana a un tiempo remoto que ya no existe, pero que aún deja su huella en la química del espacio.

sábado, 26 de octubre de 2024

Síndrome de Alejandria

En el Londres del siglo XIV, una joven llamada Alexandria Augustine nació con unos ojos azules que, con el paso de los años, adquirieron un tono violeta intenso. Este fenómeno, que cautivó tanto a médicos como a curiosos de la época, dio origen a lo que hoy conocemos como el "síndrome de Alejandría". Según la leyenda, este raro trastorno genético, que se dice afecta únicamente a las mujeres, no solo altera el color de sus ojos, sino que también les confiere características extraordinarias, desde una longevidad excepcional hasta una resistencia única a la luz solar. Este síndrome, que combina elementos de la genética con el misticismo de los tiempos medievales, ha persistido en el imaginario colectivo, despertando tanta fascinación como escepticismo. ¿Pero cuánto hay de cierto en esta misteriosa condición? Acompáñenos en un viaje entre la ciencia y el mito, mientras exploramos la verdadera historia detrás del síndrome de Alejandría.


El origen del mito
En el siglo XIV, Europa se encontraba sumergida en una era de transformaciones profundas y a menudo turbulentas. La Peste Negra había diezmado una gran parte de la población, lo que generaba un clima de incertidumbre y miedo que alimentaba la superstición y el misticismo. En este contexto, lo sobrenatural era un tema de fascinación y una explicación común a los fenómenos inexplicables de la época. La medicina estaba en sus etapas más rudimentarias, y la comprensión de la genética era inexistente, lo que dejaba un amplio margen para la interpretación mágica o divina de las peculiaridades físicas.

Alexandria Augustine, una joven londinense que experimentó un cambio en el color de sus ojos de un azul común a un violeta profundo, se convirtió en un símbolo de esta fascinación por lo extraordinario. Los relatos de su vida y su condición se mezclaron con la mitología local y las narrativas folclóricas, transformando su historia en una leyenda. Lo que podría haber sido una rara anomalía genética se convirtió en la piedra angular del mito del "síndrome de Alejandría". Su caso, inicialmente discutido en círculos médicos y luego llevado a las esferas de lo paranormal, ilustra cómo los hechos históricos pueden entrelazarse con la ficción para crear relatos que perduran a través de los siglos, reflejando las esperanzas, miedos y fascinaciones de una era.

Supuestos síntomas del síndrome de Alejandría
El "síndrome de Alejandría" se describe con una lista de síntomas tan fascinantes como improbables. El más distintivo es, sin duda, el cambio de color en los ojos de quienes lo padecen, que pasarían de un tono azul común a un violeta profundo y cautivador. Pero los misterios de este síndrome no se detienen allí. Según la leyenda, las mujeres afectadas poseen también una piel excepcionalmente pálida que puede soportar el sol sin quemarse, una característica que rompe las normas dermatológicas conocidas.

Además, se les atribuye una ausencia casi total de vello corporal, una falta de menstruación que no afecta su fertilidad y una longevidad extraordinaria, llegando algunas a vivir entre 120 y 150 años. Estos síntomas, que parecen sacados de un cuento de hadas o de una historia de ciencia ficción, dotan a las supuestas afectadas de una apariencia etérea y juvenil durante más tiempo del imaginable.

Tales características han capturado la imaginación de la cultura popular y los medios de comunicación, transformando al "síndrome de Alejandría" en un tema recurrente de especulación y fascinación. El atractivo de estas mujeres casi sobrehumanas, con habilidades y atributos que rozan lo fantástico, está relacionado con los deseos universales de belleza inusual, juventud perpetua y salud excepcional. En un mundo que valora la perfección y lo extraordinario, el síndrome de Alejandría ofrece un perfecto escape narrativo, uno que mezcla lo misterioso con lo deseable en igual medida.


