viernes, 2 de febrero de 2024

Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley

En la historia de la ciencia cabría recuperar la figura de una joven aprendiz que, sin ser propiamente una “científica”, supo darnos no sólo una precursora y adelantada visión de los caminos que seguiría la entonces “ciencia moderna” al concebir la creación de un hombre nuevo, un hombre nacido en un laboratorio, un ser ideado por la mente de un científico. En efecto, Mary Shelley y su creación literaria Frankenstein apuntan desde el principio a uno de los viejos y desastrosos “sueños de la razón”, y tan es así que desde sus primeras ediciones el texto ha dado abundante material para el debate filosófico en lo que podemos denominar el problema científicomoral. Así, a Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada en 1818, se le ha considerado de muchas y múltiples maneras. Sin embargo, las actuales investigaciones históricas empiezan a poner de manifiesto el espectro científico que sirve de marco a la obra, y es precisamente a esta reconstrucción a la que se destina este escrito. Así pues, intentaré recuperar la ciencia que subyace en la creación literaria, y, a partir de ello, bosquejar lo que aquí he dado en llamar “ la ciencia de Victor Frankenstein”, esto es, la ciencia que respalda el experimento con que este personaje quiere dotar de vida a la nueva criatura.

La ciencia de Frankenstein es una conjunción de concepciones antiguas y renacentistas y de la ciencia moderna, y esa combinación configura el telón de fondo de la ciencia implícita en el texto; por ende, mi labor se restringe a seguir las pistas que Mary Shelley va dejando a lo largo de su novela para poder hacer manifiesta esta ciencia mediante el trazo de las coordenadas principales en las que el mundo de los magos y alquimistas se une al de los científicos modernos.

Buena parte de tal ciencia se halla en un pasado lejano, y no podría ser de otra manera dado que el origen de la novela, según se sabe, fue una apuesta en la que el ganador sería quien escribiese la mejor historia de fantasmas; por ello, la autora buscó aterrorizar a los lectores recurriendo a lo tenebroso y sombrío de la novela gótica, en la que insertó elementos de la alquimia y la magia, pero a la vez centró el terror en una é poca más cercana y luminosa –el siglo XVIII–, cuyo contexto era el del romanticismo de su propia época; en esta tendencia es posible reconocer la crítica a la “razón ilustrada” y a la “ ciencia moderna”. Para una mente romántica como la de Mary, los ingredientes de la creación estaban dados: el pavor provendría de la obra culminante de un científico que no se detiene ante el límite de lo misterioso y que avanza en él con el solo poder de su razón y de su ciencia, un genio creador que en la búsqueda última del saber total y absoluto termina en la locura y hereda al mundo su creación, la peor de sus pesadillas convertida en realidad.

Para combinar estos ingredientes, Mary Shelley imaginó un científico obsesionado que, impasible ante el poder de su ciencia, decide consagrarse a la búsqueda de un patrón teóricoexperimental que le haga posible crear vida. Y por cierto que tal patrón existía desde siempre: es en buena medida el sueño de magos y alquimistas de toda laya en la historia de la filosofía y de la ciencia; pero lo significativo aquí es que en la época de Shelley esas cuestiones dejaban paulatinamente de ser meros ensueños para comenzar a convertirse en realidades gracias a los nuevos resultados de la ciencia. El nudo de la creación dejaba de ser una mera idea romántica para convertirse en una certeza a cuyo servicio se tendría por consiguiente a la ciencia misma. Aparece así esa especie de mito que configura ya el imaginario colectivo y que prácticamente se ha convertido en una leyenda

urbana: la concepción del “científico loco”, que remite inmediatamente a la idea del poder absoluto que confiere el conocimiento y que termina por colocar a los científicos como amos y señores del mundo. Uno de tales antecedentes podrían hallarse en La nueva A t l á n t i d a de Francis Bacon, cuyo lema “Saber es poder” puede considerarse como el origen de la creación de la utopía científica. En fin, sea lo que fuera, el caso es que Mary Shelley logra reunir realidad y ficción para ofrecernos una obra que, trascendiendo el tiempo y el espacio, consigue realmente mostrar su arista más horripilante cuando nos coloca –hoy igual que entonces– ante la pregunta que hoy tiene particular importancia: ¿qué sería del mundo si la ciencia logra conseguir todo lo que se propone?

Y, qué duda cabe, la ciencia ya ha mostrado cómo cumplir este añejo sueño; en efecto, crear vida en un laboratorio ha dejado de ser motivo de la literatura de ficción para tornarse en un tema científico de cuya realidad pocos dudarían hoy, y que empieza a formar parte de nuestro mundo cotidiano a través de los trabajos que real izan actualmente los científicos con respecto a la clonación, la reproducción asistida, el proyecto del genoma humano y muchos otros. No era exactamente así en tiempos de nuestra autora, pero lo cierto es que ya entonces se vislumbraban algunas posibilidades. ¿Cuáles eran estas y cómo aparecen en la obra de Shelley? Con esta pregunta nos podemos poner en camino para determinar la ciencia que respalda el proyecto científico de crear vida que tiene en mente el doctor Victor Frankenstein.

Nuestro personaje aparece como un joven investigador cuya pasión por los misterios de la vida y la muerte le llevarán a concebir la posibilidad de crear un hombre. Obsesionado con ello, se dirige primeramente a la metafísica, entendiéndola como ciencia que permite descifrar los secretos del mundo físico; la filosofía natural será entonces el genio que gobierne su destino. Recorriendo otras páginas, nos enteramos que se da a la tarea de leer exhaustivamente sobre estos temas en las obras de tres autores: Alberto Magno, Paracelso y Cornelio Agripa: “Bajo la guía de mis nuevos preceptores, me inicié con la mayor diligencia en la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la vida; pero este último pronto atrapó toda mi atención”. También nos dice que una violenta, terrible e inesperada tormenta cambió el curso de sus ideas: “Antes de este episodio yo ya conocía las leyes más elementales de la electricidad. En esta ocasión estaba con nosotros un hombre de grandes conocimientos en filosofía natural, el cual, estimulado por la catástrofe, comenzó a explicar una teoría que había desarrollado sobre la electricidad y el galvanismo, la cual era al mismo tiempo nueva y asombrosa para mí. Todo lo que dijo ponía totalmente en duda las apreciaciones de Cornelio Agripa, Alberto Magno y Paracelso”. Fue a raíz de tal incidente que decide renunciar a seguir alimentado su espíritu con estos estudios, pues le pareció entonces que “nunca nada sería o podría ser conocido” ya que la aparente contradicción que engendraba el estudio de la historia natural se le mostró entonces como “una creación deforme y fracasada”.

Se dedica entonces a “las matemáticas y a las ramas de investigación que pertenecen a esa ciencia por estar constituidas sobre fundamentos sólidos”. No obstante, el destino o la fatalidad no habrían de permitir que el desengaño y la decepción fueran contundentes, y poco después encontramos a nuestro personaje en la Universidad de Ingolstadt, donde se encuentra con su primer maestro, el señor Krempe, quien es precisamente profesor de filosofía natural. Éste se burla de las lecturas de Victor por considerarlas teorías refutadas: “No esperaba ya, en estos tiempos ilustrados y científicos, encontrar un discípulo de Alberto Magno y de Paracelso. Mi querido amigo, usted debe comenzar sus estudios completamente desde el principio”. Así que el buen maestro le entrega una lista de libros sobre filosofía natural sobre los que nunca se dicen los títulos, pero sabemos que pese a su modernidad tales textos no parecían cubrir las expectativas del joven estudiante: “Se me pedía que cambiara quimeras de ilimitada grandeza por realidades de poco valor”. Aún le espera otra sorpresa, y esta sí que cambia por completo su manera de concebir la ciencia y en general da un vuelco total a su propia vida. El encuentro con el señor Waldman y la química moderna le abren nuevos derroteros, pues sabe entonces que su sueño creador tiene finalmente una posibilidad. En efecto, Waldman le dice lo siguiente:
Los antiguos maestros de esta ciencia prometían imposibles y no lograron nada. Los maestros modernos prometen muy poco; ellos saben que los metales no pueden transmutarse y que el elixir de la vida es una quimera. Pero estos filósofos, cuyas manos parecen estar hechas sólo para hurgar en la suciedad y sus ojos para escrutar con el microscopio o el crisol, han hecho realmente milagros. Han penetrado hasta lo más oculto de la naturaleza y han demostrado cómo funciona en sus escondrijos. Han subido a los cielos, han descubierto cómo circula la sangre y cómo es el aire que respiramos. Hemos adquirido poderes nuevos, y prácticamente ilimitados, que pueden gobernar el rayo, imitar terremotos y hasta simular al mundo invisible con sus propias tinieblas.

En estas palabras se condensa el sueño de nuestro curioso y ambicioso investigador: la ciencia, después de todo, era poderosa y ahora parecía serlo más que nunca. “Mucho más alcanzaré yo siguiendo los pasos ya iniciados –afirma el personaje–, seré pionero de un nuevo camino, exploraré nuevos poderes y descubriré al mundo los misterios más secretos de la creación” .

Después de esto toma la decisión de volver a sus antiguos estudios, para lo cual pide consejo al señor Waldman, a quien le cuenta de sus autores favoritos. Pero el maestro no se sorprende ni se burla de tales teorías; al contrario, encuentra en estos personajes a los precursores de los estudios modernos, pues “a la labor infatigable de estos hombres deben los filósofos modernos la mayoría de la base de sus conocimientos. Nos han dejado una tarea más sencilla: dar nombres nuevos y organizar en clasificaciones los hechos que en gran medida ellos habían sacado a luz. La labor de los genios, aunque esté dirigida erróneamente, rara vez deja de conseguir alguna ventaja sólida para la humanidad”. Por úl timo, recomienda a su nuevo discípulo que no sólo se dedique al estudio de la química pues “quien sólo se ocupa de esa rama del conocimiento humano sería un mal químico. Si su deseo es convertirse en un verdadero hombre de ciencia y no en un mero experimentador, debo aconsejarle que se dedique a todas las ramas de la filosofía natural, incluidas las matemáticas”.

