El jengibre es una raíz que proviene de Oriente y se cultiva en China, principalmente. En la India, es uno de los ingredientes que nunca pueden faltar en la mesa. Su uso se difunde cada vez más en todo el mundo por sus beneficios para la salud; sin embargo, aún muchos desconocen para qué sirve el jengibre.
Además de consumirlo entero o como infusión, puedes conseguir galletas hechas de jengibre. Indudablemente, se trata de una planta codiciada por sus efectos positivos para el organismo.
Su nombre científico es Zingiber Officinale y se cultiva en regiones cálidas, sobre todo al sur de Asia. Es una planta perenne que puede llegar a medir casi dos metros de alto. Sus tallos y hojas son rojizos, y las flores, blancas.
Se utiliza desde los tiempos del Imperio romano, muy buscado por Marco Polo en sus viajes por el Camino de la Seda. Si bien se dice que el mejor jengibre es el que proviene de China e India, el principal productor actualmente es Jamaica.
Tiene un sabor picante y su aroma penetrante hace que sea una raíz muy potente. Se recomienda consumir en pequeñas porciones y cantidades, con moderación y siempre acompañado de otros alimentos.
Aporta vitaminas, minerales, aceites esenciales, antioxidantes y aminoácidos; todos ellos muy buenos para el cuerpo. Para poder disfrutar de sus beneficios, es necesario ingerirlo como infusión o en zumos, licuados, ensaladas, postres o guisados. Lo puedes conseguir fresco, en polvo, en tabletas, en jarabes o disecado.
Debes tener en cuenta que aumenta la temperatura corporal, por lo que no se aconseja en las personas que tienen fiebre.
Para qué sirve el jengibre
El jengibre es muy bueno para tratar cualquier afección en los intestinos. No obstante, ayuda más que nada al estómago y aparato digestivo en general. Asimismo, estimula el páncreas y aumenta la producción de enzimas que favorecen la digestión; esto evita efectos secundarios, como acidez o pesadez. Además, como es antibacteriano, es eficaz para combatir problemas intestinales producidos por una alteración en la flora.
A su vez, se ha confirmado que el jengibre combate las náuseas y las ganas de vomitar gracias a sus componentes, entre ellos los gingeroles y shogaoles. Así lo afirma el doctor Alejandro Dávila Bolaños de la Fundación Centro Nacional de la Medicina Popular Tradicional.
Mareos por viajes
Para poder evitarlos, es aconsejable consumir jengibre 3 horas antes de subir al avión, coche, barco, o medio que fuere. Tiene la propiedad de prevenir el mareo por el movimiento —llamado cinetosis—. En el caso de viajes largos, los especialistas recomiendan consumir jengibre media hora antes de salir y, en el medio de la travesía, volver a ingerirlo. Beber una infusión con la raíz seca —se consigue en dietéticas— es muy buena idea, o bien mezclado con frutas.
Tratamiento contra los efectos de la quimioterapia
Los pacientes que padecen cáncer consumen jengibre para reducir los vómitos después de la sesión de rayos. Es preciso saber que no debe ingerirse cuando el estómago está vacío.
Embarazo
Las mujeres gestantes pueden ingerir jengibre para reducir los mareos y vómitos en los primeros meses. Se realiza una infusión de media cucharadita de raíz seca en una taza de agua y se bebe varias veces por día. Este tratamiento no se puede prolongar por más de dos meses seguidos.
Otros beneficios
El jengibre, por su poder antibacteriano, también es bueno para evitar la aparición de úlceras, sobre todo una especie que altera los jugos gástricos con sus secreciones. También esta raíz se utiliza para equilibrar la producción de líquidos dentro del estómago. Sirve, a su vez, para tratar los problemas en el aparato respiratorio, tales como la gripe, la fiebre, la congestión nasal y hasta la sinusitis.
Se debe tomar una infusión con una cucharadita de raíz seca por cada vaso de agua varias veces al día. Para poder potenciar su poder, se aconseja añadir el zumo de medio limón.
Por otra parte, el jengibre es un poderoso tratamiento contra los dolores y la hinchazón producidos por las siguientes causas o trastornos:
Artritis: realizar una infusión con un puñado de raíces de jengibre en un litro de agua. Dejar enfriar y aplicar como compresa durante 15 o 20 minutos sobre la articulación que duele; repetirlo cada 6 horas. También se pueden hacer fricciones con aceite de jengibre y aceite de almendras.
Síndrome del túnel carpiano: se puede realizar un cataplasma de jengibre sobre la zona afectada.
Muelas: con la infusión de jengibre, se puede aliviar el dolor de muelas, o bien masticando una rodaja pequeña de esta raíz.
Si te preguntas para qué sirve el jengibre, además de todo lo comentado antes, debes saber que también se conocen sus poderes para eliminar el mal aliento. Esta es una técnica oriental que consiste en colocar una rodajita de la raíz con vinagre y mascar después de comer. Sirve para aumentar la producción de saliva, por lo que también es bueno cuando tenemos la boca seca. Por último, se dice que el jengibre es un potente afrodisíaco, que aumenta la libido y el deseo sexual.
El aceite esencial incrementa la temperatura corporal, es estimulante y muy poderoso, debido a su aroma penetrante e intenso.
Finalmente, el jengibre también reduciría los dolores menstruales en las mujeres, mejoraría el flujo sanguíneo y prevendría enfermedades cardiovasculares. Además, es considerado un antidepresivo natural y reductor de los niveles de estrés.
Además, combatiría el envejecimiento prematuro de las células, disminuiría las migrañas y ayudaría a prevenir el cáncer de ovarios o de colon. Ahora que conoces para qué sirve el jengibre, seguro que ya no te quedan dudas sobre su valía; no dejes de usarlo como remedio natural.
Bienvenidos al blog de ciencia para pasar el rato, siempre será mejor que ver la tele.
jueves, 8 de noviembre de 2018
martes, 30 de octubre de 2018
Flor de cempasúchil
La flor de cempasúchil es la flor de una planta conocida como tagete, clavel chino o clavelón de la India. En México, se la llama flor de los muertos o cempaxóchitl. Su nombre científico es Tagetes erecta. La palabra “cempasúchil”, como tal, proviene del náhuatl y significa ‘veinte flor’ o ‘flor de veinte pétalos’.
La flor de cempasúchil es una flor con un gran valor simbólico en México, especialmente en la celebración del Día de Muertos. Además de esto, la flor es también utilizada en el mundo de la jardinería por sus virtudes ornamentales. Debido a su popularidad y singularidad, también se realizan manualidades de papiroflexia reproduciendo esta flor en papel.
