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miércoles, 15 de noviembre de 2023

Discapacidad mental por Síndrome X Frágil

El Síndrome X Frágil es la causa más común de discapacidad intelectual hereditaria y de trastornos conductuales como hiperactividad, impulsividad, ansiedad, bajo rendimiento de las facultades del lenguaje y discapacidad mental severa, que se manifiestan en una edad temprana. Esta enfermedad es causada por una mutación del gen FMR1, el cual codifica la Proteína de Retraso Mental Frágil (FMRP), que tiene un papel importante en el desarrollo cerebral y en la regulación de las neuronas postsinápticas.

Se ha observado que las personas que presentan una premutación ( una expansión de repetidos CGG en la región 5’-no traducida del gen FMR1 de 55-200) no manifiestan los síntomas de este síndrome, como sí lo hacen quienes presentan una mutación completa (la cual se caracteriza por presentar un número mayor a 200 repetidos CGG), sufriendo discapacidad intelectual grave, problemas severos con el habla, autismo y hasta problemas cardíacos y convulsiones.

El Síndrome X Frágil recibe su nombre porque es el cromosoma “X” el que porta el gen de la enfermedad. Debido a esto, el modo de su transmisión es distinto en hombres y mujeres, pues un varón (XY) sólo puede transmitir el gen defectuoso a sus hijas mujeres, ya que a sus hijos varones sólo les transmite un cromosoma “Y”. En cambio, las mujeres (XX) pueden heredar la mutación a ambos.

El primer paso para la detección de este síndrome es observar la conducta del menor. Si se nota que existen síntomas de retraso en el desarrollo cognitivo o en el habla y dificultad para socializar a causa de timidez o en algunos casos, agresividad anormal, será necesario buscar ayuda de un profesional de la salud, quien valorará si existen las sospechas suficientes para realizar una prueba genética del X Frágil.

No existe un tratamiento capaz de curar el síndrome, pero algunas terapias ayudan a controlar los síntomas y a desarrollar el máximo potencial intelectual de quien lo padece. Actualmente, a través de la proteómica (el estudio de los proteomas, que son el conjunto de proteínas expresadas por un genoma, una célula o un tejido), se está buscando nuevos blancos terapéuticos para esta patología.

Recientemente se realizó un estudio con un cultivo de células de la piel llamadas fibroblastos, obtenidas de pacientes caucásicos con Síndrome X Frágil. Las muestras fueron analizadas en el laboratorio de Reprogramación Celular a cargo de la Dra. María del Carmen Cárdenas Aguayo, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, en conjunto con la Unidad de Servicios de Apoyo a la Investigación y a la Industria (USAII), de la Facultad de Química de la UNAM, encontrándose una desregulación en las vías involucradas en la síntesis de proteínas y en la regulación y expresión génica.

Estos hallazgos permiten explicar y comprender mejor algunos síntomas del síndrome, demostrando que los análisis proteómicos son una herramienta útil en la propuesta de nuevas terapias y tratamientos que brinden a los pacientes la oportunidad de alcanzar un mejor desarrollo, que les permita mejorar su interacción social y desenvolver de manera óptima sus habilidades y capacidades.



lunes, 24 de julio de 2023

Síndrome del maullido de gato, una anomalía congénita particular

Entre la cantidad de síndromes en el mundo, existe uno que acontece por una causa congénita y desencadena un retraso en el desarrollo, discapacidad intelectual y un síntoma de un llanto particular. Este es el síndrome del maullido de gato, una anomalía que, aunque es considerada rara, se agrupa entre las más comunes.

El síndrome del maullido de gato, síndrome de Lejeune, síndrome 5p menos o síndrome de Cri du Chat, es una enfermedad congénita causada por la deleción (pérdida de material genético) del brazo corto del cromosoma 5.

Esta enfermedad fue descubierta por el médico francés Jerome Lejeune en 1963. Cabe destacar que a este doctor se le reconoce el descubrimiento de la trisomía 21, es decir, la causa de uno de los síndromes más conocidos en el mundo: el síndrome de Down.

Con respecto al origen, entre el 80-90 % de los casos se comenta sobre un cambio genético fortuito, mientras que entre el 10-15% de los casos hay un motivo heredable. Los factores de riesgo asociados a eventos prenatales no están claros. Asimismo, el rango de incidencia varía de entre 1 a 50 000 recién nacidos y también en niñas es ligeramente alto en comparación con los niños.