Por ende, el plan de estudios que seguirá Frankenstein consta de dos disciplinas fundamentales: la filosofía natural y la química, que en general quedan representadas por Krempe y Waldman, sus dos maestros. Con dicho arsenal se inicia Victor en estudio de la ciencia, que supone ha de terminar por descubrirle los misterios de la vida y de la muerte. En efecto, la cuestión que preocupa a nuestro personaje y que se erige en tema y proyecto de investigación es la pregunta relativa al origen del principio de la vida, para cuya respuesta habrá que recurrir primero a la muerte. Vemos también a Victor enfrascado en sesudos estudios y experimentos fisiológicos y anatómicos, de donde podemos suponer que la biología –quizá la evolucionista– es igualmente una de sus especialidades. A lo anterior me resta solamente añadir la vía de los experimentos modernos de la electricidad. Dos cuestiones tomo aquí como pistas. Una es lo que explícitamente se nos dice en la introducción de 1831 y en el prólogo de 1818 y que remiten concretamente a la naturaleza del principio de la vida: los experimentos realizados por Erasmus Darwin y a su posibilidad: tal vez sea posible reanimar un cuerpo; el galvanismo había dado evidencias de ello. Tal vez entonces podrían fabricarse las partes componentes de una criatura, colocarlas juntas y dotarlas de calor vital.

La segunda pista la tomo al vuelo de lo que puede estar supuesto en todo ello, y así, me parece que la idea que se manejará es la de una esencia etérea que pudiera vivificarse con una descarga eléctrica, descarga que, aunque la autora de la novela no lo dice explícitamente, es la generada por la electricidad de los rayos, pues para introducir el tema de la electricidad y el galvanismo Victor cuenta líneas atrás su experiencia con la tormenta, y cuando la criatura abre los ojos lo hace asimismo en una noche lluviosa. Tal vez Mary Shelley tiene en mente los experimentos de Franklin –con quien James Lind se carteaba– y el pararrayos, el cual fue sometido a prueba en 1753. He aquí la tecnología para la construcción artificial de la criatura: la posibilidad de crear vida –la “ chispa vital”– tendrá a la electricidad como su origen.

Comienza entonces el largo proceso de investigación: “ Después de días y noches de una labor y fatiga increíbles, fui capaz de descubrir la causa de la generación de la vida, y no sólo eso: además [pude] conferir animación a la materia sin vida”. Aunque ya desde aquí advierte lo peligrosa que es la adquisición de conocimientos y duda de cómo habrá de utilizar el enorme poder que ha adquirido con su ciencia, decide crear un ser humano, dedicándose entonces a conseguir y acondicionar sus materiales. Dos años yendo de aquí a allá terminan por dar frutos esa noche borrascosa y fría de noviembre: la criatura abre sus ojos, respira con fuerza y mueve agitadamente sus miembros; el doctor Frankenstein, incapaz de soportar el aspecto de su creación, huye despavorido del laboratorio, y ambos seres, creador y criatura, inician el arduo peregrinar que habrá de dejar a su paso muerte y desolación. Terrible destino impone al científico su megalómano sueño creador, y, con él, a la espeluznante –e inocente– criatura que produjo. La idea parece clara, o por lo menos es lo que Mary Shelley nos orilla a pensar: jugar a ser Dios termina en desastre, y todo parece indicar que la ciencia y sus procedimientos juegan con poderes que desconocen y que no podrán controlar una vez desatados.

Con estos elementos –las únicas pistas que nos brinda Mary Shelley– podemos intentar echar un vistazo al laboratorio del doctor Frankenstein y tratar de descubrir cómo se lleva a cabo la creación de la terrible criatura que tanto sobresalta a su creador. Entramos con esto a la visión megalomaníaca de nuestro “científico loco”, quien sólo puede pensar en las inmensas posibilidades del poder de crear vida, lo que lo colocará por encima de cualquier otra cosa que hasta entonces hubiese logrado hombre alguno. Si la vida y la muerte parecen ser meros límites conceptuales, Frankenstein piensa que ha de ser el primero en atravesarlos para producir una nueva especie que lo honrará como su creador: “Creía que si podía conferir animación a la materia sin vida, podría en un futuro recuperar la vida donde la muerte hubiese, aparentemente, entregado el cuerpo a la corrupción”. El viejo sueño de magos y alquimistas se convertía en realidad. Frankenstein tiene el respaldo científico necesario para llevar a efecto su proyecto, y nosotros podemos ahora intentar profundizar en tal soporte.

Entremos pues en el laboratorio de Victor Frankenstein y escudriñemos un poco. Llaman primeramente nuestra atención unos viejos y estropeados folios en cuyos lomos leemos: D e unitate intellectus, Summa de creaturis, Summa Theologiae, De vegetalibus y De animalibus; su autor es el erudito e ilustrado Alberto Magno, quien no obstante ser hijo del siglo XIII, fue uno de los autores que impresionaron primeramente la mente de nuestro joven investigador. ¿Qué podía encontrar de novedoso un hombre moderno en la obra de un antiguo y oscuro medieval? Me parece que lo que admira en él se basa en dos cuestiones.

La primera se remite a la concepción mágico-astrológica del universo: la idea de un conocimiento natural que testimonia la fuerza de una Causa Primera que permite conservar todas las cosas unidas. La segunda cuestión, fundamental, es seguramente el interés que ese antiguo personaje mostraba por las ciencias físicas y su constante apelación a que se traten con estricto apego a la observación y el experimento. Frankenstein encuentra en Alberto Magno una doctrina que mezcla diversos elementos sostenidos en la idea de un todo cuyas partes están relacionadas, que a su vez estaba marcada por un camino metódico. Ambas cuestiones parecen imbuir en la joven mente de Frankenstein la posibilidad de un conocimiento absoluto y total basado en la observación de la naturaleza.

Tenemos ahora ante nosotros el legendario tratado De oculta filosofía de Cornelio Agripa. El solo título basta para saber por qué es uno de los libros favoritos de nuestro personaje. Por lo que sabemos, Agripa era medico, astrólogo, nigromante, cabalista y mucho más. Especie de nuevo Fausto, como alguien lo ha llamado, fue acusado y encarcelado por brujería, y en esta obra hace confluir elementos de lo que él mismo llamaba “magia natural”, constituida por doctrinas neoplatónicas y cabalísticas y por las teorías de Nicolás de Cusa y de Raimundo Lulio; su idea central es que la naturaleza es un organismo vivo, un todo animado, en donde todo influye en todo y cuyo influjo universal es la vida originaria que ha creado todo. Uno de sus capítulos tiene el sugerente título de “Reanimación de los muertos, largo sueño e inedia”.

Hay asimismo algunos textos de Paracelso, que en las versiones actuales de sus obras completas conocemos como el Libro de los prólogos y que trata fundamentalmente de la medicina; el Libro de las entidades, compuesto de cinco libros que abordan la entidad de los astros y su influencia, la del veneno, y las entidades natural, espiritual y divina. el Libro de las paradojas se ocupa de las causas y orígenes de las tres sustancias (mercurio, sal y azufre) y de las enfermedades que de ellas provienen. Con semejantes títulos, es clara la razón de que Paracelso – cuya figura parece moverse entre la delgada línea que separa genio y locura, más aún que Agripa– convoque toda una serie de saberes: alquimia, astrología, teología, filosofía, química, medicina, mineralogía, artes mecánicas, fisiología y muchos otros. A Paracelso se le considera hoy día como un precursor de la ciencia moderna al ser el fundador de la terapéutica y de la medicina experimental. Y ciertamente que ese era en lo esencial su programa de actividades: reformar la medicina por medio de la magia. Su idea de la magia estaba fincada, como la de Agripa, en la concepción de la unicidad de la naturaleza, en que prima la idea de una correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos, de donde resulta claro que investigando en el primero se hará posible actuar en el segundo. Así, la búsqueda de este médicomago se centrará en conocer las fuerzas “mágicas” que rigen el macrocosmos: astrología y teología que, aunadas con la alquimia – arte de combinación de las sustancias–, proporcionarán los remedios adecuados a las enfermedades del hombre. He aquí todo el misterio de la medicina alquímica. Pero el universo de Paracelso es mucho más vasto y complejo y encierra en sí muchas otras nociones que pueden haber atraído la mente de Frankenstein. Entre ellas, la principal sería la que se refiere a los “ homúnculos”, seres vivos creados in vitro para cuya creación se dice que dejó establecida una fórmula.

Es, pues, la medicina alquímica la concepción de que, como un todo orgánico, la naturaleza está recorrida por la fuerza de la vida, que parece surgir de la combinación del azufre, la sal y el mercurio. ¡Qué idea tan atractiva habría de parecerle a Frankenstein, pues si realmente existe un orden general y armonía en el universo, será conociendo el eterno juego de sus mutaciones lo que hará posible reconstruirlo en el microcosmos! Dominar este arte es supremo conocimiento, ciencia universal teórico-especulativa y práctico-experimental a la vez. Según esto –piensa Victor–, el secreto de la vida está escondido en la misma naturaleza, y lo único que resta es descubrirlo a través de un ars combinatoria y reproducirlo. Para el hombre que lo posea no hay nada imposible.