Características de la flor de cempasúchilLa flor de cempasúchil es una especie autóctona de México y de América Central. La planta de la cual brota puede llegar a alcanzar más de un metro de altura. Se reproduce por semillas, y su época de floración es durante el verano y el otoño nórdico. Su flor es muy aromática y su color oscila entre el amarillo y el naranja.
Para qué sirve la flor de cempasúchil
La flor de cempasúchil es utilizada en algunos estados mexicanos como medicina tradicional, principalmente como remedio para enfermedades digestivas. También se utiliza en algunos lugares para combatir enfermedades respiratorias y oculares.
Varios estudios científicos confirman algunas propiedades medicinales de la flor de cempasúchil: es antibacteriana, antifúngica y antioxidante.
Otros usos de la flor de cempasúchilSe utiliza de un modo creciente como colorante natural en piensos destinados al consumo avícola. Las características propias de esta flor aumentan la coloración amarilla de la piel de los pollos y de la yema de los huevos. También se utiliza como ingrediente para la elaboración de sopas e infusiones. Asimismo, es también empleada para la elaboración de insecticidas.
Cultivo y cuidados de la flor de cempasúchilEsta planta está adaptada a diversos climas y suelos, preferentemente climas con temperaturas suaves y sin fuertes heladas. El cultivo puede comenzar a partir de mayo aunque en los invernaderos puede cultivarse durante todo el año. La flor de cempasúchil necesita recibir luz solar y un riego regular, aunque también resiste periodos de sequía.
Significado de la flor de cempasúchil en Día de MuertosEn México, la flor de cempasúchil se utiliza como decoración y ofrenda ritual en el Día de Muertos. Es habitual utilizar los pétalos para marcar en el suelo el camino que deben seguir las almas de los difuntos hacia los altares domésticos levantados en su honor. Esto se debe a que tradicionalmente se decía que sus pétalos guardaban el calor del sol e iluminaban el camino de regreso a los difuntos. Los pétalos también se emplean para formar collares que simbolizan la bienaventuranza.
La flor de cempasúchil es una flor con un gran valor simbólico en México, especialmente en la celebración del Día de Muertos. Además de esto, la flor es también utilizada en el mundo de la jardinería por sus virtudes ornamentales. Debido a su popularidad y singularidad, también se realizan manualidades de papiroflexia reproduciendo esta flor en papel.
Características de la flor de cempasúchilLa flor de cempasúchil es una especie autóctona de México y de América Central. La planta de la cual brota puede llegar a alcanzar más de un metro de altura. Se reproduce por semillas, y su época de floración es durante el verano y el otoño nórdico. Su flor es muy aromática y su color oscila entre el amarillo y el naranja.
Para qué sirve la flor de cempasúchil
La flor de cempasúchil es utilizada en algunos estados mexicanos como medicina tradicional, principalmente como remedio para enfermedades digestivas. También se utiliza en algunos lugares para combatir enfermedades respiratorias y oculares.
Varios estudios científicos confirman algunas propiedades medicinales de la flor de cempasúchil: es antibacteriana, antifúngica y antioxidante.
Otros usos de la flor de cempasúchilSe utiliza de un modo creciente como colorante natural en piensos destinados al consumo avícola. Las características propias de esta flor aumentan la coloración amarilla de la piel de los pollos y de la yema de los huevos. También se utiliza como ingrediente para la elaboración de sopas e infusiones. Asimismo, es también empleada para la elaboración de insecticidas.
Cultivo y cuidados de la flor de cempasúchilEsta planta está adaptada a diversos climas y suelos, preferentemente climas con temperaturas suaves y sin fuertes heladas. El cultivo puede comenzar a partir de mayo aunque en los invernaderos puede cultivarse durante todo el año. La flor de cempasúchil necesita recibir luz solar y un riego regular, aunque también resiste periodos de sequía.
Significado de la flor de cempasúchil en Día de MuertosEn México, la flor de cempasúchil se utiliza como decoración y ofrenda ritual en el Día de Muertos. Es habitual utilizar los pétalos para marcar en el suelo el camino que deben seguir las almas de los difuntos hacia los altares domésticos levantados en su honor. Esto se debe a que tradicionalmente se decía que sus pétalos guardaban el calor del sol e iluminaban el camino de regreso a los difuntos. Los pétalos también se emplean para formar collares que simbolizan la bienaventuranza.
martes, 23 de octubre de 2018
La solución de los telomeros
En 1970 se estableció el concepto de reloj biológico, afirmando que el envejecimiento es un mecanismo programado, de tal manera que las células tendrían un tiempo máximo de supervivencia codificado en el ADN, así como un número de mitosis predeterminadas dependiendo de la extirpe celular a la que pertenezcan. Las únicas células que no tendrían esta característica serían las células cancerosas y germinales.
En ambos extremos de cada cromosoma se encuentra la estructura denominada telómero, es la parte terminal de la secuencia de ADN de los cromosomas, este telómero no codifica información genética, sino que determina la capacidad de división celular. En cada división celular una enzima denominada telomerasa, replica los telómeros, pero no lo hace completamente, de tal manera que en cada división celular el telómero se va acortando, con lo que después de 40 ó 50 divisiones la célula ya no puede dividirse y muere.
Este telómero podría explicar el concepto de muerte programada, de tal manera que cada vez que una célula se divide, pierde una porción de telómero, el cual a su vez genera sutiles cambios en la expresión proteica del resto del cromosoma, de tal manera que cada nueva célula nace “un poco mas vieja” que su progenitora asimismo tiene en reserva menos capacidad de volver a reproducirse.
La hipótesis más aceptada de por qué envejecemos es la acumulación de daño en nuestro material genético (DNA), que se produciría asociado al proceso mismo de la vida. Sin embargo, la naturaleza del daño causante de envejecimiento es aún motivo de intenso debate científico. Trabajos recientes con ratones modificados genéticamente sugieren que los “radicales libres”, popular teoría de envejecimiento, no parecen ser los causantes del envejecimiento del organismo.
Las células, al irse dividiendo para dar lugar a nuevas células, van transmitiendo un DNA dañado e incompleto debido a la pérdida progresiva de unas estructuras protectoras del DNA denominadas telómeros. Cuando los telómeros se acortan por debajo de una longitud mínima, las células interrumpen su ciclo celular y dejan de regenerar los tejidos, produciéndose así el envejecimiento de las células y consecuentemente el envejecimiento de todo el organismo.
Esta idea, tiene un amplio apoyo experimental con ratones modificados genéticamente para la telomerasa, el enzima que sintetiza los telómeros, asi como con enfermedades humanas de envejecimiento prematuro debidas a un acortamiento acelerado de los telómeros.
