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miércoles, 19 de marzo de 2025

¿Cómo funciona el oído?

El oído está formado por el oído externo, el oído medio y el oído interno. Conoce las partes del oído y la función de cada una de ellas.
Partes del oído


El oído consta de tres partes principales: el oído externo, el oído medio y el oído interno. Cada sección está formada por estructuras que desempeñan funciones claras en el proceso de transformación de las ondas sonoras en señales que van al cerebro.

Oído externo
El oído externo está formado por la parte de la oreja que se puede ver, llamada pabellón auricular, y el conducto auditivo externo. El pabellón auricular tiene forma de copa, capta las ondas sonoras del entorno y las envía al conducto auditivo externo.

Oído medio
El oído medio es un espacio lleno de aire, llamado cavidad, que alberga una cadena de tres huesos. Estos huesos incluyen:
El martillo.
El yunque.
El estribo.

Estos huesos están separados del oído externo por el tímpano, llamado membrana timpánica, que vibra al ser golpeado por una onda sonora.

El oído medio se conecta con la parte posterior de la nariz y la parte superior de la garganta mediante un estrecho canal denominado trompa auditiva, también llamada trompa de Eustaquio. La trompa se abre y se cierra en el extremo de la garganta para mantener la misma presión en el oído medio y en el ambiente y drenar los líquidos. Una presión igual a ambos lados del tímpano es importante para la vibración típica del tímpano.

Huesos del oído medio
El oído medio consta de tres huesos pequeños:
El martillo, que está unido al tímpano.
El yunque, que se encuentra en medio de la cadena de huesos.
El estribo, que está unido a la abertura cubierta por una membrana que conecta el oído medio con el oído interno, llamada ventana oval.

La vibración del tímpano inicia una cadena de vibraciones a través de los huesos. Debido a las diferencias de tamaño, forma y posición de los tres huesos, la fuerza de la vibración aumenta cuando llega al oído interno. Este aumento de fuerza es necesario para transferir la energía de la onda sonora al líquido del oído interno.

Oído interno
El oído interno contiene un grupo de cámaras interconectadas llenas de líquido. La cóclea, una cámara en forma de caracol, desempeña una función en la audición. Las vibraciones sonoras de los huesos del oído medio se transfieren a los líquidos de la cóclea. Los diminutos sensores que recubren la cóclea, denominados células ciliadas, transforman las vibraciones en impulsos eléctricos que se envían al cerebro a través del nervio auditivo. Aquí es donde primero se producen los daños y la pérdida auditiva debidos a la edad, la exposición al ruido o los medicamentos.


Las otras cámaras llenas de líquido del oído interno, denominadas laberinto vestibular, incluyen tres estructuras tubulares llamadas conductos semicirculares óseos. Las células ciliadas de los conductos semicirculares óseos detectan el movimiento del líquido cuando te mueves en cualquier dirección. Transforman el movimiento en señales eléctricas que se envían al cerebro a través del nervio vestibular. Esta información sensorial te permite mantener el sentido del equilibrio.

Viaje al cerebro
Los impulsos eléctricos viajan a lo largo del nervio auditivo y pasan por muchos centros de procesamiento de la información. Las señales del oído derecho llegan a la corteza auditiva, situada en el lóbulo temporal del lado izquierdo del cerebro. Las señales del oído izquierdo viajan a la corteza auditiva derecha.

Las cortezas auditivas clasifican, procesan, interpretan y archivan la información sobre el sonido. La comparación y el análisis de todas las señales que llegan al cerebro permiten detectar determinados sonidos y suprimir otros como el ruido de trasfondo.

miércoles, 3 de abril de 2024

El olfato, ¿por qué es fundamental para la sobrevivencia?

El olfato, un sentido olvidado y poco estudiado, es un mecanismo de defensa para la sobrevivencia del ser humano, fundamental en la reproducción sexual y potente predictor —cuando se va perdiendo la capacidad de oler— de algunas patologías.

La doctora Alicia Castillo, profesora de neuroanatomía funcional de la Facultad de Medicina de la UNAM, apunta sobre el sentido de los olores:

El olfato es tan importante como los otros sentidos, sólo que durante la evolución “nosotros despegamos la nariz del piso”.

A los mamíferos de cuatro patas, la nariz les sirve para encontrar comida y evitar comer algo venenoso, en proceso de descomposición o tóxico, así como para encontrar pareja y reconocer a la cría.

En los humanos se modificó la relevancia del olfato “porque nos pusimos de pie”. Erguidos, estamos lejos de lo que podemos oler. Predominan el oído y la vista porque el mundo y la vida están llenas de sonidos, así como de formas y colores.
Olfato y subsistencia

Neurológicamente, el olfato está conectado al sistema autónomo del cerebro. Por eso, cuando olemos algo desagradable reaccionamos, es decir, se activa “el reflejo de la arqueada”.