La primera conclusión que podemos extraer de esta somera inspección de textos es que los autores favoritos de Victor Frankenstein comparten con él la idea de la unidad de la naturaleza, cuya intuición básica habrá de desarrollar la ciencia moderna. Recuérdese aquel consejo que le daba Waldman sobre la unificación de los saberes, que Victor parece haber encontrado antes en Paracelso: los versados en una sola entidad, los especialistas, cada uno considerado aisladamente, es un farsante y sus conocimientos sólo resultan verdaderos y justos cuando se reúnen en uno solo. Estas son ideas que podemos concentrar en la fórmula siguiente: si el mundo natural y el mundo humano se rigen por las mismas leyes, el conocimiento de las diferentes disciplinas constituirá entonces un único y último saber. Esta cuestión, por lo demás, habrá de ser firmemente asentada por René Descartes como una de las premisas fundamentales de la Modernidad: es posible un conocimiento último y absoluto de la naturaleza a través de un método propicio. Así que todos estos autores conectan – cada cual a su modo– las ideas que los modernos desarrollarán cabalmente .

Con este trasfondo, podemos ahora introducir las modernas experimentaciones con la electricidad que parece tener en mente Frankenstein. Digamos, en primer término, que las investigaciones en torno a la electricidad y el magnetismo tienen también un remoto pasado, que en buena medida llevó a establecer una analogía entre el poder de la atracción de ciertos cuerpos y el pensamiento mágico.


En efecto, se ha dicho que “la doctrina de las afinidades y las simpatías – o sea, la idea de que la virtud reside en un tipo especial de sustancia y que puede ser evocada mediante un tratamiento adecuado– quedó ejemplificada en el ámbar y más aún en el imán debido a su propiedad mágica de transferir su virtud a otros objetos”. Galvani pensaba que lo que puede transferir dicha virtud sería la electricidad, y trató de probarlo del modo siguiente: tomó ranas muertas y las fijó con agujas de cobre a rejas de hierro; las ranas experimentaban convulsiones. El anatomista italiano pensó entonces que había descubierto una clase desconocida de electricidad: la electricidad animal, más tarde llamada galvanismo. No era tal, como después lo demostró Volta al establecer que era posible producir electricidad prescindiendo de los animales, creando así la primera pila de corriente eléctrica. Lo que aquí me interesa resaltar es el hecho de que, en el espectro científico que delinea Mary Shelley, la electricidad es esa suerte de “chispa o elixir” que podía funcionar como principio y origen de la vida, y, dado que Galvani era un anatomista que mostraba un interés especial por la fisiología de los nervios, es que Victor Frankenstein se dedica también al estudio de esas disciplinas. Aquí cabrían también los experimentos que llevó a cabo Erasmus Darwin: “Había mantenido un trozo de vermicelli dentro de una caja de vidrio, hasta que, por algún medio extraordinario, este comenzó a moverse por propia voluntad”. Por su parte, los planteamientos de Franklin –cuya explicación de la electricidad, como señala algunos estudiosos, se convirtió en la moderna teoría de la carga eléctrica– bien pudieron quedar integrados en este cuadro ya que la analogía que establece entre la chispa eléctrica que se produce en un laboratorio y el rayo que puede ser atrapado por la cometa mostraba que la electricidad tenía una aplicación práctica que en cierto modo era controlable, pero además parecía apuntar a que si tal descarga se dirigía a un cuerpo inerte, sería capaz de infundir vida a la criatura de Frankenstein. Al parecer, fue este tipo de experimentos los que realizó el científico que imaginó Mary Shelley.

Podemos ahora suponer que tal acercamiento a la electricidad, aunque no queda patente en el texto, es justo lo que posibilita la aplicación práctica de las viejas teorías alquímicas, y, con ello, imaginar lo que habría en la desordenada mesa de trabajo de Frankenstein. Amontonados aquí y allá podemos ver utensilios y accesorios diversos, tales como alambiques, matraces, aparatos de destilación, agujas de cobre, barras de hiero, imanes y ámbar; quizá también hubiera frascos de sal, azufre y mercurio, las tres sustancias fundamentales de que hablaba Paracelso, y hasta un galvanómetro para detectar la presencia de una corriente continua; vemos también una pila de corriente eléctrica junto a algunas enormes y descoloridas cometas, y, por supuesto, instrumental quirúrgico y de disección, y sobre todo metales, animales y plantas colocados en pequeñas charolas y cajas de cristal. Y al fondo, finalmente, tendido en una especie de cama reclinable, vemos al imponente engendro que ha construido nuestro científico, quien se dirige a aquél llevando consigo una pequeña mesa con algunos de los instrumentos que hemos visto antes. Victor Frankenstein tiene ya todo dispuesto para iniciar su increíble y tremendo exp
erimento .

Y aunque el cuento no concluye aquí, es este el final de nuestro viaje. Después de todo, lo que a nosotros nos interesaba era el comienzo del cuento. Al comienzo –ahora lo sabemos– era la ciencia, una ciencia que, según como nos la presenta Mary Shelley, parece decir “Hágase el hombre”. Y sí, quizá el hombre surgirá como en un acto de magia. Pero lo que será de él y lo que hagamos nosotros con un ser así es lo que hallaremos si seguimos leyendo hasta concluir la novela. Sin embargo, la pregunta continuará allí, porque esta historia, vista desde los albores del siglo XXI, es una narración que continúa y cuyo final aún está por escribirse.

miércoles, 31 de enero de 2024

¿Cuál fue el origen del universo?

Enviado por
Daniela Martínez
La teoría más conocida sobre el origen del universo se centra en un cataclismo cósmico sin igual en la historia: el Big Bang. Esta teoría surgió de la observación del alejamiento a gran velocidad de otras galaxias respecto a la nuestra en todas direcciones, como si hubieran sido repelidas por una antigua fuerza explosiva.

Con el exitoso lanzamiento y despliegue del telescopio espacial James Webb la comunidad científica pretenden obtener más datos sobre el origen del universo. Con esta nueva herramienta en el espacio, los astrónomos pretenden buscar en el universo, tanto en el espacio como en el tiempo, cosas nunca vistas antes. Y en 2023, estas observaciones ya han dado sus frutos y permitido a los científicos saber más sobre el pasado del universo.

En abril de 2023, la Agencia Espacial Europea anunció que ya tenían pruebas de siete galaxias que serían más antiguas conocidas hasta la fecha. Según los astrónomos, estas formaciones de estrellas datarían de 650 millones de años después del Big Bang los que "las haría las galaxias más tempranas que se han podido confirmar espectroscópicamente".

¿Qué había antes del Big Bang?
Antes del Big Bang, según los científicos, la inmensidad del universo observable, incluida toda su materia y radiación, estaba comprimida en una masa densa y caliente a tan solo unos pocos milímetros de distancia. Este estado casi incomprensible se especula que existió tan sólo una fracción del primer segundo de tiempo.

Los defensores del Big Bang sugieren que hace unos 10 000 o 20 000 millones de años, una onda expansiva masiva permitió que toda la energía y materia conocidas del universo (incluso el espacio y el tiempo) surgieran a partir de algún tipo de energía desconocido.

La teoría mantiene que, en un instante (una trillonésima parte de un segundo) tras el Big Bang, el universo se expandió con una velocidad incomprensible desde su origen del tamaño de un guijarro a un alcance astronómico. La expansión aparentemente ha continuado, pero mucho más despacio, durante los siguientes miles de millones de años.


Como ocurre con muchos otros misterios del cosmos, los científicos no pueden saber con exactitud el modo en que el universo evolucionó tras el Big Bang. Muchos creen que, a medida que transcurría el tiempo y la materia se enfriaba, comenzaron a formarse tipos de átomos más diversos, y que estos finalmente se condensaron en las estrellas y galaxias de nuestro universo presente.

Orígenes de la teoría
Un sacerdote belga, de nombre George Lemaître, que vivía en Lovaina sugirió por primera vez la teoría del big bang en los años 20, cuando propuso que el universo comenzó a partir de un único átomo primigenio. Esta idea ganó empuje más tarde gracias a las observaciones de Edwin Hubble de las galaxias alejándose de nosotros a gran velocidad en todas direcciones, y a partir del descubrimiento de la radiación cósmica de microondas de Arno Penzias y Robert Wilson.

El brillo de la radiación de fondo de microondas cósmicas, que puede encontrarse en todo el universo, se piensa que es un remanente tangible de los restos de luz del Big Bang. La radiación es similar a la que se utiliza para transmitir señales de televisión mediante antenas. Pero se trata de la radiación más antigua conocida y puede guardar muchos secretos sobre los primeros momentos del universo.


La teoría del Big Bang deja muchas preguntas importantes sin respuesta. Una es la causa original del mismo Big Bang. Se han propuesto muchas respuestas para abordar esta pregunta fundamental, pero ninguna ha sido probada, es más, una prueba adecuada de ellas supondría un reto formidable.

Una revolución en las teorías de los origenes del universo
Tras el despliege del telercopio espacial James Webb, los astrónomos han descubierto galaxias primigenias que podrían haberse formado antes y haber crecido más rápido de lo previsto.

La luz de algunas de estas galaxias, vislumbradas por el telescopio espacial James Webb de la NASA, atravesó el cosmos durante unos 13 400 millones de años antes de chocar con los espejos dorados del instrumento. Tras solo seis meses operativo, las observaciones del JWST ya desvelaron secretos sobre los primeros días de la historia galáctica. Al menos dos de las galaxias descubiertas por el JWST están más alejadas que cualquier otra observada hasta esa fecha, y el telescopio detectó otras intrigantes candidatas a la espera de confirmación.

