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viernes, 2 de mayo de 2025

Orfeo y Euridice

Orfeo y Eurídice es un mito griego sobre una historia de amor con un final trágico. Una de las tantas historias griegas basadas en parejas que sufren irremediablemente por amor, como el caso de Dido y Eneas o Acis y Galatea… 

Esta es la historia de Orfeo y Eurídice, un mito griego sobre una historia de amor
Apolo, dios de la música y la poesía, uno de los dioses más bellos, vivía rodeado de musas. Fue con una de ellas, Calíope (musa de la poesía épica y la elocuencia), con quien tuvo un hijo al que pusieron de nombre Orfeo.

Su padre, Apolo, le regaló una lira, la misma que Hermes, mensajero de los dioses, le había regalado a él. Era una lira especial, pues tenía nueve cuerdas, en honor a las nueve musas, y estaba fabricada con el caparazón de una tortuga. Por supuesto, Apolo también le enseñó a tocarla. Su madre, por su parte, le enseñó a introducir versos en sus canciones…

Orfeo creció, convirtiéndose en un dios lleno de belleza y sensualidad. Era capaz de atraer a quien se propusiera con su canto. Dioses, hombres, mujeres… y hasta animales. Todos caían rendidos ante él. Orfeo era capaz de amansar hasta a una fiera con su música… Su lira podía mover piedras y hasta cortar el curso de un río… Y sí, así cayó rendida de amor Eurídice, quien terminó casándose con Orfeo.

La tragedia llega a las vidas de Orfeo y Eurídice
La pareja era feliz, pero la felicidad quedó truncada de forma imprevisible. Una serpiente mordió a Eurídice y ella murió. Desde ese momento, Orfeo solo podía tocar tristes y dolorosas melodías. Las ninfas le propusieron luchar por recuperar a Eurídice. Enamorado, fiel hasta la muerte…. decidió hacerles caso y buscar a su amada en el infierno.

Al llegar al inframundo, se encontró con Cancerbero, el guardián del infierno. Pero consiguió adormecerlo con su música. Y con su lira y su canto, también ablandó el corazón de Hades y su mujer Perséfone, dioses del inframundo, quienes accedieron a sus súplicas:
– Está bien- le dijo Hades a Orfeo- Puedes llevarte a Eurídice a tu mundo, pero con una condición: debe caminar detrás de ti. Y no puedes mirarla hasta que hayas llegado al mundo de la vida y el sol haya bañado a tu mujer. De lo contrario, ella morirá de nuevo y la perderás para siempre.

Orfeo, emocionado ante la idea de recuperar a su amada, juró que no la miraría en todo el trayecto. Pero su corazón desbocado le jugó una mala pasada, y justo cuando casi llegan al final, olvidó la condición impuesta por Hades y Perséfone y se giró para contemplar a su amada, para asegurarse de que seguía allí. En ese momento, Eurídice se desvaneció para siempre, muriendo por segunda y última vez.

Orfeo se convirtió de esta forma en el amante más desgraciado del mundo. Decidió aislarse de todos y encerrarse en su dolor en soledad.
Un día, Orfeo visitó Tracia, su lugar de origen, y allí, tocando la lira, sedujo sin querer a unas bacantes, las ‘adoratrices’ del dios Baco (dios del vino, la fiesta y el jolgorio). Orfeo las rechazó y ellas, desesperadas, ciegas de pasión, lo mataron y despedazaron.

Cuando Zeus se enteró del triste final de Orfeo, decidió colocar en lo alto del firmamento su hermosa lira, para que todos le pudieran recordar.

Y recuerda que también puedes escuchar muchos mitos y leyendas narradas mediante podcast. Los encontrarás aquí:

lunes, 12 de febrero de 2024

La trágica historia de Cupido

Enviado por

Daniel Hernandez Mendoza 

Cupido tuvo un padre mensajero y una madre de belleza apabullante. El primero fue Hermes: el vocero de los dioses en el panteón griego. Ella era Afrodita: diosa del amor, la belleza y la estética, según relata la tradición oral antigua. De la unión entre ambos nació un niño alado, con puntería acertada y una gran necesidad de atención.