Investigación sobre el síndrome de Alejandría: la ciencia lo desmiente
Desde una perspectiva científica, los síntomas descritos en el "síndrome de Alejandría" carecen de fundamento biológico. La genética moderna y la dermatología ofrecen explicaciones claras que contradicen las características atribuidas a esta supuesta condición. Por ejemplo, la idea de que una piel extremadamente pálida pueda resistir la radiación solar sin quemarse contradice la evidencia médica de cómo la melanina protege la piel de los daños UV. Según el dermatólogo James Spencer, la melanina es esencial para proteger contra los rayos UV, y una falta de ella aumenta el riesgo de daño solar y cáncer de piel.

En cuanto al color de los ojos, los cambios de un azul a un violeta no se deben a una mutación genética que afecte solo a mujeres. Lluís Montoliu, especialista en genética, explica que los colores de ojos menos comunes, como el violeta, no son resultado de una nueva pigmentación, sino de la dispersión de la luz y la cantidad de melanina presente en el iris.

Asimismo, la ausencia de menstruación combinada con fertilidad es biológicamente improbable, y la longevidad extrema citada no tiene respaldo en estudios epidemiológicos. “No hay evidencia científica de que la genética por sí sola pueda extender la vida humana más allá de los límites documentados”, según la gerontóloga Sarah Harper.

En resumen, aunque el síndrome de Alejandría presenta una narrativa intrigante, no resiste el escrutinio científico riguroso. Se trata más de un mito alimentado por deseos y fascinación cultural que de una condición médica real.

Realidad vs. ficción
El mito del "síndrome de Alejandría" resuena profundamente en una sociedad obsesionada con la belleza, la juventud y la perfección. Esta leyenda refleja y amplifica las ansiedades culturales sobre la identidad y los ideales estéticos inalcanzables, mostrando cómo los mitos pueden formar y distorsionar nuestras percepciones de lo normal y lo deseable. En una era donde la apariencia puede ser editada y presentada en plataformas digitales, el síndrome se convierte en un espejo de las expectativas irreales que muchas veces se promueven a través de los medios.

Internet y las redes sociales han jugado un papel crucial en la propagación de mitos médicos como el síndrome de Alejandría. Estas plataformas proporcionan un terreno fértil para la difusión rápida de información, sin la verificación adecuada, permitiendo que historias fascinantes pero infundadas ganen tracción y credibilidad. Este fenómeno destaca la necesidad crítica de alfabetización mediática y científica para discernir entre hechos y ficción en nuestra búsqueda de comprensión y autoaceptación.


El "síndrome de Alejandría" nos recuerda la delgada línea que existe entre realidad y mito, especialmente cuando se trata de interpretar lo desconocido. Este caso subraya la importancia de cuestionar y no aceptar ciegamente las afirmaciones extraordinarias sin evidencia sólida. Como lectores y consumidores de información, nos corresponde cultivar un escepticismo saludable y una curiosidad que nos lleve a buscar fundamentos científicos firmes. Esperamos que este viaje a través del mito de Alejandría inspire una mayor apreciación por la ciencia y su capacidad para iluminar la verdad en nuestro mundo lleno de maravillas y misterios.

DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

El 24 de octubre celebramos este importante tema, para alertar sobre los efectos nocivos y devastadores del cambio CLIMÁTICO EN EL PLANETA

Esta efeméride no ha sido proclamada oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, este organismo apoya la iniciativa de generar acciones para contrarrestar el cambio climático.

Relacionado con esta celebración, la ONU proclamó también el Día Mundial del Medio Ambiente que se celebra el 5 de junio, con el objetivo de sensibilizar a la población mundial en relación a temas ambientales y movilizar a los gobiernos para que actúen en este ámbito.

¿POR QUÉ SE CELEBRA EL DÍA MUNDIAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO?
Podemos definir el cambio climático como la variación global del clima y la temperatura del planeta, generada a largo plazo por causas naturales.