"Estamos viendo cómo eran las galaxias en una época en la que el universo sólo tenía entre 300 y 400 millones de años", declaró Jane Rigby, científica del proyecto de operaciones del JWST, ante un auditorio abarrotado durante la reunión de invierno de 2022 de la Sociedad Astronómica Americana, celebrada en Seattle (Estados Unidos).

A primera vista, parece que el universo primitivo fue más pródigo en la cocción de estrellas y galaxias de lo que los científicos habían previsto.

"Las galaxias que estamos encontrando a esos desplazamientos al rojo son más numerosas de lo que esperábamos basándonos en observaciones anteriores, y también son más brillantes de lo que esperábamos a esos desplazamientos al rojo", escribe Guido Roberts-Borsani, de la Universidad de California en Los Ángeles, en un correo electrónico. "Para encajar en esta 'nueva' imagen, las galaxias tuvieron que empezar a formarse antes y más rápido de lo que se pensaba".

Otras teorías del origen del universo
Hace casi un siglo, Albert Einstein ya buscó alternativas al modelo del Big Bang porque un comienzo en el tiempo no le encajaba. A día de hoy hay una gran variedad de teorías sobre el origen del universo en la literatura científica. Desde una fluctuación del vacío , un ciclo con períodos de contracción y expansión, o que fue seleccionado por el principio antrópico, la teoría de cuerdas del multiverso o que emergió del colapso de la materia en el interior de un agujero negro.

"Nuestra comprensión de la realidad no es completa, ni mucho menos", dice el físico de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) Andrei Linde. "La realidad existe independientemente de nosotros".

En 2014, un equipo internacional de científicos detectaron ondas gravitacionales, deformaciones espacio-tiempo provocadas por el Big Bang, que sugieren que vivimos en realidad en un multiuniverso, es decir, un universo con muchos universos. Estas ondas confirman, efectivamente, las teorías sobre la inflación cósmica, la expansión exponencial que se produjo una fracción de segundo después del de la gran explosión hace 13.800 millones de años.

Incluso, recientemente, el ex presidente del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard, Avi Loeb, ha llevado hasta la revista Scientific American una teoría menos explorada: que nuestro universo pueda haber sido creado en por una civilización más avanzada que la nuestra.

¿Qué hay más allá de los límites del universo observable? ¿Es posible que nuestro universo sea sólo uno de los muchos de un multiverso mucho mayor? Son preguntas que no parece que estemos cerca de poder responder, pero que sin lugar a dudas la humanidad intentará despejar.

martes, 23 de enero de 2024

El proyecto Colmena pondrá a México en primer plano en los viajes espaciales

Enviado por 

Maria Jose Contreras Bernal

Colmena es un parteaguas para la ciencia en México, pues no sólo es el primer proyecto nacional que va al espacio con la intención de recabar información, sino pretende ser el paso necesario con el fin de que el país comience a ser un bastión en la creación de productos y materiales esenciales para la industria aeroespacial internacional, aseguró el físico Gustavo Medina-Tanco, director del Laboratorio de Instrumentación Espacial (LINX), del Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

No estamos viviendo cualquier momento; estamos en una época de transformación muy grande desde hace más de una década. Estamos cambiando de las grandes agencias a las pequeñas industrias y hacia las microempresas financiadas por diversas vías, lo que generó un cambio porque hay varios proyectos independientes en los años pasados que recorren las órbitas bajas de la Tierra, como Starlink, de Elon Musk, explicó el investigador.

Aseguró que antes de esta nueva época sólo eran los motivos geopolíticos los que impulsaron la carrera espacial en los años 60, pues no había la tecnología ni los recursos para avanzar en ese ámbito.

“Ahora ya están disponibles tanto el interés como la tecnología, debido a ello la participación no es sólo por la reputación que otorga, sino para formar parte de una industria que será indispensable en el futuro: ya no es sólo una aventura científica sino económica y comercial.

Desde 2015 nos preguntamos ¿cómo hacer para no ser el México de cuando empezó Internet?, que no hizo nada y en lugar de ser un actor fue un consumidor. Ahí entra Colmena, pues la intención es que el país actúe. La idea es encontrar un nicho tecnológico que sea innovador, que nadie lo haya intentado en el mundo y que sea una herramienta para esta nación.

El proyecto plantea, de manera general, realizar tres misiones que serán enviadas a la Luna con miras a 2030. El objetivo es adaptar los instrumentos y la tecnología para facilitar las exploraciones en situaciones adversas.

Nuestro propósito es que México tenga su lugar en la industria espacial y una tecnología única hacia 2030 con el fin de colaborar con otras misiones o plataformas, puntualizó el también doctor en física.

Agregó que la intención es llevar pequeños robots (de unos 56 gramos), que puedan trabajar en conjunto y analizar muestras del polvo que se encuentra en la superficie lunar.

Formato compacto
Queremos tener mucha tecnología en un formato compacto, pero con durabilidad y resistencia para sobrevivir en el espacio profundo, que no es una trivialidad. Tiene que aguantar el lanzamiento de un cohete y después el alunizaje, ambas son circunstancias altamente agresivas, afirmó Medina-Tanco.

Los artefactos deben ser funcionales, a pesar de estar muy lejos de la Tierra, tienen que soportar las alteraciones magnéticas y las ondas solares: “no queremos depender de la forma tradicional, con la cual ya se había experimentado en otras ocasiones, pero que no se puede aplicar para herramientas tan pequeñas como las que se van a enviar.

Además, hay que llegar a la Luna y hacer una serie de mediciones del tipo de polvo estático, o de cómo afecta la presencia del viento solar, el cual trae rayos ultravioleta muy fuertes que causan que el polvo levite y el cual recibe de forma directa nuestro satélite, pues no tiene atmósfera que lo proteja, eso pone en riesgo a los robots, destacó.

En este primer lanzamiento, realizado el 8 de enero a las 2 de la madrugada (hora del centro de México), el cohete Vulcan-Centauro, construido por la empresa estadunidense Astrobotics, despegó sin problemas. Sin embargo, la cápsula Peregrino tuvo un desperfecto en una válvula de combustible, lo que derivó en que no fuera posible impulsarse en el espacio.

El fallo empezó siete horas después del despegue realizado en Cabo Cañaveral, en Florida, Estados Unidos. La nave regresó a la atmósfera terrestre el 18 de enero y se desintegró durante su ingreso a la Tierra, cerca del noreste de Australia y Nueva Zelanda.

Sin embargo, esto no representa un fracaso para los integrantes de Colmena, sino la confirmación de que van por el camino correcto, pues durante su estancia en el espacio, los robots respondieron de forma adecuada y todos se reactivaron sin presentar problema. Los objetivos del equipo se cumplieron en al menos 75 por ciento, por lo que consideran que fue un éxito.

“Tras el problema de combustible de la cápsula, nosotros hicimos un plan rápidamente para validar los objetivos que podíamos. No fue posible probar lo científico, que era medir las propiedades del polvo de la Luna, pero lo tecnológico lo logramos: los robots resistieron condiciones muy complicadas, tanto los sistemas operativos como las herramientas físicas.

Nuestro rol es pensar que México va a tener una tecnología única y podrá estar en los primeros planos de los viajes espaciales para colaborar con otras misiones. Operar en espacio profundo, con tu propio equipo y herramientas sólo lo han hecho pocos países. Ahora el nuestro está en ese grupo exclusivo. ¿Qué quiere decir esto? Que muestra su potencial para ser un generador de las tecnologías transformadoras del siglo XXI, resaltó con entusiasmo Medina-Tanco.

El científico añadió que se trató de trabajo en equipo y de poner la mirada en lo que uno requiere. Vamos a fracasar en algunos intentos, pero cuando desarrollas tecnología siempre vas a fallar. La gran diferencia con los países de primer mundo es que un fallo es simplemente un escalón para el éxito. Acá solemos salir corriendo cuando nos pasa y eso nos bloquea, pero lo que queremos transmitir es que hay una nueva forma de pensar, al menos en cuanto a ciencia y tecnología, concluyó.


jueves, 11 de enero de 2024

Ginseng

DESCRIPCIÓN BOTÁNICA
El ginseng es una pequeña planta herbácea con hojas palmatilobuladas, flores blancas en umbelas y fruto en bayas rojas. Es espontánea en zonas montañosas desde Nepal a Manchuria y desde Siberia oriental a Corea, pero debido a la gran demanda se está imponiendo su cultivo, no sólo en Asia sino también en otras partes, como Estados Unidos3.

Con el nombre de ginseng se designan diversas especies del género Panax perteneciente a la familia Araliaceae:

­ Ginseng coreano, Panax ginseng C. A. Meyer (fig. 1) es el considerado oficinal. La especie silvestre, cada vez más rara, está siendo desplazada por ginseng cultivado.

Fig. 1. Panax ginseng

Ginseng americano o de cinco hojas, P. quinquefolium L., se cultiva en América del Norte, y cada vez más en China (fig. 2).

Fig. 2. Panax quinquefolium

Ginseng chino o ginseng san-chi, P. notoginseng (Burkill) F.H. Chen, oficinal en China.

Ginseng japonés o chikusetsu-nijin, P. pseudoginseng Wall., subesp. japonicus (C. A. Meyer) C. Ho y Tseng (= P. japonicus C. A. Meyer), cultivado en China, Vietnam y Japón.

Las variedades bipinnatifidus (Seem) y angustifolius (Burkill) Li de P. pseudoginseng Wall.

El llamado ginseng siberiano o ginseng ruso, aunque de la misma familia, pertenece al género Eleutherococcus, Eleutherococcus senticosus (Rupr. y Maxim.) Maxim. = Acanthopanax senticosus (Rupr. y Maxim. Harms), constituyendo, por tanto, una droga diferente que deberá contemplarse en otra monografía.