Por parte de su madre, Cupido recibió una instrucción severa para atacar sin piedad a sus rivales políticos y amorosos. La diosa de la belleza se caracterizaba por ser una mujer celosa y revanchista, que disfrutaba de hacer plañir a sus adversarios. Entre burlas e intenciones genuinas de unir a las parejas para siempre, al hijo de la diosa del amor se le otorgó un arco con flechas únicas: quienes fueran víctimas del arquero alado caerían perpetuamente enamorados de la primera persona con la que se encontraran.

Fue así como Cupido se ganó fama como un joven dios molesto, que disfrutaba de hacer sufrir a los seres humanos con sus flechas hechizadas. Tuvieron que pasar eras antes de que la misma maldición que él imprimía en sus víctimas cayera sobre sí mismo, con una intensidad inconmensurable. Ésta es su historia.

Durante años, Cupido flechó a miles de parejas con descuido. Instado por su madre, Afrodita, obligaba a los mortales a caer en un hechizo de amor irreversible. Por esta razón, se ganó fama en el Olimpo como un dios travieso y poco considerado con los sentimientos de los demás. Sabiendo que podía infundir una pasión inapagable en sus víctimas, decidía hacerlo de todas formas, a pesar del dolor que pudiera causarles.

“A veces se le representaba con una armadura como la de Marte, el dios de la guerra, quizás para sugerir paralelismos irónicos entre la guerra y el romance o para simbolizar la invencibilidad del amor”, documenta Britannica.<

Seguido, las víctimas de Cupido eran mujeres hermosas, que se ganaban la atención de Afrodita. Por su belleza, la diosa temía ser opacada por ellas. Por esta razón, mandaba a su hijo a flecharlas con amores imposibles. La estrategia funcionó durante algún tiempo, hasta que dio con la hija de unos reyes de una isla sin nombre.

Tenían tres hijas. Todas ellas tenían fama por sus atributos físicos. Especialmente, la mejor: Psique. La amplia lista de admiradores que tenía la joven habían renunciado a adorar a Afrodita, por lo que la diosa le guardaba un rencor especial. Por esta razón, la diosa del amor mandó a su hijo a flecharla para que se enamorara de algún ser espectral, horroroso, imposible de unirse a ella.

En el camino a flecharla, sin embargo, Cupido se raspó a sí mismo con la punta de su propia flecha. Al encontrarse con Psique, quedó irremediablemente enamorado.

Contra la furia de Afrodita
Afrodita no contaba con que su propio hijo cayera con el maleficio pasional que le infundía a los demás. Por el contrario, confiaba en su destreza como arquero veloz y preciso. Sin embargo, ante la visión hermosa de Psique, Cupido decidió sencillamente desobedecer a su madre —a pesar de que sabía perfectamente de lo que ella era capaz al entrar el cólera.

Por su parte, angustiado porque su hija todavía no había encontrado un marido adecuado, el rey de la isla decidió consultar al oráculo de Apolo. Los místicos le dijeron que, por órdenes de Afrodita, ella tendría que casarse con una bestia malformada, similar a un dragón, que habitaba los confines más oscuros del inframundo. Petrificado por la pena, el monarca no tuvo más opción que vestir a Psique con un atuendo mortuorio: sólo así podría estar a la altura de una boda fúnebre, como a la que estaba destinada.

Horrorizado por los designios de su madre, Cupido decidió intervenir. En lugar de permitir que Psique se casara con un monstruo de las tinieblas en el Hades, diseña un plan para que contraiga matrimonio con él mismo, en medio de una noche brumosa. Sin saber a dónde iba, la mujer se halló a sí misma en un palacio ornamentado con oro y mármol. Pasó largas horas en unos aposentos decorados con lujo que nunca antes había visto. Al caer la noche, sintió el calor de otro cuerpo, que le hacía el amor suavemente.

Supuso que era su nuevo marido.
Al despertar, Psique se encontró a sí misma completamente sola. Pasó el día descubriendo regalos que su nuevo esposo había dejado para ella: joyería vistosa, prendas caras, vasijas y platos elaborados con maestría. Sin saberlo, Cupido se las había dejado antes de que saliera el sol.

Sólo así, el hijo de Afrodita podría garantizar que su mujer no se diera cuenta de quién era él. Sin oponer resistencia, con el paso de los días Psique se acostumbró a recibir el calor de Cupido por las noches. Anhelaba su presencia, aunque no conocía su rostro: la noche todo lo consume.