También tiene conexión con el sistema límbico, por lo que los humanos podemos separar el acto sexual per se de lo sensual. Ambos tienen que ver con el olfato y la vista.

La o lo veo y digo: está más o menos. Sin embargo, si me agrada su olor, entonces, las posibilidades de que haya una compatibilidad tanto sexual como sensual a largo plazo son muchas.

El olfato es un mecanismo “muy ancestral” que facilita encontrar pareja. En un experimento en el que se pidió a mujeres que olieran camisetas sudadas de algunos hombres, se encontró cuáles aromas les gustaban y atraían y cuáles no.

Otros estudios, a los que ya no se les dio continuidad, mostraron que hay cierta complementariedad entre olfato y sistema inmune. Es muy probable que, si me gusta el olor de alguien, nuestros sistemas inmunes sean complementarios. El ser humano producto de esa relación de pareja tendrá un sistema inmune más fuerte, lo cual es fundamental para la subsistencia de la especie.

Olfato entrenado
Hay olores que de manera innata o natural nos agradan y otros que nos desagradan, como los pútridos. Aunque también hay olores aprendidos.

Así como se educa el oído para la música, también al gusto y al olfato para la cata de agua, café, vino u otro alimento. En particular, el olfato se entrena para distinguir las notas de las fragancias y los perfumes.

La música y las fragancias tienen notas. En una son Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si. En las otras hay notas florales, dulces, quemadas, a madera, cítricas, etcétera, que siempre son referencias de otro sentido. O veo flores o me saben a algún cítrico. Quizá la única exclusiva del olfato es la nota alcanforada.

El olfato también es un sentido olvidado porque no tiene, como la vista, un vocabulario. No tenemos una palabra o nombre específico para los olores. En cambio, para los colores si: azul, verde, rojo, blanco…

Olfato, un sentido químico

La relación olfato-olores también es cultural. Hay aromas que nos relajan, nos activan, abren el apetito, porque están asociados al gusto. Si se junta “el aroma que me gusta con el hambre” comienzo a salivar. Salivamos porque hay núcleos en el tallo cerebral que conjuntan o integran esa información que viene del olfato y el gusto.

A diferencia de la vista, el oído y el tacto (diseñados para procesar colores y formas, sonidos y texturas), el olfato y el gusto son sentidos químicos. El olfato (la nariz sirve para respirar y oler) tiene receptores que detectan moléculas aromáticas muy volátiles flotando en el ambiente.

Toda esa información llega al sistema límbico y activa la parte del gusto, la parte sexual y la memoria. Todos tenemos recuerdos asociados a olores específicos. La cercanía del sistema olfativo con el hipocampo y la amígdala facilita que se impregne la memoria. “Es como si conversaran muy de cerca”.
Olfato y enfermedades

Perder el olfato aparentemente no es grave. Sin embargo, para quien padece de gripe o COVID-19 no es nada agradable comer: no le sabe la comida porque más del 80% del sabor está asociado con el olfato y le queda “muy poquito del gusto”. Sin olfato no se puede tener “toda la experiencia de comer con los sabores”.

Una buena noticia es la neurogénesis que ocurre en los bulbos olfatorios del cerebro. Sus neuronas se regeneran todo el tiempo. Por eso el olfato podría usarse como “un potente predictor” de padecimientos neurodegenerativos como las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson. Antes de presentarse la pérdida de memoria o la desregulación de los movimientos, lo primero que se pierde es el olfato porque ya no se regeneran las neuronas de los bulbos olfatorios

Aún no es posible curar las enfermedades neurodegenerativas, sin embargo, si se descubre de manera temprana la pérdida del olfato podría ser un indicio de que en unos cinco años se podría manifestar Alzheimer o Parkinson.

Cuidados para el olfato
¿Cómo puedo cuidar mi olfato? Si bien “se cuida solo”, la doctora Castillo propone:No exponerse a olores intensos, por ejemplo, a solventes muy potentes. Quien está expuesto debe usar equipo de protección como mascarillas. “Oler tantito para el cerebro no es poquito”. Aunque se van a morir y a regenerar neuronitas del sistema olfatorio, hay que cuidarlas.
No exponerse a cambios de temperatura o a situaciones que pudieran desencadenar un proceso de infección de las vías respiratorias. La gripe, COVID-119 y otras enfermedades similares afectan los bulbos olfatorios. Con un catarro, nuestra mucosa y nuestros receptores del olfato sufren.
Evitar las drogas, particularmente las que se consumen por inhalación.
Cuidar la alimentación para tener un sistema inmune con “todo en su lugar”.
Quienes se acercan a los 60 años de edad y notan pérdida del olfato, deben acudir al médico para descartar o confirmar la posibilidad de padecer alguna patología y tomar las acciones médicas correspondientes.

viernes, 16 de junio de 2023

El timo, la glándula desconocida que puede tener la clave del envejecimiento

Esta glándula es muy grande en los bebés y adolescentes, y casi desaparece en los ancianos, ¿puede ser el secreto para frenar los efectos del avance del tiempo?