DESCRIPCIÓN DE LA DROGA
Según diversas farmacopeas --española4, americana5,6, británica7, japonesa8,9 y francesa10, la droga está constituida por la raíz desecada de P. ginseng C. A. Meyer.

El ginseng posee un olor aromático y sabor dulce, suave al principio aunque después es acre y ligeramente amargo. La raíz (imagen de apertura de este artículo) es fusiforme o cilíndrica, con diámetro generalmente inferior a 2,5 cm, y está más o menos ramificada según la edad de la planta. A veces se muestra arqueada, curvada sobre sí misma. La superficie exterior es amarilla clara, arrugada longitudinalmente con cicatrices de las raicillas.

El ginseng blanco es la raíz lavada, desprovista de sus raicillas secundarias, secada al sol o en un horno y posteriormente mondada. El ginseng rojo procede de la misma droga y debe su color rojo-parduzco a un escaldado previo.

Algunas raíces tienen un aspecto antropomórfico muy valorado comercialmente, lo que le dio su reputación de estimular las «fuerzas vitales» en el hombre.

La composición química de esta planta se describe en el cuadro anexo 1.

FARMACOLOGÍA
El ginseng ha sido calificado como planta adaptógena, es decir, capaz de estimular la resistencia no específica del organismo en situaciones de sobreesfuerzo 3,11. La clasificación de una droga como adaptógena implica su acción sobre diferentes órganos y sistemas: estimula el sistema nervioso central con efecto tónico general, incrementa la resistencia inespecífica a las enfermedades junto con una acción antiestrés y posee efectos sobre el corazón, el aparato gastrointestinal, el metabolismo, la sangre, etc. Esta actividad, aceptada y de gran interés, se debe en gran parte a la complejidad de su composición, habiéndose realizado para poder confirmarla numerosos ensayos farmacológicos tanto in vitro como in vivo.

Su acción puede resumirse de la siguiente forma.

Sobre el sistema nervioso central
Aumenta la resistencia frente a la fatiga y el estrés, mejorando la memoria y ejerciendo un efecto anabolizante.

La mayoría de los estudios se han realizado para establecer esta acción sobre el sistema nervioso central (SNC), tanto con la droga (raíz) como con el extracto total o los ginsenósidos aislados. Sus efectos incluyen los resultados frente al estrés experimental: por hipoxia se manifiestan por elevación del nivel de corticosterona y disminución del consumo cerebral de oxígeno), y por choque térmico actúan sobre neurotransmisores, entre otros, dopamina y serotonina. La fracción total de ginsenósidos inhibe la recaptación de varios neurotransmisores en sinaptosomas cerebrales de rata (gamma-aminobutirato, noradrenalina, dopamina, glutamato y serotonina), acción que se atribuye al ginsenósido Rd12.

Los dos ginsenósidos principales Rb1 y Rg1 deprimen y estimulan, respectivamente, la actividad del SNC; estas acciones opuestas podrían justificar su reputación como adaptógeno y su capacidad de regular las funciones del organismo modulando la actividad del sistema nervioso central y contribuyendo a recuperar la homeostasis. El ginsenósido Rb1 produce un efecto nootrópico, (es decir, favorece el desarrollo de los procesos cognitivos, posiblemente actuando frente a la ansiedad), que se traduce en una mejora de la memoria visual, hecho que se ha comprobado en modelos animales. Este mismo ginsenósido ha demostrado experimentalmente que palia los efectos originados por los péptidos beta-amiliodes, principales responsables de la neurodegeneración asociada a la enfermedad de Alzheimer. La fracción lipófila del ginseng coreano favorece la supervivencia neuronal. Además de los ginsenósidos, un poliacetileno, el panaxinol, se relaciona con la mejoría en el déficit de memoria en animal de experimentación 13,14.

Estudios clínicos con ginseng han permitido concluir que facilita el pensamiento de tipo abstracto, con tendencia a desarrollar reacciones simples más rápidas (acústicas o visuales), pero no en términos de concentración psíquica, memoria o experiencias subjetivas de bienestar.

A la vista de las investigaciones realizadas, la actividad de la raíz de ginseng sobre el SNC está ampliamente aceptada y ha quedado determinada en modelos celulares y animales, si bien se siguen desarrollando ensayos clínicos que permitan confirmar los efectos a nivel cognitivo apreciados en animales de experimentación.

Fig. 3. Estructura básica de los principales protopanaxadioles y transformación química del protopanaxadiol a panaxadiol en medio ácido



Sobre el sistema inmunológico
Aumenta la quimiotaxis y la fagocitosis del sistema retículo endotelial, efectos atribuidos especialmente a la fracción polisacarídica cuyo mecanismo de acción parece mediado por el incremento en la producción de óxido nítrico, así como actividad estimulante inespecífica sobre la proliferación de linfocitos y en la producción de anticuerpos15. Además, posee cierta actividad antiviral que podría estar regulada a nivel inmunológico16. El ginseng --tanto la fracción polisacarídica como determinados ginsenósidos-- ha mostrado actividad anticancerígena sobre algunos tipos de tumores, ejerciendo una función inmunoestimulante sobre los macrófagos o sobre las células natural killers17.

Sobre el sistema cardiovascular
Disminuye el consumo de oxígeno del miocardio produciendo, además, vasodilatación a través de un mecanismo mediado por el óxido nítrico18, habiéndose caracterizado como responsables de este efecto los ginsenósidos Rb1 y Re. Además, tras su administración a animales de experimentación, produce un marcado efecto hipotensor de forma dosisdependiente, junto con bradicardia, que es bloqueado por numerosos antagonistas, lo que sugiere una acción multirreceptora. Sin embargo, dosis elevadas de extracto causan vasoconstricción en arterias mesentéricas, femorales y renales. Su reputación como afrodisíaco podría basarse en la capacidad de los ginsenósidos de producir vasodilatación en el cuerpo cavernoso a través de la liberación de óxido nítrico12.

Sobre el aparato gastrointestinal
La fracción polisacarídica de la raíz de ginseng posee propiedades demulcentes, reduce la secreción de ácido clorhídrico e incrementa la secreción de mucus, lo que contribuiría a su efecto protector de la mucosa sobre la úlcera gastroduodenal, que viene favorecido por una ligera actividad frente a Helicobacter pylori de un poliacetileno: el panaxitriol 19,20.

Sobre el metabolismo
Ejerce una acción moduladora, incrementando la corticosterona sérica y disminuyendo el glucógeno sérico y la glucemia posprandial, incluso en sujetos sanos, por lo que se le ha considerado potencialmente útil en la diabetes de tipo 221. La acción hipoglucemiante se atribuye a determinados glicopéptidos --los panaxanos--, así como al ginsenósido Re22,16. Actúa sobre la redistribución de las reservas de energía del organismo, mediante la ocupación de determinados receptores hormonales, lo que refuerza su reputación como droga adaptógena. Su efecto sobre la liberación plasmática de cortisol se atribuye a la acción sobre el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, induciendo la secreción de la hormona adrenocorticotropa (ACTH) desde la hipófisis anterior 23.

Sobre el sistema hemático
Se ha constatado un efecto inhibidor de la agregación plaquetaria mediante la regulación de los niveles de tromboxano A2 y GMP cíclico1, de ahí su interacción con los salicilatos. El número y posición de los azúcares en la genina de los ginsenósidos determina la actividad hemolítica o protectora frente a la hemólisis. También disminuye los niveles de triglicéridos y aumenta los de HDL. Los ginsenósidos aumentan la síntesis de HDL y apoproteínas en suero2.

Actividad antirradicalaria
El extracto de ginseng posee actividad antirradicalaria en distintos tejidos, como captador de radicales libres, entre los que se encuentran el radical hidroxilo, el peróxido de hidrógeno o el radical superóxido20,24, lo que podría justificar su acción beneficiosa sobre la capacidad detoxificante del organismo, especialmente la hepática, frente a determinados tóxicos, como alcohol, tetracloruro de carbono o galactosamina25,26.

La actividad conjunta sobre los distintos aparatos y sistemas descrita anteriormente permite clasificarla como droga adaptógena.

TOXICIDAD Y EFECTOS SECUNDARIOS
Las numerosas acciones beneficiosas atribuidas al ginseng y comentadas en el apartado anterior, y la aparente falta de toxicidad no impiden que se hayan observado efectos secundarios.

Puede provocar hipertensión a largo plazo por sus efectos mineralocorticoides; insomnio y agitación, especialmente si se asocia a otros estimulantes del sistema nervioso central (café, té, etc.), y tiene efectos sobre el sistema endocrino (efectos estrogénicos), por lo que no debería administrarse en situaciones en las que esté contraindicado un exceso de estrógenos (cáncer de mama, endometriosis o miomas uterinos).

Se ha descrito incluso un «síndrome de abuso del ginseng», que cursaría con hipertensión, nerviosismo, insomnio, erupciones cutáneas, hemorragias y diarrea, especialmente en ancianos1.

Ante la falta de estudios que garanticen su seguridad en mujeres embarazadas o en período de lactancia y en niños menores de 12 años, se debe evitar su consumo en estas situaciones.

Fig. 4. Estructura básica de los principales protopanaxatrioles y transformación química del protopanaxatriol a panaxatriol en medio ácido

INTERACCIONES

Se conoce la interacción del ginseng con otros medicamentos, por lo que se desaconseja su uso concomitante27, especialmente:
Con inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO).
Con derivados digitálicos (digoxina).
Con anticoagulantes como la warfarina.