Un día, sus hermanas decidieron visitarla. Asombradas por el lujo con el que vivía ahora, sintieron envidia por la nueva vida que llevaba Psique. A pesar de que ellas mismas tenían esposos influyentes, nunca podrían haber soñado con tanto lujo, tanta riqueza. En medio de esa cólera, una de ellas le preguntó que cómo era su esposo: su rostro, sus manos, sus vestiduras.

A la sombra de miradas ajenas, Psique no supo contestar.

Nueva luz
Al caer la noche, Psique tenía la convicción de que finalmente vería el rostro de su marido. En ese momento, ella pensaba todavía que estaba casada con un monstruo del inframundo. Para protegerse de su reacción, buscó una daga para finalmente deshacerse de él y regresar con su familia.

Después de hacer el amor, cuando Cupido ya se había dormido, la mujer encendió una lámpara y empuñó el cuchillo con el que planeaba matarlo. Con el fulgor de la vela, la mujer alumbra el rostro más hermoso que había visto en su vida. Se quedó sin aliento y, con la impresión, derramó sobre el cuerpo desnudo del dios del amor la cera caliente.

La quemadura lo despertó. Para evitar que lo reconociera, todavía dormido, Cupido saltó de la cama y se cubrió el rostro. Completamente confundido, salió de la habitación por la ventana. A pesar de que Psique intentó perseguirlo, no logró alcanzarlo. Durante días, la mujer continuó su búsqueda en medio del bosque y entre los templos a diferentes diosas. Sus caminatas solitarias fueron infructuosas.

Aunque pidió el auxilio de algunas diosas, ellas sabían que no se les permitía contradecir los designios de Afrodita. Por ello, Psique se vio forzada a acudir a su suegra celosa.

Contra corriente
Mientras Psique acudía a Afrodita, Cupido se quedó encerrado en casa de su madre. Ante su desobediencia, la diosa decidió mantenerlo cautivo para evitar que interfiriera con los planes que tenía para su nueva nuera. Cuando finalmente estuvieron frente a frente, la diosa de la belleza impuso pruebas insoportables a la princesa de la isla sin nombre.

Azotes, días de hambre, travesías por el inframundo estuvieron entre los obstáculos que Psique tuvo que librar para reencontrarse con su esposo. Hubo un momento en el que sencillamente pensó en dejarse morir. Desde las profundidades de la Laguna Estigia, la mujer prefería no volver a salir nunca que enfrentarse a la cólera de Afrodita.

En cada ocasión, Psique regresó a la vida por la intervención de Afrodita. Bajo la mirada de la diosa enfurecida, le sería imposible librarse de sus castigos. En lugar de eso, prefirió infundirle un sueño similar a la muerte, que le impidió moverse. A la par, la herida de Cupido ya había sanado: sus músculos se restablecieron y, angustiado por el paradero de su esposa, estaba determinado a encontrarla.

Cupido y Psique ante la corte de dioses griegos
Así como escapó de sus aposentos nupciales, salió de la prisión en casa de su madre. Ante la visión de su mujer dormida, Cupido rompió el hechizo y la saca de ahí. Para librarse de las maquinaciones de Afrodita, el dios del amor llevó el caso ante Zeus, quien le había concedido la libertad de desposar a quien él quisiera. Encolerizado por los abusos de Afrodita, el dios del trueno decide convocar una reunión con todo el panteón griego en el Olimpo.

Ante la corte de dioses griegos, Zeus concedió que Cupido y Psique se casaran formalmente. En lugar de orquestar un evento fúnebre, como originalmente había sido, el dios del rayo decidió organizar un evento de celebración con vino, comida y música. Antes de consumar el matrimonio, le pidió a la princesa de la isla sin nombre que tomara una copa entera de Ambrosía: la bebida que le otorgaría la vida eterna.

Sin ella, le sería imposible acompañar a Cupido a través de los tiempos. Él siendo un dios, y ella, una mortal, estarían destinados a separarse cuando la vida de Psique llegara a su fin. Una vez que ella bebió todo el contenido de la copa sagrada, el dios del amor la tomó entre sus brazos. Con la fuerza de sus alas, se elevaron juntos hasta las estrellas.


jueves, 4 de mayo de 2023

La constelación más brillante del firmamento

También llamada Ursa Major, la Osa Mayor es una de las constelaciones más conocidas e importantes de la historia astronómica. Una de sus principales características es que es visible durante todo el año en el hemisferio norte.

