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sábado, 13 de septiembre de 2025

La vitamina D podría retrasar el envejecimiento

Enviado por

Jesús Leonardo Guerra Sánchez

Un nuevo estudio de la Universidad de Harvard ha revelado que la vitamina D podría ralentizar el envejecimiento biológico. Los investigadores observaron que la suplementación con esta vitamina ayuda a preservar los telómeros, estructuras clave para la longevidad celular y la prevención de enfermedades crónicas relacionadas con la edad.

La vitamina D y su relación con el envejecimiento celular
Los telómeros, estructuras que protegen los extremos de los cromosomas, actúan como un reloj biológico. A medida que envejecemos, se acortan de forma natural, lo que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas como cáncer, diabetes o problemas cardiovasculares. El estudio VITAL, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, siguió durante cuatro años a miles de personas y demostró que quienes recibieron 2.000 UI de vitamina D3 al día mostraron un acortamiento de telómeros mucho menor que los que tomaron un placebo.

La diferencia fue tan notable que los científicos estimaron que la suplementación evitó el equivalente a casi tres años de envejecimiento biológico. Esto abre la posibilidad de que la vitamina D no solo sea esencial para la salud ósea e inmunológica, como ya se sabía, sino también para la longevidad celular. Según los autores, esta vitamina podría estimular la telomerasa —una enzima que reconstruye los telómeros— y reducir el daño oxidativo del ADN, uno de los principales factores del envejecimiento prematuro.

Para la doctora JoAnn Manson, profesora de Medicina en Harvard y autora principal del estudio, el hallazgo es prometedor: “La vitamina D reduce la inflamación, una de las principales causas del acortamiento de los telómeros y de las enfermedades crónicas del envejecimiento”.

Beneficios potenciales y precauciones necesarias

La investigación apunta a que la suplementación con vitamina D puede convertirse en una estrategia innovadora para retrasar el envejecimiento biológico y reducir la incidencia de enfermedades degenerativas. Los efectos serían especialmente relevantes en personas con altos niveles de inflamación o mayor riesgo de patologías crónicas.

Sin embargo, los expertos advierten que los suplementos no deben considerarse una solución mágica ni un sustituto de un estilo de vida saludable. Una alimentación equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico y la exposición moderada al sol siguen siendo pilares fundamentales para mantener una buena salud. De hecho, los investigadores señalaron que caminar 15 minutos varias veces a la semana bajo la luz solar del mediodía puede aportar suficiente vitamina D sin necesidad de recurrir a suplementos, al menos en personas sin deficiencias marcadas.

El debate sobre qué nivel de vitamina D en sangre se considera “adecuado” continúa abierto. Diferentes países y organismos de salud ofrecen cifras distintas, lo que genera confusión sobre la suplementación óptima. Aunque en este ensayo clínico no se observaron efectos secundarios con 2.000 UI diarias, la ingesta excesiva puede causar hipercalcemia, una acumulación de calcio en la sangre que provoca vómitos, debilidad muscular y problemas renales. Por ello, cualquier suplementación debe hacerse bajo supervisión médica.

Lo que queda por investigar sobre la vitamina D y la longevidad
A pesar de los resultados alentadores, los investigadores de Harvard subrayan que aún se necesitan más estudios para confirmar los beneficios de la vitamina D sobre el envejecimiento y establecer la dosis adecuada para distintos grupos de población. Además, se desconoce si la vitamina D tendría el mismo impacto en personas con niveles sanguíneos normales en comparación con aquellas que presentan deficiencias.

El interés científico en los telómeros y su relación con la longevidad no es nuevo, pero este ensayo marca un paso importante en el campo de la medicina preventiva. Si futuras investigaciones confirman estos hallazgos, la vitamina D podría convertirse en una herramienta accesible para retrasar la aparición de enfermedades propias de la edad avanzada.

Mientras tanto, la recomendación de los especialistas es clara: mantener hábitos saludables y consultar con un médico antes de iniciar cualquier suplementación. El camino hacia una vida más larga y saludable probablemente sea el resultado de una combinación equilibrada de factores y no de un único suplemento.

El estudio de Harvard ofrece nuevas evidencias de que la vitamina D puede ayudar a frenar el envejecimiento celular, preservando los telómeros y reduciendo la inflamación. Aunque los resultados son prometedores, la ciencia aún busca confirmar la dosis y condiciones óptimas para aprovechar su potencial.

sábado, 3 de julio de 2021

Vitamina A

La vitamina A es una vitamina liposoluble. El retinol es la forma activa de esta vitamina y se encuentra en alimentos de origen animal únicamente. En cambio, en los alimentos de origen vegetal encontraríamos los que se conoce como provitamina A que son los carotenoides. Tras su ingesta nuestro organismo convertirá estas moléculas en la forma activa de la vitamina A y su eficacia será la misma, hasta el punto de que alcanzaríamos los requerimientos de esta vitamina sin problema a base de alimentos de origen vegetal. Es decir, una alimentación vegetariana o vegana puede asegurar el consumo adecuado de esta vitamina sin tener un mayor riesgo de deficiencia.