Se tiene conocimiento de su posible interacción con antiinflamatorios no esteroideos al potenciarse su respectivas actividades antiagregantes plaquetarias, lo que conllevaría riesgo de hemorragias. Además, podría disminuir el efecto de diversos opiáceos28.

USOS TERAPÉUTICOS
La raíz de ginseng (Panax spp.) es una droga no incluida en el anexo de la Orden Ministerial de 3 de octubre de 1973, que establece el registro de preparados a base de especies vegetales medicinales, por lo que, según el artículo 42 de la Ley 25/1990 del Medicamento, y unido a sus reconocidas propiedades medicinales, tiene la consideración legal de medicamento.

La Comisión E (Alemania) aprobó su uso sin necesidad de prescripción médica como «tónico para vigorizar y fortificar en casos de fatiga y debilidad, disminución de la capacidad de trabajo y de la concentración, y también durante la convalecencia»14.

La Organización Mundial de la Salud en su sección de monografías de usos avalados por datos clínicos indica su utilización como «agente preventivo y restaurador frente a situaciones de debilidad, cansancio y agotamiento físico y mental, pérdida de concentración, así como durante la convalecencia»29.

Por otra parte, la Agencia Española del Medicamento especifica que la raíz de P. ginseng o los preparados derivados de ella no tienen la consideración de alimento de consumo ordinario, puesto que carece de los fines propios de los alimentos «para la normal nutrición humana o como fruitivos», según establece el punto 1.02.01 del Código Alimentario Español. Asimismo, no pueden catalogarse como «productos alimenticios destinados a una alimentación especial (dietético)», ya que no satisfacen ningún objetivo nutritivo particular y por tanto, no se ajustan a lo establecido en el artículo 2.º del Real Decreto 1809/1991 de 13 de diciembre (BOE 25-12-91).


POSOLOGÍA

Tradicionalmente, su uso se ha dividido en dos categorías12:
En períodos cortos, para mejorar la resistencia al estrés, como tónico, así como para aumentar la concentración en individuos sanos.

En períodos largos, para mejorar la recuperación en individuos debilitados y en situaciones degenerativas, especialmente en geriatría.

Se aconseja que su consumo no exceda los 2 g de polvo de raíz por día y que la duración del tratamiento no supere los tres meses como máximo. En el caso de tratamiento de situaciones degenerativas y en tratamientos más prolongados se deberá dejar un período de descanso de, al menos, un mes. Empleada como tónico en sujetos sanos, el período de utilización no deberá superar las tres semanas.

Aunque existe una amplia variedad de preparaciones comerciales de ginseng que incluyen raíz (entera, en trozos o pulverizada), cápsulas, tabletas, infusiones, extractos, cigarrillos, chicles y caramelos, una posología orientativa podría ser16:

Fitocomplejo total (con una riqueza del 2,7% de ginsenósidos totales): infusión de 260 mg, que corresponden a 7 mg de principio activo, 4 veces al día (28 mg/día).

Concentrado total (con una riqueza del 3,6% de ginsenósidos totales): infusión de 280 mg, que corresponden a 10 mg de principio activo, 3 veces al día (30 mg/día).

Tomado de https://www.elsevier.es/es-revista-farmacia-profesional-3-articulo-ginseng-13054584

AM. VILLARa, MV. NAVALa, MP. GÓMEZ-SERRANILLOSa
a Departamento de Farmacología. Facultad de Farmacia. UCM.Ginseng.Elsevier.Vol. 17. Núm. 10.
páginas 68-73 (Noviembre 2003)

Reproducido sin fines de lucro. Todos los derechos reservados

Ecosistemas X: Islas

Nombres: Las islas también se conocen como cayos, islotes, atolones, bancos, archipiélagos, arrecifes y cuerpos o sistemas insulares.

En las islas, encontramos una amplia variedad de ecosistemas costeros y marinos como: manglares, arrecifes, playas, praderas de pastos marinos y dunas así como algunos ecosistemas terrestres.


Descripción: Los sistemas insulares son superficies naturales de tierra, rodeadas de agua y a nivel del mar. Son fragmentos de hábitat natural con especies y comunidades propias que se han establecido, adaptado y evolucionado.
Estos cuerpos insulares son de gran importancia por su riqueza de especies y endemismos.

Dependiendo su origen, existen diferentes tipos de islas:
Islas continentales: se encuentran conectadas al continente por medio de la plataforma continental.
Islas volcánicas: se forman por actividad volcánica del fondo oceánico.
Islas coralinas: se forman por la acumulación de esqueletos de corales primitivos que fueron creciendo de plataformas submarinas no muy profundas hasta la superficie.
Islas sedimentarias: se forman por la acumulación de arena, grava y lodo, arrastrado por las corrientes de los ríos. Los sedimentos son depositados poco a poco formando extensiones de tierra.

La gran diversidad de organismos que existe en las islas, se debe a los diferentes ecosistemas que se encuentran en ellas y que son utilizados como zonas de alimentación, anidación y reproducción de distintas especies.
Distribución

Las islas están distribuidas a lo largo de todo el país. Actualmente se han registrado aproximadamente 1,365 cuerpos insulares repartidos en toda la costa mexicana, con una superficie de 5,127 Km2, equivalente al 0.3% del total del territorio nacional.

La forma en que las islas están distribuidas es responsable de que México tenga 2.9 millones de kilómetros cuadrados de Zona Económica Exclusiva (ZEE), una superficie mayor al territorio nacional el cual tiene 1.9 millones de kilómetros cuadrados.

La zona del Pacífico tiene el mayor número de islas registradas, principalmente la zona noroeste (584), le sigue el Golfo de México (446), la zona del Pacífico tropical (98) y finalmente el Mar Caribe (90).
Sitios prioritarios Federales
Área de Protección de Flora y Fauna Islas del Golfo de California
Área de Protección de Flora y Fauna Yum Balam
Parque Nacional Isla Contoy
Parque Nacional Arrecifes de Cozumel
Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro
Área de Protección de Flora y Fauna Laguna de Términos
Área de Protección de Flora y Fauna Laguna Madre y Delta del Río Bravo
Área de Protección de Flora y Fauna Meseta de Cacaxtla
Parque Nacional Arrecife Alacranes
Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizux
Parque Nacional Isla Isabel
Parque Nacional Islas Marietas
Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano
Reserva de la Biosfera Archipiélago de Revillagigedo
Reserva de la Biosfera El Vizcaíno
Reserva de la Biosfera Isla Guadalupe
Reserva de la Biosfera La Encrucijada
- Reserva de la Biosfera Islas Marías

Clima: 
En nuestro país estos sistemas se encuentran en zonas semisecas, secas, desérticas, húmedas, subhúmedas y cálidas.

Flora y fauna:



Las islas mexicanas son consideradas como uno de los lugares más ricos he importantes del mundo en cuanto a biodiversidad y en número de especies endémicas, debido a su aislamiento geográfico y sus dinámicas evolutivas. Junto con las especies insulares, podemos llegar a encontrar especies continentales, formando una biota compleja y diversa, que en ocasiones es única en el mundo.

En las islas de México viven alrededor de 2,545 especies marinas y 2,066 especies terrestres, agrupadas en 655 familias y 1,830 géneros. De las cuales se han registrado por lo menos 218 especies y subespecies endémicas, que a la fecha se encuentran amenazadas o en peligro de extinción.

Los grupos más representativos de las islas en el mar son algas: kelp (Macrocystis pyrifera), sargazos (Sargassum ssp.), algas ceramidales (Ceramium ssp.), algas rojas (Laurecia ssp.), algas coralinas (Lithophyllum ssp.), algas verdes (Enteromorpha ssp.); muchos corales (Antiphates ssp., Pacifigorgia ssp., Pocillopora ssp., Acropora ssp.); moluscos como: abulones (Haliotis ssp.); caracoles y almejas (Strombus ssp., Anadara ssp., Atrina ssp.); pulpos y calamares (Octopus ssp., Dosidicus gigas); crustáceos como langostas (Panulirus ssp.); jaibas y cangrejos (Callinectes ssp., Goniopsis pulchra); equinodermos como estrellas y erizos (Phataria unifascialis, Diadema mexicanus); peces piedra (Sebastes ssp.), atunes (Katsuwonus pelamis, Thunnus ssp.), burritos (Haemulon ssp.), cabrillas (Epinephelus ssp., Paralabrax ssp.), pargos (Lutjanus ssp.), jureles (Caranx ssp.), viejas (Bodianus ssp.), damiselas (Stegastes ssp.), pericos (Scarus ssp.), tiburones (Carcharhinus ssp., Sphyrna ssp., Alopias pelagicus) y rayas (Mobula ssp., Raja ssp.); reptiles como tortugas marinas (Caretta caretta, Chelonia mydas, Eretmochelysimbricata, Lepidochelys olivacea, Dermochelys coriácea). Los mamíferos marinos son también de importancia en las islas: lobos marinos (Zalophus californianus, Arctocephalus townsendi), focas (Phoca vitulina) y elefantes marinos (Mirounga angustirostris); delfines y orcas (Delphinus ssp., Stenella ssp., Tursiops truncatus, Orcinus orca); cachalotes (Physeter macrocephalus), ballenas (Balaenoptera ssp., Eschrichtius robustus, Megaptera novaeangliae).

En la parte terrestre sobresalen plantas terrestres como los pinos (Pinus radiata binata), ciprés de Guadalupe (Cupressus guadalupensis), encinos (Quercus tomentella), palma de Guadalupe (Brahea edulis), nopales (Opuntia brevispina); cocodrilos (Crocodylus ssp.), iguanas (Ctenosaura ssp., Iguana iguana), lagartijas (Anolis ssp.), aves como las águilas pescadoras (Pandion haliaetus), gaviotas (Larus ssp.), charranes (Sterna ssp.), fragatas (Fregata magnificens), pelícanos (Pelecanus occidentalis), cormoranes (Phalacrocorax ssp.) y bobos (Sula ssp.); entre otros; ratones y ratas (Neotoma ssp., Dipodomys insularis); Coatís (Nuasua nelsoni); y mapaches (Procyon pygmaeus).