“LA OSA MAYOR ES UN ASTERISMO DE LA CONSTELACIÓN DE LA OSA MAYOR. ES UNA DE LAS FORMAS ESTELARES MÁS FAMILIARES DEL CIELO BOREAL Y UNA ÚTIL HERRAMIENTA DE NAVEGACIÓN”, INFORMA EL SITIO SPACE.

“LOS ASTERISMOS SON GRUPOS PROMINENTES DE ESTRELLAS QUE FORMAN PATRONES PERO SON MÁS PEQUEÑOS QUE UNA CONSTELACIÓN, O INCLUSO FORMAN PARTE DE ELLA. SUELEN SER FÁCILES DE ENCONTRAR PORQUE LAS ESTRELLAS ESTÁN CERCA UNAS DE OTRAS Y TIENEN APROXIMADAMENTE EL MISMO BRILLO”.

Un poco de historia
La Osa Mayor se menciona en el Antiguo Testamento (Job 9:9; 38:32) y en la Ilíada, de Homero (xviii, 487). Los griegos identificaron esta constelación con la ninfa Calisto, que fue colocada en los cielos por Zeus en forma de osa junto con su hijo Arcas como «guardián del oso», o Arcturus; los griegos llamaron a la constelación Arctos, la osa, o Hélice, por su giro alrededor de Polaris, la estrella polar.

Los romanos la conocían como Arctos u Osa. Para los hindúes, estas siete estrellas representaban a los siete Rishis (o Sabios). Dos de las estrellas de la constelación, Dubhe y Merak, reciben el nombre de punteros porque la línea Merak-Dubhe apunta a la Estrella Polar.


¿Cómo se llaman las estrellas de la Osa Mayor?
La Osa Mayor tiene ocho estrellas. Siete son visibles a simple vista, mientras que la octava es una estrella doble visible que sólo es detectable en una zona despejada y con buena visión.

Las estrellas que componen el asterismo de la Osa Mayor son Alkaid, Mizar, Alioth, Megrez, Phecda, Merak y Dubhe.

Según Rick Raasch, de la Sociedad Astronómica de Texas, Mizar fue la primera estrella doble descubierta a través de un telescopio, en 1662; también fue la primera estrella fotografiada, en 1857; y también tiene el récord de ser la primera estrella identificada como binaria espectroscópica, en 1889.

Por otro lado, Ptolomeo catalogó ocho estrellas de la constelación. De ellas, las siete más brillantes constituyen una de las figuras más características del cielo boreal; el grupo ha recibido diversos nombres: Septentriones, el Carro, el Arado, la Osa Mayor y el Carro de Carlos.

La Osa Mayor se compone de 511 galaxias en total, pero solo unas pocas se ven bien. Con ayuda de telescopios de aficionados se pueden apreciar la Galaxia del Cigarro (M82, NGC 3034) y la Galaxia de Bode (M81, NGC 3031).

¿Dónde se ubica la Osa Mayor?
La Ursa Major es visible en latitudes entre 90° N y 30° S. Es la tercera constelación más grande, ya que cubre 1280 grados cuadrados o el 3,10% del cielo nocturno. Los observadores en el hemisferio norte pueden verla todas las noches durante todo el año.

La Osa Mayor está en lo alto del cielo durante los meses de primavera y cerca del horizonte durante el otoño, en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, el asterismo se ve mejor de abril a junio en las regiones al norte de la latitud 25° S.

El Carro (o «el Arado» o «el Vagón») es el asterismo de la Osa Mayor, el patrón prominente de estrellas que es más pequeño que la propia constelación. En caso de que lo quieras ver, busca la figura del tazón con un asa. Además de ser el patrón más reconocible en el cielo, está formado por estrellas que forman la cola y los cuartos traseros de la Osa Mayor.

Para encontrar a la Osa Mayor en el cielo puedes utilizar aplicaciones como Star Walk 2, o Sky Tonight, que funcionan de manera muy similar. Solo toca el icono de la lupa y escribe «Osa» en el campo de búsqueda. Pulsa en el primer resultado y después en el icono de destino para ver su posición actual en el cielo.