En el reciente estudio liderado por Maria A. Blasco en el CNIO, y al que han contribuido principalmente Stefan Schoeftner y Raquel Blanco, el daño producido telómeros cortos produce cambios globales en la expresión de los genes consistentes con la activación de una respuesta a “estrés celular” que implica a las vias de AKT y mTOR, que coincide con la disminución de la capacidad de división de las células, así como su capacidad para reparar el daño en el DNA.
Sorprendentemente, los telómeros cortos también interfieren con importantes procesos epigéneticos tales como la inactivación del cromosoma X en las hembras, que además deja de ocupar la misma posición nuclear que los RNAs teloméricos o TERRAs. Defectos en la inactivación del X tendrían consecuencias fatales para la viabilidad de las células.
Según Blasco: “Este descubrimiento sugiere que el progresivo acortamiento de los telómeros y la acumulación de telómeros disfuncionales constituyen la principal fuente de daño, que es suficiente para provocar el envejecimiento de organismo”.
Cuanto más largos son los telómeros, más puede multiplicarse una célula (incluidas las células madre que regeneran los tejidos) y por lo tanto el organismo se mantiene joven durante más tiempo. La relación entre telómeros y envejecimiento se conoce desde 1990 gracias a las investigaciones de Carol Greider y Calvin Harley. Existe además una enzima que contribuye a este proceso, alargando los telómeros: la telomerasa. Por su descubrimiento han recibido este año el Premio Nobel de Medicina Elisabeth H. Blackburn, Carol W. Greider, y Jack W. Szostak.
El equipo de Maria A. Blasco demostró el año pasado (en noviembre, en la revista Cell) que la relación entre telómeros y envejecimiento también funcionaba en mamíferos. Ratones tratados con telomerasa envejecen más tarde y viven hasta un 40% más. Pero hasta ahora se desconocía el mecanismo interno exacto que producía que una célula con telómeros cortos envejeciera antes que las demás.
En ambos extremos de cada cromosoma se encuentra la estructura denominada telómero, es la parte terminal de la secuencia de ADN de los cromosomas, este telómero no codifica información genética, sino que determina la capacidad de división celular. En cada división celular una enzima denominada telomerasa, replica los telómeros, pero no lo hace completamente, de tal manera que en cada división celular el telómero se va acortando, con lo que después de 40 ó 50 divisiones la célula ya no puede dividirse y muere.
Este telómero podría explicar el concepto de muerte programada, de tal manera que cada vez que una célula se divide, pierde una porción de telómero, el cual a su vez genera sutiles cambios en la expresión proteica del resto del cromosoma, de tal manera que cada nueva célula nace “un poco mas vieja” que su progenitora asimismo tiene en reserva menos capacidad de volver a reproducirse.
Las células, al irse dividiendo para dar lugar a nuevas células, van transmitiendo un DNA dañado e incompleto debido a la pérdida progresiva de unas estructuras protectoras del DNA denominadas telómeros. Cuando los telómeros se acortan por debajo de una longitud mínima, las células interrumpen su ciclo celular y dejan de regenerar los tejidos, produciéndose así el envejecimiento de las células y consecuentemente el envejecimiento de todo el organismo.
Esta idea, tiene un amplio apoyo experimental con ratones modificados genéticamente para la telomerasa, el enzima que sintetiza los telómeros, asi como con enfermedades humanas de envejecimiento prematuro debidas a un acortamiento acelerado de los telómeros.
En el reciente estudio liderado por Maria A. Blasco en el CNIO, y al que han contribuido principalmente Stefan Schoeftner y Raquel Blanco, el daño producido telómeros cortos produce cambios globales en la expresión de los genes consistentes con la activación de una respuesta a “estrés celular” que implica a las vias de AKT y mTOR, que coincide con la disminución de la capacidad de división de las células, así como su capacidad para reparar el daño en el DNA.
Sorprendentemente, los telómeros cortos también interfieren con importantes procesos epigéneticos tales como la inactivación del cromosoma X en las hembras, que además deja de ocupar la misma posición nuclear que los RNAs teloméricos o TERRAs. Defectos en la inactivación del X tendrían consecuencias fatales para la viabilidad de las células.
Según Blasco: “Este descubrimiento sugiere que el progresivo acortamiento de los telómeros y la acumulación de telómeros disfuncionales constituyen la principal fuente de daño, que es suficiente para provocar el envejecimiento de organismo”.
Cuanto más largos son los telómeros, más puede multiplicarse una célula (incluidas las células madre que regeneran los tejidos) y por lo tanto el organismo se mantiene joven durante más tiempo. La relación entre telómeros y envejecimiento se conoce desde 1990 gracias a las investigaciones de Carol Greider y Calvin Harley. Existe además una enzima que contribuye a este proceso, alargando los telómeros: la telomerasa. Por su descubrimiento han recibido este año el Premio Nobel de Medicina Elisabeth H. Blackburn, Carol W. Greider, y Jack W. Szostak.
El equipo de Maria A. Blasco demostró el año pasado (en noviembre, en la revista Cell) que la relación entre telómeros y envejecimiento también funcionaba en mamíferos. Ratones tratados con telomerasa envejecen más tarde y viven hasta un 40% más. Pero hasta ahora se desconocía el mecanismo interno exacto que producía que una célula con telómeros cortos envejeciera antes que las demás.
lunes, 22 de octubre de 2018
Sepsis
Según un estudio, publicado en Scientific Reports, las infecciones en humanos podrían curarse de la misma manera en que se han logrado curar en ratones: sin usar antibióticos.
En lugar de matar las bacterias causantes con antibióticos, los investigadores trataron ratones infectados con moléculas que bloquean la formación de toxinas en las bacterias.
El tratamiento de ratones con las moléculas terapéuticas curó eficazmente las infecciones causadas por Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM). S. aureus es conocido por su capacidad para superar incluso los antibióticos más potentes. Su arsenal de resistencia es amplio, limitando las opciones terapéuticas para tratar infecciones.
Las moléculas pequeñas fueron tan efectivas para promover la supervivencia como los antibióticos que se usan actualmente para tratar las infecciones por S. aureus. Las moléculas también parecen dar un impulso a los antibióticos.
Los ratones sépticos tratados con una combinación de moléculas pequeñas y antibióticos tenían diez veces menos bacterias en el torrente sanguíneo que los ratones tratados con antibióticos solos.