Servicios ambientales
Las islas de México, son un recurso estratégico para el país, en estas aguas viven un gran número de especies comerciales como atunes (Thunnus ssp.), anchovetas (Engraulis sp), pargos (Lutjanus ssp.), meros (Epinephelus ssp.) y cabrillas (Paralabrax ssp.), así como algunas especies de gran valor comercial en los mercados mundiales como el abulón (Haliotis ssp.), langosta (Panulirus ssp.), caracol (Strombus ssp.) y cangrejo moro (Menippe mercenaria). Además, algunas islas, principalmente de la zona del Caribe mexicano y del Pacífico noroeste, tienen una gran importancia para el turismo nacional e internacional. La mayoría de estas islas son visitadas por su esplendida belleza submarina y por su gran abundancia de organismos marinos.
Impactos y amenazas

La principal amenaza en las islas desde los comienzos de las primeras exploraciones marinas, es su ocupación de manera temporal o definitiva, como zonas de descanso o como lugares de abastecimiento. De una u otra manera, las especies de las islas han sido afectadas por nuestra presencia, debido a la introducción de especies de flora y fauna exótica principalmente: ratas, gatos, cabras y borregos. Estas especies depredan a las poblaciones nativas, compiten con ellas o destruyen su hábitat.

La gran mayoría (75%) de las extinciones en el mundo han sucedido en islas debido al impacto de las especies introducidas. En México se han perdido por esta causa aproximadamente 20 especies y subespecies endémicas insulares de aves como el petrel de isla Guadalupe (Oceanodroma macrodactyla), carpintero de isla Guadalupe (Colaptes auratus rufipileus), caracara de isla Guadalupe (Caracara lutosa); y pequeños mamíferos como el ratón de la isla ángel de la Guarda (Peromyscus guardia harbisoni), rata cambalachera de Todos los Santos (Neotoma anthonyi), y la rata arrocera de las Islas Marías (Oryzomys nelsoni).

Otra amenaza para las especies insulares es el cambio climático que, se está convirtiendo en la segunda causa de presión sobre la flora y fauna. Los ecosistemas insulares son considerados como uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Cómo el cuerpo se deshace de las toxinas y los pigmentos


El cuerpo humano funciona gracias a una serie de órganos que se coordinan, conformando una serie de sistemas, que cumplen distintas funciones. El sistema digestivo se encarga de procesar el alimento y absorber los nutrientes; el sistema respiratorio obtiene el oxígeno del aire para llevarlo a la sangre. El sistema circulatorio (¿Cómo funciona el sistema circulatorio?) distribuye los nutrientes y el oxígeno por todo el organismo, y recoge el CO₂ y los productos de desecho; y el sistema nervioso se encarga de mantener el resto de sistemas adecuadamente sincronizados y funcionando.

El CO₂ acumulado en la sangre, producto del metabolismo celular, es liberado a la atmósfera por el mismo sistema respiratorio, pero la sangre también acumula una serie de sustancias, los productos de desecho, que necesitan ser purgados del cuerpo de algún modo, de eso se encarga el sistema excretor. La sangre cargada de sustancias indeseadas entra en los riñones, que actúan como un filtro, y de donde sale limpia. Esas impurezas son disueltas en agua, almacenadas en la vejiga, y posteriormente eliminadas fuera del cuerpo a través de la orina.


La urea como componente principal
A través de la orina se eliminan muchísimas sustancias; medicamentos y drogas, o productos resultantes de su metabolismo, se eliminan por esa vía. También se eliminan electrolitos, como iones de sodio y potasio, cuando aparecen en exceso en el organismo. Pero el componente principal de la orina es la urea. Hasta el 2 % del volumen de la orina es urea.

La urea es un producto químico que se produce como resultado de la degradación del metabolismo de las proteínas. A diferencia de los lípidos o los glúcidos, compuestos principalmente de carbono, oxígeno e hidrógeno, las proteínas tienen altas concentraciones de nitrógeno. Cuando una proteína o, mejor, cuando los aminoácidos que componen una proteína son metabolizados, carbono, oxígeno e hidrógeno se eliminan fácilmente formando dióxido de carbono y agua, pero el nitrógeno es más persistente. La molécula estrella para eliminar el nitrógeno es el amoniaco, pero resulta tóxico.

Una ventaja del amoniaco es que se disuelve en agua; de ahí que algunos animales, sobre todo los que viven en entornos acuáticos, opten por excretar el amoniaco a través de la piel. Los peces, así como muchos invertebrados acuáticos, realizan este tipo de excreción simple; son animales amoniotélicos.Pero los animales que viven fuera del agua tienen una dificultad añadida. Disolver el amoniaco hasta concentraciones no tóxicas requiere una gran cantidad de agua, y muchas criaturas no pueden prescindir de ella tan fácilmente. A estas criaturas, la evolución les ha dotado de dos estrategias distintas, ambas muy eficaces.


Los reptiles —aves incluidas—, los insectos y muchos moluscos son uricotélicos. Concentran el amoniaco en una molécula orgánica compleja y relativamente fácil de almacenar: el ácido úrico. Este ácido es soluble en agua, pero cuando se deshidrata cristaliza. Los animales uricotélicos expulsan el ácido úrico disuelto al intestino, que luego reabsorbe el agua, y excretan los cristales resultantes mezclados con las heces. Por eso el guano de las aves es un fertilizante tan eficaz.

Los mamíferos también producen ácido úrico en su metabolismo —el exceso en el organismo provoca problemas de salud, como cálculos renales o gota—, pero en la orina su concentración es muy baja, apenas 0,5 partes por mil. En este caso, el nitrógeno se almacena en la molécula de urea, también soluble en agua, y con una toxicidad muy inferior a la del amoniaco. Eso permite acumular mayor cantidad de nitrógeno, perdiendo menos agua en el proceso, y eliminarlo a través de la orina. Somos animales ureotélicos.

El misterio tras el color amarillo
Una particularidad de la orina es su color amarillento. Esta coloración es dada, especialmente, por la presencia de un complejo tetrapirrólico llamado urobilina. Que, por supuesto, es un producto de desecho.

Cuando los glóbulos rojos mueren, la hemoglobina que contienen debe metabolizarse; el primer metabolito es la biliverdina, de color verde, responsable de que los hematomas adquieran, con el tiempo, ese tono. El siguiente metabolismo en el proceso de degradación es la bilirrubina —la de la canción de Juan Luis Guerra—, de color anaranjado. No es soluble en agua, y, por lo tanto, no aparece normalmente en la orina; esta la que, a posterior, se descompone en urobilina, el residuo final, amarillo, que es eliminado a través de la orina.

La intensidad del tono de amarillo se relaciona directamente con la concentración de la disolución de urobilina: cuanto más concentrada, más oscura la orina. Cuando es de un color amarillo pálido, se considera que es saludable; colores oscuros implican una alta concentración, y, por consiguiente, que el organismo está intentando ahorrar agua. Es indicativo de que hay que beber más agua.


Además, la orina puede cambiar de color por efecto de ciertos medicamentos o alimentos. Si ese no es el caso, la orina de colores anómalos suele indicar problemas de salud. La hipercalcemia benigna familiar tiñe la orina de niños de tono azulado; ciertas infecciones de las vías urinarias pueden teñirlo de verdoso o de un tono opaco y turbio; problemas hepáticos o biliares la tiñen de naranja o pardo. Y una tinción rojiza puede indicar sangre, causada por abrasión en conductos como la uretra —por ejemplo, por la presencia de un cálculo—, o por algún otro problema de salud. Sea cual sea el motivo, colores anómalos en la orina deben ser, siempre, motivo de consulta médica.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Las uvas rojas podría prevenir células cancerígenas


Al tiempo que refuerzan los beneficios para la salud del corazón, las uvas rojas reducen el colesterol y controlan de la tensión arterial, asegura experta.
 

Las uvas rojas contiene una mayor concentración de la molécula resveratrol, que podría estar asociada a un menor desarrollo de diversas células cancerígenas, además de contener otros compuestos nutricionales como las vitaminas C, K y B.


"Las uvas proporcionan vitaminas C, K y B como tiamina, riboflavina y B6- son una rica fuente de fibra y minerales entre los que destacan el cobre el potasio y el hierro. Destaca la riqueza en resveratrol y en antocianinas, ambos poderosos compuestos vegetales con capacidad antioxidante y antiinflamatoria lo que se traduce en un abanico de beneficios para la salud cuando se consumen uvas", señala la asesora científica en nutrición de la Fundación CRIS contra el cáncer, la doctora Emilia Pardo.

Al tiempo que refuerzan los beneficios para la salud del corazón, las uvas rojas reducen el colesterol y controlan de la tensión arterial. Asimismo, "contribuyen a la salud de los ojos, de la piel y aunque contienen azúcar, y de ahí su mala fama, no parecen afectar negativamente el control del azúcar en sangre cuando se consumen con moderación e incluso ayudan a prevenir la ganancia de peso", apunta la experta.

Así pues, lo que marca la diferencia cuando se habla de riesgo de cáncer es llevar una dieta que incluya alimentos muy nutritivos, muy ricos en vitaminas, minerales y otros nutrientes con capacidad antioxidante y antiinflamatoria.