En la mitología griega, la Osa Mayor representa a Calisto; una hermosa ninfa y cazadora de la que se enamoró Zeus, el dios del cielo. Zeus engendró al hijo de Calisto, Arcas, y por celos, Hera, la esposa de Zeus, convirtió a Calisto en un oso y la obligó a pasar el resto de su vida vagando por el bosque. Años más tarde, el hijo de Calisto, Arcas, se convirtió él mismo en un gran cazador. Un día, se encontró con un oso en el bosque y lo persiguió sin saber que la verdadera identidad del oso era su madre. Zeus detuvo a Arcas justo antes de lanzar su lanza para matarla. Para protegerla, Zeus levantó a Callisto por la cola hacia el cielo, estirándola a una longitud anormal.

Existen numerosas versiones de este mito. En una versión de la historia, tanto Callisto como Arcas fueron arrojados al cielo, convirtiéndose en Ursa Major y Ursa Minor (“Little Bear”). Se vieron obligados a rodear la estrella polar y nunca se les permitió descansar bajo el océano, lo que explica por qué la constelación es visible en el hemisferio norte durante todo el año.

martes, 5 de julio de 2022

Eros y Psique

Todo mito posee un significado trascendental que expone aspectos de la condición humana… El mito de Eros y Psique, al que nos referimos a continuación, aborda la experiencia del alma inspirada por el amor, la confianza y el deseo de fundirse con el ser amado.

Antes de relatar el mito es oportuno comentar la relevancia que tienen la noción de Eros y Psique tanto en la antigüedad como en la modernidad. Además, nos ayuda a entender mejor el significado que yace en el relato.

«Psique» es una palabra de origen griego, su traducción es “el alma humana”, por lo tanto el personaje es su representación. Esta palabra deja como herencia universal el vocablo «psicología», la ciencia del alma.

Del término Eros proviene la palabra «erotismo» que se asocia al amor pasional. Existen diferentes versiones sobre el nacimiento de este dios; en las épocas más antiguas de la cultura griega se le asocia con la fuerza unificadora del cosmo, el amor puro.

En la mitología romana se le conoce como Cupido, un dios caprichoso, asociado al deseo pasional, hijo de la diosa de la belleza Venus. Esta versión del dios es la que vemos en el mito narrado por el filósofo romano Apuleyo, quien puso en papel una historia contada miles de veces de forma oral.

Aunque se popularizó la representación del dios como un niño travieso, con alas, flechas y arco, en el mito de Eros y Psique, el dios del amor, no se asemeja a un niño.

Eros se flecha a sí mismo
Psique, por otro lado, no nace siendo diosa, aunque es venerada como una.

Es la hija menor del rey de Anatolia. Su belleza exterior es tanta que intimida a los hombres, los cuales le rinden culto y mantienen la distancia de la contemplación. No se acercan para conocerla en profundidad y amarla como mujer, por ello, Psique desprecia su belleza.

No obstante, se gana los celos de Venus (Afrodita) quien manda a su hijo Cupido a lanzarle una flecha para que se enamore del hombre más horrible que encuentre; sin embargo, cuando Eros se consigue con una Psique dormida se convierte en víctima de la pasión amorosa que él provoca en los demás seres, terrestres y celestiales. Eros elige enamorarse de Psique, a pesar de que su amor es imposible, al ser ella mortal y él un dios.

El encuentro entre Eros y Psique tiene lugar después que la familia de la princesa consulte con el oráculo de Delfos el destino amoroso de la muchacha. Apolo arregla el encuentro, ordena que Psique se vista con ropa fúnebre y espere en lo alto de una montaña la llegada de su esposo, un ser inmortal y con poderes monstruosos:

“Fiero y cruel, y venenoso como serpiente; el cual, volando con sus alas, fatiga todas las cosas sobre los cielos, y con sus saetas y llamas doma y enflaquece todas las cosas; al cual el mismo Júpiter teme, y todos los otros dioses se espantan; los ríos y lagos del infierno le temen”.

La luna de miel
Psique es transportada de la montaña a un palacio, gracias al viento, donde es atendida por sirvientes invisibles. En la noche aparece Eros para conquistarla en la oscuridad. Él ya conoce a Psique, pero no deja que ella lo mire ni sepa quién es él… Se lo prohíbe.