"Para los pacientes relativamente sanos, como los atletas que sufren una infección por SARM, estas moléculas pueden ser suficientes para eliminar una infección ", señaló Menachem Shoham, profesor asociado de bioquímica en la Escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve y autor principal del estudio:
Para pacientes inmunocomprometidos, la terapia de combinación con las moléculas y un antibiótico de dosis baja puede ser suficiente. Con el apoyo de las moléculas pequeñas, los antibióticos previamente obsoletos podrían volver a ingresar a la clínica.
Los antibióticos matan a la mayoría de las bacterias, pero sobrevive una pequeña cantidad de bacterias con resistencia natural. Con el tiempo, las bacterias resistentes a los antibióticos se multiplican y se propagan.
Para algunas infecciones, los antibióticos eficaces ya no están disponibles. Desarmar las bacterias de las toxinas causantes de enfermedades representa una alternativa prometedora a la disminución de los antibióticos.
En lugar de matar las bacterias causantes con antibióticos, los investigadores trataron ratones infectados con moléculas que bloquean la formación de toxinas en las bacterias.
El tratamiento de ratones con las moléculas terapéuticas curó eficazmente las infecciones causadas por Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM). S. aureus es conocido por su capacidad para superar incluso los antibióticos más potentes. Su arsenal de resistencia es amplio, limitando las opciones terapéuticas para tratar infecciones.
Las moléculas pequeñas fueron tan efectivas para promover la supervivencia como los antibióticos que se usan actualmente para tratar las infecciones por S. aureus. Las moléculas también parecen dar un impulso a los antibióticos.
Los ratones sépticos tratados con una combinación de moléculas pequeñas y antibióticos tenían diez veces menos bacterias en el torrente sanguíneo que los ratones tratados con antibióticos solos.
"Para los pacientes relativamente sanos, como los atletas que sufren una infección por SARM, estas moléculas pueden ser suficientes para eliminar una infección ", señaló Menachem Shoham, profesor asociado de bioquímica en la Escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve y autor principal del estudio:
Para pacientes inmunocomprometidos, la terapia de combinación con las moléculas y un antibiótico de dosis baja puede ser suficiente. Con el apoyo de las moléculas pequeñas, los antibióticos previamente obsoletos podrían volver a ingresar a la clínica.
Los antibióticos matan a la mayoría de las bacterias, pero sobrevive una pequeña cantidad de bacterias con resistencia natural. Con el tiempo, las bacterias resistentes a los antibióticos se multiplican y se propagan.
Para algunas infecciones, los antibióticos eficaces ya no están disponibles. Desarmar las bacterias de las toxinas causantes de enfermedades representa una alternativa prometedora a la disminución de los antibióticos.
lunes, 1 de octubre de 2018
La reina de las cactaceas
Cuatro días antes de cumplir 100 años de edad murió el miércoles 26 la doctora Helia Bravo Hollis. Su biografía es la historia de la inclusión de las mujeres en la investigación científica y del lento y productivo desarrollo de la vocación académica.
Nació y creció en Mixcoac, en un paisaje que sus padres le enseñaron a admirar. Su padre, Samuel Bravo, le dio con su vida otra enseñanza: por la fidelidad a sus convicciones maderistas fue fusilado en el cerro del Tepeyac, durante la decena trágica.
Desde niña sobresalió por su ahínco. En la preparatoria contó, con Ana María Reyna, entre las alumnas predilectas de don Isaac Ochoterena, quien le inoculó el virus de la curiosidad científica: al mismo tiempo que concluía el bachillerato era ya experta en protozoarios. Apenas adolescente, presentaba sus trabajos en la sociedad Antonio Alzate y los publicaba en la Revista Mexicana de Biología. Esas tareas motivaron su primer viaje al extranjero: curso de verano en el laboratorio de biología marina en Pomona College, de California.
Fue la primera bióloga mexicana. No existía aún la carrera, y la formación se hacía de modo combinado en la Escuela Nacional de Medicina y en la de Altos Estudios. Helia Bravo se convirtió entonces en maestra en escuelas secundarias.
El año de 1929 no sólo llevó la autonomía a la Universidad Nacional, sino también una nueva y delicada misión. El gobierno le confió importantes porciones del patrimonio cultural de la nación, como la Biblioteca Nacional, que sólo los ignorantes pueden, por lo tanto, pretender que apenas se erija y aplaudir su construcción. En ese trance se incorporaron a la UNAM las colecciones biológicas nacionales, formadas desde el siglo XIX. A partir de ellas se integró el Instituto de Biología a la Universidad, cuyo primer director fue el sabio Ochoterena (que más tarde sería uno de los fundadores del Colegio Nacional).
El viejo maestro atrajo a sus alumnos favoritos a la nueva tarea. Helia Bravo recibió la encomienda de formar el herbario. Pasaba los días entre zonas lacustres: de Chapultepec a Xochimilco. La Casa del Lago, sede hoy de acontecimientos artísticos, era el domicilio del Instituto. Y entre trajineras y chinampas estudiaba la joven bióloga los chichicastles. Pero pronto le fue asignada la nueva comarca de estudio, las cactáceas, de cuyo dominio se convertiría en la reina.
Después de cinco años de investigación apareció, en 1973, Las cactáceas de México. Resultó de su laboriosidad fructuosa: “Adquirí toda la literatura… (el Brittonn y Rose fue desde entonces mi biblia); visité el Smithsonian Institute, hice excursiones por toda la República para colectar material de estudio y tomar fotografías”, recordó su autora en el invierno de su vida.
Recordó también, no sin lamentarlo, que la segunda edición en realidad una nueva obra por la actualización necesaria por casi tres décadas transcurridas desde la primera, demoró años en ser lanzada a circular. El resultado de la tarea fue un libro embarnecido, en tres tomos, preparados con el auxilio de Hernando Sánchez Mejorada, cuyos apellidos remiten a una prestigiada familia pachuqueña, y que acompañó a Helia Bravo en varias empresas profesionales: “la fundación de la Sociedad Mexicana de Cactología, la creación del Jardín Botánico de la Universidad y una investigación sobre las cactáceas en Mesoamérica. La indagación fue encargada por el doctor Peter Raven, del jardín botánico de Saint Louis Missouri. Los autores no vivieron para verla publicada en la colección Flora Mesoamericana, pues Sánchez Mejorada había fallecido años antes que la doctora Bravo.
Sólo una compensación tuvieron los afanes editoriales de la investigadora. El Fondo de Cultura Económica le encargó, junto con su colega brasileña radicada en México Lea Shennivar, la preparación de un texto de divulgación, parte de la colección La ciencia desde México, que apareció en 1995 bajo el título El interesante mundo de las cactáceas, del que está por aparecer una tercera edición.