Los carotenoides más comunes y con mayor capacidad de transformación en vitamina A son los betacarotenos, unos pigmentos con alta capacidad antioxidantes que dan un color rojizo-anaranjado a los alimentos que lo contienen como las zanahorias o la calabaza. También se encuentran en otros que no tienen esa tonalidad porque prima el color de otro pigmento, como por ejemplo, el verde de la clorofila.

Un detalle destacable, es que a diferencia de otros nutrientes que se destruyen con el calor, los betacarotenos aumentan su biodisponibilidad por el organismo, es decir, se absorben y aprovechan mejor. Técnicas como calentar al vapor unos minutos algunas verduras de vez en cuando,a acordarnos de contar con ellas cuando asamos verduras al horno… pueden ser de utilidad además de su consumo en crudo.

Su unidad de medida son los equivalentes de retinol (ER) (que incluye tanto el retinol como los carotenos). Un equivalente de retinol equivale a 1 microgramo de retinol, pero, por ejemplo, a 6 microgramos de betacarotenos. En el caso de otros carotenos, al tener menor capacidad de transformación en vitamina A por nuestro organismo, cada equivalente de retinol equivale a más microgramos que lleguen a las mismas cantidades finales de vitamina A.

Solo se encuentra en su forma activa en alimentos de origen animal, destacando: aceite de hígado de pescado, pescados como sardinas y atún, yema de huevo, mariscos en general y lácteos enteros (en los semidesnatados o desnatados apenas encontraremos trazas). 
• En los alimentos de origen vegetal se encuentra su precursor ``provitamina A´´ en forma de unos compuestos llamados ``carotenoides´´. Los carotenoides son componentes no nutrientes que dan color al alimento porque son pigmentos. Los betacarotenos, que son las principales fuentes de vitamina A en alimentos vegetales confieren un color: rojo anaranjado o amarillento. Una vez ingeridos, en nuestro organismo pueden transformarse en la vitamina A activa. Por esta razón, la vitamina A también se encuentra en alimentos de origen vegetal, y, de hecho, sin consumir alimentos animales podemos alcanzar también sus requerimientos diarios como sucedería en una persona vegana. 
• Dentro de los alimentos vegetales la encontramos principalmente en hortalizas y frutas anaranjadas como: zanahorias, calabaza, caqui, mandarinas y naranja... Y también en rúcula, espinacas, brócoli, pimiento rojo... Destacando su contenido en el boniato.


sábado, 13 de junio de 2020

Vitamina C

La vitamina C, también conocida como vitamina antiescorbútica o ácido ascórbico, es una vitamina hidrosoluble imprescindible para el desarrollo y crecimiento. También ayuda a la reparación de tejidos de cualquier parte del cuerpo, formando colágeno (el tejido cicatricial) en el caso de las heridas o subsanando el deterioro en huesos o dientes. La vitamina C también podría ayudar a curar resfriados comunes.

También funciona como antioxidante, contribuyendo a prevenir el daño de los radicales libres. Estos radicales libres son moléculas que se producen cuando el cuerpo descompone alimentos o frente a la exposición del humo del tabaco y la radiación. Son los causantes del envejecimiento, y pueden ser factores que propicien enfermedades como el cáncer, la cardiopatía o la artritis.



Fuentes de la vitamina C
Las frutas y los vegetales son la fuente mayoritaria de vitamina C. Entre las frutas que contienen una mayor cantidad encontramos los cítricos, el kiwi, el mango, la papaya, la piña, las fresas, la sandía o el melón. Por su parte, algunos de los vegetales con mayor cantidad de vitamina C son el brócoli, la coliflor, los pimientos, la espinaca, la patata blanca o los tomates.

La vitamina C también se puede encontrar en varios suplementos vitamínicos, entre ellos, los multivitamínicos, aunque también se suele encontrar de manera individual.

La cantidad diaria recomendada de vitamina C varía según la edad y sexo:
Hasta los 6 meses: 40 mg.
De 7 a 12 meses: 50 mg.
De 1 a 3 años: 15 mg.
De 4 a 8 años: 25 mg.
De 9 a 13 años: 45 mg.
Hombres de 14 a 18 años: 75 mg.
Mujeres de 14 a 18 años: 65 mg.
Hombres mayores de 18 años: 90 mg.
Mujeres mayores de 18 años: 75 mg.

Además, los fumadores deben añadir 35 mg. más a su dieta, pues el humo del tabaco aumenta la cantidad necesaria de vitamina C para combatir los radicales libres que genera. Otros factores que requieren de una mayor cantidad de vitamina C son la toma de leche de vaca durante el periodo de lactancia en lugar de la materna, la falta de diversidad de alimentos en la dieta o algunos trastornos de salud como la hipoabsorción (absorción insuficiente), algunos tipos de cáncer o enfermedades renales.