El que identifica al síndrome es ese llanto agudo parecido al de un gato, el cual es atribuido a una alteración en la morfología laríngea; otros síntomas como microcefalia, puente nasal ancho, hipertelorismo y bajo peso también son determinables. Al pasar de los años, los pacientes pueden adquirir un comportamiento autolesivo, hiperactividad e incluso una personalidad gentil y con sentido del humor.

De acuerdo a la deleción en un área crítica del cromosoma es que puede comprender la manifestación clínica. Por ejemplo, en la región 5p15.3 del cromosoma está la razón de ese llanto particular en el paciente.

No existe una cura para los pacientes con el síndrome del maullido de gato debido al daño cerebral presente desde el desarrollo embrionario. Sin embargo, los afectados reciben beneficios con ayuda de rehabilitación.

Durante el periodo neonatal, la terapia física necesita iniciarse en la primera semana de vida para ayudar, por ejemplo, al momento de tragar; el amamantamiento es posible. Por otra parte, las terapias psicomotrices y de lenguaje también son sugeridas, así como una dieta especial.

Es de suma importancia que las familias deban estar totalmente involucradas en el cuidado del paciente.

martes, 25 de octubre de 2022

El sindrome de Morris

Está muy extendida la idea de que el sexo biológico es un aspecto binario. Dos combinaciones posibles de cromosomas sexuales, XX o XY, que proporciona dos gónadas distintas, ovarios o testículos, y que desarrollan dos posibles sistemas genitales: uno formado por clítoris, vulva, vagina, útero, y el sistema reproductor femenino asociado; y otro formado por pene, escroto, próstata, y el sistema reproductor masculino. Llegado el momento de maduración, se desarrollan el resto de caracteres sexuales secundarios. Resultado: mujeres y hombres.

La compleja diversidad del espectro sexual
Este esquema sobresimplificado de la sexualidad humana ignora muchos factores. Entre ellos, la confusión de que “mujer” y “hombre”, identidades de género, son categorías puramente biológicas, cuando en realidad son parte de un espectro formado por aspectos bio-psico-sociales —es decir, el género está determinado por una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales—.

Pero, identidades de género al margen, y reduciéndonos solo al sexo, el esquema presentado sigue ignorando muchas realidades. Entre otras, el hecho de que la presencia de testículos u ovarios no viene definida por los cromosomas, sino por un gen en específico, el gen SRY. Son las gónadas las que, mediante las hormonas, desarrollan el resto de los caracteres sexuales primarios y secundarios. El gen SRY normalmente está presente en el brazo corto del cromosoma Y, pero, excepcionalmente, puede traslocarse al cromosoma X.

Es decir, existe la posibilidad de que una persona con cromosomas XX tenga un gen SRY traslocado y desarrolle testículos, sistema reproductor y caracteres secundarios masculinos. O al contrario, alguien con los cromosomas XY puede carecer del gen SRY —o tenerlo silenciado por alguna mutación—, y desarrolle, como consecuencia, ovarios, sistema reproductor y caracteres secundarios femeninos.

Y aún hay escenarios más complejos. Personas con una dotación cromosómica sexual distinta —y con resultados diferentes—: con un solo cromosoma X, con tres cromosomas —XXY, XYY—... e incluso casos de quimerismo.

Un quimerismo es un fenómeno mediante el cual dos embriones genéticamente distintos se fusionan en las primeras fases del desarrollo embrionario para formar un solo individuo. Si cada embrión lleva una dotación cromosómica distinta, la persona puede tener algunas de sus células con cromosomas XX y otras XY.

En tales casos, puede suceder que desarrollen un testículo a un lado y un ovario al otro, o incluso ovotestis, una gónada con tejidos testiculares y ováricos simultáneamente. Si esto ocurre, los genitales resultantes suelen ser ambiguos, intermedios entre masculino y femenino. Las personas con estas características intermedias reciben el nombre de intersexuales. Su mera existencia demuestra que el sexo en seres humanos está muy lejos de ser un rasgo binario de simple ‘blanco o negro’.



Con testículos y con vagina
La naturaleza es tan diversa, y el sistema de determinación sexual en humanos tan complejo, que cambios en alguna de sus variables arrojan resultados sorprendentes.