Para entonces, la doctora Bravo se había jubilado: “Me retiran de trabajar en el Instituto de Biología a los 90 años, impedida por una dolorosa artritis que me impide caminar”, deploró. Ya había recibido el doctorado honoris causa, en 1985, y el emeritazgo cuatro años después. Se coronaba de ese modo una vida plena, que Óscar González López había resumido y festejado así todavía el sábado 22 de septiembre, cuando se esperaban los homenajes que la Universidad rendiría a la ahora desaparecida:
“Recorre de palmo a palmo la Mixteca poblana, sus veredas resecas, sus montes pelones salpicados de cactos de figuras fantásticas, penetras en los yacimientos fósiles de plantas. Descubre el esplendor cactáceo de la zona Tehuacán-Cuicatlán, los abundantes ejemplares de candelabros y tetechos, compañeros milenarios del teocintle, raíz mágica de la cultura de El Riego, primera zona cultivadora de maíz en Mesoamérica.”
Así mismo, continúa González en lo que sin quererlo se convirtió en el epitafio de Helia Bravo, “incursiona en barrancas, cañones y desfiladeros de nuestras sierras, en sus cuevas y crestas, en busca de nuevas especies de cactáceas. Conoce decenas de pueblos mineros abandonados en las regiones áridas del altiplano central. Han visto su paso explorador Apozol, en Zacatecas y los cardones peliblancos de Molango, en Hidalgo”.
El conocimiento científico creció con sus andanzas. Varias especies identificadas por ella llevan su nombre. Es justo canje, su dedicación a estas plantas propias del paisaje desértico y pobre afinó su espíritu, le imprimió modestia contrastante con la trascendencia de su obra. Dijo de sí misma en marzo pasado:
“Hice mi trabajo con sentido de responsabilidad ante la UNAM, con amor, con pasión, con coraje. No fue un trabajo a sueldo, fue una grata investigación. A pesar de todo, creo que mi trabajo dejó mucho que desear, pues el conocimiento de las cactáceas no está acabado, siempre se está haciendo.”
Donde ahora se halle verá una vez más, como lo vio Amado Nervo, que “los órganos parecen/candelabros que se mesen/con la brisa matinal”.
Nació y creció en Mixcoac, en un paisaje que sus padres le enseñaron a admirar. Su padre, Samuel Bravo, le dio con su vida otra enseñanza: por la fidelidad a sus convicciones maderistas fue fusilado en el cerro del Tepeyac, durante la decena trágica.
Desde niña sobresalió por su ahínco. En la preparatoria contó, con Ana María Reyna, entre las alumnas predilectas de don Isaac Ochoterena, quien le inoculó el virus de la curiosidad científica: al mismo tiempo que concluía el bachillerato era ya experta en protozoarios. Apenas adolescente, presentaba sus trabajos en la sociedad Antonio Alzate y los publicaba en la Revista Mexicana de Biología. Esas tareas motivaron su primer viaje al extranjero: curso de verano en el laboratorio de biología marina en Pomona College, de California.
Fue la primera bióloga mexicana. No existía aún la carrera, y la formación se hacía de modo combinado en la Escuela Nacional de Medicina y en la de Altos Estudios. Helia Bravo se convirtió entonces en maestra en escuelas secundarias.
El año de 1929 no sólo llevó la autonomía a la Universidad Nacional, sino también una nueva y delicada misión. El gobierno le confió importantes porciones del patrimonio cultural de la nación, como la Biblioteca Nacional, que sólo los ignorantes pueden, por lo tanto, pretender que apenas se erija y aplaudir su construcción. En ese trance se incorporaron a la UNAM las colecciones biológicas nacionales, formadas desde el siglo XIX. A partir de ellas se integró el Instituto de Biología a la Universidad, cuyo primer director fue el sabio Ochoterena (que más tarde sería uno de los fundadores del Colegio Nacional).
El viejo maestro atrajo a sus alumnos favoritos a la nueva tarea. Helia Bravo recibió la encomienda de formar el herbario. Pasaba los días entre zonas lacustres: de Chapultepec a Xochimilco. La Casa del Lago, sede hoy de acontecimientos artísticos, era el domicilio del Instituto. Y entre trajineras y chinampas estudiaba la joven bióloga los chichicastles. Pero pronto le fue asignada la nueva comarca de estudio, las cactáceas, de cuyo dominio se convertiría en la reina.
Después de cinco años de investigación apareció, en 1973, Las cactáceas de México. Resultó de su laboriosidad fructuosa: “Adquirí toda la literatura… (el Brittonn y Rose fue desde entonces mi biblia); visité el Smithsonian Institute, hice excursiones por toda la República para colectar material de estudio y tomar fotografías”, recordó su autora en el invierno de su vida.
Recordó también, no sin lamentarlo, que la segunda edición en realidad una nueva obra por la actualización necesaria por casi tres décadas transcurridas desde la primera, demoró años en ser lanzada a circular. El resultado de la tarea fue un libro embarnecido, en tres tomos, preparados con el auxilio de Hernando Sánchez Mejorada, cuyos apellidos remiten a una prestigiada familia pachuqueña, y que acompañó a Helia Bravo en varias empresas profesionales: “la fundación de la Sociedad Mexicana de Cactología, la creación del Jardín Botánico de la Universidad y una investigación sobre las cactáceas en Mesoamérica. La indagación fue encargada por el doctor Peter Raven, del jardín botánico de Saint Louis Missouri. Los autores no vivieron para verla publicada en la colección Flora Mesoamericana, pues Sánchez Mejorada había fallecido años antes que la doctora Bravo.
Sólo una compensación tuvieron los afanes editoriales de la investigadora. El Fondo de Cultura Económica le encargó, junto con su colega brasileña radicada en México Lea Shennivar, la preparación de un texto de divulgación, parte de la colección La ciencia desde México, que apareció en 1995 bajo el título El interesante mundo de las cactáceas, del que está por aparecer una tercera edición.
Para entonces, la doctora Bravo se había jubilado: “Me retiran de trabajar en el Instituto de Biología a los 90 años, impedida por una dolorosa artritis que me impide caminar”, deploró. Ya había recibido el doctorado honoris causa, en 1985, y el emeritazgo cuatro años después. Se coronaba de ese modo una vida plena, que Óscar González López había resumido y festejado así todavía el sábado 22 de septiembre, cuando se esperaban los homenajes que la Universidad rendiría a la ahora desaparecida:
“Recorre de palmo a palmo la Mixteca poblana, sus veredas resecas, sus montes pelones salpicados de cactos de figuras fantásticas, penetras en los yacimientos fósiles de plantas. Descubre el esplendor cactáceo de la zona Tehuacán-Cuicatlán, los abundantes ejemplares de candelabros y tetechos, compañeros milenarios del teocintle, raíz mágica de la cultura de El Riego, primera zona cultivadora de maíz en Mesoamérica.”