Quizá lo que Eros desea es que Psique aprenda a ver con los ojos del alma; sin embargo, la muchacha al sentirse sola solicita la visita de sus hermanas, su conexión con lo terrenal. Debido a la envidia que le produce la prosperidad de su hermana, las muchachas incitan a Psique a descubrir la identidad de su esposo con la idea de que podría ser un monstruo que se coma el fruto de su amor, el bebé que Psique espera.

Por este motivo la princesa armada con una lámpara y una daga descubre el rostro del dios del amor cuando está dormido. La sorpresa de su belleza y la constatación de su linaje hacen que Psique se pinche torpemente con las flechas de su esposo y que descuide la lámpara; en este sentido, cae aceite hirviendo en el rostro del dios. Despierta herido, y decepcionado, por lo que se marcha del palacio reprochándole a Psique la desconfianza.

Después de reconocer a su esposo y mirar sus otros aspectos, Psique se enamora aún más de él; no obstante, también se hace consciente de la imposibilidad de una relación plena.

La penitencia de Psique y el reencuentro
Al quedar desolada la princesa piensa en el suicidio. Aparece el dios Pan, asociado al pánico y los impulsos de la naturaleza, quien la detiene. Psique decide pedir ayuda a las diosas para recuperar el amor de Eros, y después de acudir a Hera y Atenea, sin triunfar, se dirige a Afrodita.

Como última penitencia, la diosa le ordena ir al Inframundo en busca de Perséfone para pedirle un poco de su belleza para recuperar su atractivo. Psique es aconsejada por diversos dioses y logra superar todos los obstáculos hasta tener la belleza de Perséfone en un cofre; no obstante, Psique no se resiste y desea adquirir un poco de belleza para recuperar el amor de Eros. Abre la caja y la embarga un sueño estigio hecho para las almas mortales cuando entran al Hades.

En ese momento Eros se había recuperado de la herida y el deseo lo había llevado nuevamente con Psique. Cuando la encuentra despeja el sueño de sus ojos y luego se marcha al Olimpo a pedirle a Zeus permiso para casarse con ella. Zeus se lo concede, haciendo a Psique inmortal e intercediendo para hacer las paces con su madre.

De la unión de Eros y Psique nacería Hedoné, la representación del placer o la voluptuosidad.

Eros y Psique son eternamente felices luego de superar las adversidades. Gracias al deseo y la fortaleza del alma logran conectarse, comprenderse y superar la distancia que los separa.

lunes, 9 de mayo de 2022

LA CAJA DE PANDORA

Mito griego
Al principio de los tiempos, un titán llamado Prometeo entregó a los hombres el regalo del fuego. El dios Zeus estaba furioso con el titán por no haber pedido su permiso primero y con los humanos por aceptar el regalo, por lo que ideó un plan para castigar a todos.

Le ordenó a Hefesto que creara una mujer hermosa a quien llamó Pandora. 

Afrodita le imprimió el don de la belleza, Hermes le dio astucia, Atenea le enseñó diversas artes y Hera le hizo el regalo que cambiaría la historia de los hombres por siempre: la curiosidad. Luego, Zeus ordenó a Hermes llevar a la hermosa mujer a la Tierra.

Antes de emprender su camino a la Tierra, Zeus obsequió a Pandora una caja de oro con incrustaciones de piedras preciosas atada con cuerdas doradas y le advirtió que bajo ninguna circunstancia debía abrirla.

Hermes guio a Pandora desde el Monte Olimpo y se la presentó al hermano de Prometeo, Epimeteo. Los dos se casaron y vivieron felices, pero Pandora no podía olvidar la caja prohibida. Todo el día pensaba en lo que podía haber adentro. 

Anhelaba abrir la caja, pero siempre volvía a atar los cordones dorados y devolvía la caja a su estante.

Sin embargo, la curiosidad de Pandora se apoderó de ella; tomó la caja y tiró de los cordones desatando los nudos. Para su sorpresa, cuando levantó la pesada tapa, un enjambre de adversidades estalló desde la caja: la enfermedad, la envidia, la vanidad, el engaño y otros males volaron fuera de la caja en forma de polillas. Pero entre todos ellos, voló una hermosa libélula trazando estelas de color ante los ojos sorprendidos de Pandora.

A pesar de que Pandora había liberado el dolor y sufrimiento en el mundo, también había permitido que la esperanza los siguiera.

Y es la esperanza lo que permite a la humanidad seguir adelante a pesar de las adversidades.