Las mujeres embarazadas también necesitan una mayor dosis de vitamina C diaria: para las adolescentes se necesitan 80 mg. al día, mientras que las adultas requieren de 85 mg. Para aquellas en periodo de lactancia, las cantidades son de 115 mg. para las adolescentes o 120 mg. para las adultas.
Beneficios de la vitamina C

La vitamina C previene el escorbuto y sería también eficaz en la prevención de algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

Son varios los tipos de cáncer que podrían prevenirse si se mantiene una dieta elevada en vitamina C adquirida a través de frutas y verduras, como puede ser el cáncer de colon, el cáncer de pulmón o el cáncer de mama. Sin embargo, una vez el cáncer se encuentra en tratamiento, la eficacia de la vitamina C no ha sido probada. De la misma manera, las enfermedades cardiovasculares suelen ser menos frecuentes en aquellas personas cuyas dosis de vitamina C es la recomendada, aunque no ha sido científicamente probado.
La vitamina C sí que ha demostrado ser eficaz contra el escorbuto, por lo cual recibe su nombre de “vitamina antiescorbútica”. Aunque esta enfermedad es poco común en la actualidad, puede ser contraída por aquellas personas que consumen vitamina C en poca o ninguna cantidad durante varios días. Sus síntomas son el cansancio, la inflamación de encías, manchas en la piel o dolor en las articulaciones, entre otras. Si el escorbuto no se trata a tiempo puede ser mortal.

Como creencia popular, se suele decir que la vitamina C también sirve como remedio para curar los resfriados comunes. Sin embargo, no todos los expertos coinciden en la eficacia real de este remedio. Lo que sí es cierto es que la vitamina C puede ayudar a reducir la duración del resfriado, aunque todo depende de las condiciones de vida de cada persona. En cualquier caso, la vitamina C no evita contraer un resfriado, pero sí puede ayudar a recuperarse.

El exceso de vitamina C puede ser perjudicial, ya que puede causar diarrea, náuseas y dolores. Además, puede interferir de manera negativa si se toma al mismo tiempo que otros antioxidantes o en tratamientos contra el cáncer.

lunes, 27 de agosto de 2018

Vitamina A

¿Qué es la vitamina A?
La vitamina A es una vitamina liposoluble que el cuerpo adquiere a través de la comida y ayuda a mantener en buen estado la vista, el sistema inmunitario y la capacidad de reproducción. También aporta beneficios para el corazón, los pulmones y los riñones, entre otros órganos.

La vitamina A se divide en dos tipos: la vitamina A preformada, que se encuentra en carnes, pescados y productos derivados de la leche; y la provitamina A, que se encuentra en frutas, verduras y vegetales.

FuncionesLa vitamina A ayuda al desarrollo de los huesos, los dientes, los tejidos blandos, las mucosas y la piel. Está muy relacionada con el acné, ya que la deficiencia de vitamina A en la dieta puede provocar su aparición. También ayuda a la formación de la retina, por lo que se conoce también como retinol. Contribuye además a la prevención de enfermedades infecciosas, especialmente del aparato respiratorio, u otras patologías como el sarampión. No se ha llegado a un consenso sobre si puede favorecer la no aparición de un cáncer de pulmón o de estómago.

Esta vitamina también favorece la producción de espermatozoides y contribuye al ciclo reproductivo femenino, favoreciendo los cambios que se producen en las células durante el desarrollo del feto.

Falta o exceso de vitamina A

Para determinar el nivel de vitamina A se llevan a cabo análisis de sangre. La falta de vitamina A puede hacer a una persona más propensa a contraer infecciones, problemas de visión como la ceguera nocturna o erupciones cutáneas, según la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

Su exceso, por otra parte, puede causar enfermedades como la anorexia, la pérdida excesiva de peso, la alopecia o los dolores de cabeza muy fuertes. También puede provocar ictericia, pero es algo reversible que desaparece a los pocos días de dejar la ingesta abundante.


Fuentes
La vitamina A se encuentra en una amplia variedad de alimentos:
Hortalizas (de hoja verde), frutas (sobre todo las verdes, naranjas o amarillas, como el melón o el mango) y verduras (brócoli, zanahoria, calabacín).
Productos lácteos.
Carnes vacunas y de ave: el hígado de vaca o de pollo tienen una cantidad elevada, por ejemplo.
Algunos tipos de pescado, como el salmón o el bacalao.
Cereales fortificados.

Además, también puede obtenerse mediante suplementos vitamínicos. Los más frecuentes son el acetato de retinilo, el palmitato de retinilo, el betacaroteno o las combinaciones de vitamina A preformada y provitamina A.