Así mismo, continúa González en lo que sin quererlo se convirtió en el epitafio de Helia Bravo, “incursiona en barrancas, cañones y desfiladeros de nuestras sierras, en sus cuevas y crestas, en busca de nuevas especies de cactáceas. Conoce decenas de pueblos mineros abandonados en las regiones áridas del altiplano central. Han visto su paso explorador Apozol, en Zacatecas y los cardones peliblancos de Molango, en Hidalgo”.
El conocimiento científico creció con sus andanzas. Varias especies identificadas por ella llevan su nombre. Es justo canje, su dedicación a estas plantas propias del paisaje desértico y pobre afinó su espíritu, le imprimió modestia contrastante con la trascendencia de su obra. Dijo de sí misma en marzo pasado:
“Hice mi trabajo con sentido de responsabilidad ante la UNAM, con amor, con pasión, con coraje. No fue un trabajo a sueldo, fue una grata investigación. A pesar de todo, creo que mi trabajo dejó mucho que desear, pues el conocimiento de las cactáceas no está acabado, siempre se está haciendo.”
Donde ahora se halle verá una vez más, como lo vio Amado Nervo, que “los órganos parecen/candelabros que se mesen/con la brisa matinal”.
lunes, 24 de septiembre de 2018
Piel robótica capaz de sentir
Investigadores chinos han desarrollado una piel robótica que siente, como la de un humano, pero incluso mejor.
Investigadores chinos han desarrollado una piel robótica capaz de sentir como la de los humanos. Se trata de una piel con sensores capaz de detectar la presión y el pulso de forma similar a la nuestra. Supone un importante paso en el mundo de las prótesis inteligentes que puedan reemplazar la capacidad de sensación de miembros naturales.
Cada vez se avanza más en el desarrollo de miembros inteligentes para personas a las que se le hayan amputado, y la sensación de tacto y pulso es muy importante. En la piel humana se percibe la presión como parte del contacto; se transforma en señales y se traslada al cerebro, creando la sensación de pulso.
Las pieles robóticas tendrán que reemplazar esto; pero es algo muy complicado. Por ahora, un grupo de científicos chinos liderados por Yuanzhao Wu, investigador de la Academia de Ciencias de Ningbo (China) ha desarrollado una piel electrónica capaz de convertir la presión al tacto en señales electrónicas.
La piel robótica capaz de replicar el tacto, como la de un humano
La piel es, en realidad, un sensor magnético y un circuito eléctrico que emite las señales convertidas en pulsos con varias frecuencias, dependiendo de la presión recibida. Esta tecnología se implantó en un dedo robótico, y fue capaz de percibir incluso el viento; también es capaz de percibir gota de agua y el movimiento de hormigas, excediendo en algunas situaciones la capacidad de sentir de la piel humana. Por lo que podríamos decir que esta piel robótica siente como un humano, pero mejor que uno.
Esta eSkin capaz de hacerlo, concretamente, porque está compuesta por un polímero (plástico) hueco con partículas magnéticas en su superficie superior. Al aplicar presión en el techo de la membrana con puntos magnéticos, esta se invierte, haciendo que las partículas magnéticas de la parte superior se desplacen hasta el sensor ubicado en el interior. Se crea una resistencia que se traduce en pulsos eléctricos.
Esta tecnología no solo ayudará en el ámbito de las prótesis inteligentes, sino también en el campo de los robots con Inteligencia Artificial. De hecho, será muy interesante para robots que realicen trabajos “manuales” donde el tacto es importante.
Cada vez se avanza más en el desarrollo de miembros inteligentes para personas a las que se le hayan amputado, y la sensación de tacto y pulso es muy importante. En la piel humana se percibe la presión como parte del contacto; se transforma en señales y se traslada al cerebro, creando la sensación de pulso.
Las pieles robóticas tendrán que reemplazar esto; pero es algo muy complicado. Por ahora, un grupo de científicos chinos liderados por Yuanzhao Wu, investigador de la Academia de Ciencias de Ningbo (China) ha desarrollado una piel electrónica capaz de convertir la presión al tacto en señales electrónicas.
La piel robótica capaz de replicar el tacto, como la de un humano
La piel es, en realidad, un sensor magnético y un circuito eléctrico que emite las señales convertidas en pulsos con varias frecuencias, dependiendo de la presión recibida. Esta tecnología se implantó en un dedo robótico, y fue capaz de percibir incluso el viento; también es capaz de percibir gota de agua y el movimiento de hormigas, excediendo en algunas situaciones la capacidad de sentir de la piel humana. Por lo que podríamos decir que esta piel robótica siente como un humano, pero mejor que uno.
Esta eSkin capaz de hacerlo, concretamente, porque está compuesta por un polímero (plástico) hueco con partículas magnéticas en su superficie superior. Al aplicar presión en el techo de la membrana con puntos magnéticos, esta se invierte, haciendo que las partículas magnéticas de la parte superior se desplacen hasta el sensor ubicado en el interior. Se crea una resistencia que se traduce en pulsos eléctricos.
Esta tecnología no solo ayudará en el ámbito de las prótesis inteligentes, sino también en el campo de los robots con Inteligencia Artificial. De hecho, será muy interesante para robots que realicen trabajos “manuales” donde el tacto es importante.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
La neurociencia del dolor (I)
El dolor es una experiencia subjetiva, cultural y neurológica. Definirlo, encontrar palabras que puedan describirlo de modo universal, medirlo para saber qué tan grave es, localizarlo en una resonancia magnética de forma inequívoca: todos esfuerzos de la neurociencia para, en última instancia, diagnosticar y prescribir tratamientos que sirvan para disminuirlo.
Hay en el mundo menos de 100 máquinas de resonancia magnética modelo 7-Tesla. El campo magnético que genera es 4 veces más poderoso que una máquina de resonancia promedio, produciendo imágenes mucho más detalladas. Es posible observar al cerebro mientras siente dolor y la escala para medirlo hoy día va del 0 al 10.
Para la ciencia el dolor es un problema porque aunque es un proceso fisiológico, también es subjetivo. Solo la persona siente su propio dolor y es muy difícil comunicárselo a los otros. Si nos enamoramos, hay cientos de descripciones en la literatura, en la filosofía y en la música a las cuales recurrir para expresarlo, pero no así con el dolor que tiene mucho de indescriptible.