En el último siglo la contaminación generada por la actividad humana ha acelerado este proceso a una velocidad alarmante debido a la emisión de los gases de efecto invernadero generados por factores tales como la quema de combustibles fósiles, el uso del suelo, el uso de la energía y las actividades industriales.

Estos gases ocasionan un incremento de las temperaturas, generando el fenómeno del calentamiento global, causante del cambio climático. Algunos de los efectos a nivel global son los siguientes:

  • Incremento de las temperaturas medias.
  • Incremento del nivel del mar.
  • Deshielo en el Ártico.
  • Incremento de eventos climáticos extremos: sequías, incendios, escasez de agua e inundaciones.
En tal sentido, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU afirma en su informe del año 2021 titulado "Cambio Climático 2021: bases físicas" que el calentamiento global se intensifica con gran rapidez, siendo inminente la reducción sustancial de las emisiones de gases por el efecto invernadero.

¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES CAUSAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO?
El principal contribuyente del cambio climático es el efecto invernadero, ocasionado por cierto tipos de gases como el dióxido de carbono (CO2).

En teoría, la liberación de este tipo de gases se considera natural y adecuada para la supervivencia de muchas especies terrestres, pero desde la época de la industrialización hasta la actualidad, la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) liberados al medio ambiente han superado con creces los niveles de los últimos tres millones de años.

LAS CAUSAS QUE SE RELACIONAN CIENTÍFICAMENTE CON ESTE FENÓMENO SON LAS SIGUIENTES:
La concentración de gases de efecto invernadero está directamente relacionada con la temperatura media de la tierra.
Desde la Revolución Industrial la emisión de gases ha ido en incremento.

De entre todos los tipos de gases de efecto invernadero, el más propagado y que representa dos tercios de todos los tipos de GEI es el dióxido de carbono. Esto se debe principalmente a la quema de combustible fósil.

La industrialización genera gran parte de gases de efecto invernadero

INSTRUMENTOS JURÍDICOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO.
En el actual desafío del planeta para contrarrestar los efectos nocivos del cambio climático se han generado esfuerzos mancomunados entre las naciones mundo, tales como la emisión de los siguientes instrumentos jurídicos:

CONVENCIÓN MARCO DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO: Este instrumento se originó en el año 1992, en el marco de la Cumbre para la Tierra. Su principal objetivo radica en la generación de acciones para prevenir la intervención humana en el sistema climático. Actualmente 197 países han ratificado esta Convención.

PROTOCOLO DE KYOTO: La comunidad internacional inició negociaciones en 1995, a fin de fortalecer la respuesta mundial frente al cambio climático, mediante el cumplimiento de metas para la reducción de emisiones de gases. Han firmado 192 países.

ACUERDO DE PARÍS: En la 21ª Conferencia de París celebrada en el año 2015 se firmó el Acuerdo de París, con la finalidad de reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, mediante el mantenimiento de la temperatura mundial por debajo de los 2°C con respecto a los niveles preindustriales. Igualmente se aunarán esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5°C.

¿QUÉ SE PUEDE HACER PARA MITIGAR EL CAMBIO CLIMÁTICO?
Todas las personas estamos en la obligación de poner nuestro granito de arena por el planeta. Te ofrecemos algunos consejos que pueden ayudar a marcar la diferencia en la disminución de los efectos del cambio climático:
En la medida de las posibilidades utiliza fuentes de energía renovables (energía solar, eólica, marina, geotérmica, entre otras).

Compra productos que provengan de material reciclado o materiales naturales, que sean biodegradables.

Haz el mantenimiento preventivo y continuo a dispositivos, equipos electrónicos y vehículos, siendo preferible repararlos que sustituirlos por completo.

Apoya el comercio local de productos naturales u orgánicos.
Compra equipos electrodomésticos de bajo consumo.