¿Te gustan las mollejas de cordero? Este delicado plato de casquería tradicional en España y Francia, entre otros sitios, tiene sus seguidores y detractores, pero no todo el mundo tiene claro lo que está comiendo. Las mollejas son glándulas del timo, los humanos también las tenemos, y son mucho más importantes de lo que se creía.

El timo es una pequeña glándula que forma parte del sistema linfático. Se encuentra en la parte superior del tórax y es más grande en los lactantes y niños pequeños, pero su tamaño disminuye después de la pubertad. Alcanza su tamaño máximo en la adolescencia. Después, empieza a reducirse lentamente. A los 75 años, el timo se ha convertido casi totalmente en grasa.

Curiosamente, aunque comemos mollejas desde hace milenios, la verdadera función del timo fue descubierta en 1961. Con anterioridad, los investigadores creían erróneamente que no era más que un vestigio de tejido linfático, una especie de cementerio de células inmunitarias.

Nada más lejos de la verdad. El timo no es un cementerio, sino un campo de entrenamiento para el sistema inmunitario. Esta glándula tiene un papel fundamental en la inmunidad, ya que su función es producir y madurar las células T, los glóbulos blancos responsables de combatir las infecciones y el cáncer. Además de la función inmunitaria, el timo también produce hormonas para el crecimiento y la maduración de los tejidos. Las células T se pierden continuamente y deben reponerse a lo largo de la vida. Cuando el remplazo se frena, empiezan los problemas.

¿Envejecemos porque envejece el timo?
A medida que envejecemos, la glándula del timo empieza a encogerse, un proceso que los científicos llaman involución. Pero este cambio de tamaño también indica que está dejando de hacer su trabajo. Se cree que el deterioro estructural del timo es una de las principales razones por las que con la edad cada vez somos más vulnerables a las enfermedades infecciosas, como la gripe y la neumonía, y en última instancia, el motivo por el que envejecemos. Menos células T, menos funcionales, quiere decir que el organismo tiene más difícil eliminar los patógenos externos, pero también eliminar las células defectuosas, como las células senescentes o células zombie, que están dañadas pero siguen vivas, produciendo inflamación, y las células cancerosas.

El timo envejece más rápidamente que cualquier otro tejido del cuerpo, lo que disminuye la capacidad de las personas mayores para responder a enfermedades. Esto incluye a la eficacia de las vacunas, que son menos efectivas en las personas mayores, que precisamente necesitan mayor protección.

¿Qué es lo que dispara la degeneración del timo? Una de las posibles causas es la variación de las hormonas sexuales con la edad (testosterona y estrógenos). Sin embargo, está ganando fuerza la hipótesis de que el estrés oxidativo, es decir, el aumento de los radicales libres, está detrás de su deterioro. Esto se descubrió a principios del siglo XX, cuando se observó que en las autopsias a bebés que habían muerto de difteria, el timo había encogido.

Esto da una pista de cómo se podría evitar o revertir la degeneración del timo, y por tanto de nuestro sistema inmunitario, evitando los factores que generan estrés oxidativo: la radiación solar, contaminantes y metales pesados, y también el sedentarismo, las alteraciones del sueño, el tabaco y el alcohol y, especialmente, el estrés psicológico.

Cómo regenerar la glándula del timo para envejecer más lentamente
Todo lo anterior ha hecho que se empiece a considerar la regeneración de la glándula del timo como una estrategia para prevenir el cáncer y otras enfermedades y además, retrasar el envejecimiento.

El timo es capaz de regenerarse por sí solo hasta cierto punto. Ya en 1986 se consiguió regenerar el timo en ratones de laboratorio usando hormona de crecimiento, y en 2003 el experimento había funcionado con seres humanos usando durante un mes hormona de crecimiento combinada con dehidroepiandrosterona (DHEA), una hormona que disminuye con la edad y también se ha propuesto como tratamiento antienvejecimiento.

En 2019, un experimento diseñado específicamente para rejuvenecer el timo confirmó que era posible no ya detener, sino retrasar la edad biológica. Para ello usaron una combinación de hormona de crecimiento con dos medicamentos para la diabetes: metformina y, de nuevo, DHEA. Como media, los participantes “rejuvenecieron” 2,5 años biológicamente.

La terapia con antioxidantes, como la vitamina C, permite reducir el daño oxidativo que afecta al la glándula del timo y estimular el mecanismo de regeneración natural. Esto es especialmente importante en las personas que reciben quimioterapia o radioterapia, intervenciones que resultan muy perjudiciales para esta glándula. Una alternativa muy interesante para estas personas es la posibilidad de cultivar in vitro células timoideas que después se pueden transplantar a las personas que las necesiten.

Como ocurre en otras dolencias, las deficiencias de nutrientes pueden empeorar los síntomas y la degeneración. En el caso del timo, los niveles de zinc son cruciales para mantener esta glándula saludable.