En las últimas dos décadas, la Dra. Irene Tracey de la Universidad de Oxford, ha estudiado a miles de personas, sanas y enfermas, para desarrollar un panorama neurológico del dolor. Ha estudiado el dolor normal de todos los días y también el dolor crónico. En 1940 en la Universidad de Cornell se inventó el 'dolorímetro', una máquina generadora de calor. El año pasado, científicos del M.I.T. desarrollaron un algoritmo llamado 'DeepFacelift' que intenta calcular el dolor basado en las expresiones faciales.
Las herramientas más útiles, sin embargo, siguen siendo los reportes de los sufrientes.
En los años cincuenta, Ronald Melzack, comenzó una colección de las palabras más utilizadas por los pacientes, organizándolas en categorías, en un intento por capturar las dimensiones temporales, sensoriales y afectivas del dolor así como su intensidad. El resultado se publicó dos décadas después con el nombre de 'Cuestionario del dolor de McGill', aunque la subjetividad parece insuperable: lo que para alguien puede describirse como agonía para otro puede ser solo desdicha.
Joanna Burke escribió 'La historia del dolor' y en su intento por traducir el cuestionario encontró que el contexto cultural modifica el lenguaje y también la percepción.
La escala más utilizada hoy en día es numérica: del 0 al 10, para acomodar diversos grados en la sensación de dolor. Evaluar el dolor como parte de la práctica médica ha incidido en el aumento de las recetas de opioides que es una de las adicciones contemporáneas más graves (continuará).
*Resumen y traducción libre del artículo “The neuroscience of pain”, The New Yorker, Nicola Twilley, julio 2018
Para la ciencia el dolor es un problema porque aunque es un proceso fisiológico, también es subjetivo. Solo la persona siente su propio dolor y es muy difícil comunicárselo a los otros. Si nos enamoramos, hay cientos de descripciones en la literatura, en la filosofía y en la música a las cuales recurrir para expresarlo, pero no así con el dolor que tiene mucho de indescriptible.
En las últimas dos décadas, la Dra. Irene Tracey de la Universidad de Oxford, ha estudiado a miles de personas, sanas y enfermas, para desarrollar un panorama neurológico del dolor. Ha estudiado el dolor normal de todos los días y también el dolor crónico. En 1940 en la Universidad de Cornell se inventó el 'dolorímetro', una máquina generadora de calor. El año pasado, científicos del M.I.T. desarrollaron un algoritmo llamado 'DeepFacelift' que intenta calcular el dolor basado en las expresiones faciales.
Las herramientas más útiles, sin embargo, siguen siendo los reportes de los sufrientes.
En los años cincuenta, Ronald Melzack, comenzó una colección de las palabras más utilizadas por los pacientes, organizándolas en categorías, en un intento por capturar las dimensiones temporales, sensoriales y afectivas del dolor así como su intensidad. El resultado se publicó dos décadas después con el nombre de 'Cuestionario del dolor de McGill', aunque la subjetividad parece insuperable: lo que para alguien puede describirse como agonía para otro puede ser solo desdicha.
Joanna Burke escribió 'La historia del dolor' y en su intento por traducir el cuestionario encontró que el contexto cultural modifica el lenguaje y también la percepción.
La escala más utilizada hoy en día es numérica: del 0 al 10, para acomodar diversos grados en la sensación de dolor. Evaluar el dolor como parte de la práctica médica ha incidido en el aumento de las recetas de opioides que es una de las adicciones contemporáneas más graves (continuará).
*Resumen y traducción libre del artículo “The neuroscience of pain”, The New Yorker, Nicola Twilley, julio 2018
martes, 18 de septiembre de 2018
Descubren nuevo tipo de neuronas
Los neurocientíficos sugieren que estas células pueden ayudar a explicar las capacidades del sistema nervioso.
El cerebro humano contiene un tipo de neuronas que no se ha encontrado en el cerebro de ratones ni de otros animales, según resultados de una investigación presentada esta semana en la revista Nature Neuroscience.
Estas neuronas podrían ayudar a explicar las capacidades excepcionales del cerebro humano, proponen los autores de la investigación. Aunque advierten que no conocen su función con exactitud y que el hecho de no haberlas hasta la fecha en otros animales no demuestra que sólo los humanos las tengan.
Lo que se sabe por ahora es que las nuevas neuronas tienen una función inhibitoria. Es decir, que inhiben la actividad de otras neuronas. Las han denominado neuronas rosa mosqueta porque la forma que los axones de cada neurona adoptan alrededor del cuerpo central de la célula les recuerda a “una rosa después de haber abierto sus pétalos”, según explican en un comunicado del Instituto Allen para Ciencias del Cerebro, con sede en Seattle (EE.UU.).
La investigación, en la que también han participado neurocientíficos de la Universidad de Szeged en Hungría, se ha basado en muestras de tejido cerebral de dos hombres que habían muerto entre los 50 y los 60 años de edad y que habían donado sus cuerpos a la ciencia.
Las muestras se obtuvieron de la capa más externa del córtex, que es la parte del cerebro que las personas tienen más grande respecto a otros animales y que es la sede de las llamadas funciones superiores, como la conciencia, la capacidad de razonamiento y los juicios morales. El equipo de Gábor Tamás en la Universidad de Szeged ha examinado las formas y propiedades eléctricas de un tipo de neuronas en el córtex y ha observado que no se parecían a ninguna otra neurona descrita anteriormente. El equipo de Ed Lein en el Instituto Allen, por su parte, ha analizado qué genes están activos en estas neuronas y ha confirmado que son diferentes a los de cualquier otro tipo conocido, tanto en cerebros humanos como de ratones o de otras especies.
Los investigadores tienen previsto buscar en el futuro neuronas rosa mosqueta en cerebros de personas con enfermedades psiquiátricas que hayan fallecido para analizar si tienen alguna influencia en estas enfermedades. Asimismo, tienen previsto buscar si hay neuronas rosa mosqueta en otras regiones del cerebro.
“En realidad, no comprendemos qué convierte en especial el cerebro humano”, declara Ed Lein en el comunicado. “Estudiar las diferencias a nivel de células y circuitos es un buen lugar para empezar, y ahora tenemos nuevas herramientas para hacerlo”.
El cerebro humano contiene un tipo de neuronas que no se ha encontrado en el cerebro de ratones ni de otros animales, según resultados de una investigación presentada esta semana en la revista Nature Neuroscience.
Estas neuronas podrían ayudar a explicar las capacidades excepcionales del cerebro humano, proponen los autores de la investigación. Aunque advierten que no conocen su función con exactitud y que el hecho de no haberlas hasta la fecha en otros animales no demuestra que sólo los humanos las tengan.