Son muchos los alimentos beneficiosos para la salud general y con un reconocido papel en la reducción del riesgo de cáncer y otras enfermedades crónicas y varios estudios demuestran que una mayor ingesta de determinados alimentos podría estar asociada con un menor riesgo de padecer la enfermedad. Entre estos alimentos las frutas conocidas como bayas, y las uvas rojas en particular, ocupan un lugar muy destacable por tratarse de pequeñas joyas nutricionales repletas de nutrientes.

LAS UVAS ROJAS CONTRA EL CÁNCER
Por todo ello, la Fundación Cris Contra el Cáncer ha desarrollado la campaña 'Las uvas contra el cáncer' para resaltar todos los valores nutricionales de las uvas rosadas en vez de las verdes, así como su importancia en la prevención del cáncer.


"Sabemos que ningún alimento puede prevenir el cáncer por sí solo, pero sí que una dieta variada rica en alimentos vegetales puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar cáncer y aumentar la supervivencia. Cuando vemos la lista de "alimentos que combaten el cáncer" de la Fundación Mundial para la Investigación en Cáncer, observamos que todos son alimentos vegetales cargados de nutrientes-fitoquímicos o fitonutrientes por venir de las plantas- que pueden ayudar a prevenir enfermedades como el cáncer", señalan desde la Fundación.

Esta Navidad, las Uvas Rojas contra el Cáncer se podrán obtener en fruterías en colaboración con Frutas Eloy, tanto en tienda como en e-commerce. Con esta compra solidaria se contribuye a dotar de recursos a la investigación contra el cáncer, a concienciar de la importancia de mantener una vida saludable y a compensar los excesos en comidas y cenas navideñas.

Con la venta de cada pack se donará un euro íntegro a la Fundación CRIS contra el cáncer para la investigación de esta enfermedad.

"Se trata de una propuesta que llama la atención sobre el alto número de personas que son diagnosticadas de un tumor en España -una tendencia al alza en personas jóvenes-, la importancia de mantener un estilo de vida saludable, poner en valor que la investigación es el único camino para curar esta enfermedad y trasladar a la sociedad civil que el compromiso con la investigación y el progreso es cosa de todos", declara la directora de la Fundación CRIS contra el cáncer, Marta Cardona.

viernes, 1 de diciembre de 2023

La química verde: un aliado para la seguridad del planeta

Hay 350.000 productos químicos en el mercado mundial. Sin la química, la vida sería imposible, pero superar los límites de su uso hará inviable el sistema terrestre. Científicos y ecoemprendedores apuestan por la química verde, una filosofía que busca procesos más sostenibles.

La química verde es la que intenta cambiar los procesos y productos contaminantes por aquellos que no lo son. La definición es así de sencilla. A finales de los años 80, Paul Anastas y John Warner sentaron sus bases en el libro 'Green Chemistry: Theory and practices', donde definieron doce principios creados como una lista de verificación durante el ciclo de vida de un producto. Aquello fue hace más de treinta años. Pero ¿hemos conseguido hacer los procesos químicos más sostenibles desde entonces?

Los consumidores más concienciados demandan productos para el cuidado del hogar más sostenibles y sin los ingredientes petroquímicos contaminantes que incluyen los convencionales. Apuestan por formatos concentrados para reducir la cantidad de envases y materias primas. Pero, atención, también hay que usarlos con respeto medioambiental.

La vida sin química sería imposible tal y como la conocemos hoy, pero lo cierto es que también va a ser imposible vivirla dentro de 40 años si se sigue usando tal y como se está haciendo hoy en día. Por eso hay que recurrir a la química verde. Hay muchas formas de hacerla, una en cada área de la química. La fotoquímica, por ejemplo, se basa en las reacciones que produce la energía lumínica sobre los compuestos químicos. Los medicamentos se venden en cajas cerradas y envases protegidos para evitar que el producto se descomponga. Pero también las cervezas y vinos se venden envasados en ámbar, verde o azul para que los compuestos del sabor y el aroma no se descompongan.

Un equipo internacional de investigadores ha evaluado el impacto en la estabilidad del sistema terrestre del cóctel de productos químicos sintéticos y otras “entidades nuevas” (como llaman algunos investigadores a los nuevos contaminantes químicos) que inundan el medioambiente. En un reciente estudio aseguran que ha aumentado 50 veces la producción de estos productos desde el año 1950 y prevén que se triplique para 2050. Solo la producción de plástico aumentó un 79% entre 2000 y 2015.

El documento pone de manifiesto que la contaminación química tiene el potencial de causar graves problemas a los ecosistemas y a la salud humana a diferentes escalas, pero también de alterar procesos vitales del sistema terrestre de los que depende la vida humana. De hecho, la contaminación química se incluyó como uno de los nueve límites planetarios.
Amenaza planetaria
Se han especificado las condiciones en las que las sustancias químicas pueden suponer una amenaza planetaria y se han explorado las formas en las que los efectos sistémicos en cascada llegan a representar un problema global, por ejemplo, en el caso de los plásticos (mezclas de sustancias químicas no poliméricas y poliméricas).

La lámina de agua salada que cubre más del 70% de la superficie del globo es reguladora del clima, absorbe dióxido de carbono (CO2), produce buena parte del oxígeno que respiramos y es la despensa del mundo. Pero sufre graves amenazas, encabezadas por el calentamiento global y la contaminación por plásticos.

La producción de nuevas entidades químicas está aumentando rápidamente. La industria química es la segunda mayor industria manufacturera del mundo. La extracción de materiales como materias primas para nuevas entidades fue de aproximadamente 92.000 millones de toneladas a nivel mundial en 2017, y se prevé que alcance los 190.000 millones de toneladas en 2060.

Se calcula, según el estudio, que hay 350.000 productos químicos (o mezclas de productos químicos) en el mercado mundial. Casi 70.000 se han registrado en la última década; muchos productos químicos (casi 30.000) solo se han registrado en las economías emergentes.

Juan Manuel Paz, profesor del Instituto de Biotecnología y Desarrollo Azul del departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Málaga, define así la química verde: “Es una filosofía, no es una rama de la química como tal. Es una declaración de doce principios y lo que busca es dar consejos para que los procesos químicos en cualquier circunstancia (industria alimenticia, asuntos relacionados con energía…), es decir, siempre que haya un proceso químico que intervenga en un proceso industrial, mejoren desde un punto de vista medioambiental. Un ejemplo de ello es el uso de bolsas de plástico. Desde el punto de vista de la química verde se estudian alternativas para que cualquier objeto sea más respetuoso con el medioambiente. A veces esto puede salir más caro (por ejemplo, los 10 céntimos de una bolsa), pero eso se cobra en una mejor salud ambiental”.

Los doce principios a los que se refiere Juan Manuel Paz, creados por Paul Anastas y John Warner, son los siguientes:

· Prevenir la generación de residuos.
· Economía de los átomos.
· Síntesis químicas menos peligrosas (tóxicas).
· Diseño de productos químicos seguros.
· Empleo de disolventes seguros.
· Disminución del consumo de energía.
· Empleo de materias primas provenientes de recursos renovables.
· Reducción de productos derivados.
· Uso de procesos catalíticos homogéneos, heterogéneos y microheterogéneos.
· Diseño para la degradación.
· Análisis de contaminantes en tiempo real.
· Minimización de riesgos de accidentes químicos.

Ecoemprendedores en todos los continentes
En contra del aumento de químicos también aparecen las ecosoluciones o ecoinnovaciones. Una nueva generación de ecoemprendedores mundiales está poniendo a las sustancias químicas en el punto de mira y ofreciendo alternativas.

La industria de la moda, para contribuir con un mundo más sostenible, requiere de nuevos procesos industriales, innovación tecnológica, criterios de economía circular y nuevos modelos de uso y negocio -como el intercambio o el alquiler-. Todos estos cambios ya están en marcha.

La cofundadora de le Qara, Jacqueline Cruz, fabrica imitaciones de cuero en un laboratorio en Perú. Se trata de “cuero” vegano. Después de ver de primera mano la contaminación química causada por la producción de cuero en su ciudad natal, Arequipa, las hermanas Jacqueline e Isemar Cruz se comprometieron a idear algo mejor. Al igual que el yogur y la cerveza se producen por fermentación, Le Qara fabrica un líquido a partir de restos de fruta y otros alimentos de origen vegetal y lo alimenta con microbios, que lo convierten en “cuero” vegano. El proceso no utiliza productos químicos peligrosos ni metales pesados, como el cromo presente en el curtido convencional del cuero. Además de que evitan el sacrificio de animales.

La tecnología puede utilizarse para imitar cualquier textura, color, dureza o grosor de la piel que se desee. El material es transpirable, como la piel de los animales, y funciona bien en la confección de ropa, bolsos y accesorios.

Convencionalmente, los pañales desechables van al vertedero o se descomponen utilizando un procesamiento térmico de alto consumo energético. Pero Melvin Kizito es uno de los tres químicos de Nairobi que utilizan la química verde para procesar los pañales desechables sucios sin necesidad de calor y transformarlos en un gel combustible asequible.

Los pañales desechables están por todas partes en Kenia, y los creadores de la empresa LeafyLife solo tenían que encontrar un uso para estos residuos. Su solución química benigna limpia los pañales viejos utilizando un 40% menos de agua que otras tecnologías de reciclaje de pañales, al tiempo que reduce el consumo de energía en un 30%. El ahorro de agua y energía ayuda a que el proyecto sea económicamente viable.

La compañía está creando un nuevo sistema funcional de gestión de residuos para los pañales y utilizando los componentes plásticos de los mismos para fabricar materiales de construcción como suelos, techos y tableros de mesa. Al mismo tiempo se produce un gel combustible de bajas emisiones de carbono que es una alternativa ideal al queroseno o al carbón vegetal.