CUMBRES CLIMÁTICAS DE LOS ÚLTIMOS AÑOS
Las cumbres sobre el clima en los últimos cinco años han sido fundamentales en el esfuerzo global por enfrentar la crisis climática. Estas reuniones internacionales han reunido a líderes mundiales, científicos, activistas y representantes de la sociedad civil para discutir y acordar medidas destinadas a mitigar el cambio climático, adaptarse a sus impactos y proteger el medio ambiente. A continuación, repasamos las principales cumbres celebradas desde 2019 hasta 2023.

COP25 - MADRID, 2019
Originalmente prevista en Chile, la COP25 terminó celebrándose en Madrid bajo la presidencia chilena. Esta cumbre se centró en la implementación del Acuerdo de París, especialmente en los artículos relacionados con los mercados de carbono (artículo 6). Sin embargo, los resultados fueron decepcionantes para muchos observadores, ya que no se lograron avances significativos en temas clave como la financiación climática y los compromisos más ambiciosos de reducción de emisiones. Las discusiones se centraron en cómo los países debían cumplir sus promesas anteriores, pero las tensiones políticas entre las principales potencias dificultaron avances concretos.

COP26 - GLASGOW, 2021
La COP26, originalmente programada para 2020 pero aplazada debido a la pandemia de COVID-19, fue una cumbre decisiva. Celebrada en Glasgow, Reino Unido, su objetivo principal era actualizar los compromisos nacionales (NDCs, por sus siglas en inglés) bajo el Acuerdo de París para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los países presentaron nuevos planes de acción climática, y se acordó una meta global para mantener el calentamiento por debajo de 1,5°C. Uno de los avances más destacados fue el compromiso para reducir el uso del carbón, aunque no se alcanzó un acuerdo para su eliminación total. También se reafirmó la necesidad de financiación, prometiendo a los países en desarrollo 100 mil millones de dólares anuales para enfrentar los impactos del cambio climático.

COP27 - SHARMA EL-SHEIJ, 2022
La COP27, celebrada en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij, fue marcada por un enfoque en la "justicia climática". Los países en desarrollo, que a menudo sufren los peores impactos del cambio climático sin ser responsables de gran parte de las emisiones globales, impulsaron con fuerza la creación de un fondo de "pérdidas y daños" para compensar los impactos climáticos. Después de negociaciones difíciles, se acordó establecer este fondo, lo que fue considerado un éxito histórico para los países más vulnerables. Sin embargo, la cumbre fue criticada por no abordar suficientemente la reducción de emisiones a largo plazo, lo que deja en duda si se alcanzarán los objetivos del Acuerdo de París.

COP28 - DUBÁI, 2023
La COP28 se centró en evaluar los avances de las metas globales a medio y largo plazo. A medida que las evidencias del cambio climático se hacen más visibles y urgentes, con fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, la presión para que los países presenten compromisos más ambiciosos ha ido en aumento. Los principales temas discutidos incluyeron la transición energética, la financiación para la adaptación al cambio climático y la necesidad de alianzas público-privadas para impulsar soluciones tecnológicas. Dubái, como sede de la COP28, ha sido un lugar controvertido debido a su rol como uno de los mayores productores de petróleo del mundo, pero también ha buscado presentarse como un ejemplo de diversificación energética hacia fuentes renovables.

¿CÓMO PODEMOS CELEBRAR EL DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO?
Te invitamos a proponer ideas para ayudar al planeta. Cualquier proyecto será bienvenido: poner paneles solares en el techo de tu hogar, limpiar una playa o crear un grupo de manualidades recicladas en tu localidad. Toda acción, por pequeña que sea, suma puntos para tener un planeta sano por muchos años más.
Puedes obtener más información acerca de temas relacionados con esta efeméride. Existen en nuestro calendario varios días mundiales e internacionales relacionados con el clima y el medio ambiente, como son:
La Hora del Planeta
Día Mundial de la Eficiencia Energética
Día Mundial del Agua
Día Internacional de la Madre Tierra
Día Mundial del Reciclaje
Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico
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