Lo que se sabe por ahora es que las nuevas neuronas tienen una función inhibitoria. Es decir, que inhiben la actividad de otras neuronas. Las han denominado neuronas rosa mosqueta porque la forma que los axones de cada neurona adoptan alrededor del cuerpo central de la célula les recuerda a “una rosa después de haber abierto sus pétalos”, según explican en un comunicado del Instituto Allen para Ciencias del Cerebro, con sede en Seattle (EE.UU.).
La investigación, en la que también han participado neurocientíficos de la Universidad de Szeged en Hungría, se ha basado en muestras de tejido cerebral de dos hombres que habían muerto entre los 50 y los 60 años de edad y que habían donado sus cuerpos a la ciencia.
Las muestras se obtuvieron de la capa más externa del córtex, que es la parte del cerebro que las personas tienen más grande respecto a otros animales y que es la sede de las llamadas funciones superiores, como la conciencia, la capacidad de razonamiento y los juicios morales. El equipo de Gábor Tamás en la Universidad de Szeged ha examinado las formas y propiedades eléctricas de un tipo de neuronas en el córtex y ha observado que no se parecían a ninguna otra neurona descrita anteriormente. El equipo de Ed Lein en el Instituto Allen, por su parte, ha analizado qué genes están activos en estas neuronas y ha confirmado que son diferentes a los de cualquier otro tipo conocido, tanto en cerebros humanos como de ratones o de otras especies.
Los investigadores tienen previsto buscar en el futuro neuronas rosa mosqueta en cerebros de personas con enfermedades psiquiátricas que hayan fallecido para analizar si tienen alguna influencia en estas enfermedades. Asimismo, tienen previsto buscar si hay neuronas rosa mosqueta en otras regiones del cerebro.
“En realidad, no comprendemos qué convierte en especial el cerebro humano”, declara Ed Lein en el comunicado. “Estudiar las diferencias a nivel de células y circuitos es un buen lugar para empezar, y ahora tenemos nuevas herramientas para hacerlo”.
lunes, 17 de septiembre de 2018
Poto Dorado
Es un acróbata lento y nocturno
El poto dorado, llamado también arctocebo, es uno de los más singulares mamíferos africanos. Es un primate muy primitivo, más o menos emparentado con los lémures, los galagos y los loris. Fue descubierto en el Camerún en 1860.
Es un habitante de las selvas, imposible de encontrar en las sabanas o en la maleza. no le gusta el sol y huye de la luz. su dominio exclusivo es la bóveda de los árboles y no baja jamás a tierra. El poto dorado es más frecuente en los bosques de hoja caduca del Golfo de Guinea y habita rara vez los bosques de follaje perenne, como los que existen en el Zaire.
Su régimen alimenticio consiste en hojas tiernas y frutos variados. Su manjar favorito son los aguacates y los plátanos, también le gustan las larvas blandas de los coleópteros.
Perfectamente adaptado a la vida arborícola, el poto dorado se desplaza por las ramas con una facilidad increíble. La conformación de sus patas, de dedos prensiles, le permite agarrarse fuertemente. avanza caminando sobre una rama o cabeza abajo.
Su cuerpo, muy ágil y recogido, le asegura una gran movilidad; este animalito realiza acrobacias increíbles mientras va en busca de su comida. El poto dorado vive en solitario y no se ven más de uno o dos sobre el mismo árbol. La hembra transporta a su pequeño durante varios meses. Para dormir o descansar, este primate se suspende de una rama inclinada, manteniendo la cabeza alta.
Grupo: Vertebrados
Clase: Mamíferos
Orden: Primates
Suborden: Prosimios
Familia: Lorisidos
Género y especie: Arctocebus calabarensis (Poto dorado)
El poto dorado, llamado también arctocebo, es uno de los más singulares mamíferos africanos. Es un primate muy primitivo, más o menos emparentado con los lémures, los galagos y los loris. Fue descubierto en el Camerún en 1860.
Es un habitante de las selvas, imposible de encontrar en las sabanas o en la maleza. no le gusta el sol y huye de la luz. su dominio exclusivo es la bóveda de los árboles y no baja jamás a tierra. El poto dorado es más frecuente en los bosques de hoja caduca del Golfo de Guinea y habita rara vez los bosques de follaje perenne, como los que existen en el Zaire.
Su régimen alimenticio consiste en hojas tiernas y frutos variados. Su manjar favorito son los aguacates y los plátanos, también le gustan las larvas blandas de los coleópteros.
Perfectamente adaptado a la vida arborícola, el poto dorado se desplaza por las ramas con una facilidad increíble. La conformación de sus patas, de dedos prensiles, le permite agarrarse fuertemente. avanza caminando sobre una rama o cabeza abajo.
Su cuerpo, muy ágil y recogido, le asegura una gran movilidad; este animalito realiza acrobacias increíbles mientras va en busca de su comida. El poto dorado vive en solitario y no se ven más de uno o dos sobre el mismo árbol. La hembra transporta a su pequeño durante varios meses. Para dormir o descansar, este primate se suspende de una rama inclinada, manteniendo la cabeza alta.
Grupo: Vertebrados
Clase: Mamíferos
Orden: Primates
Suborden: Prosimios
Familia: Lorisidos
Género y especie: Arctocebus calabarensis (Poto dorado)
La clase de mañana
El animal de hoy,
Mamíferos
lunes, 3 de septiembre de 2018
Erizo
Las crías nacen con púas blandas
Las púas del erizo constituyen una estupenda protección contra sus agresores, que no intentan atacarlo dos veces. El régimen alimenticio del erizo está compuesto de insectos de todo tipo: moluscos (caracoles y babosas), pequeños roedores y hasta serpientes. No teme atrapar a una víbora, la cual tendrá dificultad en defenderse y morder a su agresor. El erizo es inmune a su veneno. Es un animal crepuscular, que desarrolla su actividad a última hora de la tarde y primeras horas de la noche.
Camina a pasitos, pero cuantío se siente en peligro, puede trepar o nadar. Su olfato y su oído son muy finos, no pudiendo decir lo mismo de su vista, que es regular. Cuando se ve en peligro se enrolla, formando una bola perfecta, poblada de aguijones. Al finalizar el otoño, el erizo se esconde en su madriguera y pasa los meses fríos en hibernación. Los pequeños nacen en primavera. Las púas tienen, al principio, la consistencia del caucho, endureciéndose a los veinte días.
Grupo: Vertebrados
Clase: Mamíferos
Orden: Insectivoros
Familia: Erinaceidos
Género y especie: Erinaceus albiventris (Erizo de vientre blanco)
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