Los andrógenos, como la testosterona, son hormonas producidas tanto por los ovarios como por los testículos, salvo que estos segundos la producen en mucha mayor cantidad. En ambos casos, esta hormona es la responsable de la producción de vello corporal —sobre todo axilar, púbico y facial—, y del aumento de la libido. Cuando se presentan niveles elevados de testosterona, se desarrollan otros rasgos secundarios como las cuerdas vocales más grandes —voz más grave—, mayor desarrollo muscular, crecimiento de la nuez de Adán, ensanchamiento de la mandíbula... y, por supuesto, en máximas concentraciones, el desarrollo de los genitales masculinos.

La testosterona es metabolizada, gracias a la enzima aromatasa, en estradiol, una de las hormonas responsable del desarrollo de los caracteres secundarios femeninos, tanto primarios, el desarrollo de los genitales femeninos, como secundarios, como ensanchamiento de las caderas y crecimiento de los senos durante la pubertad. Los ovarios también producen estradiol, por lo que las personas con estas gónadas tienen mayores concentraciones que las que presentan testículos.

Teniendo todo esto en cuenta, sabemos que una persona que tiene cromosomas XY y el gen SRY funcional, desarrolla testículos que producen andrógenos. Pero para que esas hormonas cumplan sus funciones, es necesario que las células dispongan de receptores específicos, cuya síntesis está regulada por otro gen, el AR.

Si el gen AR está ausente o no es funcional, el receptor de los andrógenos no se sintetiza y las células del cuerpo de esa persona no pueden reconocer y asimilar la testosterona. Esta insensibilidad a la testosterona en personas con cromosomas XY se denomina síndrome de Morris, y les impide desarrollar los caracteres sexuales masculinos. Parte de esa testosterona no asimilada es metabolizada en estradiol, que hace sus funciones desarrollando los caracteres sexuales primarios y secundarios femeninos.

El resultado: personas con cromosomas XY, con un par de testículos no descendidos y alojados donde generalmente estarían los ovarios; sin útero, con una vagina ciega, clítoris y aparato sexual externo femenino, y rasgos secundarios también femeninos.



La insensibilidad a la testosterona evita que desarrollen formas angulosas, exagerando los rasgos secundarios femeninos, hace que lleguen a la adultez sin desarrollar vello facial, axilar, ni púbico. Son estériles y no menstrúan.
Grupo Orquidea, formado por mujeres con síndrome de Morris y otras condiciones intersexuales.

A la naturaleza le gusta la diversidad

El síndrome de Morris no se suele detectar en el nacimiento, a las personas que nacen con esta condición se les asigna normalmente el género femenino. Lo habitual es que mantengan su identidad de género en la edad adulta y se identifiquen como mujeres. La ausencia de receptores de andrógenos impide también que la testosterona tenga efecto en el cerebro; aspecto relevante, aunque no único, en la identidad de género.

Aunque muchos afirman que el sexo biológico es un aspecto binario, la naturaleza es enormemente diversa, tiene sus propias normas del juego, generalmente mucho más complejas que las categorías artificiosas que inventamos los humanos para tratar de explicarlas. Lo cierto es que tanto el sexo biológico, como la identidad de género, que es bio-psico-social, son rasgos complejos, que dependen de múltiples variables en varias dimensiones, que forman espectros, con distribuciones, en ocasiones, claras, pero con no pocos casos que se salen de los límites artificiales que cómodamente tratamos de definir.

Si se admite la antropomorfización como recurso metafórico: a la naturaleza le gusta la diversidad.

Nicole Kidman sufre del síndrome de Morris, que según el sitio web de Reproducciónasistida.com, significa que las personas con este síndrome “Poseen caracteres sexuales femeninos y, por tanto, se considera que son mujeres. Sin embargo, no tienen útero ni ovarios, y descubren que padecen esta alteración genética por la ausencia de menstruación al llegar a la pubertad. Como consecuencia de esto, estas mujeres también serán estériles.”

Adicionalmente a este síndrome, la actriz tiene 55 años de edad, por lo que aún si deseara embarazarse nuevamente, sufriría de un embarazo de alto riesgo lo que podría poner en peligro no sólo la vida del bebé, sino de la actriz.

Sin embargo, Nicole Kidman no ha dado indicios de querer convertirse en madre nuevamente, pues actualmente se encuentra enfocada en su familia y en su cotizada carrera profesional.